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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2018

Dar a ver, dar que pensar: contra el dominio de lo automtico

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es

Pensar es aprender de nuevo a ver y a poner atencin, pero el dominio de los estereotipos nos vuelve ciegos y obtusos. Cmo interrumpir su mandato a ver slo lo que se quiere ver?


Nos pasamos el da mirando, pero somos capaces de ver algo? Qu relacin hay entre ver y pensar? Y en qu sentido la percepcin es un problema poltico?

El escritor Albert Camus dijo: pensar es aprender de nuevo a ver y a poner atencin. Es una frase sorprendente porque el pensamiento no se vincula al saber, al conocer, al anlisis o a la verdad, sino a la transformacin de la percepcin y la atencin.

Aprender: ir ms all de lo sabido. De nuevo a ver: recrear nuestra mirada sobre algo, verlo distinto. Y a poner atencin: atender otro plano de realidad, otro tipo de seales.

Voy a aterrizar esta imagen de pensamiento, como recreacin de la mirada y la atencin, en dos ejemplos que tengo al alcance de la mano. Y animo a cada cual a imaginar los suyos.

Renombrar la realidad

El primero es un artculo breve que me envi hace poco mi amiga Amarela Varela para publicar en eldiario.es. Amarela es profesora en Ciudad de Mxico y lleva mucho tiempo implicada -con la palabra y el cuerpo- en los movimientos y las luchas de los migrantes. El artculo habla sobre la caravana de migrantes en su mayora hondureos que estos das atraviesa Mxico hacia Estados Unidos acaparando la visibilidad meditica global.

Amarela explica que la migracin centroamericana masiva no es ninguna novedad en Mxico. Lo novedoso es cmo se ha organizado ahora: tras una larga historia de detenciones, deportaciones y masacres, los migrantes se han puesto a caminar juntos, autnomamente, sin coyotes de por medio, con una voz pblica y propia, acompaados de organizaciones de derechos humanos y medios de comunicacin.

El artculo es una llamada a ver la politicidad de este gesto de autonoma. A dejar de mirar a los migrantes solamente como vctimas de la fatalidad o personas manipuladas por algn complot de los poderosos. A poner atencin y escuchar su voz, lo que ellos mismos dicen de su situacin y de su experiencia.

En esta nueva politicidad no encontraremos seguramente algunos de los elementos clsicos (programa o consignas anticapitalistas, etc.), pero s una desobediencia practicada con el cuerpo al rgimen de fronteras y una interpelacin positiva a la solidaridad del pueblo mexicano, que est respondiendo con gestos de hospitalidad radical muy esperanzadores.

El artculo de Amarela acaba diciendo: no es caravana de migrantes, sino xodo de desplazados, pero sobre todo es un nuevo movimiento social que camina por una vida vivible.

Cul es la fuerza del artculo? Consiste a mi juicio en su capacidad de renombrar la realidad. Al renombrar la realidad, vemos algo distinto y nuestra atencin se activa. Creo que ese gesto de desplazamiento explica el impacto que ha tenido el texto en tantos lectores.

Puedo hablar de ello en primera persona: yo segua lo que pasaba con la caravana de migrantes por las imgenes de la tele, pero nada de lo que se deca o mostraba rompi en ningn momento la barrera de los estereotipos que anestesiaba mi percepcin: ay, pobres. Miraba, pero no vea nada. Nada singular, nada que me afectase.

Pero de pronto hay algo que ver. De pronto se abre algo que ver.

Vista as, como nos propone Amarela, podemos advertir otras cosas en la caravana. No slo vctimas empujadas por la desgracia o manipuladas por los polticos, sino tambin capacidad poltica, inteligencia, autonoma. Y podemos escuchar tambin un llamamiento: a inventar gestos de solidaridad, pero no ya con la desgracia que les ha tocado a los otros, sino con una lucha que nos concierne.

Una imagen aleja y enfra: es la desgracia ajena, no hay que fiarse de los otros porque estn manipulados. Mientras que la otra acerca e invita: aqu hay una potencia, hay algo que desconoces, pon atencin y vuelve a mirar.

Algo que por lo dems no est claro. Porque el artculo no cambia una etiqueta por otra, afirmando por ejemplo: no son vctimas, sino otro movimiento social. Ese nuevo movimiento social que es la caravana no es obvio, no es evidente, no es un movimiento social clsico. El texto nos propone acercarnos a ver y pensar algo que an no ha sido visto y pensado.

Vamos a llamar imagen fecunda a esa imagen que nos da algo a ver. A la imagen que nos conmueve y afecta. A la imagen que recrea nuestra mirada y nos da que pensar. A la imagen abierta e inacabada que requiere de nosotros un movimiento.

No hay nada que ver: los estereotipos

Estas imgenes pueden provenir de los ms diversos lugares, del cine o del ensayo, de la fotografa o de la poesa, del teatro o de la literatura, pueden fabricarse con materiales muy distintos (palabra, color, gesto, movimiento), etc.

El problema no es por tanto que vivamos en medio de una inflacin de imgenes, sino de una inflacin de imgenes saturadas y saturadoras: los estereotipos.

El estereotipo es un sentido empaquetado. Qu dice, qu hace? Aqu no hay nada que ver. Es decir: no hay nada que no hayamos visto ya. El mundo est ya-visto, ya-sentido, ya-pensado.

El estereotipo es una respuesta automtica. El resultado de aplicar sobre la realidad un cdigo: meditico, poltico, ideolgico, etc. De ese modo ya no vemos o pensamos, sino que simplemente reconocemos. No vemos o pensamos, sino que slo recordamos lo que est en el cdigo.

Los cdigos no siempre son conscientes, pero funcionan a travs nuestro: somos vistos, pensados y actuados por ellos. Se despliegan automticamente all donde no hay un trabajo de elaboracin propia. Somos, durante la mayor parte del tiempo, estaciones repetidoras de estereotipos. Nos creemos muy singulares, pero estamos hechos en serie.

Qu es lo que vemos si presuponemos la realidad desde un cdigo? Solamente ilustraciones de nuestro relato previo, metforas de nuestra explicacin del mundo, reflejos serviles del cdigo aplicado. Una y otra vez lo mismo: nunca objetos singulares o acontecimientos, siempre casos de una serie. Otra desgracia ms, otra manipulacin ms, otro movimiento social ms

La mirada desde el cdigo siempre ve lo que quiere ver. La realidad se aplana, se simplifica, se reduce: descartamos como ruido todo lo que no encaja en el cdigo, que es precisamente todo lo que podra darnos que pensar. Las sombras, las contradicciones, las impurezas, la confusin de lo real.

Segn el filsofo, la dignidad de cualquier cosa -desde un ser vivo hasta un acontecimiento- consiste en ser tratada como un fin y no como un medio. La mirada codificada es sin embargo una mirada instrumentalizadora: no ve nada ms que piezas y medios de fines. Nada tiene valor o potencia en s mismo, la potencia de dar lugar a nuevas miradas, ideas o acciones.

Nos indignamos cuando vemos cmo tratan los cdigos ajenos la dignidad de las cosas que conocemos y amamos. Porque las fuerzan hasta hacerlas encajar en los moldes previos y las violentan hasta hacerlas decir lo que se quiere que digan. Pero muy raramente revisamos crticamente los cdigos propios.

El estereotipo anestesia nuestra percepcin, pero no de un modo fro y desapasionado. Al revs: casi nada nos produce ms goce e inflamacin que repetir estereotipos. Los replicamos como si estuvisemos afirmando lo ms ntimo, lo ms profundo y lo ms autntico de nuestro ser. Nos emocionan, nos enardecen, nos llevan hasta las lgrimas. Hay una verdadera pasin de la repeticin, de la confirmacin, de la mmesis, de la adhesin. Es el goce del reconocimiento y de la identidad.

Por ltimo, el estereotipo busca el poder: reproducirse, difundirse, convencer, vencer, ocupar todo el espacio de atencin. Es un poder de saturacin, de asimilacin, de normalizacin. Quiere ms de s mismo, eliminar todo lo otro. Que no quede nada por ver, que no quede nada que pensar.

Pensar a partir de detalles

Un segundo ejemplo, esta vez una historia personal. A los pocos das de que el 15M emergiese en las plazas de toda Espaa, sent el deseo de escribir sobre lo que estbamos viviendo. Se suele escribir para compartir lo que has llegado a entender, pero en este caso se trataba de escribir para entender, escribir precisamente porque no entiendes.

Y cmo escribir sobre lo que no entiendes? En conversaciones al respecto con amigos en Sol, uno de ellos me cita una frase del historiador griego Herdoto sobre su mtodo: anoto todo lo que no entiendo. Empiezo entonces a registrar detalles de la plaza que llaman mi atencin y me dan que pensar: micropercepciones, sensaciones, preguntas, notas de conversaciones, tal escena, tal consigna, tal pintada, balbuceos de interpretacin o reflexin al hilo de lo que pasa, tal intervencin en asamblea, un grito, una vibracin, un tono afectivo...

Compongo as un cuaderno de detalles que voy publicando por entregas (hasta nueve) en mi blog del diario Pblico con el nombre de Apuntes de acampadasol.

Ver es lo ms difcil, porque primero hay que parar el mundo. Eso le dice el brujo Don Juan a su aprendiz Carlos Castaneda en aquella serie de libros mticos de los aos 60-70. Qu significa parar el mundo? Detener la descripcin que le da forma da tras da, la descripcin que compartimos y construye una percepcin del mundo consensual y normalizada. Detener los automatismos.

En mi caso, parar el mundo signific tambin parar las teoras filosfico-polticas entre las que vivo -por vocacin y profesin- y que se desplegaron enseguida para dar explicacin a lo que pasaba. Porque cualquier cosa puede convertirse en cdigo y no dejarnos ver, tambin una teora muy sofisticada que naci para dar cuenta de la complejidad social. Aplicarla sobre la realidad puede ser una manera como cualquier otra de presuponer lo que pasa con esquemas previos y no escuchar. Entonces, en lugar de ver la plaza del 15M o lo que sea, vemos el cdigo de Jacques Rancire, de Toni Negri o de Ernesto Laclau. Y la materialidad de las cosas vivas se disuelve en espectrales abstracciones.

Poner un poco entre parntesis las teoras y pensar a partir de detalles: esa fue mi particular manera de parar el mundo para ver. Un modo de entrar en contacto, dejarse tocar y afectar por lo que pasaba,

Mientras que aplicar un cdigo cualquiera es un modo de desmaterializar la realidad, el detalle es por el contrario un golpe de color, de voz, de afecto o de intensidad. Y digo golpe porque no lo elegimos exactamente nosotros: es el detalle lo que llama nuestra atencin, no nuestra atencin la que descubre el detalle. Nos exige una atencin que no es de caza y captura, sino ms bien atencin flotante.

El detalle no lo podemos reconocer o recordar. No es ilustracin, metfora o reflejo de un cdigo previo. Es lo que est por ver y por pensar. No es la conclusin de algo, sino una apertura, un comienzo de viaje. No tiene ya sentido: es lo que abre la va de creacin de sentido.

El detalle es siempre singular: nunca el caso de una serie, sino siempre tal, as, este, esta, aqu, ahora.

Y una singularidad un tanto opaca o misteriosa. Es lo que no encaja, nos hace preguntas, nos pone problemas, nos incomoda, nos mueve del sitio. Por esa razn, los que quieren elevar la claridad y la comunicabilidad a regla general de la expresin o la creacin, en realidad no quieren ver o pensar nada: slo lo ya visto y pensado es claro y transparente, inmediatamente comunicable.

El detalle pasa por el cuerpo, pero de manera distinta al goce del estereotipo. No nos confirma frente a la realidad, sino que nos pone en relacin con ella. Nos conmueve: nos saca de nuestras casillas y nos abre a lo otro. Nos espabila, nos abre los ojos, activa nuestra curiosidad, nos conecta y enreda con el mundo. No es el goce de la estabilidad, sino el placer de una cierta desestabilizacin.

Por ltimo, el detalle no quiere el poder: un detalle no se opone a otros y puede haber tantos detalles como viajes de pensamiento. El detalle no satura lo visible, sino que lo abre. No pretende decir lo que hay que pensar, sino dar que pensar.

Intensificar un sabor

Toda una tradicin venerable de pensamiento recela radicalmente de los detalles. Platn deca: para pensar hay que arrancarse los ojos. Lo sensible lleva a error: vemos una cosa, pero la verdad est en otra parte. Hay que sospechar de lo que pasa y perseguir lo eterno, fijo e inmutable. Los detalles slo son apariencias o sntomas de lo que es esencial y verdadero. Se trata de abstraerlos, ver el mundo con el ojo de la mente.

Siguiendo esa tradicin, en nuestras academias y universidades se obliga hoy a los estudiantes que hacen un trabajo a elaborar en primer lugar un marco terico. Primero, fabricarse unas lentes. Luego, aplicarlas sobre tal o cual objeto de pensamiento. En realidad, lo que se ensea as es a desconfiar de lo que se ve. De lo que uno puede ver por s mismo, de los detalles que a uno le afectan y que pueden activar el pensamiento.

Dos consecuencias nefastas de este procedimiento. En primer lugar, el estudiante queda as inseguro y fragilizado: nunca el marco terico ser lo suficientemente slido, siempre faltarn referencias y lecturas. En la idea del saber como acumulacin siempre estaremos en dficit, en falta. En segundo lugar, el estudiante se convierte en repetidor: slo ve lo que el marco terico (un autor o una combinacin de autores) le deja ver. No se autoriza a ver por s mismo, a convertirse l mismo en autor.

Pensar es fugarse de esta crcel. Autorizarse a pensar a partir de los detalles que nos afectan, como el nico modo de producir algo distinto y propio.

El detalle no es lo pequeo, lo aislado, lo que encuentra su sentido en otra parte (la parte de un todo), sino que contiene en s el mundo (el todo est en la parte). Podemos estirar el detalle: tirar y tirar de l hasta desplegar el mundo entero que contiene.

Las referencias existentes pueden servir para intensificar los detalles. Pensemos que el detalle es un sabor. Qu acompaamientos intensifican ese sabor? Hay acompaamientos (y modos de combinarlos) que borran el sabor, lo anulan. Pero otros pueden prolongarlo y refinarlo. Tal autor o tal teora valen si y slo si intensifican el sabor singular del detalle.

Es cuestin de cocina. El buen acompaamiento aferra y realza el sabor del detalle. Y el malo lo tapa: no nos permite apreciar la materialidad de una situacin, la particularidad de tal o cual detalle de la realidad. No nos deja paladear el mundo desde una perspectiva singular, la perspectiva de alguien. El esquema terico sustituye al detalle en lugar de intensificarlo. Y entonces todos los detalles saben igual. Reconocemos as a un mal autor.

Creer en el mundo

Comprender sin pensar, pensar sin escuchar, escuchar sin sentir: el dominio de los estereotipos es profundamente nihilista. Nos ausenta del mundo. Cmo es eso?

Nada de lo que hay se toma afirmativamente, por su potencia de dar lugar, sino siempre en funcin de nuestro cdigo, de lo que queremos ver. Con el estereotipo nunca pasa nada, sino que siempre vuelve algo.

Lo importante no est nunca aqu y ahora, ante los ojos, sino en las lneas de nuestro cdigo. El mundo y sus detalles ya no nos importan, ya no nos requieren: es la victoria de la indiferencia y de la desconfianza hacia lo que hay, hacia lo que pasa.

Por el contrario, la imagen fecunda hace pasar algo, relanza y comparte algo que nos pas. Nos permite as volver a creer en el mundo: hay cosas que ver, cosas que pensar, cosas que hacer. La imagen fecunda nos abre a la riqueza de lo dado por obvio, de lo apresado en el estereotipo. Lo que (nos) pasa importa. El mundo esta lleno de detalles, est lleno por tanto de puntos de potencia. Podemos confiar en l.

La pobreza o nulidad de una situacin est antes en nuestra mirada estereotipada que en la propia situacin. Pensar (y dar que pensar) es aprender de nuevo a ver y a poner atencin. Es, en definitiva, el aprendizaje de estar presentes en el mundo, de estar vivos en la vida.

Referencias:

Esta es una versin de las notas que le recientemente en dos contextos de trabajo sobre la imagen cinematogrfica: Zineleku (Vitoria) y Cine por Venir (Valencia).

La mejores referencias, como siempre, son las conversaciones con todos los amigxs y maestrxs en el arte de ver: Marta Malo, Hugo Savino, Amarela Valera, Miriam Martn, Arantza Santesteban, Diego Sztulwark, Juan Gutirrez, Jun Fujita, Luca Gmez, Jos Miguel Fernndez-Layos, Franco Ingrassia (a quien le robo la expresin "imagen fecunda"), Francisco Jodar (quien me hizo ver la cuestin de "creer en el mundo" a partir de Gilles Deleuze).

El sabor de los detalles y los estereotipos se ha intensificado con las nociones de "signos" y "tensores" de Jean-Franois Lyotard en Economa libidinal.

La imagen que encabeza es un detalle de la obra Esto es lo verdadero, de Rafael Snchez-Mateos Paniagua y Fernando Baena, tambin maestros en ver, dejar ver.

Sobre parar el mundo para ver, Don Juan y Castaneda.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/pensamiento-esterotipos_6_836476363.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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