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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2005

G.K. Chesterton: siete paradojas para acabar de una vez por todas con la posmodernidad

Amador Fernndez-Savater
Archipilago


Cmo es posible que el cristianismo haya conseguido forjar imaginario para 20 siglos mientras se hundan imperios y tantsimos Reich de mil aos? G. K. Chesterton ofrece un buen puado de razones, que slo pueden dejar impertrritos a escpticos o ateos muy autosuficientes. En El hombre eterno1, GKC explica que el cristianismo es esencialmente una filosofa de las historias: entre la maraa de supersticiones y espejismos de la poca, slo l supo captar la naturaleza del cuento, la aventura, la dursima prueba del hombre libre. Mientras unos y otros predicaban que el mundo era una prisin, una rueda, una ilusin, una colmena, un sueo, una lnea recta o una ecuacin, el cristianismo afirmaba resueltamente la existencia del mal, la voluntad de los personajes sobre la tierra, la posibilidad de lo inesperado, el gozo de la lucha, el drama, la recompensa: la vida de hroes y villanos es la vida tal y como se vive realmente. Toda aquella literatura que nos presente nuestra vida como peligrosa y sorprendente es siempre ms verdadera que aquella otra literatura que nos la hace ver languidecente y llena de dudas. Porque la vida es una lucha y no una conversacin2.

La izquierda acadmica posmodernista, sintonizando absolutamente con determinada sensibilidad desencantada despus de las derrotas polticas de los movimientos revolucionarios, ha establecido muy claramente que los grandes relatos han muerto; o ms bien que deben hacerlo para conjurar las resurgencias fundamentalistas que amenazan las frgiles democracias en tiempos de globalizacin. Pero como explicaba Foucault, cuando hoy en da se dice ya no hay hroes en realidad se quiere decir ya no hay lucha3. A diferencia de las narraciones picas que apeteca GKC, los posmodernistas prefieren ver la vida languidecente y llena de dudas, ms una conversacin amable entre diferencias que una lucha o cualquier otra cosa con sabor a antagonismo, historias donde el hroe no va a ningn sitio, no viene de ninguna parte y no busca nada (GKC). El universo ideal del posmodernismo ha dejado atrs las grandes confrontaciones: es post-ideolgico, post-heroico y post-poltico. Sus valores sustanciales son la tolerancia y la apertura hacia el otro, que se traducen las ms de las veces en simple indiferencia y aceptacin de la pluralidad desde el punto de vista de una subjetividad turstica (en lo moral, lo poltico, lo esttico, etc.)4.

Pero la hegemona posmodernista (como expresin cultural de la globalizacin neoliberal) ha pasado. An sentiremos su peso durante una larga temporada, pero la idea de que ha llegado el fin de la historia y el tiempo de la mera gestin administrativa y post-poltica de las cosas se cuartea por varios lugares a la vez: los kamikaces del 11 de septiembre, la guerra global permanente decretada por la administracin Bush y, por la tangente, el desarrollo en las catacumbas de la sociedad del espectculo de un mundo paralelo, una narracin coral, inmanente y en movimiento que trae consigo el regreso de lo poltico a la esfera pblica.

Nuestra poca posmoderna est sostenida y atravesada a la vez por una contradiccin fundamental: como en el juego de nios de la cuerda tensa, el capitalismo global tira de un lado unificando el mundo mediante el mercado, mientras una proliferacin inslita de identidades cerradas lo fragmenta por el otro5. Por supuesto, ambas fuerzas tiran de una y la misma cuerda: el mercado rellena sus escaparates con las mil baratijas de la identidad, las catstrofes capitalistas producen directamente en muchas latitudes una reaccin histrica de lo social desguarnecido, el delirio mesinico se arma de tecnologa punta y se organiza en red. Encontramos ideologa imperial e ideologa relativista en ambos lados de la cuerda tensa: globalizacin armada de los derechos humanos y multiculturalismo, califato universal e inconmensurabilidad de las culturas, hay mil combinaciones.

Quin puede cortar hoy la cuerda tensa, quin puede decir que trae sobre el mundo una espada para separar y dividir, como los primeros cristianos de que habla GKC? Entre el turista y el kamikace, entre el progresista y el nihilista, qu formas de subjetivacin radicalmente democrticas pueden inventarse? El mundo-catstrofe est verdaderamente boca abajo. Pero la espada no es de ningn modo algn tipo de dialctica salvadora, sino una serie de paradojas.

 

1. El mundo es siempre el mismo, porque es inesperado. Hay un tema recurrente en la obra de GKC: salimos a buscar lo que ya hemos encontrado. Un hombre mantiene relaciones amorosas clandestinas con su propia esposa, otro sale un da por la puerta de su casa hipnotizado por la idea de regresar a casa, da la vuelta al mundo y regresa a un hogar que ahora percibe ms luminoso y vivo, etc. Un buen puado de obras suyas son curiosas declinaciones de la odisea de Ulises o del viaje del Hijo Prdigo. Su misma conversin al catolicismo fue una actualizacin de la experiencia de la infancia, un mundo entero que resplandece de asombro.

Como se pregunta el colectivo argentino Situaciones, cuando salimos a la bsqueda de algo, no sabemos ya (aunque sea intuitivamente) de qu se trata? cmo podramos si no reconocerlo al encontrarlo? Y no han sido una y otra vez historias escuchadas sobre el pasado lo que ha animado a luchar y buscar en el presente?6 qu movimiento ha revolucionado su tiempo sin hacer una relectura significativa del pasado? Como observa GKC, todos los personajes de la historia que han gravitado sobre el futuro han tenido su mirada puesta en el pasado: el Renacimiento, Shakespeare, Miguel ngel, la Reforma, los sans-culottes de la Revolucin francesa, etc.7

La posmodernidad instituye una relacin con el pasado mezcla de entretenimiento, indiferencia y desprecio: para el turista, la contemplacin pasiva de restos de memoria histrica no tiene ninguna consecuencia (y esa es la caracterstica ms relevante del espectculo como manifestacin cultural: no teje lazos o vnculos, ni por tanto compromisos o exigencias), slo es un xtasis de indiferencia (GKC)8. El kamikace se siente igualmente desplazado en el mundo-catstrofe, pero se inventa un pasado y un futuro fetichizados, que venera hasta la autoaniquilacin. Podemos instituir otra relacin con la memoria para que sta no sea tanto un ancla como una catapulta (como pide E. Galeano)? Cuando el pasado est vivo no pesa nada. Pesa la memoria oficial, la retrica monolgica que acompaa las conmemoraciones burocrticas, tan ampulosas y sobrecodificadas. Pasado confiscado desde arriba y hurtado a su recreacin activa por parte de las comunidades que establecen continuidades histricas reales, siempre desde las exigencias del presente9.

El descrdito de la memoria y el fetichismo de la novedad arraigan en el deseo de ver de nuevo las cosas como por primera vez. Pero ese milagro slo se consigue renunciando a toda originalidad. Los hombres viven disfrutando siglo tras siglo de algo ms nuevo que el progreso: el hecho de que con cada nio nace un nuevo sol y nueva luna. Para GKC, lo que nos cansa y envejece no es la tradicin, sino la moda. La consigna de Rimbaud hay que ser absolutamente modernos vehiculada hoy en da convenientemente por la sociedad del espectculo, produce masivamente ansiedad, insatisfaccin y autodenigracin. Pero, nosotros, los que hacemos cosas antiguas, estamos alimentados por la naturaleza de una infancia perpetua. No hay hombre enamorado que piense que otros lo estuvieron antes que l. No hay mujer que tenga un hijo, que piense que ha habido otros hijos antes que el suyo. No hay hombre que luche por su ciudad que sienta el peso de los imperios destruidos10.

 

2) No hay real antagonismo entre la risa y el respeto. Cuando todo lo que era slido se desvanece en el aire nos entra la risa. Como explica Clment Rosset, el hundimiento del Titanic es uno de los mejores gags de la historia de la humanidad11: la catstrofe se traga todos los discursos sobre el barco ms seguro del mundo, abre el pozo sin fondo de nuestra finitud, revela la precariedad del andamiaje que nos sostiene. Pero, qu pasa cuando la catstrofe ya no es un acontecimiento excepcional, sino que se ha incrustado en la vida cotidiana? Entonces no nos creemos nada, hacemos como si, nos volvemos turistas de nuestra propia vida: no te apegues demasiado a cosa alguna es el principal consejo que transmiten los manuales de auto-ayuda. Por un lado, la risa destructora acompaa la disolucin del mundo: agujerea los roles, las jerarquas, las convicciones. Por otro lado, el humor se vuelve auto-irnico (o incluso autodenigratorio): un movimiento de autodefensa, no more heros. Por supuesto, los kamikaces que combaten este mundo-catstrofe reivindicando la supuesta pureza de un orden perdido no se las quieren ver con ningn chistoso: la risa erosiona la fe ciega que exigen sus creencias, mata el miedo que las funda, introduce una distancia debilitadora.

Para GKC, no hay conflicto entre rer y venerar. Es la moraleja de El Napolen de Notting Hill: un rey de Inglaterra muy aficionado al humorismo decide un da organizar un gran farsa y cambiar el estatuto de las ciudades para despertar un sentido ms profundo de patriotismo local en los diversos municipios de Londres: convierte entonces cada barrio en una ciudad medieval, con su muralla, su guardia cvica y sus toques de rebato. Ocurre que una carretera proyectada desde haca tiempo por los poderosos constructores tiene que atravesar la calle de Pump Street, que est en el barrio de Notting Hill. Pero el nuevo Gran Preboste de Notting Hill se niega y pide ayuda al rey (lucho por vuestro Estatuto, Majestad) contra los buscadores de oro.

Durante la novela, se suceden mil peripecias protagonizadas por el Napolen de Notting Hill en el escenario de su amado barrio. El rey sigue la batalla entre la admiracin y el sarcasmo. Una vez que todo ha acabado, hay un final muy chestertoniano en el que dialogan dos voces fuera del tiempo y el espacio: Cuando llegan los das sombros y terribles, t y yo, el fantico puro y el satrico puro, somos necesarios. Entre los dos hemos remediado un mal ms grande. Hemos elevado la ciudad moderna hasta aquella poesa que todo aquel que conoce la Humanidad sabe que es inconmensurablemente ms vulgar que la vulgaridad. Pero en un pueblo sano no hubiera habido guerra entre nosotros. Somos como los dos lbulos del cerebro de un labrador. La risa y el buen humor se hallan por doquier. La madre se re continuamente de su hijo, el enamorado de su amada, la mujer del amigo, el amigo del amigo.

 

3. Toda alegra es, por naturaleza, belicosa. Si el mundo-catstrofe configura nuestra vida tal y como es, es la rebelin entonces un gran 'no!', un grito por la ausencia de vida verdadera? es la insatisfaccin la gasolina que alimenta la revuelta y la alegra un sntoma de conformismo? En ese caso, cuando slo quedan las cadenas por perder, y el ser humano ha sido despojado de todo lo dems, entonces se hace posible la autntica rebelin. Los dems estamos atados a demasiadas cosas en este mundo como para querer verdaderamente quebrarlo en dos. El capitalismo ha trocado el deseo en hambre: el consumo. Apostar por la vida (autntica, intensa, etc.) contra el dominio es como escupir al viento, porque el capitalismo se ha hecho uno con ella: las mismas formas de estetizacin de s (la vida convertida en una obra de arte) se concretan en gimnasios, pastillas, ciruga. La libertad es ms bien desarraigo, transgresin, ruptura de toda determinacin y normalidad. Ha de hacernos necesariamente dao, puesto que significa deshacerse de la vida tal y como la conocemos, con su cohorte de servidumbres, inercias y pequeas comodidades12.

Los libros de GKC estn tachonados de una batera de paradojas contra esta concepcin (muy moderna, a veces esteticista y siempre romntica) de la rebelin: los hombres causan cambios violentos a fuerza de estar satisfechos, el que est persuadido de que la vida es excelente, es el que ms la modifica, existe el hombre cuya obra empieza por una aprobacin y termina con un terremoto, los pesimistas son aristcratas como Byron; los blasfemos son aristcratas como Swinburne. A aquellos que se consumen de hambre y fro, y que sufren, dejadles hablar un instante, y veris que no slo son optimistas, sino que profesan un optimismo violento: son demasiado pobres para adquirir otro ms acicalado. Contra los aristcratas nihilistas, GKC defendi que slo la ortodoxia catlica protege la risa, la curiosidad, el cuerpo, la alegra de los sentidos, la capacidad de pensar, la posibilidad de lo absolutamente otro, la rebelin de los pobres y la libertad de actuar.

Pero el sorprendente cristianismo de GKC no es en absoluto pacifista: se toma muy en serio que Jesucristo no vino a traer la paz, sino la guerra13. La misma bienaventuranza sobre los mansos es una afirmacin muy violenta, en cuanto que se opona violentamente a la razn y a la probabilidad en un mundo edificado sobre las maltrechas espaldas de los esclavos y que adoraba la forma-Estado. Si la esfera es el smbolo de las religiones y las filosofas plenas y circulares (del budismo al hegelianismo), la cruz es por el contrario colisin, crujido, lucha en piedra: la esfera es razonable; la cruz es irrazonable. Es un animal de cuatro patas, con una pata ms larga que las otras. La esfera es inevitable; la cruz es arbitraria. Sobre todo, el globo constituye unidad en s mismo; la cruz est primordialmente y sobre todas las cosas en discordia consigo misma14. La cruz salvaguarda la posibilidad del milagro, el exceso, la batalla, lo monstruoso, lo trgico. La esfera habla ms bien de un mundo ya hecho: rueda perpetua de reencarnaciones o autodeterminacin infinita del espritu.

En realidad, la rebelin es siempre conservadora: un gesto de amor a una forma de vida (que GCK llam siempre hogar) y, por aadidura, el odio (algo superior y ms santo que la poltica) al enemigo que la amenaza. El mundo-catstrofe no produce nuestra vida, sino que ms bien expropia nuestra inteligencia, actividad, imaginacin, herramientas y frutos. Por ello, los seres humanos luchan denodadamente cuando sienten que el enemigo es a la vez un viejo enemigo y un eterno extranjero cuya atmsfera es ajena y antagonista: la atmsfera de los expropiadores de los bienes comunes durante la historia entera, que ha tratado de hacerse pasar siempre por una segunda naturaleza de los sujetos explotados15.

Desde luego, GKC pensaba que quien pierda su vida, la salvar. Pero lo que hace de nosotros algo ms que mnadas asustadas, narcisistas, egostas y calculadoras no es la transgresin (la blasfemia segn GKC de hacernos dao a nosotros mismos), sino ms bien todas las formas de la exterioridad: el placer de la aventura donde se arriesga la propia conservacin del yo, el gusto por la narracin que suspende el narcisismo autorreferencial del sujeto y transmite una experiencia de alteridad, el humor que rompe la seriedad con que nos tomamos la identidad propia, el valor de pelear por una causa ms vieja y amplia que nosotros mismos, la alegra de la camaradera y la cooperacin, la buena salud que nos permite olvidarnos de nuestro ombligo, etc.

 

4. Loco es quien lo ha perdido todo menos la razn. Cornelius Castoriadis, despus de aos de prctica clnica, conclua que la enfermedad psquica es, esencialmente, el bloqueo de la imaginacin. Por ejemplo, el paranoico instituye un cerco interpretativo que integra absolutamente cualquier hecho en una esfera inatacable, sin fisuras (conspiracin, etc.)16. Al trasluz del discurso paranoico, podemos definir mejor la cordura y la salud como un estar fuera de s: exceso de salud, exceso de imaginacin, exceso de humor, derroche de tiempo, en definitiva, un regocijado descuido del propio yo (GKC).

Orson Welles recomendaba tomarse de vez en cuando unas vacaciones de uno mismo. Pero en realidad uno siempre est medio de vacaciones de s mismo: nuestro imaginario radical vuela constantemente sin permiso. La Ilustracin, que promovi tantas mejoras aboliendo el trabajo infantil, separando radicalmente Iglesia y Estado o universalizando derechos como la educacin, identific la imaginacin creadora exclusivamente como la fuente de la que brotaban todos los errores y las supersticiones que mantenan al ser humano en minora de edad. El higienismo se volvi entonces un decreto progresista: ciruga urbana para establecer la tirana del ngulo recto en la maraa de callejuelas, ciruga psquica para secar la fuente del continuo trasiego simblico, ciruga lingstica para eliminar del habla todas las redundancias del lenguaje (como decan algunos positivistas), ciruga histrica para suprimir las zonas grises del pasado donde lo justo y lo injusto son difcilmente discernibles (como peda Horace Mann17), etc.

Pero los dolos son creaciones imaginarias exactamente igual que la democracia, el valor de la igualdad o la institucin de la separacin de poderes. La imaginacin creadora es primordial y ambivalente, no un enemigo. La crtica ilustrada de la religin, como el examen de la teora crtica de los fenmenos ideolgicos, son gravemente deficitarios. Al desconsiderar la exigencia absoluta de sentido del inconsciente (dudando incluso de que algo as exista), recomiendan en general un enfriamiento de las pasiones (polticas y de cualquier signo), eluden el desafo que plantea la necesidad de producir imaginario radicalmente democrtico y dejan que sean los fundamentalismos (modelo fuerte) o el consumo (modelo dbil) quienes se encarguen de estructurar las expectativas ms profundas del ser humano.

 

5. Batindome por Notting Hill me bato por Bayswater. Acabada la guerra de Notting Hill, se produce un deslizamiento peligroso: de luchar por defender su hogar, los ciudadanos de Notting Hill pasan a tratar de imponer sus usos y costumbres sobre los dems. Es la tentacin del imperialismo que GKC combati tantsimo en vida por ser, no la expansin y prolongacin de las naciones, sino el inicio de su decadencia definitiva18.

Durante dcadas, la accin poltica progresista se ha basado en los universales abstractos: modelos vlidos para todos. Se haca un calco del pensamiento cientfico: las ideas polticas correctas, como los conceptos cientficos, son universales, necesarios y sobrevuelan lugar, tiempo y circunstancia. La estrategia debe obedecer lneas correctas y desplegarse en espacios lo ms lisos posibles. La guillotina siempre ha sido la consecuencia lgica de ese ideal, su correlato material: el terror es la forma ms eficaz de formatear la multiplicidad de lo real y suprimir desviaciones en el pensamiento y tramas densas en el territorio19.

En una discusin al comienzo de El Napolen de Notting Hill entre un cosmopolita bienpensante (Barker) y un exiliado nicaragense (Fuego), GKC replic as a la nocin polticamente correcta de cosmopolitismo:

 

-Nosotros, los modernos, creemos en una gran civilizacin cosmopolita, en la cual debemos incluir todas las inteligencias de los pueblos absorbidos....

-El seor me perdonar (...). Puedo preguntarle cmo, en circunstancias ordinarias, captura un caballo salvaje.

-No capturo nunca caballos salvajes -replic Barker con dignidad.

-Precisamente -dijo Fuego-. Aqu termina su absorcin de las inteligencias. Aqu es donde compadezco su cosmopolitismo. Cuando dice usted que quiere ver todos los pueblos unidos, quiere usted decir, en realidad, que quiere ver a todos los pueblos unidos para aprender los trucos del suyo. (...) En Nicaragua tenamos un sistema de coger los caballos salvajes lanzando el lazo a cuatro patas, que era tenido por el mejor de Centroamrica. Si tiene usted que incluir todos los talentos, vaya usted y hgalo. Si no, permtame que le diga lo que he dicho siempre: que algo desapareci de este mundo cuando Nicaragua fue civilizada.

 

El paradigma opuesto al del cosmopolitismo estrecho de Barker es el de la inconmensurabilidad de las sociedades, que dice as: las culturas son mnadas cerradas en s mismas, absolutamente diferentes entre ellas, incomunicables. Se trata de una perspectiva que oblitera absolutamente el barro comn de que estamos hechos los seres humanos: todo cuanto fue imaginado por alguien con suficiente fuerza para modelar el comportamiento, el discurso o los objetos puede en principio ser reimaginado (representado de nuevo) por algn otro (Castoriadis).

Dnde est Notting Hill en nuestro mundo fragmentado y disperso? Ya no hay ningn nosotros como dato de partida, pero la amistad teje pequeas patrias mviles en el mundo-catstrofe: una historia compartida fundada en la fidelidad a una experiencia comn. El mundo-catstrofe es velocidad, sin sentido, desorden. La amistad es ritmo, significado, orden. Puede pensarse una poltica de la amistad? Sera, en todo caso, una poltica del ejemplo y no de la hegemona. La poltica del ejemplo aferra lo universal de los temas generales (educacin, ciudad, trabajo) desde una situacin concreta (mltiple y singular), que ya no tiene porqu estar definida por sus trminos geogrficos: Notting Hill es hoy cualquier espacio de subjetivacin, cualquier territorio existencial, donde se produzca el reencuentro con las propias potencias, cualquier mundo en el que el alma pueda vivir a sus anchas (GKC). Empezando siempre por el propio cuerpo y la propia cabeza20.

Cuando el Gran Preboste de Notting Hill vio a sus conciudadanos ceder a la tentacin del imperialismo, les areng as: Ha pedido Atenas que todo el mundo use la clmide? estn obligados todos los seguidores del Nazareno a usar turbante? No! Pero el espritu de Atenas sigui adelante e indujo a los hombres a tomar cicuta, y el espritu de Nazareth sigui adelante e hizo que los hombres consintiesen en ser crucificados. As el espritu de Notting Hill ha seguido adelante y ha hecho comprender a los hombres lo que es vivir en una ciudad. De la misma manera que hemos puesto en prctica nuestros smbolos y ceremonias, as ellos han puesto en prctica tambin los suyos. Notting Hill es un universal concreto21.

 

6. Lo comn es lo ms extraordinario. El hroe de todos los libros de GKC es el hombre comn: sin embargo, ninguno de sus personajes es corriente, sino excepcional. Qu afirmaba GKC cuando pintaba a esos grandes simples, por qu son portadores de lo extraordinario? Todos ellos son hroes, pero no bloques de bondad, sino personajes ambivalentes, capaces de lo mejor y de lo peor, que se enfrentan no slo a monstruos inauditos, sino sobre todo a monstruos bien ordinarios y cotidianos (la tentacin permanente en los humanos es la de ser bajos y mezquinos, la probabilidad permanente es la de caer, a fuerza de cobarda, en hipocresa). Nadie mejor que Gilles Chatelet ha descrito el herosmo del cualquiera: capaz de despertar el gesto poltico que desborda cualquier rutina y cualquier posible anticipacin. (...) Lo excepcional no es un privilegio reservado a los grandes nombres, el hroe cualquiera puede ser un Nivelador, un sans-culotte o un annimo miembro de la Resistencia que sabe que la libertad golpea como un hecho y no se reduce a una eleccin22.

Los don nadie son extraordinarios porque representan esas cosas tan gozosas y terribles que los seres humanos tenemos en comn: bienes sencillos y universales como la carne, el sueo o la cerveza, hechos irrevocables como la finitud, inclinaciones tan asombrosas a pesar de ello como la alegra y la risa. Los simples de GKC representan todos los valores que hacen sociedad (el don, la generosidad, el espritu crtico, la solidaridad, la benevolencia, la hospitalidad) frente a los pasiones tristes que destruyen lazo social (envidia, ingratitud, resentimiento, codicia, rapacidad posesiva, conformismo, cinismo). El gran simple de GKC tiene mil defectos, pero est desprovisto del peor de ellos: voluntad de poder (obsesin por el control del tiempo ajeno, humillacin, acoso, produccin de pnico, arrogancia). Sin embargo, los malos de GKC siempre se creen superiores a las cosas que son comunes a los hombres y eso les conduce finalmente (como a Lord Ivywood, en La taberna errante) al mayor de los patetismos.

La poltica de GKC se deduce del mismo amor por lo comn que no es identidad, sino variedad y singularidad. Tras abandonar el socialismo, fund el movimiento distribucionista, que aspiraba a superar la propiedad privada capitalista no estatalizando los medios de produccin, sino distribuyendo bienes, tierras y fbricas entre empresas individuales, familias, cooperativas y pequeos comercios: Por la libertad del individuo y la familia contra la interferencia de negociantes, monopolios y el estado. (...) Cada trabajador debe tener parte en las decisiones y el control de las empresas en las cuales trabaja. (...) y la mxima, en lugar de la mnima, iniciativa por parte de los ciudadanos23.

 

7. La vida es tan brillante como el diamante, pero tan quebradiza como la vidriera. La filosofa ms profunda de GKC es una filosofa del juego del escondite: hay mucho placer en sentirnos acosados en un lugar ms o menos seguro desde el que podemos impulsarnos para atravesar una estepa apasionante y llena de peligros. Deca GKC que el poema ms hermoso de todos cuantos haba ledo era el inventario que haca Robinson Crusoe de las cosas que haba salvado del naufragio: un hacha, un loro.... Despus de la Cada, la vida es una lucha constante por cuidar, afirmar y honrar los restos del naufragio y por sustraer ms bienes al mismo ocano ciego que pretende despojarnos de todo (y que lo har finalmente). Los afectos propios de esa lucha son la gratitud de quien se ha librado por un pelo de algn peligro terrible y la alegra de poder comenzar de nuevo24.

Es absurdo pensar, como los anarquistas nihilistas que satirizaba GKC, que este mundo es un orden asfixiante que hay que agujerear, cuando lo difcil, lo raro, es seguir adelante, mantener vivos los vnculos, construir otras formas de vida, que las cosas funcionen. No hay subversin en un atentado que dispersa los cuerpos de veinte policas por los aires: slo la anodina reproduccin de la lgica de muerte imperante en todo el planeta25. Lo subversivo es otra cosa, cualquier institucin humana que mantenga juntos a los hombres y mujeres en libertad sin necesidad de ley o polica. La filosofa del juego del escondite considera a la vez al universo como el castillo del ogro que ha de ser demolido y como la propia cabaa a la que hemos de regresar todas las noches. Es el mango de la espada que corta la cuerda tensa del mundo-catstrofe. Por m y por todos mis compaeros.

 

 

 

1. El hombre eterno, G.K. Chesterton, Ediciones Cristiandad, Madrid 2004.

2. Dickens, G.K. Chesterton, Pre-textos, Valencia, 1995.

3. Entrevista a M. Foucault en Cahiers du cinema en 1974, citada por Wu Ming en Tute Bianche: el lado prctico de la creacin de mitos (en tiempos de catstrofe), que puede leerse aqu:

http://www.wumingfoundation.com/italiano/outtakes/monos_blancos_mito.html

4. La cultura del narcisisimo, de C. Lasch (Editorial Andrs Bello Espaola, Barcelona, 1999), Plaidoyeur en faveur de l'intolrance, Slavoj Zizek (Editions Climats, Paris, 2004) o Imperio de Toni Negri y Michael Hardt (Paids, Barcelona, 2002).

5. La cultura del narcisismo, de C. Lasch; San Pablo. La fundacin del universalismo, de Alain Badiou (Anthropos Editorial, Barcelona, 1999).

6. Ahora sabemos -gracias a la obra de E.P. Thompson, Christopher Hill y otros historiadores- que varios de los movimientos ms radicalizados del pasado han extrado su fuerza y sustento del mito o el recuerdo asociado a una poca dorada, o a un pasado an ms remoto, Christopher Lasch (La cultura del narcisismo).

7. Lo que est mal en el mundo, G.K. Chesterton, Plaza y Jans, Barcelona, 1967.

8. Se dice que Tristan Tzara repeta todas las maanas la clebre frase de Descartes: ni siquiera quiero saber que existieron unos hombre antes que yo. La subjetividad turstica contempornea repite cotidianamente el gesto, sin recordar siquiera quin era el autor de la frase (cosa que estaba muy, muy lejos de ocurrirle a Tzara). Para Chesterton, esa actitud es otro sntoma del resentimiento contemporneo contra lo dado y una expresin ms de la ideologa narcisista de la libre eleccin: Ha habido tantas creencias ardientes que no podemos sostener, tantos rudos herosmos que no podemos imitar (...) El futuro es nuestro refugio ante la feroz competencia de nuestros antepasados. Resulta agradable escapar, como dijo Henley, por la calle del ms tarde, donde est la hostera del jams. (...) Puedo hacer el futuro tan estrecho como lo soy yo mismo. El pasado est obligado a ser tan anchuroso y turbulento como la humanidad. Las lites que han promovido e incentivado la espectacularizacin generalizada se indignan luego por la indiferencia de fondo con que se reciben las conmemoraciones de sucesos histricos o tragedias recientes (estupidez de las masas), pero hay ms verdad en la indiferencia de la subjetividad turstica que en estos brotes de indignacin de los polticos y los intelectuales

9. Por abajo, siempre por abajo, a nivel colectivo o individual, se renuevan incesantemente esos hilos de la memoria, se interroga activamente la tradicin (la nica forma de que una comunidad integre tambin a sus muertos, deca GKC), se instituyen ceremonias que vinculan a distintas colectividades desafiando el tiempo. Entonces, como explica Wu Ming, a propsito del acto en recuerdo del joven Carlo Giuliani asesinado en Gnova que tuvo lugar justo un ao despus, conmemorar ("recordar juntos") no es un acto empobrecedor, alienado y esclerotizado, sino ms bien testimonio civil desde abajo, accin propositiva en el espacio pblico, manifestacin de un exceso simblico que desplaza continuamente los poderes constituidos (Esta revolucin no tiene rostro, Wu Ming, Acuarela Libros, 2002).

10. Las citas pertenecen a El Napolen de Notting Hill (Pretextos, Valencia, 2002). Crticos sociales inclasificables como C. Lasch o Jean-Claude Micha (reaccionarios de izquierdas, dira Woody Allen) comparten la misma sensibilidad.

11. Lgica de lo peor, Clment Rosset, Barral, Barcelona, 1976.

12. Podemos encontrar ecos poderossimos de ese espritu que siempre niega en las vanguardias artsticas del siglo XX, en Sartre, Agustn Garca Calvo, la Escuela de Francfort, John Holloway o Santiago Lpez Petit.

13. Poco tiene que ver la afirmacin del mundo de GKC con la adoracin de lo real que se ha vuelto la religin de tantos filsofos: si todo es maravilloso, nada lo es; si todas las cosas son buenas, su bondad slo puede ser mediocre. Segn GKC, el tedio refinado y la melancola son los afectos que acompaan a esta adoracin uniforme de lo real. En ese momento, slo la serpiente puede devolver a Adn y Eva al paraso. Contra el vaco lacerante de la aprobacin sin alegra, no hay ms que un antdoto: la fe sbita y belicosa en el mal. Podemos hacer hermoso de nuevo el mundo, a condicin de tomarlo por campo de batalla. Cuando hayamos delimitado y aislado el mal concreto, todo lo dems volver a poblarse de colores. Cuando las cosas malas sean realmente malas, las cosas buenas, gracias a un apocalipsis ardiente, recobrarn su bondad. La tristeza de algunos hombres viene de que no creen en Dios; pero la de muchos ms hombres se debe a que no creen en el diablo (Dickens).

14. Eso le dice Lucifer a San Miguel en el delirante y genial comienzo de La esfera y la cruz (Plaza y Jans, Barcelona, 1967). Este optimismo de GKC no tiene nada que ver con el optimismo esfrico de Hegel cuando afirmaba la reconciliacin final de la Razn consigo misma En la lucha no hay inscrito ningn final feliz asegurado. Y qu? Acaso se lucha para instituir la felicidad definitiva de los hombres por los siglos de los siglos? La cruz no puede ser derrotada, porque es ya la Derrota (...) pero el ineludible fracaso que se cierne sobre todos los sistemas humanos no afecta a los hombres ms de lo que los gusanos de la tumba fatal turban el juego de los chiquillos en el prado.

15. Desde aqu se puede explicar tambin la dialctica entre reyes y gente sencilla que aparece en tantas obras populares y que GKC repite muy a menudo (aunque l haga intervenir directamente a Dios): los hombres y las mujeres no son esclavos que se rebelan contra reyes, sino reyes (de paisano, como en Walter Scott) que se rebelan contra los usurpadores en el poder.

16. Dilogos, C. Castoriadis, Trotta, Madrid, 2002.

17. Las escuelas pblicas: Horace Mann y el ataque a la imaginacin, en La rebelin de las lites, C. Lasch, Paids, Barcelona, 1996.

18. Hannah Arendt elabor la intuicin de GKC a lo largo del captulo Imperialismo de Los orgenes del totalitarismo (Taurus, Madrid, 2001).

Los peridicos contaron hace unos cuantos veranos que el presidente del gobierno, Jos Mara Aznar, haba escogido El Napolen de Notting Hill como lectura para su retiro estival. Conociendo al personaje, seguramente se interes por el libro de GKC por la absurda leyenda que lo etiqueta como una gran stira del nacionalismo. Menudo susto debi de darse entonces! GKC despliega ah todo su amor por lo pequeo y concreto, el patriotismo local que le llev en da a elogiar la lucha de los nacionalistas irlandeses (se dice que el libro inspir la lucha independentista del irlands Michael Collins) y los Bers, que no eran precisamente las causas ms "polticamente correctas" en su queridsima Inglaterra.

19. Entre mil casos de estudio posibles, el ejemplo de Stalin deportando poblaciones enteras y arrancando a la gente de las tenaces supervivencias pre-socialistas para que pensasen como comunistas y no como chechenos o ucranianos y rearticulando en definitiva a latigazos la geografa poltica de Rusia es muy revelador (tambin para comprobar echando un vistazo al mapa ruso actual hasta qu punto han sido tenaces las supervivencias pre-socialistas). El capitalismo ha sido mucho ms eficaz que el estalinismo: reserva para casos extremos la decisin poltica de arrasar a una colectividad y deja que lo hagan cotidianemente sus automatismos econmicos, tecnolgicos, culturales. Un decreto hostil convoca a la rebelin, pues se adivinan detrs personas con nombres y apellidos. Pero, y si el lazo social desaparece como quien oye llover, granizo destructor sobre la cosecha del campesino?

20. Se pueden rastrear los elementos de esa poltica de la amistad en Alain Badiou, Santiago Lpez Petit, F.B., Bifo (El sabio, el mercader y el guerrero, Acuarela libros, Madrid, 2005) y, sobre todo, en el colectivo Situaciones (www.situaciones.org).

21. En las observaciones admiradas de GKC sobre el almirante Nelson encontramos la descripcin de otro universal concreto: no creo que nadie dude de que aunque Nelson y Wellington hayan estado siempre hermanados en la fama histrica, la importancia de Nelson est destinada a crecer y a disminuir la de Wellington. Porque la fama de ste descansa en el hecho de que fue un gran soldado al servicio de Inglaterra, exactamente como otros veinte hombres semejantes fueron grandes soldados al servicio de Austria, Prusia o Francia. Nelson, en cambio, es el smbolo de un modo especial de ataque, a la vez universal y genuinamente ingls: el mar. Wellington es un caso del universal abstracto (buen soldado al servicio de un pas), mientras que Nelson es l mismo un universal concreto: hace algo universal de manera especial, singular.

22. Vivir y pensar como puercos, Gilles Chatelet, Lengua de Trapo, Madrid, 2002. Muchas pelculas expresan perfectamente cmo los grandes simples guardan fidelidad a los rituales, los valores y las bromas que tejen el lazo social y lo arriesgan todo para defenderlos, hasta la muerte. Pero el sacrificio del hroe cualquiera no es un gesto nihilista de autoaniquilacin, sino un don que niega obediencia a los cdigos de la biologa en nombre de alguna fidelidad superior: as se la juega el Dutton Peabody de El hombre que mat a Liberty Valance (John Ford), el Sean Mallory de Agchate, maldito! (Sergio Leone), el teniente Gorman de Alien 2 (James Cameron), el Jim Malone de Los intocables (Brian de Palma), el Boromir de El seor de los anillos (Peter Jackson) o la Maggie Fitzgerald de Million dolar baby (Clint Eastwood).

23. Lase, en este mismo nmero de Archipilago, la polmica entre G.B. Shaw y G.K. Chesterton, Estamos de acuerdo?

24. Esa es la naturaleza potica de la navidad segn GKC: una nota de defensa, casi como un toque de guerra: la nota de sentirse sitiado por la nieve y el granizo; el toque para alegrarse dentro de una fortaleza. As se celebra el nacimiento de Cristo, tambin acaecido (recordemos) en una fortaleza, sitiada por las batidas ordenadas por Herodes el Grande, un refugio subterrneo y, a la vez, un puesto avanzado desde el que minar el mundo. En mil pasajes de la obra de GKC encontramos la misma experiencia: en su Autobiografa, Chesterton ya mayor reconoce jugar todava a un viejo juego infantil: subirse a un silln con los libros preferidos de su biblioteca e imaginar que se trata de una isla rodeada por el mar. La filosofa de los lmites de GKC se deduce entera de esta experiencia vital de la existencia como regalo.

25. En El hombre que era jueves hay un clebre combate dialctico entre un anarquista y un polica secreto que discuten sobre la naturaleza misma de la poesa. El anarquista defiende que la esencia del hecho potico es el desorden (un atentado) y que el poeta es siempre un sublevado, a lo que GKC responde en boca del polica secreto: Qu hay de potico en ser un sublevado? Igual podra decir usted que es potico marearse. Marearse es una sublevacin. Tanto estar mareado como rebelarse pueden ser lo saludable en ciertas ocasiones desesperadas, pero que me ahorquen si entiendo por qu son poticas.

 

(c) Amador Fernndez-Savater. Se permite la reproduccin de este texto por cualquier medio siempre y cuando sea sin nimo de lucro y esta nota se mantenga.

 

 

 

 



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