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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2018

Italia, Europa, dficit pblico y populismos

Fernando Luengo
Pblico


La magnitud del dficit pblico y la senda de reduccin del mismo enfrentan al gobierno de Italia y a la Comisin Europea, la cual ha rechazado y obligado a rectificar el borrador de presupuesto presentado. La lectura poltica, interesada, que se hace de ese desencuentro es la pugna entre el populismo irresponsable, abanderado por los dirigentes italianos, y la defensa firme de la construccin europea por parte de las autoridades comunitarias.

El discurso dominante defiende la necesidad de reducir el dficit pblico; o, para ser ms exactos, situar esa reduccin como la piedra angular de una buena poltica econmica. Quien se atreva a defender otro planteamiento, distinto u opuesto al oficial, quien cuestione ese enunciado, elevado a dogma, no slo queda desacreditado y desacreditadas sus reflexiones en materia de economa, sino que inmediatamente es arrojado al confuso magma de los populismos de uno u otro signo, cuyo denominador comn sera la eurofobia y el nacionalismo desintegrador.

Si bien, evidentemente, no es indiferente el nivel de dficit pblico que tiene una economa, creo, sin embargo, que hay buenas razones para impugnar una lnea argumental que ha encerrado, literalmente hablando, la reflexin econmica y la accin poltica en asuntos como los ajustes fiscales y la fijacin del techo de gasto. En las pginas que siguen se presentan algunos de los elementos que, en mi opinin, deben ser tenidos en cuenta para construir un relato alternativo.

Hay que empezar por decir que la crisis econmica es un fenmeno complejo que, en modo alguno, admite un planteamiento tan pobre y sesgado. Es cierto que, al menos en teora, se reconoce esa complejidad, pero en la prctica, como acabo de mencionar, el grueso del debate -econmico, poltico y meditico- y de la accin pblica estn enfocados a los ajustes presupuestarios.

Situar estos ajustes en el epicentro de la agenda poltica significa aceptar, de hecho, el diagnstico de que la causa de la crisis y el principal obstculo para su superacin se encuentra en el desorden de las cuentas pblicas. Este es un buen diagnstico para quienes ocultan o ignoran que la marea de fondo que est detrs de la crisis apunta, sobre todo, a una industria financiera hipertrofiada, al aumento de la desigualdad, a la exacerbacin de las disparidades productivas y comerciales dentro de la Unin Europea (UE), a la intensificacin de la concentracin empresarial, al mantenimiento de unas estructuras patriarcales, a un diseo institucional de la zona euro funcional a los intereses de las oligarquas y de los pases ms poderosos, a la relacin depredadora con la naturaleza y al cambio climtico. Todos estos factores desbordan, con mucho, el mbito de las finanzas pblicas -aunque, por supuesto- afectan y se ven afectados por las mismas-, quedando (deliberadamente) sepultados en un planteamiento tan reduccionista como el actual.

Hay que reconocer, en todo caso, que, en efecto, Italia y el resto de economas perifricas se enfrentan a un grave problema presupuestario. Dicho problema no reside tanto en un supuesto dficit pblico excesivo como en la reduccin de la carga tributaria soportada por los beneficios corporativos y las grandes fortunas y patrimonios, la competencia fiscal dentro de la UE y la existencia, tambin dentro de las fronteras comunitarias, de verdaderos parasos fiscales. Dice mucho del sesgo de las polticas implementadas y de la captura de las instituciones por las elites que poco o nada se haya avanzado en estos mbitos en las ltimas dcadas o que nos encontramos en una dinmica de abierta regresin.

La reduccin del dficit pblico se ha convertido, ya lo era antes del estallido de la crisis econmica, en un objetivo en s mismo. Se presume -sin respaldo terico ni emprico y con una notable carga de ideologa- que los ajustes presupuestarios son la clave para que mejoren el resto de los indicadores econmicos y, de este modo, salir de la crisis. De acuerdo con este planteamiento, limitar la cuanta del dficit pblico mejorara el balance macroeconmico y liberara recursos en direccin a la iniciativa privada, ms eficiente, que los convertira en capital productivo, con el resultado global de un crecimiento ms intenso y slido.

Una falacia tras otra. Resulta inaceptable presuponer la existencia de un nexo automtico y mucho menos inexorable entre dicho ajuste, por un lado, y el bienestar de la ciudadana y la sostenibilidad de los procesos econmicos, por otro; estos son los genuinos objetivos de la poltica econmica, a los cuales tiene que someterse cualquier otra consideracin. Las medidas de contencin del dficit pblico slo encontraran legitimidad si son un instrumento que nos permite avanzar en esa direccin, lo que evidentemente no ha sucedido.

La obsesin por aplicar esas polticas, en un contexto de debilidad del consumo y de la inversin privada, tienen, inevitablemente, un efecto contractivo, prolongando y agravando la crisis, y dificultando su superacin. Se oculta lo que, por decencia y por evidencia, ya no se puede ocultar; que seguir esa hoja de ruta ha tenido costes enormes, muy desigualmente repartidos. A pesar de los esfuerzos presupuestarios que ha soportado la ciudadana, especialmente los grupos de poblacin ms vulnerables, los parmetros macroeconmicos permanecen frgiles, la debilidad de los tejidos productivos es manifiesta, la mayor eficiencia del sector privado respecto del pblico es discutible y el crecimiento econmico resulta endeble e inestable.

Hemos heredado, como consecuencia del fracaso de la construccin europea en materia de convergencia (por mucho que, contra toda evidencia emprica, el discurso oficial lo niegue) unas disparidades productivas, comerciales y sociales entre las regiones y los pases comunitarios muy pronunciadas. Seguir las prescripciones de los que postulan las virtudes y la urgencia de las polticas austeritarias agrava las fracturas entre el centro y la periferia, condenando a una posicin subalterna a las economas y a las regiones que han acumulado a lo largo de las dcadas un rezago mayor.

Aunque, en teora, la reduccin del dficit pblico abre una pgina que puede escribirse con polticas de signo muy diferente, la correlacin de fuerzas -un factor, sin duda decisivo, que oculta la economa convencional-, ampliamente favorable a los intereses de los privilegiados, impone las ms regresiva para la poblacin: reduccin del gasto pblico social y productivo y aumento de la carga fiscal sobre las clases populares.

El relato dominante presenta los ajustes presupuestarios como la piedra angular de una economa normalizada. Al razonar de esta manera, saca este asunto del debate pblico y poltico, que queda confinado, en el mejor de los casos, a especificar los ritmos y los plazos en los que se acometer este objetivo.

Esos ajustes ocultan lo que las fuerzas del cambio deben poner sobre la mesa, negro sobre blanco: la lucha de los poderosos por reforzar sus privilegios y expropiar a la ciudadana. La reduccin del dficit pblico forma parte de una agenda -cada vez ms visible y explcita que oculta- de saqueo y derribo de los espacios sociales y productivos pblicos, con el nico propsito transferir renta y riqueza desde la esfera pblica a la privada. La estrategia de los grandes capitales es, pues. convertir lo pblico en negocio, cuestionando y vaciando de recursos las polticas de signo redistributivo, debilitando de paso la resistencia social articulada alrededor de la defensa de las mismas. Este es el sentido profundo de las denominadas polticas de austeridad presupuestaria y de las reformas de la arquitectura institucional promovidas desde Bruselas.

Por todo lo anterior, oponerse a esas polticas y al escenario que propician y ofrecer alternativas a las mismas es una cuestin crucial. La asociacin disciplina presupuestaria/ Europa en oposicin al desorden de las cuentas pblicas/no Europa es una trampa en la que no debemos caer. La izquierda transformadora debe posicionarse con claridad en ese debate, alumbrando un relato que nos reconozca poltica y socialmente. Aqu est una de las claves para bloquear el avance de la extrema derecha y tambin para impedir que Europa quede secuestrada por las polticas y los intereses del neoliberalismo.

Me parece evidente que hay que pelear en el corto plazo para hacer valer las necesidades sociales y productivas de aquellas economas que han sido especialmente maltratadas por la crisis y por las polticas impuestas desde Bruselas, lo que significa trasladar a las instituciones comunitarias la voluntad poltica y la exigencia de superar la camisa de fuerza representada por los objetivos de dficit pblico.

Es cierto que la poltica econmica seguida por el gobierno portugus -basado en una amplia alianza de las izquierdas- indica la existencia de cierto margen de maniobra a la hora de implementar unos presupuestos pblicos con contenido social. Pero resulta igualmente evidente que el gesto autoritario con que la Comisin Europea ha despachado el programa presupuestario italiano y las dudas que se ciernen sobre el presentado por el gobierno socialista espaol, resultado de un acuerdo con Unidos Podemos, por no hablar de la poltica de acoso y derribo contra el gobierno griego de Syriza, nos hablan de una Europa restrictiva, enfrentada a los intereses de las mayoras sociales. Dispensar rango constitucional a una opcin de poltica econmica que pivota alrededor de los ajustes presupuestarios, de marcado perfil conservador, y someter los parlamentos nacionales a instituciones supraestatales carentes legitimidad democrtica sita a Europa en una preocupante deriva autoritaria.

Poner en el centro la redistribucin de los ingresos y la riqueza ampliara el margen de actuacin de los gobiernos, sin salirse de las estrictas normas presupuestarias fijadas desde Bruselas. En este asunto las fuerzas del cambio tienen que defender con determinacin la progresividad tributaria, revertir una dinmica fiscal que, desde hace dcadas, beneficia a las grandes fortunas y patrimonios, perjudicando a las clases populares; siendo muy conscientes de las resistencias (por parte de los defensores del actual orden de cosas) y de los temores (por parte de la izquierda tradicional) a la hora de avanzar en esa direccin.

El cuestionamiento de los muy restrictivos (sobre todo para las economas ms dbiles) objetivos presupuestarios abren un debate, un espacio poltico y una agenda pblica muy necesarios para los que defendemos Otra Europa. En esas coordenadas ms amplias, hay que plantearse la necesidad de que los gobiernos recuperen la soberana presupuestaria y un profundo cambio en la poltica econmica, donde la redistribucin y la convergencia ocupen la centralidad que merecen. Avanzar en esa direccin exigira, al menos, la derogacin del Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento, las desconstitucionalizacin de las polticas austeritarias, la introduccin, en oposicin a la condicionalidad macroeconmica actual, de una condicionalidad social y ecolgica, una sustancial ampliacin del presupuesto comunitario y la reformulacin del tratado de Estabilidad, Coordinacin y Gobernanza.

Es evidente que una Europa levantada sobre esos pilares colisiona abiertamente con la actual institucionalidad y la que surgir de las reformas previstas desde Bruselas, y con los intereses que las sostienen. Por esa razn, todos los escenarios estn abiertos y deben ser contemplados, incluida la disolucin o salida de la zona euro. En todo caso, que se abra el que someramente he perfilado o que se impongan las inercias ms conservadoras y reaccionarias depender, en buena medida, de la correlacin de fuerzas en presencia. El enorme desafo de las fuerzas del cambio es elaborar un relato valiente y coherente que -lejos de la banalidad de la retrica europesta y de la demagogia e inconsistencia de los populismos de extrema derecha- permita disputar a las elites, defendiendo una economa para las mayoras sociales, el espacio europeo (y global).

Fernando Luengo, miembro de la Secretara de Europa de Podemos y del crculo de Chamber. Twitter: @fluengoe
Blog Otra Economa: https://fernandoluengo.wordpress.com

Fuente: https://blogs.publico.es/econonuestra/2018/11/12/italia-europa-deficit-publico-y-populismos/



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