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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2018

Una mirada a La Habana de antes y de ahora

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


All se extenda la gran ciudad de La Habana, a lo largo de la costa

La Habana de hoy en da se prepara para celebrar el viernes 16 de noviembre el 499 aniversario de su fundacin y espera con una efervescencia especial, signada por la creacin, pertinencia y pasin de sus habitantes, sus 500 aos en el 2019. Engrandecer y embellecer La Habana es el propsito de los esfuerzos de todos o de la mayora de sus ms de dos millones de habitantes, convencidos que con ello se contribuir a construir un espacio citadino para recrear la felicidad de los habaneros, los cubanos en general y de los extranjeros residentes o visitantes.

Una mirada a La Habana puede descubrir todo el mundo fsico y espiritual acumulado durante los aos y siglos sucesivos, su imagen cambiante con las pocas y de los habitantes asentados en su territorio o de los simples viajeros circunstanciales que la recorrieron con objetivos multifacticos.

El 5 de febrero de 1851 una novelista sueca describa sus impresiones al arribar al puerto de La Habana y en das y meses posteriores relatara sus experiencias en su territorio y en otros de la isla de Cuba.

Su sensibilidad captaba las olas que se levantaban y rompan furiosamente contra el saliente cabo donde la fortaleza de El Morro se levanta con sus muros y torres y defiende la angosta entrada al puerto.

All se extenda la gran ciudad de La Habana, a lo largo de la costa, a la derecha segn se entra al puerto, con casas bajas de todos los colores: azules, amarillas, verdes, anaranjadas, como un enorme depsito de cristales abigarrados y objetos de porcelana en una tienda de regalos; y ningn humo, ni la menor columna de humo daba indicios de la atmsfera de una ciudad. Grupos de palmeras se elevaban entre las casas. Entre las colinas verdes que se vean alrededor del puerto haba grupos de casas de campo, y bosquecillos de cocoteros y otros rboles del tipo de las palmeras; y sobre todo esto se extenda el cielo ms claro y suave. El agua del puerto pareca clara como el cristal. Entre los objetos que llamaron la atencin de la ilustre extranjera se destacaban la fortaleza donde estaban encerrados los prisioneros, otra prisin yla horca. Pero las bellas palmeras ondulantes y las verdes colinas, encantaron su vista.

Botecitos medio cubiertos, movidos a remos por hombres, rodeaban el barco, para llevar a los pasajeros a tierra.

Ya en el hotel, propiedad de un americano, la novelista se enter de la presencia de la cantante sueca Jenny Lind, y pronto se encontraran e intercambiaran amistosamente, algo que se prolong durante dos das, que incluyeron tambin paseos en coche por los alrededores de La Habana. Un da la llevaron a los jardines del Obispo, un bello parque cerca de La Habana, donde pudo contemplar muchas plantas tropicales. Por la noche pasearon en coche por el paseo de Isabel Segunda que en su recorrido atravesaba amplias alamedas de palmeras y otros rboles, canteros de flores, estatuas y fuentes de mrmol. Su mirada potica le permiti ver la luna en cuarto creciente que flotaba como un botecito sobre el horizonte.

En el transcurso de los das, sus experiencias continan. Y refiere que en el hotel pagaba 5 dlares. Incursionaba en la plaza de Armas, donde el gobernador, el intendente y el almirante, los tres grandes dignatarios de la isla, tenan sus palacios, los cuales ocupaban tres lados de la plaza. El cuarto lado lo constitua un cercado plantado de rboles, y detrs un busto de Coln y una capilla. Describe en detalles a la plaza y seala la existencia de gran cantidad de bancos de mrmol blanco, en los cuales se sientan las personas a la sombra de las palmeras. Tambin en su recorrido estuvo en una terraza alta o explanada, llamada la Cortina de Valds, construida a lo largo del puerto en el lado opuesto al Morro.

En las noches es posible contemplar la luz del Morro, o sea la del faro del Morro, que se extiende y brilla como una estrella deslumbrante, fija con luz clarsima sobre el mar y la ciudad. Adems, la visitante es prolija en sealar personajes de los estratos de la sociedad habanera y apuntar detalles sobre algunas de las costumbres de entonces. Una descripcin especial versa sobre su asistencia a misa en la catedral, en que se funden todos los elementos humanos, fsicos y de culto del entorno eclesistico. Resalta las mltiples relaciones sociales con residentes extranjeros de distintas nacionalidades, que acogieron con calidez a la novelista y pintora sueca.

Tambin relata su estancia durante das en una residencia campestre, en el pueblecito o villa del Cerro, que estima situado a un par de millas de La Habana. All anduvo de excursiones exploratorias de los alrededores. Y seala que anduvo sola por las soberbias alamedas y por los bosquecillos silenciosos, donde centenares de brillantes mariposas, desconocidas para ella, se levantaban de la hierba hmeda. Y exclama: Qu feliz fui esa maana!.

Despus de su retorno a La Habana, sus afitriones la llevaron en coche a Guanabacoa, de cuya villa seala que le contaron que era la ms vieja en la isla y que conservaba todava recuerdos de los primeros habitantes, los dulces y pacficos indios que poblaban a Cuba cuando los espaoles llegaron. Y su espritu justiciero se enaltece con estas frases: La sangre de sus inofensivos aborgenes masacrados clama todava desde la tierra, pero sus voces son una bella meloda, y han bautizado el ms hermoso valle de Cuba con el nombre de Yumur.

Cuenta sobre el envase del agua en vasijas de barro para mantener fresa el agua de beber. Y apunta que slo en los grandes hoteles de La Habana se usa el hielo para enfriar el agua.

En relacin con Guanabacoa, afirma que el pequeo pueblecito le recuerda una miniatura de la Habana: las casas construidas y pintadas de la misma manera, con los mismos techos y las mismas azoteas adornadas con urnas, pero todo menor y ms bajo.

Durante sus ltimos das en La Habana,,la novelista la novelista conoci al eminente botnico Felipe Poey, quien la recibi cortsmente y le regal algunos ejemplares de mariposas cubanas, y entre estas, la que se considera como la ms bella, la urania, que tiene un bello color verde oscuro y un brillo como de terciopelo.

Sus juicios sobre Cuba son encomisticos en extremo, ya que seala que es la patria de la belleza, y se sorprende que todava sea tan poco conocida. Los naturalistas, los arquitectos, los pintores y los poetas deberan venir aqu, en busca de nuevos conocimientos y de nueva inspiracin.

Y no falta su mirada esclarecida y escrutadora que le permiten ofrecer su testimonio sobre los males de la administracin espaola en la isla, con sus monopolios, injusticias, robos cometidos en todas partes, a partir de escuchar historias casi increbles. Y como colofn seala que sigue habiendo trata de esclavos, aunque ocultamente. La administracin lo sabe, pero recibe treinta o cincuenta pesos por cada esclavo que es trado de frica, cierra los ojos ante el trfico y hasta lo favorece, segn se deca. Y concluye con esta afirmacin contundente: Ay, que este paraso terrestre haya de estar siempre envenenado por la vieja serpiente! El 22 de abril dir adis a esta Cuba tan bella, aunque mordida por la serpiente

Sobre la rebelin de los esclavos afirma que esos negros fugitivos viven en esas montaas y se han hecho tan fuertes en sus innumerables grutas y cuevas, que nadie se atreve a perseguirlos. Se han construido viviendas, se han conseguido armas de fuego, y se dice que en un tiempo eran suficientemente.numerosos (varios miles, al parecer) para infundir temor a los espaoles. Estos esclavos rebelados prefieren morir all, libres entre las montaas libres y duras, antes que vivir entre los hombres, an ms duros.

Y en su dilogo epistolar con su hermana, resultan reveladoras estas ideas: Pero me dirs- y los esclavos, la esclavitud en torno a ese Edn?. S, lo s. La esclavitud desaparecer y las cadenas de los esclavos caern; ms la bondad de Dios y su gloria sern eternas. Viv aqu esta visin. El esclavo lo har tambin un da.

Despus de este vaticinio, slo debieron transcurrir 17 aos para que la liberacin por la fuerza de los esclavos se hiciera realidad con el levantamiento libertario de Carlos Manuel de Cspedes, ocurrido el 10 de octubre de 1868 en su ingenio La Demajagua.

Este slo es un testimonio mnimo de la novelista sueca Fredrika Bremen (1801-1865), quien al concluir su periplo por La Habana, Matanzas y Crdenas, concluye los apuntes sobre su visita el 8 de mayo que luego integraron su libro titulado Cartas desde Cuba, con una frase reveladora de sus ideas libertarias y emancipadoras: He aspirado una nueva vida en Cuba, pero vivir aqu no podra. Esto slo podra hacerlo donde exista y crezca la libertad!

Esa libertad se hizo realidad a puros empujones, arremetidas y combates sucesivos, de guerras que duraron muchos aos, hasta que un da, en tiempos mejores y presentes, Cuba pas a denominarse la Isla de la Libertad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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