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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2018

El avance del retroceso: Ganan con los prejuicios

Javier Tolcachier
Rebelin


Es casi una de pistoleros en el (demasiado) Cercano Oeste del mundo. El capital ha entrado en una carrera rentista desbocada y no tolera el costo mnimo que garantice un remedo de paz social. La tecnificacin y consiguiente eliminacin de puestos de trabajo - en muchos casos alienantes no ha trado liberacin sino precarizacin y retroceso a una renovada servidumbre.

A su vez, millones de campesinos expulsados de la ruralidad ya no encuentran trabajo en los cinturones industriales de las grandes ciudades, sino simple y llana indigencia. Las fbricas prefieren robots, se retiran a otros mercados laborales mucho ms amigables o simplemente fugan sus ganancias al Garganta de la especulacin, que acaba tragndose la fantasa de un capitalismo otrora productivo.

En un desesperado intento de escapar de la miseria, masas de migrantes emprenden la travesa a otros lugares, encontrando vallas, muros, mares, ros, polica de fronteras y todo tipo de obstculos en el camino. En caso de llegar ilesos al ansiado paraso, los espera la hiperexplotacin, la discriminacin y la dolorosa nostalgia del exilio, apenas mitigada por saber que su familia en tierra natal podra sobrevivir con las migajas obtenidas en suelo lejano.

Para el insensible capital, subsisten algunos problemas a resolver. Al ficticio, pero imponente valor agregado que ofrece la economa financiera, se opone un costo agregado, remanente del estado de cosas anterior. Costo con el que no est dispuesto a cargar.

Sin la transferencia necesaria de trabajadores jvenes condenados a la desocupacin, cmo habran de financiarse las jubilaciones de los mayores? Que para colmo de efemeistas son cada vez ms... Cmo habran de pagarse sueldos a maestros y profesores de la educacin pblica, a profesionales de la salud, a servidores estatales? Cmo, si en vez de solventarlo con impuestos proporcionales a sus ganancias, el capital se oculta en guaridas fiscales y pide a travs de sus voceros eliminar el dficit? Es decir, la inversin social.

En su inmoralidad radical, el capital va ms all. El delito de evasin representa un doble negocio. Por un lado, exime de manera fraudulenta de responsabilidad impositiva. Por el otro, produce enormes agujeros en los presupuestos pblicos, acudiendo luego en ayuda, para obtener fabulosas ganancias usurarias. El ladrn se vuelve rico prestndole a la vctima lo que primero le rob. Dao que en definitiva se traslada a la poblacin sometida a este rgimen infame.

Desde el punto de vista del capital, hay que achicar el Estado, pero no abolirlo. Sino quin tomara deuda y garantizara luego este expolio tercerizado? A lo que hay que sumar la inefable atraccin del consumo masivo, que ofrecido en cuotas, agrega inters usurario y nuevas alegras al capital, reservando al pueblo puntuales malestares mensuales.

La plusvala se extrae hoy de manera elptica. A la desaparicin de la relacin directa entre amo y esclavo se corresponde un despojo refinado a travs del crdito de consumo y los impuestos exigidos para pagar la deuda del Estado.

Guerra judicial y extrema derecha, gendarmes del capital

Al igual que en toda poca histrica anterior, los pueblos no aceptan pasivamente la situacin. Movidos por la evidente sinrazn capitalista salen a las calles a exigir derechos o, al menos, para impedir su eliminacin. Las organizaciones populares y el descontento dieron as origen a gobiernos y lderes llamados a revertir la injusticia de un sistema para pocos.

Esto fue intolerable para el capital concentrado. Con ayuda de sus medios de difusin propios o alquilados con publicidad se habra de difamar y desacreditar a los rebeldes. La campaa publicitaria llevaba como nombre corrupcin y el objetivo era extender sospechas sobre todo aquel que no comulgara con la injusticia agravada.

Esta maquinacin publicitaria urdida por sutiles guionistas, se asienta y reproduce con facilidad debido a un prejuicio preexistente en la poblacin acerca de un generalizado ventajismo criollo. Prejuicio que indica que no se puede confiar en las caractersticas de un pueblo presto a transgredir normas y obtener de ello beneficio.

Ventajismo que, en los casos efectivamente existentes, no es posible atribuir a una supuesta idiosincrasia local, sino al sistema de sobornos utilizado por la plutocracia empresarial para sus propios negociados.

La imagen europea de una poblacin indgena carente de moral, sirvi anteriormente a designios de exterminio y represin y termin naturalizndose en segmentos sociales tendientes a identificarse con la cultura opresora. De all a pensar que los sectores plebeyos aprovechan la oportunidad de gobernar para robarse todo, hay slo un paso.

Pero si la mentira falla, siempre queda el recurso de la persecucin poltica, la proscripcin y la represin. Recurso largamente utilizado por todos los poderes de la historia para evitar que sus privilegios sean abolidos, o al menos, limitados.

La cacera judicial en curso contra lderes polticos y sociales, contra organizaciones sociales, el llamado lawfare es acompaada de amplias campaas mediticas para continuar abonando el nuevo viejo prejuicio sobre el populismo, o la izquierda. El objetivo es desorganizar toda posibilidad de resistencia popular e impedir su recomposicin, desmoralizando a militantes y alejando adherentes. Esas campaas permanentes y cotidianas han abierto la puerta al hasto popular y al clamor por soluciones rpidas y de cuajo.

El neofascismo brota de esa cloaca comunicacional, junto a la falta de futuro que ofrece el real existente capitalfinanciarismo. Es el mismo camino demencial que el sistema contrapuso en las primeras dcadas del siglo XX para contrarrestar el avance de las corrientes anarquistas y socialistas.

La ideologa fascista encuentra arraigo una vez ms en prejuicios preexistentes, convenientemente amplificados y distorsionados por discursos de odio. Sentencias que toman como blanco a inmigrantes, mujeres, la comunidad de diversidad sexoafectiva y todos los sectores con aspiraciones y conductas divergentes del imaginario normado patriarcal- y eclesisticamente.

La corporacin capitalista llama a escena entonces a personajes que blanden el garrote y prometen gobiernos para restaurar el orden. Orden que, efectivamente, ha perdido ya vigencia. Desorden, que asfixia a los pueblos.

Juicios y Pre-juicios

En la presente coyuntura, se multiplican las apreciaciones para entender el panorama y obtener la frmula correcta que permita salir del pantano de retroceso histrico. Es justo considerar en el anlisis de las actuales derrotas a factores objetivos como las campaas electorales de manipulacin a travs de medios y redes sociales, el desgaste de los gobiernos progresistas o la depreciacin de materias primas que permitan cierta redistribucin.

Como as tambin sealar y reparar el abandono militante de la formacin y movilizacin social, producido en parte por las nuevas responsabilidades de un inmenso aparato burocrtico de gobierno. O interpelar, sin autoflagelacin, las concesiones dadas a los sectores conservadores como por ejemplo, la continuidad de la concentracin en el sector de la comunicacin, la banca y la propiedad de la tierra. Incluso reflexionar sobre cierta actitud reactiva y de inercia propositiva en los planteamientos del ideal revolucionario o reformista en tiempos vertiginosos.

Sin embargo, se hace necesario ir a mayor profundidad, destacando cun subjetivas son las fibras que se tocan en esta dialctica entre lo que se resiste a morir y lo que pugna por nacer. Por ello es que no ha bastado con mejorar las condiciones de vida objetivas de millones de personas para garantizar su ulterior apoyo a las polticas emprendidas.

Se trata de un ataque basado en categoras ticas (corrupcin, valores, conductas), pergeado desde un sector privilegiado cuya nica moral es protegerse a s mismo.

Se trata de discursos inmovilistas que entroncan con el intento de resistir la tormenta de cambios que barre con los hbitos del ayer. Argumentos que conectan en su esencia con el deseo de muchos de volver atrs o, al menos, de parar las agujas de un reloj que se mueve a velocidad pasmosa.

Se coloca en el horizonte de esperanza de los pueblos a energmenos violentos que representan slo una agudizacin del problema, pero cuyo discurso se apropia de la urgente necesidad.

Es importante apreciar cabalmente como la derecha ha utilizado el poder contestatario generacional, que se rebela siempre contra la estructura construida por la generacin antecedente. Cada generacin tiene una memoria diferente y eso explica porqu un joven, nacido despus del final de una dictadura, puede llegar a aprobar un gobierno tutelado por los militares. Aunque no todos los miembros de una generacin adhieran a una misma actitud poltica, es imprescindible leer y tener en cuenta los proyectos de las nuevas generaciones si es que se aspira a contar con ellos para emprender transformaciones profundas. Incluir revolucionariamente a los jvenes, es estar dispuestos a adaptar proyectos gestados anteriormente en vez de forzar un alineamiento imposible de las nuevas generaciones con aqullos.

El abandono, la expropiacin de la espiritualidad y las vacas sagradas del racionalismo

Al panorama sistmico de exclusin y asfixia se suma el desgarramiento social producido por la ruptura de lazos. Soledad y desarraigo comunitario incentivados por una cruel cultura individualista, a lo que se agrega un tremendo vaco existencial que no es llenado por la dependencia consumista. A cul mstil abrazarse en este naufragio?

Esta carencia de relacin y pertenencia, este abandono social de las periferias es lo que ha facilitado el avance poltico de la versin regional del fundamentalismo, las iglesias neopentecostales de diverso cuo.

Aunque no sea fcil penetrar su densa capa de oscurantismo, aunque sea manifiesto su sistema de desarrollo comercial y su oferta de prosperidad autosuficiente, debe sealarse que hay en la adhesin a stas un elemento de necesidad que no puede menospreciarse en el anlisis. Es inconveniente, pero sobre todo muestra de soberbia, degradar a quienes se enrolan en estas corrientes sin comprender la necesidad que los motiva.

El mundo actual evidencia la decadencia de una etapa de la historia, signada por un progreso material mal distribuido y confundido con la posesin de objetos como fuente de sentido vital. En ese transcurso se relegaron temas existenciales, al tiempo que se denigr, en nombre de un todopoderoso racionalismo triunfante, todo factor de espiritualidad como herramienta de sujecin popular y rmora de un oscuro pasaje medieval.

Quizs en un rebote de la historia o acaso impulsado por necesidades profundas, hoy las bsquedas de nuevos rumbos espirituales son un dato innegable de la realidad humana. Sin embargo, debe tolerarse la expropiacin de la espiritualidad, dejando que las religiones la reduzcan a rito, costumbre y obediencia? Puede acaso aceptarse la verticalizacin social en nombre de un supuesto orden divino de las cosas, justificando as la desigualdad y la injusticia? Sin duda que estas viejas interpretaciones del quehacer espiritual seran una fatal regresin.

Esto hace evidente que las futuras revoluciones debern incluir como componente de su utopa social una nueva espiritualidad, amplia, incluyente de la diversidad cultural y no verticalista, centrada en la empata y la evolucin humana. Un componente intangible coherente con el tipo de sociedad a la que se aspira y que sirva a las mayoras de sostn y bandera para abordar los necesarios cambios estructurales en la superficie social.

Una espiritualidad cuya tica libertaria promueva transformaciones al efectivo servicio del bienestar colectivo y generalizado. Una espiritualidad que no humille sino que enaltezca al ser humano, una espiritualidad humanista. No tener en cuenta esto supone dejar el terreno libre al campo retrgrado para que subordine al alma humana con prescripciones rgidas y antihistricas.

Si el capital politiza la religin a la derecha, la izquierda puede espiritualizar la poltica, para que el mundo sea un hogar de verdadera compasin y vida digna.

Por otra parte, desde el anlisis realizado, es manifiesta la prioridad estratgica de fortalecer el sentido de comunidad en la base social. Slo desde all podrn construirse las nuevas utopas.

De otra manera, continuarn ganando con los prejuicios. Y no slo con los ajenos.

Javier Tolcachier es investigador del Centro de Estudios Humanistas de Crdoba, Argentina y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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