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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2018

Durruti ha muerto, pero est vivo todava

Emma Goldman
El Viejo Topo


Nota de edicin de El Viejo Topo: En la madrugada del 20 de noviembre de 1936 falleca en Madrid a consecuencia de un balazo el revolucionario anarquista Jos Buenaventura Durruti. Hoy lo recordamos a travs del emocionado testimonio que escribi Emma Goldman para honrar su memoria.


Emma Goldman a Durruti

 

Durruti, con quien estuve hace nada ms que un mes, perdi su vida en los combates de las calles de Madrid.

Conoca a este rebelde del movimiento revolucionario y anarquista espaol solamente por mis lecturas sobre l. Desde mi llegada a Barcelona pude conocer muchas historias tan fascinantes sobre Durruti y su columna que me animaron a ir al frente de Aragn donde era el espritu que guiaba a las bravas y valientes milicias que luchaban all contra el fascismo.

Llegu al cuartel general de Durruti al atardecer, absolutamente agotada por el largo trayecto por una carretera accidentada. Unos minutos con Durruti fueron como una poderosa bebida estimulante, refrescante y tonificante. Con un cuerpo poderoso que pareca esculpido en las rocas de Montserrat, Durruti encarnaba sin dificultad a la personalidad ms brillante entre los anarquistas con la que me haba encontrado desde mi llegada a Espaa. Su potente energa me electrific como pareca afectar a todo aquel que permaneciese dentro de su radio.

Encontr a Durruti en una autntica colmena de actividad. Los hombres iban y venan, el telfono sonaba para l constantemente. Y si no fuese bastante, el ensordecedor martilleo de los trabajadores que estaban construyendo un cobertizo de madera para el equipo de Durruti. A pesar de todo el barullo y las continuas llamadas para Durruti permaneca sereno y paciente. Me recibi como si me conociese de toda la vida. La cortesa y calidez de un hombre comprometido a vida o muerte en la lucha contra el fascismo fue algo que no esperaba.

Emma Goldman a Durruti

Haba odo muchas cosas acerca de la maestra de Durruti para gobernar la columna que llevaba su nombre. Tena curiosidad por saber mediante qu otros medios adems de los militares consigui unir a 10.000 voluntarios sin tener ninguna formacin militar previa o experiencia de ninguna clase. Durruti pareci sorprendido de que yo, una veterana anarquista, me atreviese a hacer semejante pregunta.

He sido un anarquista toda mi vida replic, y espero seguir sindolo. Me parecera realmente muy triste que tuviese que convertirme en un general y gobernar a los hombres con la disciplina castrense. Han venido a m voluntariamente, estn preparados para entregar sus vidas a la lucha antifascista. Creo, como siempre he credo, en la libertad. La libertad que descansa en el sentido de responsabilidad. Creo que la disciplina es indispensable pero tiene que ser una disciplina interior motivada por un propsito comn y un fuerte sentimiento de camaradera.
Se gan la confianza y el afecto de los hombres porque nunca actu como un superior. Era uno de ellos. Coma y dorma tan austeramente como ellos. A menudo incluso se privaba de hacerlo.

Llegu en la vspera de un ataque que Durruti haba preparado para la maana siguiente. Al despuntar el da Durruti, con su rifle al hombro como el resto de la milicia, iba en cabeza. Junto a ella hizo retroceder al enemigo cuatro kilmetros e incluso consigui hacerse con una importante cantidad de armas que el enemigo haba dejado atrs durante la retirada.

El ejemplo moral de su sencillo igualitarismo no era, ni mucho menos, la nica explicacin de la influencia de Durruti. Haba otra, su capacidad para hacer que los milicianos comprendieran el sentido profundo de la guerra antifascista el sentido que haba dominado toda su vida y que haba aprendido a orientar hacia los pobres y de los ms pobres de entre los pobres.

Durruti me habl de su preocupacin por los difciles problemas que atravesaban los hombres cuando salan de permiso precisamente en los momentos en los que ms falta hacan en el frente. Los hombres, evidentemente, conocan bien a su lder, conocan su determinacin, su voluntad de hierro. Pero tambin conocan la comprensin y compasin escondidas tras una austera vida exterior. Cmo poda soportarlo cuando los hombres regresaban de haber estado de permiso en casa con su familia, sus mujeres, sus hijos?

Un Durruti acosado antes de los gloriosos das de julio de 1936, como una fiera de pas en pas. Encarcelado durante largos perodos como un criminal. Incluso condenado a muerte. l, el odiado anarquista, odiado por la siniestra trinidad: la burguesa, el estado y la iglesia. Un vagabundo sin techo y sin sentimientos como el genio malfico del capitalismo proclamaba. Qu poco conocan a Durruti. Qu poco comprendan su autntica sabidura. Nunca fue indiferente a las necesidades de sus camaradas. Ahora, sin embargo, estaba comprometido en una batalla desesperada contra el fascismo en defensa de la revolucin, y se necesitaba a cada hombre en su puesto, una situacin muy difcil de abordar. Pero el ingenio de Durruti venci todas las dificultades. Escuch pacientemente muchas historias sobre personas desafortunadas y, despus, se dedic a divulgar la causa de las enfermedades de los pobres. Sobrecarga de trabajo, malnutricin, falta de aire limpio, falta de alegra de vivir.

Camarada, puedes comprender que la guerra que t y yo libramos es para garantizar la revolucin y que la revolucin quiere acabar con la miseria y el sufrimiento de los pobres? Tenemos que derrotar a nuestro enemigo fascista. Debemos ganar la guerra. Eres una parte esencial en ello. Lo ves, camarada?

A veces algn hombre se obcecaba e insista en dejar el frente. Bien, le deca Durruti, pero te irs a pie y para cuando llegues a tu pueblo todo el mundo sabr que tu coraje te ha abandonado, que has huido y que has eludido la tarea que t solo te impusiste. Funcionaba de maravilla. El hombre suplicaba que le dejaran volver. No haba intimidacin, coercin o castigos disciplinarios para mantener en el frente a la columna Durruti. Era solo la volcnica energa del hombre la que empujaba adelante a cada uno y les haca sentir a todos como uno solo.

Un gran hombre este anarquista Durruti, un lder nato y maestro de hombres, un camarada cabal y afectuoso, todo en una sola persona. Y ahora Durruti est muerto. Su gran corazn no latir nunca ms. Su poderoso cuerpo cado como un rbol gigante. Todava no. Durruti no ha muerto todava. Los cientos de miles de personas que asistieron a rendir su ltimo homenaje a Durruti el domingo 22 de noviembre de 1936 lo testifica.

No, Durruti no ha muerto. El fuego de su espritu est vivo en todo aquel que lo conoci y lo quiso, nunca podr ser extinguido. Las masas ya han vuelto a levantar bien alta la antorcha que cay de las manos de Durruti. Con espritu triunfante la llevan ante ellos en el mismo camino que Durruti haba abanderado durante aos. El camino que lleva a la ms alta cima de los ideales de Durruti. Este ideal fue el anarquismo −la gran pasin en la vida de Durruti−. Se entreg a l completamente. Le fue fiel hasta su ltimo aliento.

Una prueba de la gentileza de Durruti es su preocupacin por mi seguridad. No haba un lugar donde hospedarme por la noche en el cuartel general. La localidad ms prxima era Pina. Pero haba sido repetidamente bombardeada por los fascistas. Durruti fue muy reacio a enviarme all. Yo insist en que estaba bien. Solo se muere una vez.[1] Pude notar el orgullo en su semblante de que su vieja camarada no tuviese miedo. Y me dej marchar bajo una doble guardia.

Le agradezco que me diera la excepcional oportunidad de conocer a muchos de sus compaeros de armas y tambin la de hablar con la gente del pueblo. El espritu de esas ms que probadas vctimas del fascismo fue muy impresionante.

El enemigo estaba a tan solo una corta distancia de Pina, al otro lado de un arroyo. Pero no hubo miedo ni flojera entre la gente. Lucharon heroicamente. Antes muerto que bajo el fascismo, me dijeron. Hasta el ltimo de nosotros caminar y caer con Durruti en la lucha antifascista.

En Pina encontr a una nia de ocho aos, una hurfana que haba sido uncida al yugo de dursimas tareas en una familia fascista. Sus manitas estaban rojas e hinchadas. Sus ojos llenos de horror desde el shock espantoso que tuvo que vivir a manos de los secuaces de Franco. La gente de Pina era pobre de solemnidad. Sin embargo, todo el mundo dio a esta nia maltratada cario y cuidados como no haba conocido antes.

Emma Goldman a Durruti

Entierro de Jos Buenaventura Durruti

La prensa europea compiti, desde el comienzo de la contienda antifascista, para calumniar y vilipendiar a los defensores de la libertad espaoles. No ha habido da, durante los ltimos cuatro meses, en el que esos strapas del fascismo europeo no escribiesen las crnicas ms sensacionalistas sobre las atrocidades cometidas por las fuerzas revolucionarias. Cada da, los lectores de esa prensa amarilla eran alimentados con los imaginados disturbios y desrdenes en Barcelona y otras ciudades y pueblos liberados de la invasin fascista.

Despus de haber viajado por Catalua, Aragn y el Levante y haber visitado cada pueblo y cada ciudad del camino, puedo testificar que no hay ni una sola palabra verdadera en ninguna de esas terrorficas crnicas que he ledo en algunos peridicos ingleses y europeos.

Un ejemplo reciente de la total deshonestidad de la creacin de noticias falsas fue orquestado por algunos de los peridicos que cubrieron la muerte del heroico lder anarquista en la lucha antifascista, Buenaventura Durruti.

De acuerdo con sus crnicas totalmente absurdas, la muerte de Durruti supuestamente ha provocado en Barcelona violentos altercados y sediciones entre los camaradas del hroe revolucionario Durruti.

Quien quiera que haya sido quien escribi esta ridcula invencin no puede haber estado en Barcelona. Y mucho menos sabr nada sobre el lugar que ocupa Buenaventura Durruti en los corazones de los miembros de la CNT y la FAI. Y lo que es ms, en los corazones y los sentimientos de mucha gente a pesar de que puedan tener divergencias con los ideales polticos y sociales de Durruti.

En honor a la verdad, nunca hubo una unidad tan completa en toda la jerarqua del frente popular de Catalua como la habida desde el primer momento en que se hizo pblica la noticia de la muerte de Durruti hasta el ltimo, cuando se le dio sepultura.

Todos los partidos de todas las tendencias polticas que luchaban contra el fascismo asistieron al completo a rendir un sentido homenaje a Buenaventura Durruti. No solo los compaeros cercanos de Durruti, contados por cientos de miles entre todos los aliados de la lucha antifascista, sino tambin la mayor parte de la poblacin de Barcelona, manifestada en una constante riada humana. Todos llegaron para participar en el largo y agotador cortejo fnebre. Nunca antes Barcelona haba sido testigo de una marea humana cuyo silencioso dolor se alzaba y caa al unsono.

Igual que los camaradas de Durruti, camaradas estrechamente unidos por sus ideales y camaradas igual de unidos por la valerosa columna que organiz. Su admiracin, su afecto, su devocin y respeto no dejaba sitio para la discordia ni los altercados. Eran uno solo en su dolor y en su determinacin de continuar la batalla contra el fascismo y para el xito de la revolucin para la cual Durruti haba vivido, luchado y apostado todo hasta su ltimo aliento.

No, Durruti no ha muerto! Est ms vivo que mientras vivi. Su glorioso ejemplo ser emulado por todos los trabajadores y campesinos, por todos los oprimidos y desheredados. El recuerdo del valor y la bravura de Durruti les alentar en las grandes hazaas hasta que el fascismo sea aniquilado. Entonces comenzar el verdadero trabajo, el trabajo de crear una nueva estructura social con valores humanos, justicia y libertad.

No y no! Durruti no ha muerto! Vive en nosotros para siempre.

Fuente: Portal Libertario OACA

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/durruti-ha-muerto-pero-esta-vivo-todavia/



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