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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2005

Cmo Gran Bretaa niega sus Holocaustos

George Monbiot
The Guardian

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


Al leer las informaciones sobre el juicio del novelista turco Orhan Pamuk, llaman la atencin dos aspectos:
El primero, desde luego, es la brutalidad anacrnica de las leyes de ese pas. El seor Pamuk, como numerosos otros escritores y periodistas, es procesado por ultraje a la nacin turca, con lo que se quiere decir que se atrevi a mencionar el genocidio armenio en la primera guerra mundial y el asesinato de kurdos en la ltima dcada.
El segundo, es su asombrosa, incoherente, estupidez. El camino ms adecuado para que esas masacres se conviertan en temas de actualidad, es precisamente procesar al novelista ms importante del pas por haberlas mencionado.

Mientras se prepara para acceder a la Unin Europea, el gobierno turco descubrir que los otros miembros han encontrado un medio ms efectivo para suprimir informaciones. Sin coercin legal, sin utilizar turbas aullantes para expulsar a escritores de sus hogares, hemos desarrollado una capacidad casi infinita para olvidar nuestras propias atrocidades.

Atrocidades? Qu atrocidades? Cuando un escritor turco utiliza esa palabra, todos en Turqua saben de qu habla, aunque lo nieguen vehementemente. Pero la mayora de la gente en Gran Bretaa te mirar sin comprender. Quisiera mencionar dos ejemplos, ambos tan bien documentados como el genocidio armenio.

En su libro Late Victorian Holocausts [Holocaustos de fines de fines del perodo victoriano], publicado en 2001, Mike Davis cuenta la historia de las hambrunas que mataron entre 12 y 29 millones de indios (1). Fueron, demuestra, asesinados por la poltica estatal britnica.

Cuando una sequa de El Nio llev a la indigencia a los campesinos de la meseta de Decca en 1876 haba un excedente neto de arroz y trigo en India. Pero el virrey, Lord Lytton, insisti en que nada deba impedir su exportacin a Inglaterra. En 1877 y 1878, en el punto lgido de la hambruna, los mercaderes de granos exportaron un rcord de 6,4 millones de quintales de trigo. Mientras los campesinos comenzaban a morir de inanicin, se orden a los funcionarios del gobierno que desalentaran las labores de ayuda de todas las maneras posibles (2). La Ley contra contribuciones caritativas de 1877 prohibi bajo pena de encarcelamiento donaciones privadas de ayuda que interfirieran potencialmente con la fijacin de precios del grano por el mercado. La nica ayuda permitida en la mayora de los distritos eran los trabajos forzados, de los que se exclua a todo el que estuviera en un estado avanzado de inanicin. Dentro de los campos de trabajo, los trabajadores reciban menos comida que los reclusos en Buchenwald. En 1877, la mortandad mensual en los campos equivala a una tasa anual de mortalidad de un 94%.

Mientras moran millones, el gobierno imperial lanz una campaa militarizada para cobrar deudas por impuestos acumuladas durante la sequa. El dinero, que arruin a los que de otra manera podran haber sobrevivido a la hambruna, fue utilizado por Lytton para financiar su guerra en Afganistn. Incluso en sitios que haban producido un excedente de alimentos, la poltica de exportacin del gobierno, como la de Stalin en Ucrania, produjo hambre. En las provincias del noroeste, Oud y el Punjab, que haban producido cosechas rcord en los tres aos precedentes, murieron por lo menos 1,25 millones.

Tres libros recientes Britains Gulag [El Gulag britnico] de Caroline Elkins,
Histories of the Hanged [Historias de los ahorcados] de David Anderson y Web of Deceit [Red de engaos] de Mark Curtis muestran cmo colonos blancos y soldados britnicos reprimieron la revuelta maumau en Kenia en los aos cincuenta. Expulsados de sus mejores tierras y privados de derechos polticos, los kikuius comenzaron a movilizarse algunos de ellos violentamente contra el rgimen colonial. Los britnicos reaccionaron encerrando a hasta 320.000 de ellos en campos de concentracin (3). La mayora de los restantes ms de un milln fueron mantenidos en aldeas cercadas. Los prisioneros fueron interrogados con ayuda de cortado de orejas, perforacin de tmpanos, azotes hasta la muerte, vaciado de parafina sobre sospechosos que despus eran incendiados, y la quema de tmpanos con cigarrillos encendidos. (4) Soldados britnicos utilizaban un instrumento castrador metlico para cortar testculos y dedos. Cuando termin de cortarle las bolas, alarde un colono, no le quedaban orejas, y su globo ocular, el derecho, creo, colgaba fuera de su rbita (5). A los soldados se les dijo que podan dispararle a cualquiera que quisieran siempre que fuera negro (6). La evidencia de Elkins sugiere que ms de 100.000 kikuius fueron asesinados por los britnicos o murieron de enfermedades y hambre en los campos. David Anderson documenta el ahorcamiento de 1090 presuntos rebeldes: muchos ms que los ejecutados por los franceses en Argelia (7). Miles ms fueron sumariamente ejecutados por soldados que afirmaron que no se detuvieron cuando se les orden hacerlo.

Son slo dos ejemplos de por lo menos veinte atrocidades semejantes supervisadas y organizadas por el gobierno britnico o colonos britnicos: incluyen, por ejemplo, el genocidio tasmaniano, el uso de castigos colectivos en Malaya, el bombardeo de aldeas en Omn, la guerra sucia en el Norte de Yemen, la evacuacin de Diego Garca. Algunas de ellas podran provocar una marea, en la memoria de algunos miles de lectores, pero la mayora de la gente no tendr la menor idea de qu estoy hablando. Max Hastings, en el Guardian de hoy, lamenta nuestra relativa falta de inters por los crmenes de Stalin y Mao. (8). Pero por lo menos sabemos que ocurrieron.

En el Express podemos leer al historiador Andrew Roberts que argumenta que para en la mayor parte de su historia de medio milenio, el Imperio Britnico fue una fuerza ejemplar por el bien los britnicos renunciaron a su Imperio en gran parte sin derramamiento de sangre, despus de haber tratado de educar a sus gobiernos sucesores en la forma de la democracia y de las instituciones representativas (9) (presumiblemente encarcelando a sus futuros dirigentes). En el Sunday Telegraph, insiste en que el imperio britnico asegur sorprendentes tasas de crecimiento, por lo menos en los sitios suficientemente afortunados, para ser coloreados en rosa en el globo. (10). (Comprese con el dato central de Mike Davis, de que no hubo aumento en el ingreso per capita de India desde 1757 a 1947, o la demostracin de Prasannan Parthasarathi de que los labradores del sur de la India tuvieron mayores ingresos que sus homlogos britnicos en el siglo XVIII y vivieron vidas de mayor seguridad financiera. (11). (En el Daily Telegraph, John Keegan afirma que el imperio, en sus ltimos aos, se hizo altamente benvolo y moralista. Los victorianos queran llevar la civilizacin y el buen gobierno a sus colonias y abandonarlas cuando ya no fueran bienvenidos. En casi cada pas, otrora coloreado de rojo en el mapa, cumplieron con esta resolucin. (12)

Existe un Holocausto, sagrado justamente, en la historia europea. Todos los dems pueden ser ignorados, negados o menospreciados. Como seala Mark Curtis, el sistema dominante de pensamiento en Gran Bretaa promueve un concepto crucial que subyace a todo lo dems la idea de la benevolencia bsica de Gran Bretaa La crtica de polticas exteriores es ciertamente posible, y normal, pero dentro de lmites estrechos que muestran excepciones en, o errores en, la promocin de la regla de la benevolencia bsica. (13). Temo que esta idea, es el genuino sentido de la identidad cultural britnica por cuya presunta prdida se queja Max en la actualidad. No se requiere a ningn juez o censor para imponerla. Los dueos de los peridicos simplemente contratan las historias que desean leer.

El acceso de Turqua a la Unin Europea, puesto ahora en peligro por el juicio de Orhan Pamuk, requiere no que acepte sus atrocidades; slo que permita que sus escritores expresen impotentemente su furia en su contra. Si el gobierno quiere que se olvide el genocidio de los armenios, debera abandonar sus leyes de censura y dejar que la gente diga lo que quiera. Slo tiene que permitir que Richard Desmond y los hermanos Barclay compren sus peridicos, y el pasado no volver a molestarlo.

www.monbiot.com

Referencias:

1. Mike Davis, 2001. Late Victorian Holocausts: El Nino Famines and the Making of the Third World. Verso, Londres.

2. Una orden del lugar teniente-gobernador Sir George Couper a sus oficiales de distrito. Citado en Mike Davis, Ibd.

3. Caroline Elkins, 2005. Britains Gulag: The Brutal End of Empire in Kenya. Jonathan Cape, Londres.

4. Mark Curtis, 2003. Web of Deceit: Britains Real Role in the World. Vintage, Londres.

5. Caroline Elkins, Ibd.

6. Mark Curtis, Ibd.

7. David Anderson, 2005. Histories of the Hanged: Britains Dirty War in Kenya and the End of Empire. Weidenfeld, Londres.

8. Max Hastings, 27th December 2005. This is the country of Drake and Pepys, not Shaka Zulu. The Guardian

9. Andrew Roberts, 13th July 2004. We Should Take Pride in Britains Empire Past. The Express.

10. Andrew Roberts, 16th January 2005. Why we need empires. The Sunday Telegraph.

11. Prasannan Parthasarathi, 1998. Rethinking wages and competitiveness in Eighteenth-Century Britain and South India. Past and Present 158. Citado por Mike Davis, Ibd.

12. John Keegan, 14th July 2004. The Empire is Worthy of Honour. The Daily Telegraph.

13. Mark Curtis, Ibd.


http://www.monbiot.com/archives/2005/12/27/how-britain-denies-its-holocausts/#more-969


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