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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2018

Marianne Breslauer, recuerdos de entreguerras

Higinio Polo
El Viejo Topo


Un da de noviembre de 1979, Marianne Breslauer cumpla setenta aos, y sus hijos le hicieron un regalo inesperado: una edicin de las fotografas olvidadas que ella haba hecho casi medio siglo atrs, en la Europa de entreguerras, cuando era una joven decidida y libre en Berln, durante los aos peligrosos del trnsito de la repblica de Weimar al nazismo. Era una edicin privada, que costearon ellos mismos, con un sencillo ttulo: Retrospektive Fotografie-Marianne Breslauer.

Era un gesto familiar, de amor filial, que no iba ms all de la celebracin ntima. Sin embargo, gracias a esa edicin, el nombre de Marianne Breslauer empez a recibir atencin, hasta el punto de que, aos despus, esas mismas fotografas arrinconadas durante dcadas merecieron la atencin de la prensa, de las editoriales y salas de exposiciones. Marianne Breslauer haba vivido casi ignorada desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ocupada en su trabajo de marchante y en sus hijos, y, de pronto, la prensa y los aficionados a la fotografa empezaron a sentir curiosidad por ella. Debi pensar entonces que tena algo que contar, y, cuando ya tena ms de noventa aos, empez a dictar sus recuerdos de una poca mitolgica, que fueron publicados tras su muerte. Casi desconocida durante tanto tiempo, en ese momento pareci eterna, hasta el punto de que el catlogo de la muestra barcelonesa de sus fotografas, que se han mostrado en el MNAC, le otorga ms aos de vida de los que tuvo: noventa y ocho, en vez de noventa y uno.

Nacida en Berln en 1909, Marianne Breslauer proceda de una familia de la alta burguesa alemana, de orgenes judos; creci en el barrio berlins de Dahlem, lugar de burgueses acomodados junto a los bosques de Grunewald y el ro Havel. Se cri y educ como cristiana (yo no soy una mujer juda, dijo), y, poco interesada en los estudios convencionales, dej la escuela a los diecisis aos, sin ni siquiera acabar los programas educativos. La enviaron entonces a Suiza, a la cole Nouvelle Mnagre, en la pequea poblacin de Jongny-sur-Vevey junto al lago Leman. Iba a estudiar francs y economa domstica.

Pero su pasin era la fotografa; le gustaban las imgenes de Frieda Riess, una fotgrafa, tambin juda, de Czarnikau, en la Prusia occidental (hoy, la polaca Czarnkw) , que haba abierto en 1917 un estudio en la elegante Kurfrstendamm berlinesa adonde acudan artistas y sujetos adinerados a retratarse, desde Anna Pawlova a Tamara Karsvina, pasando por Ruth Landshoff, Gerhart Hauptmann, Max Liebermann, o Kseniya Boguslavskaia, entre otros muchos, y que retrat incluso al propio Mussolini, quien la invit a fotografiarlo durante un viaje a Italia. Breslauer empez entonces a hacer fotografas: una de las primeras se la hizo al hoy casi olvidado escritor Gerhard Hauptmann (premio Nobel, y modelo del desgraciado Mynheer Peeperkorn de Thomas Mann) mientras estaba de vacaciones con su mujer en la isla de Hiddensee, en el Bltico alemn. En 1927, Breslauer empieza a estudiar fotografa en la escuela Lette-Verein de Berln, y, poco despus, conoce a Walter Feilchenfeldt, que se convertira en su marido en 1936. Era un hombre quince aos mayor que ella, que ejerca su profesin de economista y que posea adems la galera de arte Cassirer. Su muerte en los aos cincuenta hizo que Marianne Breslauer llevase durante casi medio siglo su apellido.

Dos aos despus, en 1929, Breslauer ingres en el estudio que Man Ray mantena en Pars, cuyos rayogramas de sus primeros tiempos en la capital francesa, unas imgenes hechas sin cmara, y su adhesin al surrealismo, le haban hecho muy conocido en los ambientes artsticos. En esos meses, Lee Miller, otra mujer que se convertira en una relevante fotgrafa, llega tambin a Pars, con la misma intencin de entrar en el estudio de Man Ray, cuya negativa inicial a aceptarla no impedir que acaben colaborando y convertidos en amantes. La capital francesa bulle de actividad, pero a Breslauer no le atraen las brillantes fiestas parisinas (aunque acude a ellas!), ni la jactancia de quienes presumen de relaciones sociales. En esos aos, numerosos fotgrafos (entre los que hay muchos norteamericanos) han elegido Pars como lugar para construir su mundo y triunfar: Man Ray, Kertsz, Brassa, Paul Outerbridge, George Hoyningen-Huene, Germaine Krull, Ergy Landau, Berenice Abbot, Lee Miller, coinciden all, cuando la capital francesa comparte con Berln y Mosc la explosin de la nueva fotografa que se aleja de la vieja dependencia de la pintura. Las escenas populares, los rincones de la marginacin, los personajes que viven en los mrgenes speros de la existencia, excitan la imaginacin de los fotgrafos. Brassa, por ejemplo, recorre al anochecer, obsesivamente, las calles parisinas, y captura en su Paris de nuit (en colaboracin con el texto de Paul Morand) los barrios peligrosos, las calles siniestras, los rincones de putas, drogadictos e invertidos, como denominaba a los homosexuales la hipcrita burguesa de la poca. Miller, Abbot, Breslauer acaban en el estudio de Ray.

Como a Brassa, Krull o Kertsz, a Breslauer le atrae la calle, la vida de la gente que se puede observar caminando sin rumbo, callejeando como hacan Baudeleaire y Benjamin; Breslauer, en su particular ejercicio de flneur, descorre el velo benjaminiano tras el que se oculta la ciudad ntima, pero no fotografa monumentos. Estaba aprendiendo, y le interesaban otras cosas. Segn su propia confesin, los muelles de Pars eran lo ms hermoso; fotografa vagabundos y escenas que no ha visto en Berln, pero sin ningn nimo de crtica social: muchos aos despus, reconoce: eso estaba muy lejos de mis intenciones, slo quera mostrar aquello que me atraa. Inquieta, tambin visita con frecuencia el Museo del Louvre para embriagarse con Degas y los impresionistas. En sus fotografas, juega con visiones fragmentarias de la ciudad, espa a vagabundos y clochards, recurre a composiciones de luz y sombra, y utiliza con frecuencia el plano picado, recurso habitual en la fotografa de esos aos, como puede verse en su imagen de La Rotonde, el restaurante donde se reunan los artistas e intelectuales de Pars. En sus recuerdos, la fotgrafa constata: Me interesaba vagar por Pars, [] [captar] escenas de la vida cotidiana, momentos que pasan inadvertidos, trivialidades. Para ella, sus fotos capturan cierta poesa, pero no tienen nada que ver con la Nueva Objetividad. Tiene oportunidad de pasar unas vacaciones en el velero de Paul Poiret (entonces, un rico y famoso modisto, que despus morir en la pobreza), con quien recorre la costa atlntica francesa mientras fotografa sin cesar; y se nutre con avidez de las nuevas corrientes artsticas, aunque escondan aullidos furiosos: asiste al estreno de la pelcula muda de Ray, Les Mystres du Chteau de D, que se acompa de Un chien andalou, de Buuel; y, en la apoteosis del surrealismo cinematogrfico, Breslauer se desmaya en brazos de Ray ante la visin de la afilada navaja que corta el ojo de una mujer. Ha publicado ya algunas fotografas en suplementos del Frankfurter Zeitung, y Breslauer deja Pars en noviembre de 1929 para volver a Alemania: la capital francesa era el paraso para ella, pero Berln es tambin una gran ciudad. Regresar a Pars en 1932, donde, convertida ya en fotgrafa profesional, retrata a Man Ray ante su cuadro Legend y un peculiar juego de ajedrez.

A partir de 1930, Marianne Breslauer empieza a trabajar para Ullstein Verlag, el imperio periodstico que Leopold Ullstein haba creado a partir del Berliner Zeitung y que marcaba desde la Ullsteinhaus de Tempelhof la vida cultural alemana. Breslauer hace fotografas publicitarias, destinadas a las ventas navideas, pero esa actividad no le interesa, de forma que, dos aos despus, abandona la colaboracin para trabajar de manera independiente, publicando algunas fotografas en la revista Der Querschnitt, un medio del imperio Ullstein que publicaba tambin textos de Hemingway, Proust, Pound y Joyce, entre otros, y que prestaba atencin a artistas como Picasso, Chagall y Lger, adems de publicar artculos sobre moda, deportes, boxeo y cine. Las revistas Die Dame y Uhu tambin publican instantneas suyas. En Berln, se interesa por el mundo de los feriantes, por el circo, y tambin se fotografa a s misma, con su cmara, aunque no lo haga de forma habitual. Ann W. Brigman, una fotgrafa y actriz norteamericana que se especializ en fotografiar desnudos femeninos, ya se haba retratado desnuda a principios de siglo, y la berlinesa Marta Astfalck-Vietz lo hara veinte aos despus, una fotgrafa con quien Breslauer comparte el silencio tras la Segunda Guerra Mundial y el redescubrimiento posterior, en su vejez, como si los aos de la repblica de Weimar y la fotografa las hubieran hermanado y condenado a ambas. No seran las nicas mujeres en fotografiarse con sus cmaras: tambin lo haran Gertrud Ksebier, Germaine Krull, Imogen Cunningham, Ergy Landau, la seductora Lotte Jacobi (que tuvo que huir del nazismo), Ilse Bing o Eva Besny.

De esos aos son su Autorretrato, donde aparece extraamente oriental; el Hipdromo de Auteuil, con dos hombres de espaldas, uno con bombn britnico y el otro con chistera; as como sus pescadores en el Sena, o la imagen de Ragusa llena de carteles. En junio de 1931, Breslauer se embarca en Trieste con destino a Jaffa, en la Palestina bajo mandato britnico, para asistir a la boda de su amiga Djemila Nord. El padre de Djemila haba sido cnsul en Jerusaln, de manera que tienen referencias del territorio: viaja con ella y sus amigos; recorren Palestina, Beln, Hebrn, periplo que Breslauer aprovecha para hacer muchas fotografas de Djemila, una hermosa mujer que, como el resto de las amigas de la fotgrafa, formaba parte de las nuevas mujeres, jvenes casi siempre con el pelo corto, maquilladas, emancipadas, que llevaban pantalones y fumaban, y que enseaban las piernas con despreocupacin; algunas, eran de una ambigedad sexual calculada, tenan rasgos andrginos o eran abiertamente lesbianas, caracterstica que se haba convertido en una cierta moda en los ambientes burgueses ms libres y cosmopolitas. Hacan deporte, incluso disponan de automviles, aunque no siempre fuese as. Djemila era una de esas mujeres, como Ruth von Morgen y Lisa von Cramm, a quienes Breslauer fotografi tomando el sol, estiradas en sus toallas, y como a la baronesa Maud Thyssen, ataviada con gorrito cloche, sonriente (la misma que, aos despus, tendra un grave accidente en la Costa Brava, donde morira su amante, y a quien la fantasa popular catalana bautiz como la princesa sense calces, supuestamente porque no las llevaba cuando ocurri la desgracia). Eran mujeres burguesas que disponan de sus vidas. Durante el viaje, Breslauer toma imgenes de Trieste, de Corinto, Alejandra, Jerusaln. Palestina le produjo una gran impresin, hasta el punto de que no quiso volver nunca ms para no romper aquella primera emocin del viaje a Oriente.

En los aos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, las casas de moda encargan fotografas, pero tambin los fotgrafos elaboran y ofrecen reportajes a los principales modistos: en 1932, Breslauer realiza uno para la casa de moda de Joe Strassner, en la Kurfrstendamm . Son fotos de modelos sofisticadas y elegantes que llevan lujosos vestidos de noche y que, de pronto, se convierten en muchachas de la calle, chicas muy jvenes que llevan batas grises de Cenicienta, en palabras de la fotgrafa, que se explican historias y estn enamoradas de actores como Hans Albers (que sera miembro del partido nazi y se convirti en el actor alemn ms famoso durante los aos de Hitler) o el austriaco Rudolf Forster. En las fotografas de Breslauer se ve la complicidad de las jvenes en la casa de modas; stas, hablan, sonren, permanecen sentadas juntas. Breslauer realiza tambin en esos aos un reportaje sobre El tiempo libre de una joven trabajadora, utilizando como modelo a una amiga suya, Beate Frese, aunque no consigui venderlo a ninguna revista. Fotografa a Kokoschka, con gorra de visera; a Picasso, con gabardina y sombrero, de espaldas; a Remarque, en un patio tomando el sol. Le atrae la vida de los feriantes, de los vagabundos, de los gitanos de Espaa, la gente libre que vaga por el mundo. Sin embargo, no le gustaba fotografiar la miseria.

Entonces, aparece en su vida la triste y fascinante Annmarie Schwarzenbach. Se conocieron en 1932, y un ao despus deciden viajar juntas a Espaa, con la intencin de hacer fotografas y escribir: despus de todo, apenas tenan veinticinco aos, eran las nuevas mujeres, con su pelo corto, estaban seguras de s mismas, eran atrevidas, cosmopolitas, emancipadas, y ejercan como tales. Las fotografas que hizo Breslauer durante el viaje con Schwarzenbach no se haban visto nunca en Espaa hasta la muestra del MNAC.

Annmarie Schwarzenbach, era hija de una rica familia de empresarios textiles suizos, de Zrich, que se doctor en filosofa y era adicta a la morfina: una mujer libre que se dedicaba a escribir y a viajar, y que se casara con un diplomtico francs en 1935, en Irn. Era una joven de una belleza singular, atormentada. Conoca a Thomas Mann (quien la defini como un ngel devastado, sin duda por su melancola e inclinacin a las drogas) y a Roger Martin du Gard, y tena amistad con Erika y Klaus Mann, los hijos del escritor; y con Erika tuvo, al parecer, un amor no correspondido. Annemarie haba empezado a drogarse en 1932, hecho que le hizo ingresar en distintos sanatorios y hospitales psiquitricos para abandonar la dentellada mortfera de la droga, y que la llev incluso a intentar suicidarse. Muri en 1942, con treinta y cuatro aos, a causa de un desgraciado accidente de bicicleta, dejando unos cuantos libros escritos que siguen suscitando inters. Fue a ella a quien ms fotografas hizo Marianne Breslauer: segn sus palabras, Annmarie Schwarzenbach era el ser ms hermoso que haba visto nunca, aunque su belleza le haca estar sola, y era, adems, una mujer muy solitaria e infeliz.

El objetivo del viaje era Pamplona, a diferencia de lo que haca la mayora de viajeros de la poca, que preferan Andaluca, sin duda, por el mito de las mujeres ardientes, por los relatos de toreros y hombres enamorados y violentos que Mrime y Bizet haban puesto en circulacin en la segunda mitad del siglo XIX. A ellas, sin embargo, les mova su inters por Hemingway, cuya novela The sun also rises haba sido traducida al alemn en 1928, con gran xito de pblico, y queran emular a Jake Barnes en los sanfermines. Tambin viajan influidas por Kurt Tucholsky (un escritor que firmaba, adems de con su nombre, como Peter Panter, Kaspar Hauser y otros seudnimos, y de quien, hoy, apenas se cita su artculo Una imagen dice ms que mil palabras), cuya obra Ein Pyrenenbuch se haba publicado en Berln en 1927: era un diario de viaje que le llev por Loyola y Roncesvalles y por localidades del Pirineo francs, donde document el atraso del campo espaol y sus peculiares costumbres, y se fij en el juego de la pelota vasca, y en las corridas donde los toros destripan a los caballos rejoneadores. En busca de todo eso, y de la Pamplona de Hemingway, viajaban Marianne y Annemarie.

Lilly Abegg, directora de la agencia Akademia, apoy el proyecto de ambas. Viajaron en un Mercedes Mannheim propiedad de Annemarie, y el catorce de mayo de 1933 estn en Girona. Sin duda, deban ser una verdadera atraccin en todos los lugares adonde llegaban: dos mujeres solas, hermosas y sofisticadas, viajando en un automvil descapotable blanco, que muy pocos podan poseer. Despus, llegan a Barcelona, pasan por Sant Cugat, Montserrat, Puigcerd, Andorra, Huesca, Pamplona, San Sebastin, Loyola y, de nuevo, San Sebastin. Estn, sobre todo, en Pamplona, donde celebran el aniversario de Annemarie, el veintitrs de mayo. El veintiocho de mayo, catorce das despus, vuelven a Francia: Annemarie se va a Pars para ver a Klaus Mann, mientras Breslauer se va en coche a Zrich, donde la espera Walter Feilchenfeldt. No sera la ltima escapada de Schwarzenbach: en 1939, parti de Ginebra en direccin a Kabul, a bordo de un Ford, acompaando a la escritora Ella Maillard, quien la retratara como Cristina en su libro La ruta cruel. Aunque casada con Claude Clarac, Schwarzenbach aliment siempre una equvoca apariencia, mantuvo aventuras amorosas con otras mujeres, y una relacin con Carson McCullers mientras estuvo en Nueva York, quien acab dedicndole su novela Reflections in a Golden Eye, que despus llevara al cine John Huston.

Se conservan noventa y seis fotografas del viaje; tres, de Barcelona: las ocas de la catedral, y unos baistas en la playa de Sant Sebasti. Son notables las escenas de meriendas en Montserrat, la del guardia civil sonriente de La Seu dUrgell, la de Schwarzenbach en su coche descapotable, o escribiendo en el claustro gtico de Sant Cugat, o mirando un rebao de ovejas mientras sujeta la puerta de su Mercedes; y la vista de Girona, en el ro, una ciudad triste, abigarrada y gris. Breslauer tena un gran aprecio por las fotos que hizo de nios gitanos del Pirineo, y por la imagen de una colegiala de Girona.

Finalmente, el reportaje espaol no se publica. La llegada de Hitler al poder en 1933 inicia una nueva poca, y Breslauer es juda, aunque no se sintiese como tal, pero las leyes nazis contra los judos estaban cambiando el rostro de Alemania. La agencia Akademia le propone a Breslauer sacarlo a la calle firmando con el seudnimo Annelise Brauer, pero ella no acepta. Algunas de las fotografas sern utilizadas despus por Breslauer para ilustrar otros reportajes, que publica en la Zrcher Illustrierte Zeitung, un semanario suizo que diriga Arnold Kbler. Y otra revista, Schweizer Illustrierte Radiozeitung, publica tambin un reportaje con fotografas suyas y textos de Schwarzenbach.

Marianne Breslauer se marcha de Alemania en la primavera de 1936. Todo ha cambiado, y las alarmas son imposibles de ignorar. En su vejez, recordando el huracn siniestro que se desat en 1933, escribi: Ahora puede parecer difcil de creer, pero entonces no nos tombamos del todo en serio a Hitler, con su peculiar complexin y su horrorosa manera de hablar. Despus, abandona la fotografa: las ltimas imgenes que publica son de 1937. Va a Amsterdam, donde, en 1939, nacer su primer hijo, y pasa la guerra de Hitler en Suiza. Su vida ha cambiado por completo, pero ha conseguido escapar del destino lgubre de la guerra. Su marido, Walter Feilchenfeldt, no puede ejercer su profesin de marchante, pero, tras la guerra, en 1948, consiguen autorizacin para vivir en Zrich, donde l podr trabajar en su negocio artstico. Segn la confesin de Breslauer, esos seran los aos ms felices de su vida, hasta que, en 1953, muere su marido, y Breslauer contina entonces con su comercio: tiene en ese momento cuarenta y cuatro aos, y dos hijos pequeos, de nueve y catorce aos. As, convertida en Marianne Feilchenfeldt, fue, durante dcadas, una marchante de arte en Suiza.

Siempre le interes el arte; con cuatro aos, segn sus propias palabras, iba entusiasmada al museo. Si el arte era un recurso para la reflexin, para la bsqueda, para la intervencin poltica y para los negocios, incluso para la gloria, con burgueses, desocupados ricos y mercaderes siempre dando vueltas sobre s mismos, mientras los jvenes artistas sin recursos luchaban por salir de las tinieblas de la pobreza; la fotografa, en los aos veinte y treinta del siglo XX, era vista como un pasatiempo para jvenes ricas, una moda que les permita estar en el mundo, relacionarse. No hay duda de que para Marianne Breslauer era algo ms, y siempre quiso dedicarse a ella, aunque la vida apenas le dej diez aos de pasin con la fotografa. Muchas de sus imgenes parecen la captura de un momento anterior al instante decisivo de Cartier-Bresson. Mientras Brassa volva a componer la escena que haba sorprendido, para lo que necesitaba la complicidad y el acuerdo de quienes aparecan en el suceso callejero, Breslauer necesitaba imaginar lo que vendra despus, y prepararse para apresarlo con su cmara.

Entre sus papeles y recuerdos, conservaba retratos de Picasso (a quien, en 1932, haba fotografiado de espalda, tal vez por timidez, como si robase la escena), de Braque, Pissarro, Bla Czbel, mile Bernard, del marchante Vollard, de los hijos de Renoir y Czanne. Su Fotgrafa (autorretrato), imagen que plasm en Berln en ese ao de 1933, nos la muestra apenas vestida con un albornoz, con el rostro oculto y su cuerpo desnudo, en los das en que ella poda fotografiar la dureza de la vida, como en la serie Chico de un circo, donde aparece un nio que trabaja en las pistas, que casi nunca sonre; y captar la pobreza y el exotismo de Espaa, y los rostros deslumbrantes de sus amigas, como Annemarie Schwarzenbach o Djemila Nord , y las imgenes y recuerdos de entreguerras, porque Marianne Breslauer tena entonces el mundo a sus pies, aunque no supiese que apenas podra dedicar diez aos de su vida a la fotografa, y su crculo despreocupado y burgus fuese ajeno a la tormenta sangrienta que iba a llenar Europa de tumbas.

Fuente: El Viejo Topo, noviembre de 2018



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