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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2018

Los crecientes peligros de guerra y la dispersa izquierda occidental

Domenico Losurdo
TopoExpress


Nota de edicin: Tal da como hoy [13.XI] de 1941 naca en Bari el filsofo marxista italiano Domenico Losurdo. Comunista militante, crtico radical del liberalismo, el capitalismo y el colonialismo e investigador de cuestiones polticas contemporneas.

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Cada nueva situacin histrica exige a las fuerzas polticas un esfuerzo de reflexin profundo: es preciso hacer un anlisis de la nueva situacin creada y definir una estrategia. Aunque se trata de una regla general, vale sobre todo para los movimientos y las organizaciones que no se reconocen en el ordenamiento vigente y estn comprometidos con un proceso de transformacin y un proyecto de emancipacin; es decir, vale sobre todo para la izquierda. Sobre la radicalidad de la nueva situacin histrica que se ha creado y todava est en curso no cabe la menor duda.

El Tercer Mundo, ese conjunto de pases que tienen tras de s un periodo ms o menos prolongado de sometimiento colonial o semicolonial, ha pasado de la fase poltico-militar a la fase poltico-econmica de la lucha por la independencia nacional. Lo que Lenin llamaba anexin poltica, es decir, el dominio colonial directo ejercido sobre un pueblo al que se negaba el derecho a constituirse como estado nacional independiente, ha quedado atrs. Su lugar lo ocupa hoy la anexin econmica, potenciada por la amenaza militar (representada por una gigantesca mquina de guerra lista para entrar en accin aun sin autorizacin del Consejo de Seguridad de la ONU) y la amenaza judicial (de la Corte Penal Internacional, un tribunal controlado y manipulado en gran medida por Occidente). Pero hoy en da lo que he llamado neocolonialismo econmico-tecnolgico-judicial debe enfrentarse con mtodos distintos de los del pasado. No hay ningn continente que pueda representar plsticamente mejor que Amrica Latina el cambio producido: en los aos sesenta y setenta haba un sinfn de focos guerrilleros y hoy casi todos se han extinguido. Pero eso no supone una derrota de la izquierda, pues las dictaduras militares, casi siempre impuestas por Estados Unidos, han cado, y los regmenes que las han sucedido estn ms empeados que nunca en la lucha contra la doctrina Monroe, muy malparada ltimamente. En 2006 el entonces vicepresidente de Bolivia, Garca Linera, sintetiz eficazmente este cambio radical con dos consignas elocuentes: desmantelamiento progresivo de la dependencia econmica colonial e industrializacin o muerte!. Sin abandonar ni cuestionar la consigna patria o muerte! lanzada por Fidel Castro y el Che Guevara durante la lucha armada contra la dictadura proestadounidense y mientras persisti la amenaza de una agresin militar contra Cuba, esta consigna asuma una nueva configuracin (Losurdo, 2013, cap. 12, 3). En el afn por lograr una autntica independencia nacional, la lucha por un desarrollo econmico y tecnolgico autnomo reemplazaba a la guerrilla o a la guerra del pueblo. Por otro lado, el programa enunciado por Garca Linera no consista (ni consiste) nicamente en el esfuerzo por el desarrollo autnomo de las fuerzas productivas. Los pases latinoamericanos tambin estn estrechando sus lazos econmicos, comerciales e incluso polticos para sacudirse la dependencia de Estados Unidos. Los buenos resultados obtenidos les han permitido no pocas veces distanciarse de la poltica belicista de Washington.

Si el Tercer Mundo ha cambiado de un modo radical, el Segundo Mundo ha desaparecido por completo. Con esta ltima denominacin se haca referencia tradicionalmente a los pases de orientacin socialista, que durante algn tiempo permanecieron unidos en un campo socialista de carcter tanto econmico como poltico-militar. El capitalismo ha vuelto a Europa Oriental, ahora incorporada en gran parte a la OTAN. Por otro lado, China, Vietnam y, en los ltimos tiempos tambin Cuba, ya no se presentan como modelos sociales alternativos frente al modelo que predomina a escala internacional, ya no pretenden ser el faro del socialismo en tal o cual parte del mundo. Sus esfuerzos se centran, ante todo, en alcanzar a los pases industrial y tecnolgicamente ms avanzados, para elevar el nivel de vida de la poblacin y as ampliar y consolidar la base de consenso para el partido comunista en el poder y neutralizar los intentos de desestabilizacin de Occidente y en particular de su pas gua. No por ello se renuncia a la orientacin socialista, pero en virtud de la nueva escala de prioridades, China, Vietnam y Cuba tienden a formar parte del Tercer Mundo. El primero de estos pases desempea un papel especialmente destacado: si con Mao y su teora de la guerra del pueblo fue el principal inspirador de la primera etapa (la poltico-militar) de la revolucin anticolonial mundial, con Deng ha sido el inspirador de la segunda fase, todava en curso. Mao siempre se mostr convencido de que o la revolucin impide la guerra o la guerra impide la revolucin. Era una frmula que remita claramente a la experiencia histrica de la primera mitad del siglo XX: el desarrollo del movimiento socialista y comunista no haba logrado impedir el estallido de las dos guerras mundiales, aunque estas haban propiciado el derrocamiento del sistema capitalista primero en Rusia y luego en otra serie de pases. Fue Deng, en cambio, quien expuso el que sera el contenido principal de las ltimas dcadas del siglo XX y las primeras del XXI: el desarrollo econmico y tecnolgico de los pases surgidos de la revolucin anticolonialista mundial o, ms exactamente, de su primera etapa, la poltico- militar. A este Tercer Mundo ampliado, que comprende los pases emergentes, se ha incorporado de alguna forma Rusia. Aunque sea un pas que tiene tras de s una historia de expansin imperialista, debido a su fragilidad socioeconmica y a su heterogeneidad tnica puede caer rpidamente en una condicin de semidependencia.

Rusia, despus de casi dos siglos sometida al dominio mongol y un largo periodo amenazada por la pesadilla de los Caballeros Teutones, tuvo que soportar a comienzos del siglo XVII la ocupacin polaca de su capital; cerca de un siglo despus se produjo la invasin del Carlos XII de Suecia y pasado otro siglo la de Napolen. Al final de la primera guerra mundial Rusia sufri no solo la intervencin de las potencias occidentales, sino tambin un proceso de balcanizacin que no pareca tener fin. Hitler aprovech esta circunstancia para maquinar su plan, ejecutado mediante la Operacin Barbarroja, de transformar el pas euroasitico en una inmensa colonia y una inmensa reserva de fuerza de trabajo servil. Tras la derrota sufrida en la guerra fra, Rusia volvi a caer durante algn tiempo en una condicin no muy distinta de la que haba sucedido a la derrota del primer conflicto mundial; todava hoy, el avance implacable de la OTAN en Europa Oriental le supone una grave amenaza. De modo que tenemos un Tercer Mundo ampliado, que comprende a los pases emergentes y los pases de orientacin socialista, todos ellos con un rasgo en comn: la lucha por conquistar o consolidar dos derechos humanos fundamentales, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo. Este Tercer Mundo ampliado, lleno de contradicciones en su interior y tampoco libre de desafos y dificultades, es sin duda una alternativa al orden existente a escala planetaria, pero no tanto en el plano interno de cada pas como con respecto a la divisin internacional del trabajo, que durante tanto tiempo ha reservado la alta tecnologa a Occidente y reducido al resto del mundo a la condicin de proveedor de materias primas, fuerza de trabajo barata y comprador de las mercancas ms sofisticadas procedentes de los pases capitalistas avanzados.

Pasemos ahora al Primer Mundo. Tampoco l se ha librado de grandes alteraciones. Y no me refiero nicamente a la globalizacin. Es ms importante examinar dos dinmicas opuestas. El triunfo del Primer sobre el Segundo Mundo y el fin de la guerra fra reforz la conciencia orgullosa de Occidente. Se explica as la vuelta del ardor neocolonialista, puesto que la Revolution in Military Affairs, que incluye la utilizacin en clave geopoltica de los nuevos medios de comunicacin masivos, deja las manos casi libres a Estados Unidos y la OTAN para proceder al bombardeo militar propiamente dicho y al bombardeo meditico de los pequeos pases que son el blanco de una agresin en toda regla o de maniobras de desestabilizacin. Al mismo tiempo, el Primer Mundo se encuentra en dificultades ante un Tercer Mundo que ahora incluye tambin a los pases de orientacin socialista y est cosechando xitos importantes en la segunda etapa (la poltica-econmica) de la revolucin anticolonialista. El progreso rapidsimo (tambin en lo tecnolgico) de China es la demostracin ms patente del cambio de poca que se est produciendo en las relaciones de fuerza a escala mundial.

Pero este cambio, lejos de aconsejar cautela, provoca en los ambientes ms aventureros de Occidente y sobre todo de su pas gua un exaltado activismo geopoltico y militar: hay que darse prisa antes de que sea demasiado tarde, a fin de consolidar y estabilizar en las prximas dcadas la ventaja que sigue ostentando el Primer Mundo capitalista-imperialista y sobre todo aquella que se considera la nacin elegida por Dios y la nica nacin indispensable. Las guerras locales, los golpes de estado camuflados de variopintas revoluciones de colores, los intentos de desestabilizacin lanzados contra este o aquel pas, las iniciativas ms destacadas de estrategia militar, poltica o incluso econmica (pensemos en la OTAN econmica) protagonizadas por Occidente, todos estos procesos y todas estas jugadas, pese a su gran diversidad, revelan a una mirada ms atenta un rasgo comn: el intento de crear dificultades a Rusia y sobre todo a China. En el caso de la segunda, los analistas y estrategas estadounidenses no ocultan sus planes: se trata de conseguir que los suministros energticos al gran pas asitico, carente de materias primas tan esenciales como el petrleo y el gas, estn lo ms expuestos posible a los ataques de la poderossima armada de Estados Unidos, que as podra ejercer un gran poder de vida y muerte sobre 1.300 millones de personas. No faltan los analistas y estrategas que hablan de guerra y estn estudiando ya los posibles escenarios de una guerra a gran escala o incluso de una tercera guerra mundial.

La ideologa llamada a legitimarla y consagrarla ya est lista, es ms, desde hace tiempo se pregona obsesivamente y se difunde profusamente gracias al monopolio de la produccin de ideas y sobre todo de emociones que an detenta Occidente, as como a las tcnicas subliminales capaces de suscitar el terrorismo de la indignacin y en muchos casos de paralizar el pensamiento crtico. Es la ideologa que ha acompaado desde sus inicios a la historia de Estados Unidos, que ya en sus primeras dcadas de existencia, cuando casi todos sus presidentes eran propietarios de esclavos y el pas era el punto de referencia del esclavismo en el continente americano, alardeaba de ser un imperio para la libertad. De esta ideologa, que ha superado victoriosamente la prueba de siglos de historia y guerras, tambin es vctima o cmplice en gran medida la izquierda occidental. Aunque se considera a s misma crtica y libre de prejuicios, en realidad es chovinista, reproduce el chovinismo del Primer Mundo.

He hablado de izquierda sin distinguir entre izquierda moderada e izquierda radical. El motivo es bien sencillo. Tomemos el caso de la guerra contra Libia. Su carcter neocolonial, que nos remite a un captulo bien conocido de la historia del colonialismo (el tratado anglobritnico Sykes-Picot de 1916), ha quedado evidenciado en intervenciones de los analistas occidentales ms lcidos y artculos de importantes rganos de prensa. Sin embargo, en Italia, dos personalidades ilustres, Camusso y Rossanda, secretaria general del sindicato CGIL la primera y una de las fundadoras del diario comunista il Manifesto la segunda, tomaron posicin a favor de una infame guerra colonial que se ha saldado con decenas de miles de muertos y la destruccin de un pas, borrado incluso del mapa poltico! Pase por considerar a Rossanda de tendencia moderada; pero ya hemos visto cmo Hardt, quien junto con Negri es uno de los exponentes ms aclamados a escala mundial de la izquierda radical, legitimaba en 1999 la guerra contra Yugoslavia, cuyo carcter ni por asomo humanitario fue reconocido tranquilamente por un historiador conservador como Ferguson. Querer expulsar a Hardt (y a Negri) de la izquierda radical autntica tendra poco sentido: no faltan los movimientos de inspiracin trotskista que se pusieron a favor de los rebeldes en Libia y Siria. Y si alguien pretende excluir a los trotskistas del movimiento comunista autntico, debera tener en cuenta que a veces los que repiten contra China los lugares comunes de la ideologa y el poder dominante son organizaciones y partidos comunistas que ensalzan a Stalin. Por otro lado, el amplio espectro de quienes saludaron como revoluciones populares los golpes de estado camuflados de revoluciones de colores tampoco respet los confines entre izquierda moderada e izquierda radical.

Con independencia de las posiciones adoptadas sobre tal o cual problema inmediato, da que pensar el hecho de que la izquierda, a menudo la radical, haya interiorizado acrticamente el calendario sagrado impuesto por Occidente: todos los aos se recuerda solemnemente la tragedia de la Plaza Tienanmen, pero no la de Kwangyu, que sucedi en Corea del Sur de un modo parecido pero con un nmero de vctimas mucho mayor. Adems del calendario sagrado, la izquierda, a veces tambin la radical, se deja dictar por la ideologa y el poder dominante la Carta de los Derechos: los planteamientos sobre este asunto y los juicios pronunciados al respecto sobre los distintos actores de la poltica internacional suelen obviar los derechos sociales y econmicos, as como la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo. Aun cuando toma posicin a favor de estos derechos y estas libertades, la izquierda (incluso la radical) expresa o promueve una cultura que no pocas veces est en contradiccin ms o menos aguda con el que es su objetivo declarado.

No por ello hemos de considerar insignificantes las distinciones en el mbito de la izquierda. En lo referente a la poltica internacional, es preciso distinguir entre la izquierda imperial, la izquierda subordinada a ella y la izquierda que se enfrenta realmente a la izquierda imperial. Del mismo modo, hay que distinguir entre la izquierda que ya ha asumido las opiniones neoliberales y la izquierda que, de un modo ms o menos consecuente y lcido (en el plano poltico y cultural), est comprometida con la defensa de los derechos sociales y econmicos. La situacin, por supuesto, vara de unos pases a otros, a veces bastante. Sin embargo, a pesar de algunos signos de recuperacin del movimiento comunista y, en general, de una izquierda realmente enfrentada al orden establecido en el plano interno e internacional, tomada en su conjunto, la izquierda de Occidente est sumida en la confusin y la dispersin.

Es una situacin preocupante que no se puede superar slo con la denuncia del oportunismo ni con llamamientos al rigor revolucionario. Es necesario, ante todo, hacer un anlisis de la nueva situacin mundial que se ha creado. Si este libro sirve para abrir un debate sobre este tema crucial, habr alcanzado su propsito.

Fuente: Captulo de Conclusin del libro La izquierda ausente, de D. Losurdo.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/los-crecientes-peligros-de-guerra-y-la-dispersa-izquierda-occidental/



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