Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2006

Por qu socialismo?

Albert Einstein
Rebelin

Introduccin y traduccin Sebastian Risau


Como es sabido, el 2005 fue elegido como el ao de la fsica porque se cumplieron cien aos desde la publicacin de cuatro artculos esenciales de Albert Einstein en la revista Annalen der Physik. Tambin se cumplieron cincuenta aos desde su muerte. Quizs no sea el efecto menos importante de esta conmemoracin el haber hecho comprender al gran pblico que sus contribuciones a la fsica del siglo XX van mucho ms all de la teora de la Relatividad.

Lamentablemente, la celebracin de la figura de Einstein no ha bastado para que su firme posicin frente a los diversos problemas sociales de su (nuestro) tiempo reciba toda la atencin que merece. La imagen del anciano distrado y bonachn se resiste a morir. Apenas se le reconoce un pacifismo diluido no incompatible con esta imagen.

Pero Einstein fue mucho ms. Fue un intelectual comprometido y capaz de potentes declaraciones publicas en circunstancias polticamente desfavorables. No por nada estuvo en la mira del FBI hasta su muerte (ver al respecto el libro de Fred Jerome, The Einstein File). Una de sus tomas de posicin menos conocidas fue su apoyo a la idea del socialismo a travs del artculo que transcribimos ms abajo, publicado en el primer nmero de la revista Monthly Review, en 1949.

Para comprender su significado es necesario conocer el contexto poltico en el que fue publicado el artculo. Einstein, haba apoyado activamente la candidatura de Henry Wallace del recientemente creado Partido Progresista (integrado por socialistas y comunistas), quien acabo perdiendo la eleccin en 1948, siendo Truman reelegido para su segundo mandato. El furor anticomunista comenzaba a hacerse sentir. Truman haba iniciado en 1947 un programa de seguridad destinado a buscar cualquier "infiltracin de personas desleales" en el gobierno. Esto pareca adems justificado por eventos externos: expulsin de no comunistas del gobierno checo (1948), bloqueo de Berlin por la URSS y, sobre todo, la proclamacin por Mao de la Repblica Popular China en 1949. Un ao despus Truman comienza el bombardeo de la Coreas del sur y del norte, para proteger a la primera de la "amenaza comunista" de la segunda. Algunos intelectuales prominentes como Leo Huberman y Paul Sweezy deciden abandonar el partido por sus actitudes blandas hacia ciertas cuestiones sociales. En 1949 fundan la revista marxista Monthly Review y, a travs de un amigo comn y conociendo las posiciones de Einstein, consiguen que ste escriba el artculo principal del primer nmero. Dems est decir que este artculo, (cuya traduccin sigue a estas lneas) y su cristalina argumentacin a favor del socialismo, considerando incluso sus dificultades, fue un gran aporte a la difusin de Monthly Review, revista que aun hoy continua en circulacin.


Por qu socialismo?

Es aconsejable que alguien que no es un experto en asuntos econmicos y sociales exprese sus opiniones acerca del tema del socialismo? Creo, por una cantidad de razones, que lo es.

Consideremos primeramente la cuestin desde el punto de vista del conocimiento cientfico. Podra parecer que no hay diferencias metodolgicas esenciales entre la astronoma y la economa: los cientficos en ambos campos intentan descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenmenos con el objeto de hacer la interconexin de estos fenmenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad tales diferencias s existen. El descubrimiento de leyes generales en Economa se complica por la circunstancia de que los fenmenos econmicos observados estn frecuentemente influidos por mucho factores que son muy difciles de evaluar separadamente. Adems, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado periodo civilizado de la historia humana ha sido -como es bien sabido- grandemente influenciada y limitada por causas cuya naturaleza no son de ningn modo exclusivamente econmicas. Por ejemplo, la mayor parte de los estados en la historia deben su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y econmicamente, como la clase pivilegiada del pas conquistado. Se arrogaron el monopolio de la posesin de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus filas. Los sacerdotes, en control de la educacin, hicieron de la divisin de clases de la sociedad una institucin permanente y crearon un sistema de valores mediante el cual de all en adelante el pueblo fue, en gran medida inconscientemente, guiado en su conducta social.

Pero la tradicin histrica es, por as decirlo, de ayer; en ninguna parte hemos realmente superado lo que Thorstein Veblen llam "la fase depredadora" del desarrollo humano. Los hechos econmicos observables pertenecen a esta fase e incluso las leyes que podamos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Dado que el propsito real del socialismo es superar y avanzar ms all de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia econmica en su estado actual no puede echar mucha luz sobre la sociedad socialista del futuro.

Segundo, el socialismo est dirigido hacia un fin socio-etico. La ciencia, sin embargo, no puede crear fines ni, aun menos, instilarlos en los seres humanos. Pero los fines en s mismos son concebidos por personalidades con elevados ideales ticos y -si estos propsitos no son rgidos sino vitales y vigorosos- son adoptados y llevados adelante por aquellos muchos seres humanos que -semiincoscientemente- determinan la lenta evolucin de la sociedad.

Por estas razones, deberamos estar atentos a no sobrestimar la ciencia y los mtodos cientficos cuando se trata de problemas humanos, y no deberamos asumir que los expertos son los nicos que tienen derecho a expresarse sobre las cuestiones que ataen a la organizacin de la sociedad.

Innumerables voces han estado afirmando desde hace ya algn tiempo que la sociedad humana esta pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente daada. Es caracterstico de esta situacin que algunos individuos se sientan indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, grande o pequeo, al que pertenecen. Para ilustrar este punto, djenme registrar aqu una experiencia personal. Recientemente discut con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, la que en mi opinin pondra seriamente en peligro la existencia de la humanidad, y comente que slo una organizacin supranacional podra protegernos de aquel peligro. Tras lo cual mi visitante, muy calma y framente, me dijo: "Por qu se opone usted tan profundamente a la desaparicin de la raza humana ?"

Estoy seguro que apenas un siglo atrs nadie hubiera afirmado tan ligeramente algo semejante. Es la declaracin de un hombre que se ha esforzado en vano por alcanzar un equilibrio interior y que bsicamente ha perdido la esperanza de lograrlo. Es la expresin de una soledad y un aislamiento dolorosos de los que mucha gente sufre estos das. Cual es la causa? Hay una salida ?

Es fcil hacer estas preguntas, pero es difcil contestarlas con alguna seguridad. Debo tratar, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos suelen ser contradictorios y oscuros y que no pueden ser expresados en formulas fciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario intenta proteger su propia existencia y la de aquellos que le son ms prximos, para satisfacer sus deseos personales y desarrollar sus habilidades innatas. Como ser social, busca ganarse el reconocimiento y el afecto de sus semejantes para compartir sus placeres, confortarlos en sus penas y mejorar sus condiciones de vida. Solo la existencia de estos diversos esfuerzos, frecuentemente en conflicto, puede dar cuenta del carcter especial del hombre, y su combinacin especifica determina hasta qu punto un individuo puede alcanzar el equilibrio interior y contribuir al bienestar de la sociedad. Es bien posible que la fuerza relativa de estos dos impulsos est, bsicamente, fijada por la herencia. Pero la personalidad que finalmente emerge esta en gran medida formada por el entorno en el que el hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradicin de dicha sociedad, y por su valoracin de diversos tipos de conductas. El concepto abstracto "sociedad" significa para el individuo la suma de sus relaciones, directas e indirectas, hacia sus contemporneos y hacia todas las generaciones anteriores. El individuo es capaz de pensar, sentir, actuar, y trabajar por s mismo, pero su dependencia de la sociedad es tanta -en su existencia fsica, emocional e intelectual- que es imposible pensar en l, o comprenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la "sociedad" quien le proporciona comida, ropas, u hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, las formas del pensamiento, y la mayor parte del contenido del pensamiento; su vida se hace posible gracias al trabajo y los logros de los muchos millones, actuales y pasados, que estn escondidos detrs de la pequea palabra "sociedad".

Es evidente entonces que la dependencia del individuo hacia la sociedad es un hecho natural que no puede ser abolido -exactamente como en el caso de las hormigas y las abejas. Sin embargo, mientras que todas las acciones de las hormigas y las abejas estn fijadas hasta el ms mnimo detalle por instintos rgidos y hereditarios, los patrones sociales y las interrelaciones de los seres humanos son muy variables y susceptibles al cambio. La memoria, la capacidad de realizar nuevas combinaciones, el don de la comunicacin oral han hecho posible desarrollos en los seres humanos que no estn dictados por necesidades biolgicas. Estos desarrollos se manifiestan en las tradiciones, las instituciones y las organizaciones; en la literatura; en los avances cientficos e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica cmo ocurre que, en cierto sentido, el hombre pueda influir sobre su vida a travs de su propia conducta y que en este proceso el pensamiento y deseos conscientes puedan
jugar un rol.

El hombre adquiere al nacer, por medio de la herencia, una constitucin biolgica que debe considerarse fija e inalterable, que incluye los impulsos naturales que son caractersticos de la especie humana. Adems, adquiere durante su vida una constitucin cultural que adopta de la sociedad por medio de la comunicacin y de muchas otras influencias. Es esta constitucin cultural la que, con el paso del tiempo, est sujeta a cambios y la que determina en gran medida la relacin entre el individuo y la sociedad. La antropologa moderna nos ha enseado, usando el estudio comparativo de las as llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de los seres humanos puede presentar grandes diferencias, dependiendo de los patrones culturales prevalecientes y de los tipos de organizacin que predominan en la sociedad. Es en esto que pueden fundar sus esperanzas aquellos que se esfuerzan en mejorar la suerte de los hombres: los seres humanos no estn condenados, por su constitucin biolgica, a aniquilarse los unos a los otros, o a estar a merced un destino cruel y auto infligido.

Si nos preguntamos cmo deberan ser cambiadas la estructura de la sociedad y la actitud del hombre para hacer la vida tan satisfactoria como sea posible, deberamos ser siempre conscientes del hecho de que existen ciertas condiciones que somos incapaces de modificar. Como fue mencionado antes, la naturaleza biolgica del hombre no est, a todos los efectos prcticos, sujeta a cambios. Adems, las condiciones creadas por los desarrollos tecnolgicos y demogrficos de los ltimos siglos han llegado para quedarse. En los asentamientos con poblacin relativamente densa, con los productos que son necesarios para su existencia, una profunda divisin del trabajo y un aparato productivo altamente centralizado son absolutamente necesarios. Los tiempos -que en perspectiva parecen tan idlicos- en que los individuos o grupos relativamente pequeos podan ser completamente autosuficientes se han ido para siempre. Es apenas una leve exageracin decir que la humanidad ya constituye una comunidad planetaria de produccin y consumo.

He alcanzado ahora el punto donde puedo indicar brevemente lo que para m constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Tiene que ver con la relacin entre el individuo y la sociedad. El individuo se ha vuelto ms consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Pero no siente esta dependencia como un rasgo positivo, como un lazo orgnico, como una fuerza protectora, sino ms bien como una amenaza a sus derechos naturales, o incluso a su existencia econmica. Por otro lado, su posicin en la sociedad es tal que los impulsos egocntricos de su constitucin son constantemente acentuados, mientras que sus impulsos sociales, naturalmente ms dbiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, en cualquier posicin de la sociedad, sufren este deterioramiento progresivo. Involuntarios prisioneros de su propio egocentrismo se sienten inseguros y privados del inocente, simple y sencillo disfrute de la vida. El hombre slo puede encontrar el sentido de la vida, corta y peligrosa como es, consagrndose a la sociedad.

La anarqua econmica de la sociedad capitalista de hoy en da es, en mi opinin, la verdadera fuente de los males. Vemos ante nosotros una enorme comunidad de productores cuyos miembros se esfuerzan incesantemente en privar al otro de los frutos de su labor colectiva -no por la fuerza sino cumpliendo enteramente las reglas legalmente establecidas. A este respecto es importante darse cuenta de que los medios de produccin -es decir, toda la capacidad productiva necesaria para producir bienes de consumo as como bienes de capital adicionales- pueden ser -y en su mayor parte efectivamente son- la propiedad privada de algunos individuos.

Para simplificar, en la discusin que sigue llamar "trabajadores" a los que no participan en la propiedad de los medios de produccin, aunque esto no corresponde exactamente al uso corriente del termino. Usando los medios de produccin, el trabajador produce nuevos bienes que devienen propiedad del capitalista. El punto esencial de este proceso es la relacin entre lo que el trabajador produce y lo que se le paga, ambos medidos en trminos de valor real. En cuanto el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe est determinado no por el valor real de los bienes que produce sino por sus necesidades bsicas y por la necesidad de fuerza de trabajo de los capitalistas en relacin con el numero de trabajadores compitiendo por empleos. Es importante entender que ni siquiera en la teora la paga del trabajador esta determinada por el valor de lo que produce.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnolgico y la creciente divisin del trabajo alientan la formacin de unidades mayores a expensas de las ms pequeas. El resultado de estos desarrollos es una oligarqua de capital privado cuyo enorme poder no puede ser controlado efectivamente ni siquiera por una sociedad poltica democrticamente organizada. Esto es as porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos polticos, en gran medida financiados o de alguna manera influenciados por capitalistas privados quienes, a todos los efectos prcticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los sectores no privilegiados de la poblacin. Por otra parte, en las condiciones actuales los capitalistas privados inevitablemente controlan, dire
cta o indirectamente, las principales fuentes de informacin (prensa escrita, radio, educacin). Es entonces extremadamente difcil, y por cierto imposible en la mayora de los casos, que cada ciudadano pueda llegar a conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos polticos.

La situacin prevaleciente en una sociedad basada en la propiedad privada del capital est entonces caracterizada por dos principios maestros: primero, los medios de produccin son propiedad de individuos, y estos disponen de ellos como mejor les parece; segundo, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura, en este sentido. En particular, debe sealarse que los trabajadores, por medio de largas y amargas luchas polticas, han conseguido una forma un tanto mejorada del "libre contrato de trabajo" para ciertas categoras de trabajadores. Pero, tomada como un todo, la economa actual no difiere mucho del capitalismo "puro".

Esta mutilacin de los individuos es lo que considero el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo
como un todo sufre de este mal. Una actitud exageradamente competitiva se le inculca al estudiante, quien es entrenado para adorar el xito adquisitivo como una preparacin para su futura carrera.

Estoy convencido de que slo hay una forma de eliminar estos graves males, y es a travs del establecimiento de una economa socialista, acompaada por un sistema educacional que est orientado hacia metas sociales. En dicha economa los medios de produccin son propiedad de la sociedad misma y son utilizados siguiendo un plan. Una economa planificada, que ajusta la produccin a las necesidades de la comunidad distribuira el trabajo necesario entre todos aquellos capaces de trabajar y garantizara los medios de vida a cada hombre, mujer y nio. La educacin del individuo, adems de promover sus propias habilidades innatas, intentara desarrollar en l un sentido de responsabilidad por su prjimo, en lugar de la glorificacin del poder y el xito de nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es preciso recordar que una economa planificada no es todava el socialismo. Una economa planificada como tal puede ser acompaada por la completa esclavizacin del individuo. La realizacin del socialismo requiere la solucin de algunos problemas socio-politicos extremadamente difciles: cmo es posible, considerando una muy abarcadora centralizacin del poder, conseguir que la burocracia no se vuelva todopoderosa y arrogante? Cmo pueden protegerse los derechos del individuo y mediante ello asegurar un contrapeso democrtico al poder de la burocracia?

Tener claras las metas y problemas del socialismo es de gran importancia en esta poca de transicin. Dado que, en las circunstancias actuales, la discusin libre y sin trabas de estos problemas se ha vuelto tab, considero la fundacin de esta revista un importante servicio pblico.


Artculo original en: http://www.monthlyreview.org/598einst.htm




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter