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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2018

De injusticia, bancos e hipotecas

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


El crdito deca siempre mi padre es el primer paso hacia las deudas, es el principio de la vuelta a la esclavitud.
(Malcolm X)


Si el ahorro vende el presente para comprar el futuro, la deuda vende el futuro para comprar el presente.

(Santiago Alba Rico: Ser o no ser (un cuerpo))


El ciudadano lo percibe como una injusticia; ms an, como una burla. La actuacin del Tribunal Supremo respecto de la sentencia sobre el impuesto de actos jurdicos documentados aplicado a las hipotecas echa ms lea al fuego de la indignacin de quienes todava nos hallamos convalecientes tras el ltimo y cuasiapocalptico crac financiero.

Ante la ensima injusticia aunque nicamente fuese procedimental esta vez de una institucin primordial en un estado de derecho, las gentes endeudadas sienten ms que piensan. Y una ciudadana que siente herida su dignidad puede por esa herida contraer cualquier infeccin que a la postre puede ser letal para el espritu democrtico sin el cual queda la democracia reducida a una cscara retrica desvinculada de la verdad.

Lo ocurrido estos ltimos das con la susodicha sentencia, as como lo sabido tras la novedad legislativa impuesta desde el ejecutivo sobre la probable reaccin de los bancos que llevara a encarecer las hipotecas, me trae a la mente las palabras de Dante ante la misma boca del infierno tal como aparecen en su inmortal Divina Comedia: Abandonad toda esperanza quienes aqu entris. Sera muy exagerado que los bancos colocaran esta frase literaria en el frontispicio de todas sus sucursales? Es el rasgo definitorio de nuestra flamante economa global siglo XXI lo que el historiador y economista libans Georges Corm llama fetichismo monetarista? (Vase Europa y el mito de occidente, p. 301-2).

Si se le pregunta a cualquiera con qu tiene que ver la economa, seguramente responder que con el dinero. Pero el dinero slo es un smbolo como dice el economista surcoreano Ha-Joon Chang de lo que otros en nuestra sociedad nos deben, o de nuestro derecho a cantidades particulares de los recursos de la sociedad (Economa para el 99% de la poblacin, p. 33). El fetichismo monetarista supone que el dinero pasa de ser un medio de representacin a un fin en s mismo. En una economa en la que el cncer extractivo del sector financiero ha hecho metstasis en todo el sistema, el poder lo tienen aquellas instituciones con acceso ilimitado a lo que ya no es smbolo, sino recurso; y recurso ms importante que el aire limpio o el tiempo libre. Es la perversin esencial de una economa en la que la produccin de bienes y servicios est supeditada al poder omnmodo del dinero. De la misma forma que en las sociedades del antiguo rgimen estamental el poderoso era el terrateniente que obtena la riqueza de los dems mediante un sistema extractivo de rentas, hoy en da los rentistas institucionales son los bancos, los gestores de fondos de cobertura, que saquean empresas y vacan sus reservas de pensiones; tambin los propietarios que abusan de sus inquilinos (amenazndolos con el desahucio si no cumplen con unas demandas abusivas y desorbitantes), as como los monopolistas que extorsionan a los consumidores con precios no justificados por los costes reales de produccin. A partir de los acuerdos de Bretton Woods de 1944, el dinero rompe definitivamente con su nexo material hacindose posible la alquimia monetaria hasta entonces metafsicamente imposible; el dinero ser capaz de crear dinero por s mismo. Es la magia de las matemticas del inters compuesto que nadie osa discutir. Merced a ella los bancos crean dinero a travs de las deudas (como las hipotecas), las cuales son a su vez instrumentos de una nueva forma de esclavitud, la propia no ya del mundo feudal, sino del libre mercado. En l la aristocracia rural de la Europa feudal es en nuestros das el sector financiero. Y como antao esos seores tenedores de las tierras eran favorecidos por un sistema poltico injusto a todas luces, en este siglo que apenas ech a andar los bancos tienen a las instituciones jurdicas y polticas de su lado. Lo prueba de manera sangrante que como hemos constatado con el episodio protagonizado por el alto tribunal espaol cualquier intento de gravar su negocio se vuelve en contra de los usuarios a los que siempre se acaba amenazando con el encarecimiento de costes o lo que es peor, pues equivale a la muerte con la negacin del crdito. Como denuncia el economista norteamericano Michael Hudson: Las dinmicas financieras de hoy en da estn llevando de nuevo a desplazar la presin fiscal hacia el trabajo y la industria, mientras que los bancos y tenedores de bonos, lejos de haber visto recortados sus ttulos de deuda, han obtenido rescates (Matar al husped, p. 122).

El enseoramiento de la economa financiera de la que forma parte principal la banca en detrimento de la productiva es consecuencia de la mutacin del paradigma clsico y su sustitucin por el modelo neoliberal, que en nuestro siglo se tiene por ortodoxia econmica y como corpus definitivo de la ciencia econmica. Parte esencial de ese modelo es un sistema financiero global que opera con su propia lgica y que financiariza la vida cotidiana de todas las personas como muestra la penetracin de las tarjetas de crdito y la organizacin de la vida presente subrayan los profesores Antonio Ario y Juan Romero empeando la de las generaciones futuras (vivir a crdito y generar deuda a futuro mediante la vivienda, la educacin o las vacaciones) (La secesin de los ricos, p. 125). Hace dcadas que la economa dej de ser una poltica, como vena siendo desde los mercantilistas del siglo XVI, para ser considerada una ciencia, acentuando de este modo su carcter utpico y abstracto; es decir, de implantacin de un modelo de capitalismo de libre mercado uniforme para todas las comunidades humanas y para el que queda proscrita la bsqueda de alternativa.

El origen de este triunfo del neoliberalismo anglosajn cabe situarlo en la dcada de los ochenta del siglo pasado siendo de naturaleza esencialmente ideolgica. La pareja poltica que lo encarna es la que constituyeron Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Quien le otorg su fundamento cientfico fue Milton Friedman y su Escuela de Chicago, enemigos radicales de la intervencin del Estado, la cual desde entonces se tiene por peligrosa para la libertad. La ideologa que impulsa este capitalismo de tercera generacin as bautizado por el economista Anatole Kaletsky se sustenta en dos pilares que nada tienen de cientfico, a saber: la supuesta racionalidad absoluta de los mercados, los consumidores y los productores, que exige, para que florezcan en plenitud los beneficios de su accin, la desregulacin; y una concepcin de la libertad ms abstracta y racionalista que la de los filsofos de la Ilustracin. Es el principio del fin del Estado del bienestar, el que fuera gran logro poltico europeo de los treinta gloriosos, las tres dcadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el viejo continente, a pesar de la herida histrica del teln de acero, pareca progresar en paz. Durante ese tiempo an rega la poltica de regulacin pblica del siglo XX, fundamentada en las ideas de la Ilustracin y de la reforma poltica. Desde ellas, el valor, el precio y la renta se definen para orientar una filosofa fiscal progresiva, una regulacin de precios antimonopolio, leyes de usura y controles de renta. Se trataba as de favorecer el crecimiento econmico y unos precios e ingresos ms justos y eficientes.

Este modelo de economa mixta congruente con los principios ilustrados ha ido cediendo en las ltimas dcadas ante la presin contra el sector pblico, que busca segn el ya citado Michael Hudson crear una economa unilateral cuyo control est centralizado en Wall Street y en centros financieros similares en todo el mundo (Matar al husped, p. 70). El asunto de la dichosa sentencia del impuesto de las hipotecas es la prueba de la fortaleza de esa economa unilateral, de naturaleza extractiva (de riqueza) frente a los poderes del Estado democrtico. Que no es un hecho aislado carente de significado poltico lo demuestra el antecedente que sobre un asunto similar se dio en Estados Unidos en la primavera de 2009, cuando el senador de Illinois Dick Durbin haba intentado cambiar la legislacin sobre quiebra para que los propietarios de viviendas con dificultades financieras pudieran modificar sus hipotecas. Se trataba de revertir la sentencia unnime del Tribunal Supremo de 1993, favorable a los bancos, que impeda que los propietarios pudieran utilizar la quiebra como instrumento para reducir sus hipotecas. El Congreso tambin vena demostrando su connivencia con la banca, cuya seguridad entenda prioritaria para garantizar los flujos de capital. Llegado el momento de debatir la propuesta de Durbin, la administracin Obama se opuso; porque acept el argumento de las entidades financieras de que reconocer un derecho a la quiebra de los propietarios de vivienda incrementara el coste de los prstamos hipotecarios y generara inseguridad jurdica.

El "producto" de los banqueros es la deuda (p. 382), sostiene Hudson. Ofrecen cada vez prstamos ms grandes con la garanta de valores de renta y patrimonio, prstamos que publicitan como ms fciles, y beneficiosos porque amplan el mercado de la vivienda en propiedad. Ahora bien, para el conjunto de la economa tales condiciones de crdito tienen el efecto de aumentar los precios de los bienes races (terrenos, inmuebles...) y los compradores se ven obligados a endeudarse cada vez ms para tener casa propia. Los bancos terminan quedndose con la parte ms importante del valor de la renta inmobiliaria, que se paga en concepto de intereses (p. 383), subraya Hudson. La ideologa financiera de la banca es contraria a los impuestos jutificndolo en la ilusin, que fomentan entre los potenciales compradores, de que la menor presin fiscal liberar renta para el acceso a la vivienda en propiedad; pero en verdad lo que buscan es que queden ms libres de carga impositiva las rentas del trabajo para que eso que no pagan en impuestos lo paguen a los bancos en forma de ms intereses. En la prctica es una forma de impuesto privado mediante el que todos los hipotecados enriquecemos a la banca, todo un poder dentro del Estado al que resulta muy difcil controlar. Sobre todo desde la desregulacin de las finanzas promovida polticamente a partir de la dcada de los ochenta del siglo pasado, la cual tuvo seguramente su momento triunfal en 1999 con la derogacin de la Ley Glass-Steagall, la Ley de Bancos (Banking Act) de los EEUU, en vigor desde el 16 de junio de 1933. Tal ley se concibi como instrumento de control para la especulacin que cuatro aos antes haba llevado a la hecatombre econmica de 1929, de terribles consecuencia para todo el mundo dado que tuvo su incidencia en el ascenso del nazismo. En virtud de esa ley quedaban separadas la banca de depsito y la banca de inversin. Su derogacin bajo la presidencia del demcrata Bill Clinton nos puso en la senda para la crisis de 2008, prima hermana de la del 29, al permitir en la prctica la especulacin casi sin lmites mediante la creacin verdaderamente maravillosa de productos financieros a cual ms enrevesado en su naturaleza abstracta y su plasmacin jurdica (CDO, swaps y dems derivados).

En efecto, as los llama el empleado de banca que lo atiende a uno en la sucursal de turno; las hipotecas son productos, como si fuesen algo que se fabrica trabajosamente, a partir de una costosa materia prima de ardua obtencin que luego ha de ser sometida a un laborioso proceso de manufactura. Pero las hipotecas son entes abstractos, convenciones de los hombres mediante las que se genera deuda, merced a la cual de la nada se crea dinero que es el deudor quien tiene que producir de verdad mediante su muy material y concreto trabajo.

La mayora del dinero en circulacin no es en metlico, sino que es bancario; y de ste, en el eurosistema, el 90% fue creado por la banca privada en 2013. Como nos advierte Christian Felber en su libro Dinero, de fin a medio respecto de los beneficios obtenidos por la banca va prstamos: Estos beneficios son ilegtimos, porque hay actores privados que se enriquecen accediendo a un bien pblico [el dinero] (Dinero, de fin a medio, p. 81); adems: La prctica de crear dinero privado incrementa el volumen crediticio de la economa nacional y con ello el grado de endeudamiento sistmico. Conduce a la inflacin y formacin de burbujas por un lado y, por el otro, al sobreendeudamiento sistmico. Actualmente, el grado de endeudamiento general del sistema financiero y la economa nacional es mayor de lo que ha sido nunca en la historia (p.81). Lo que Felber considera el problema crucial del orden monetario actual (p. 153) lo identifica Michael Hudson como un factor decisivo en la guerra (poltica) que se libra entre la economa financiera, de corte extractivo, y la economa real (creadora de riqueza material), y que por ahora conduce al desmantelamiento de la produccin industrial y a vivir en el corto plazo financiero. Ese problema radica en que la riqueza financiera privada crece ms rpido que el rendimiento econmico (segn clculos recogidos por Felber en su libro vase en la pgina 154, 3,7 veces el rendimiento global en 2012). Y posee la voracidad del predador insaciable, por lo que no para de presionar con el fin de obtener ms y ms beneficios, de los que las hipotecas son una fuente importante. Pueden los asalariados invertir lo que debieran en elevar sus niveles de vida si cada vez tienen que dedicar una mayor cantidad de sus ingresos a atender las exigencias de sus deudas?

La UE estableci por medio de los tratados de Maastricht y de Lisboa el 60% del PIB como el mximo de endeudamiento permitido a los estados. Ya en 2014 la Eurozona apuntaba a un promedio de cuota de deuda pblica del ciento por ciento del rendimiento econmico (en Espaa es prcticamente del 100% del PIB). Ello es debido al exceso de riqueza privada disponible en perpetua bsqueda de revalorizacin, lo que conlleva que se influya polticamente para que la deuda siga aumentando. Este estado de cosas, que ir a peor de acuerdo con el actual marco de poltica econmica global, es absurdo tanto para Felber como para Hudson. Escojo unas palabras del primero que lo expresan meridianamente: As como en las dcadas de la posguerra los deudores, a veces desesperados, buscaban acreedores, hoy los acreedores, cada vez ms desesperados, buscan deudores (de ah las estrategias de privatizacin, globalizacin y especulacin) (p. 155). Es como si todos, incluidos los estados, tuvisemos como primer mandamiento el ser buenos deudores; axioma, al mismo tiempo, de una economa extractiva que a decir de Michael Hudson se ha convertido en el parsito que merma la salud de la economa real, la de produccin de bienes y servicios, la que da vida a los seres humanos. No es esta economa, la real, la que debe estar al servicio del dinero, sino ste, que es un medio no el fin, el que debe servirla.

Hoy por hoy, la banca y las as llamadas altas finanzas constituyen el sector rentista ms importante, el corazn de la economa extractiva, el parsito que mata al husped. Porque la mayora de los prstamos bancarios no se orientan a producir bienes y servicios, sino a transferir los derechos de propiedad de bienes races, acciones (incluyendo las de compaas enteras) y bonos (Matar al husped, p. 142). Se trata de una permanente transferencia de riqueza desde el sector productivo y del patrimonio del Estado al sector financiero va pago de intereses de la deuda en sus muchas versiones. Su masiva expansin ha favorecido a una reducida minora que se ha enriquecido enormemente, generando un crecimiento de la desigualdad. Lo que ganan en concepto de intereses los bancos lo prestan como nuevos crditos hipotecarios a compradores de recursos generadores de renta. Y a esto se juega con recursos (materiales, no abstractos como el dinero) tan imprescindibles para una vida digna como lo es la vivienda.

Miremos en la para muchos intocable por sagrada constitucin de 1978. Busquemos su ttulo I: de los derechos y deberes fundamentales; en su captulo tercero, de los principios rectores de la poltica social y econmica, artculo 47, y leamos: Todos los espaoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes pblicos promovern las condiciones necesarias y establecern las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilizacin del suelo de acuerdo con el inters general para impedir la especulacin. La comunidad participar en las plusvalas que genere la accin urbanstica de los entes pblicos.

Se supona que el fin de la historia quedaba certificado por el hecho indiscutible del xito de la democracia liberal, fruto del pensamiento ilustrado y de su compleja elaboracin a travs de la modernidad. Ese xito no puede ser compatible con la sombra de injusticia que se arroja desde la esfera econmica; algo que la poltica no debe eludir. Nos enfrentamos al riesgo cierto de un vaciamiento de la democracia y que su vaco lo llene la plutocracia global.

REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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