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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2006

La emocin patritica

Alberto Moncada
Rebelin


El patriotismo es el argumento que usan los poderosos cuando no tienen otro, deca un hombre de la Ilustracin y ms recientemente Johnson acuo su famosa frase: "el patriotismo es el ltimo recurso de los villanos".

En Estados Unidos se est produciendo una reaccin crtica frente a la "Patriot Act" (Ley Patritica) votada por un Congreso asustado, inmediatamente despus de los acontecimientos del 11 de Septiembre. La "Patriot Act" est sirviendo, sobre todo, para acallar la discusin poltica y censurar a los crticos del Gobierno.

En su reciente artculo, " La prensa, El enemigo interno", Michael Massing cuenta cmo el gobierno Bush tilda de traidores a los periodistas que se atreven a censurar las corrupciones del poder poltico y econmico, simbolizadas en la colusin entre el Gobierno y empresas amigas como Haliburton con ocasin de la guerra de Irn y la reconstruccin de New Orleans. Massing documenta cmo los dueos de los medios, deseosos de complacer al Gobierno y a sus anunciantes y aliados empresariales, dificultan en ocasiones esas mismas investigaciones y aduce tres o cuatro casos flagrantes de los ltimos aos ( "The New York Review of Books", nmero del 15 de Diciembre de 2005).

Las guerras han explotado el patriotismo incondicional e incluso han sido su caldo de cultivo cuando las lealtades medievales al seor feudal fueron sustituidas por la emocin patritica del ciudadano del Estado moderno.

Al convertirse los ejrcitos de mercenarios en obligatorios se hizo necesario crear un vnculo de solidaridad que se consolid en tiempo de paz aunque realmente la guerra inacabable entre Estados, naciones, etnias no nos ha dejado tiempo para que nazcan otras solidaridades y especialmente esa solidaridad cosmopolita que se hace inevitable en la progresiva mundializacin o globalizacin de la convivencia humana.

El problema principal se produce cuando el inters comn territorial se transforma en una emocin y la necesidad de pertenecer, consustancial al ser humano, se absolutiza en el patriotismo. Las emociones en el amor, la religin, la familia nos juegan malas pasadas porque crean tiranos domsticos, fanticos de credo adusto y el modelo patriarcal de sociedad en el que se basan las mafias. Lo que te da la vida tambin te la quita, deca aquel poeta del amor vasallo.

Para introducir frialdad en la identidad grupal, Habermas acu el concepto de patriotismo constitucional para buscar la frmula de que los ciudadanos comulgaran en los principios pactados para organizar la convivencia y en poco ms. El patriotismo constitucional tiene menos decibelios y, sobre todo, no permite lderes carismticos ni azuzadores de odios. Por eso, es poco atractivo para los calenturientos aunque gana cotas de adhesin en las sociedades contemporneas donde lo que hay que consensuar principalmente es el reparto de impuestos y servicios.

Al devaluarse las lealtades grupales disminuye la fiebre poltica y los compromisos son cada vez ms voluntarios y pactados, que esa es la sustancia de la democracia.

La democracia implica que no haya que seguir expidiendo certificados de patriotismo.

Porque patriotas son los que cumplen las leyes, pagan los impuestos y no se aprovechan del comn, lo cual es bastante pedir en sociedades como la nuestra, recin salida de la dictadura de las lealtades impuestas. Utilizar la emocin patritica desde nacionalismos territoriales es bastante intil para el acuerdo de intereses pero se ve que los espaoles, como tributarios de un pasado reciente y bronco, hemos de pagar un precio por restaar el tejido poltico de una forma consentida, negociada, viable. Las nuevas generaciones, hijas de la televisin multicultural, son ya cosmopolitas desde la cuna. Conocen pases distintos al suyo, otras costumbres, conviven con personas de otros sitios, en suma, no tienen una visin castiza de sus propias vidas. Hace cien aos la mayora de la gente mora donde haba nacido y su cultura era bsicamente rural. Hoy vivimos mayoritariamente en ciudades, a las que emigran gentes de diverso origen. Las identidades adelgazan y se hacen menos contundentes. Ya no existe un servicio militar obligatorio en el que los mozos cursaban la asignatura del patriotismo emocional. La necesidad de pertenecer se hace cosmopolita y el mejor pas ya no es el de nacimiento sino el que nos ofrece oportunidades de trabajo y libertad.




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