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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2018

Un frente antifascista europeo?

Hctor Illueca, Manolo Monereo y Julio Anguita
Cuarto Poder


Quien no quiere hablar acerca del capitalismo

debera callarse tambin respecto del fascismo

(Max Horkheimer)

 

Era previsible, aunque quizs no tan pronto. La consigna que se est difundiendo es construir un frente poltico antifascista europeo. Lo estamos viendo estos das. Con gesto adusto y semblante grave, algunos intelectuales proclaman el nuevo credo: Frente a la amenaza del fascismo, unidad de los demcratas! El asunto tiene cierta lgica: si lo que est emergiendo en la Unin Europea (UE) es algo ms que populismo de derechas, o sea, fascismo puro y duro, hace falta una gran alianza poltica que haga de freno, de dique, a algo que se presume como un mal absoluto al que hay que derrotar, cueste lo que cueste. En el centro de la propuesta, la defensa de unas instituciones que hay que estabilizar y consolidar. Nos referimos, naturalmente, a la UE y a la democracia liberal.

Un frente antifascista europeo? Vivimos la cultura del instante y la memoria desaparece de nuestro horizonte, que es donde realmente juega su papel. Grecia y Tsipras han desaparecido del debate pblico y no debera ser as. El pas heleno fue escarmiento, experimento y, en muchos sentidos, castigo. La presencia del gobernante griego en septiembre pasado en el Parlamento Europeo no mereci la atencin debida. Tsipras compareci con el orgullo del deber cumplido y del trabajo bien hecho en representacin de un pas transformado. Tres aos despus de haber sido propuesto como presidente de la Comisin por la izquierda alternativa bajo la orientacin de otra Europa posible, apareca como el defensor de esta UE frente a la barbarie populista. Es ms, propuso una alianza que vaya desde Macron hasta la izquierda, abierta a los liberales y a los conservadores moderados. Se podra decir que estos tres aos han dado para mucho y que han terminado por oscurecer cualquier proyecto que no sea la defensa de la UE realmente existente. Efectivamente, Grecia ha cambiado mucho. Ha pasado de tener una deuda pblica del 135 por ciento del PIB en 2009 al 180 por ciento en la actualidad, el paro ha pasado del 10 al 20 por ciento y el pas ha perdido 400 mil habitantes. Una tragedia asumida a mayor gloria de esta UE y de los mercados.

La realidad acaba siempre chocando con el dominio de lo polticamente correcto. Lo primero que no se quiere analizar es si las polticas que ha venido realizando la UE antes y despus de la crisis tienen que ver con el surgimiento y desarrollo de nacionalismos excluyentes y de fuerzas polticas que, por comodidad, definiremos como populismos de derechas. A estas alturas pocos dudan de que las polticas de la Unin han ido desmontando sistemticamente el Estado social en cada uno de los pases, erosionando los mecanismos de control social y poltico de los mercados capitalistas y debilitando el poder contractual de las clases trabajadoras y sus sindicatos. La UE ha terminado por constitucionalizar las polticas neoliberales hasta hacerlas obligatorias y, lo que es ms grave, sancionables, con duras multas para los pases que osen infringirlas. La idea de fondo, el dogma que se impone hoy en el debate de la Comisin con Espaa e Italia, no es otro que frenar y reducir el gasto pblico. El objetivo no es ya el 3 por ciento, sino el supervit en la fase alta del ciclo. La democracia ha devenido en limitada porque, gobierne quien gobierne, tiene que aplicar polticas monetarias y fiscales de corte neoliberal bajo amenaza de los mercados, del todopoderoso Banco Central Europeo y de una Comisin intransigente en la aplicacin de los Tratados. Realmente puede sorprender el auge del populismo de derechas en la UE?

Hay que decirlo tambin aqu y ahora: en momentos en los que el mundo est cambiando de base y atraviesa una transicin geopoltica de grandes dimensiones, donde la tendencia de fondo es la multipolaridad, es decir, en pleno proceso de redistribucin del poder a nivel global, la UE carece de un proyecto autnomo identificable. La ausencia de una poltica internacional propia capaz de orientar una transicin que se presume conflictiva, condenar a Europa a la subalternidad respecto a la poltica norteamericana. La trampa de Tucdides no es un asunto menor ni una elucubracin intelectual. EE. UU. no va a renunciar de forma pacfica a las posiciones de dominio conquistadas tras la Segunda Guerra Mundial, lo que sita la guerra como instrumento prioritario para definir los grandes problemas estratgicos. Para Europa, la OTAN implica perpetuar la supeditacin a los intereses geoestratgicos norteamericanos, el incremento de los presupuestos militares y convertir las demandas de seguridad en un problema de orden pblico y de fortaleza del Estado penal.

Un frente antifascista europeo? Hay una paradoja que no siempre se tiene en cuenta cuando se reclama la defensa de la democracia. Sabemos lo que se quiere decir: defensa de los derechos y las libertades democrticas. Ahora bien, la paradoja es que, en muchos sentidos, la propuesta que hay delante y detrs de la UE es el retorno a una democracia liberal, es decir, poner fin al constitucionalismo social, a las democracias avanzadas producto del conflicto de clases y de dos guerras mundiales que tuvieron a Europa en su centro. La rebelin de las lites, una vez cado el imperio del mal y desaparecido el enemigo interno socialista, tena como objetivo la restauracin de una democracia funcional al mercado, supeditada a l, que expropia la soberana econmica y despolitiza la poltica. En cierto sentido, se puede hablar de norteamericanizacin de la vida pblica europea y de una escisin cada vez ms clara entre la democracia como procedimiento y la democracia como autogobierno.

Sin embargo, lo peor de este nuevo frentismo emergente es que no es capaz de entender las relaciones existentes entre la integracin europea (la UE) y la crisis de nuestras debilitadas democracias, ni tampoco las profundas transformaciones que se estn operando en nuestras sociedades. No deberamos engaarnos ni dejarnos engaar: la restauracin de democracias de mercado requiere, necesita del miedo como fundamento; de personas aisladas, socialmente desvinculadas e inseguras frente al futuro. El tipo de capitalismo hoy dominante necesita personas que acten segn las reglas y modos que ste exige. Cuando hablamos del momento Polanyi nos estamos refiriendo a un fenmeno que aparece en todas partes: una reclamacin fundante de proteccin, de seguridad e identidad, de nostalgia de un orden basado en la comunidad.

Este nuevo frentismo confunde los efectos con las causas; pretende combatir el populismo de derechas sin reparar en las circunstancias que lo han engendrado; aspira a legitimar instituciones que estn en crisis en todas partes y hace de la conservacin de lo existente el fundamento y el horizonte de lo que est por venir. Realmente se cree que desde estos supuestos es posible rearmar poltica y culturalmente un movimiento de oposicin a las derivas autoritarias que experimentan nuestras sociedades? Alguien piensa seriamente que desde estos puntos de partida se generarn el entusiasmo, la adhesin y el imaginario necesarios para una movilizacin social capaz de ganar y activar a las mayoras sociales? No lo creemos. Ms bien pensamos que ser lo contrario. Defender instituciones en crisis y socialmente deslegitimadas nicamente propiciar el fortalecimiento de populismos autoritarios y nacionalistas que acabarn por desviar las demandas de proteccin hacia frmulas securitarias que impliquen la restriccin de las libertades y de los derechos. Si la izquierda acaba defendiendo este nuevo frentismo, terminar por romper sus ya debilitadas relaciones con las clases populares, perpetuando un camino que la llevar de desaparecer como alternativa de gobierno.

Creemos que hay que aprender de la historia. La democracia, nuestros clsicos as lo entendieron, se defiende desarrollndola, amplindola, extendindola. Esto significa poner en primer plano la contradiccin entre la democracia y el capitalismo. Ms concretamente, exige desmercantilizar, garantizar los derechos sociales bsicos y entablar relaciones armoniosas con la naturaleza. Tambin significa democratizar la democracia llevndola a las empresas, a las grandes instituciones financieras, fomentando formas alternativas de organizar la economa y la democracia participativa. Despatriarcalizar la sociedad potenciando la igualdad sustancial y una democratizacin de la vida cotidiana de las personas. Desglobalizar, recuperar la soberana popular como fundamento del orden poltico, como derecho al autogobierno y a la definicin constitucional de un proyecto colectivo basado en una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales, comprometidos con la emancipacin.

Merece la pena recordar una reflexin que nos dej Perry Anderson hace algn tiempo en un excelente artculo: para las corrientes anti-sistema de izquierdas, la leccin que hay que sacar de estos ltimos aos est clara. Si quieren dejar de ser eclipsados por sus homlogos de derechas, ya no pueden permitirse ser menos radicales y menos coherentes que ellos en su oposicin al sistema. En otras palabras, el futuro de la Unin Europea depende tanto de las decisiones que la han moldeado que ya no podemos contentarnos con reformarla: hay que salir de ella o deshacerla para poder construir en su lugar algo mejor, con otros fundamentos, lo que equivaldra a arrojar al fuego el Tratado de Maastricht (Le Monde Diplomatique, marzo de 2017).

Nuestra lnea de pensamiento est muy prxima a la del historiador britnico: se trata de defender el proyecto europeo contra su principal amenaza, que no es otra que la UE, y apostar por una Europa confederal que defienda la paz, las libertades pblicas, los derechos sociales y la igualdad entre pueblos y naciones. Para ello, los Estados, la soberana popular y el autogobierno de las poblaciones europeas no pueden ser considerados como obstculos a derrotar, sino como instrumentos indispensables que permiten tejer relaciones de cooperacin entre los pueblos y garantizar los derechos humanos fundamentales. El debate real en Europa no es entre fascismo y antifascismo. El debate real es continuar con el proyecto neoliberal de la UE o defender un proyecto europeo que realmente lo sea. La respuesta la dar la historia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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