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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2005

Iraq: slo sombras que a la vida imitan

Eduardo Montes de Oca
InSurGente


Dos das antes de que los cristianos celebraran el nacimiento de Jesucristo, el pasado 23 de diciembre, le sala al Mesas un competidor. Esta vez no provena de Beln, aunque obraba milagros cerca de esos pagos de ardientes planicies. Y no era un nuevo Cordero de Dios, no. Ms bien se asemejaba (se asemeja) a Atila, el azote divino, como para estar ms a la moda.

Y para eso precisamente, para estar a tono con los tiempos, este nuevo enviado, estadounidense y jefe del Pentgono por ms seas, se pronunciaba por la salvacin de sus compatriotas en primer trmino, olvidando como de pasada que el Seor dispensa su gracia sin atender a la nacionalidad del bendecido. Atila, s, porque la salvacin de unos devendra la condenacin de otros. En esta caso, los paganos iraques.

El inefable Donald Rumsfeld anunciaba la primera retirada de contingentes norteamericanos -parte de las huracanadas huestes de un redivivo rey de los hunos- no desde el monte del Olivo ni desde la bblica Jerusaln... Lo haca desde otro lugar harto simblico: Faluya, vrtice de la insurgencia local.

A quin quiere salvar Donald? A sus soldados de los iraques? A los iraques de sus soldados? Fro, fro, responderamos al preguntn. Quiere salvarse a s mismo, y a la administracin actual, y, en ltima instancia, al sistema que los cobija. Eso s: desea que en el subconsciente de su pas se entronice la percepcin de que salva a todos los suyos, que lo obligan a este paso taumatrgico con la cada en picada de la popularidad de Bush, por debajo de 40 por ciento a causa de desaguisados como una guerra que muchos consideran irracional.

Se han cancelado los planes de mandar dos brigadas de combate frescas, dijo Rumsfeld con ademn beatfico, dando a entender que la situacin en Mesopotamia comienza a enderezarse, como consecuencia de la mayor presencia de tropas iraques para defender su pas y de los progresos en la agenda poltica.

Y aqu nos encrespamos. Y pretendemos quebrar la retahla de sofismas rumsfeldianos. En primer lugar, la reduccin resulta ms pretendida que real, pues esos 20 mil que regresan a casa haban llegado poco antes de los recientes comicios; tras el repliegue, quedarn casi tantos militares como en los ltimos dos aos de ocupacin. Lo que en buen romance viene a ser una operacin de imagen. Puro alarde. Un reporte de Eusebio Val, corresponsal en Washington de La Vanguardia (diario cataln), nos da la razn: La presencia militar estadounidense en Iraq se eleva actualmente a unos 160 mil efectivos, unos 22 mil ms que la media desplegada durante todo el ao. El refuerzo tuvo como objetivo garantizar la seguridad durante las pasadas elecciones.

Todo un "rosario"... de sofismas

S, la situacin en Iraq est muy lejos de enderezarse. La insurgencia -dividida entre nacionalistas y fundamentalistas islmicos- ha causado ms de dos mil 140 bajas mortales al ejrcito gringo. Los secuestros de extranjeros y las minas furtivas, las emboscadas a los yanquis y sus cipayos, la detonacin de coches-bomba han dejado de ser noticia en la nacin del Golfo.

Pero aludamos a otro de los sofismas. El de la mayor presencia de tropas iraques para defender su pas. Aun en el caso de que estas sobrepasen la impresionante cifra de cien mil, como se proclama a bombo y platillo, todo el mundo sabe -el que no, simplemente no lo quiere saber- que esos efectivos estn contribuyendo a la desestabilizacin, en una suerte de efecto bumern que quita el sueo a los grandes estrategas del Pentgono. La revelada tortura a que han sido sometidos ms de 170 sunnitas en una prisin subterrnea del Ministerio del Interior, los detalles sobre la existencia de escuadrones de la muerte dentro de la polica nacional, bajo control de dos milicias chiitas, y la evidente infiltracin de los patriotas en las fuerzas de seguridad serviles a los invasores constituyen algunos de los ejemplos a mano.

Ahora toca el turno a los progresos en la agenda poltica. Cuando escribimos estas lneas, an sin haberse oreado pblicamente los resultados, parece cierto que las elecciones parlamentarias, realizadas el jueves 15 de diciembre, contaron con la participacin tanto de sunnitas como de chiitas; parece tambin que asisti el 70 por ciento de los 15,5 millones de empadronados. Y repito el verbo parecer porque, ms que como irrecusable triunfo sobre gente cansada de dar la batalla contra los ocupantes, el sufragio se ha movido con la lgica de sombras chinescas empeadas en pasar por figuras tan claras como la vida misma: el panorama post electoral se vio ipso facto agitado por denuncias de fraude a gran escala como la hecha por Adnan Dulaimi, presidente del Frente de la Concordia (Tawafuk), principal lista sunnita en unos comicios a los que, por cierto, esa rama minoritaria del Islam en Iraq (el sunnismo) acudi bsicamente con la intencin de granjearse un espacio que le permita influir en futuras decisiones polticas, luego de boicotear las elecciones anteriores, del 30 de enero, para un Parlamento transitorio, y el referndum del 15 de octubre, que confirm la nueva Constitucin.

Las elecciones

No son gratuitas, por supuesto. Como asevera el destacado analista vasco Txente Rekondo, en el sitio Rebelin, esas elecciones parlamentarias suponen un nuevo paso dentro de la estrategia marcada y teledirigida desde Washington. Elecciones como fachada. Otra imitacin de la vida. Sombra chinesca que vendra a calzar la famosa Estrategia Nacional para la Victoria en Iraq, sustentadora de las ideas que todos conocemos. Acabar con la resistencia y el terrorismo, permitir una transicin hacia la democracia (a la americana), fomentar las instituciones democrticas y ayudar en el desarrollo econmico, al tiempo que se busca el apoyo internacional para Iraq y este proyecto. Mil veces apoyo para la esquila.

Pero el tiro bien puede salir por la culata, ya que -muchos analistas coinciden- la gran mayora de quienes votaron no lo hicieron tanto para afirmar un rgimen como para cumplir una serie de momentos procesales que acerquen lo ms posible la retirada del ejrcito de anglosajones y aclitos que garantiza el mantenimiento del poder actual.

Adems, los resultados del sufragio no han disminuido el temor de que el pas se fragmente. Al contrario. De acuerdo con el colega Julio Morejn, de Prensa Latina, pese a que la unidad es uno de los requisitos lgicos para recibir en mejores condiciones el apoyo exterior al proceso de reconstruccin, la realidad indica otra cosa. Los datos ms recientes vuelven a colocar a los islamistas chiitas -principalmente asentados en el sur petrolero del pas- como mayora en el Parlamento.

Lo cual crea una situacin de desequilibrio permanente en la prctica del poder y amenaza con enajenar a comunidades, implantando un estado de cosas que se dijo combatir en poca de Saddam Hussein. Si antes los sunnitas en la lite, ahora los chiitas en su lugar. No en vano miradas de observadores previenen la desintegracin de Iraq como Estado nico. El gobierno central podra terminar por no ser otra cosa que unos pocos edificios en la Zona Verde, afirm, adusto, un ministro iraqu citado por ms de un comentarista. EE.UU. y Gran Bretaa trabajan desesperadamente por impedirlo. Ello les dara la independencia econmica a kurdos y chiitas, en el norte y en el sur, rebosantes de hidrocarburo.

Y la independencia poltica de Washington? Ser por esto que el ex secretario de Estado Colin Powell declar su preocupacin por que las elecciones acenten las divisiones tnicas y lleven a una guerra civil? Sobre el vigor de las milicias chiitas, Powell ha expresado, sin cortapisa alguna: Su lealtad es con su tribu, etnicidad y regin, y no necesariamente con el esfuerzo nacional, ni con el gobierno central.

Y ha dicho bien. Solo que no en aras de la paz universal. El hombre trata de conjurar el caos que impida lo anunciado: Tan pronto el nuevo gobierno iraqu proyecte una apariencia de legitimidad democrtica se firmarn y sellarn grandes contratos petrolferos (...), Acuerdos de Reparto de la Produccin, entre empresas estadounidenses y el recin nombrado y amistoso gobierno iraqu.

Ah, al fin la causa ltima que mueve a USA. Por eso, la Casa Blanca no puede ni quiere reparar en las lgrimas con que el senador demcrata John Murtha present en la Cmara de Representantes la primera mocin que exige la salida inmediata de su pas de Iraq. El ejrcito est arruinado, desgastado y vive da a da, solloz el asesor de presidentes en asuntos blicos sin comprender que los Mesas estn por encima de las humanas flaquezas. Y que Rumsfeld, Bush y sus neoconservadores, desean la salvacin de sus intereses. Salvacin que vendra dada si los iraques se lo permiten. Si los iraques se empecinan en ver luz donde solo habr sombras que a la vida imitan.



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