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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2018

La libertad, la emancipacin y la Cultura Cubana

Enrique (Kiki) lvarez
La Cosa


Los hombres que adaptan su verdadero deseo a las formas existentes de la sociedad se parecen a un ser que ha recibido alas para volar y que las usa para caminar mejor.

Len Tolstoi.

 

1

Qu es la libertad? Cuando yo era nio en mi casa no haba televisin y el nico entretenimiento que tena la familia era la radio; recuerdo a mi madre escuchando novelas y a mi padre una emisora en la que Cuba era definida como el primer territorio libre de Amrica. Un da, tendra yo cinco o seis aos, le pregunt a mi padre qu cosa era un territorio libre y l, tras un largo silencio, se sonro y me dijo: un territorio libre es algo as como tu cuarto, un espacio con lmites dentro del cual puedes hacer lo que no puedes hacer en el resto de la casa dibujar las paredes, por ejemplo.

Lo que mi padre quiso decirme entonces, y ahora me lo puedo explicar, es que la libertad tiene que ver con el espacio en el que uno puede actuar y expresarse sin afectar la sensibilidad o la integridad de los otros; un territorio libre comprende un adentro, un afuera y las relaciones dialcticas entre los sujetos que lo habitan y con esos otros espacios que lo rodean y definen sus circunstancias: la del territorio y la de los sujetos que accionan sus deseos de emancipacin dentro de l.

No se es libre por definicin, ni por voluntad, ni por decreto. La libertad es un ejercicio, una praxis dialctica, un movimiento, una proyeccin ideal. Ser libre es ejercer la habilidad de relacionarte con todo lo que puede viabilizar o condicionar tu vida. Supone el reconocimiento de los lmites en los que puedes moverte libremente y aprender a emanciparte dentro de ellos sabiendo que la nica posibilidad de ensanchar ese territorio es actuando sobre los enunciados que lo determinan.

Por eso la nica manera de ser un ser libre, un ser emancipado, es desarrollando una mirada crtica, una mirada capaz de vislumbrar ms all de la bruma que nos envuelve; una mirada que explore el mundo, la realidad y a partir del conocimiento articule un punto de vista y lo ejerza en interaccin con otras miradas, otras experiencias, otros puntos de vista.

La mirada crtica no responde, en principio, a construcciones ideolgicas ni a programas polticos; siendo antisistmica y desprejuiciada, participa en estas construcciones y programas a partir de la comprensin, la identificacin y la posibilidad de actuar y de intervenir en su modelacin si lo considera necesario.

El ser o no ser de Hamlet no es una disyuntiva entre dos caminos, es una duda dialctica. El individuo crtico tiene que tener la capacidad (y el deber y el derecho) de separarse, detenerse y reflexionar cuando lo considera oportuno. El ser crtico es un ser que duda y que siempre busca lo que hay debajo de las certezas, incluso de las propias; no se puede ser crtico sin ser honesto y sin tener la valenta de negarse a s mismo cuando la realidad indica que es necesario y pertinente.

Un ser crtico productivo (socialmente til) es aquel que tiene la capacidad de enunciar sus ideas, escuchar a los otros, dialogar con los otros, reflexionar con los otros, consensuar con los otros. No basta con tener un punto de vista y ejercerlo sino se tiene la capacidad dialctica de interactuar con el punto de vista de los dems. Hace ya mucho tiempo que la humanidad sabe que la realidad no es unidimensional, que la verdad no es unidimensional, y que la diversidad de interpretaciones sobre la existencia responde a una multiplicidad de lecturas filosficas e intereses polticos en constante colisin.

Por eso son necesarios los espacios pblicos de participacin, de confrontacin de ideas, de desarrollo de las contradicciones, de bsqueda de consensos. Un dialogo real, dialctico, supone un ejercicio de interaccin entre dos (o ms) que partiendo de puntos de vista diferentes, a veces opuestos, en principio irreconciliables, aprenden a escucharse, a razonar juntos, a reconocerse. Es incuestionable que hay muchos conflictos que no tienen una solucin racional pero el dialogo, adems de reconocer el derecho del otro a ejercer su opinin, es siempre el fomento de un posible entendimiento, o al menos un reconocimiento del derecho a pensar diferente.

Hay dilogos que nunca van a conducir a un consenso, pero hay tambin posiciones que nunca llegan a reconciliarse por la incapacidad de sus contendientes a escuchar los razonamientos del otro, reflexionar y a partir de ese ejercicio cognitivo cuestionar sus propios razonamientos. La realidad es una materia viva y cambiante y ninguna idea o principio puede cosificarla sin correr el riesgo de tornarse obsoleta e inoperante.

Hoy, cuando los nuevos sujetos desplazan sus intereses, su ocio y su consumo hacia espacios cada vez ms ntimos, privados y virtuales, parece un contrasentido la inercia institucional de seguir operando, pensando y decretando el funcionamiento social desde un posicionamiento vertical, unidireccional e irrefutable.

Una sociedad madura lo ser cuando sea capaz de analizar, a travs de un ejercicio de interaccin colectiva de los sujetos que la componen, las causas que hay detrs de las cosas.

2

En 1959, con el triunfo de la Revolucin, la nacin cubana inici el proceso de construccin de una nueva sociedad que implicaba la negacin y la destruccin de las relaciones econmicas, sociales y culturales que simbolizaban el pasado. De esas premisas nacieron nuevas leyes sociales como la reforma agraria, nuevos ejercicios de emancipacin como la campaa de alfabetizacin, nuevos medios de comunicacin como el peridico Revolucin, nuevas instituciones culturales como el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos.

En su caso, la nueva cinematografa surgi con una ley fundacional que exclua el pasado y se dispona, a partir de la definicin: Por cuanto el cine es un arte, a impulsar una escritura cinematogrfica de la realidad que documentara las transformaciones de la nueva sociedad y la enriqueciera y complejizara con sus aportes artsticos.

En 1961 una representacin cinematogrfica de la persistencia en la nueva sociedad de conductas asociadas al pasado, fue el motivo formulado, por la Comisin de Revisin y Clasificacin de Pelculas anexa al ICAIC, para prohibir la exhibicin en los cines del pas del documental PM que, a pesar de sufrir ese hecho de censura, si fue emitido en la televisin cubana por un programa de Lunes de Revolucin cuyo director, Carlos Franqui, era productor del cortometraje.

El pecado de PM era mostrar, a travs de un estilo free cinema, la vida disipada de la noche habanera en un montaje que exclua el AM de la realidad de los trabajadores y milicianos que forjaban el futuro y defendan a la Revolucin de los ataques del imperialismo norteamericano; pero la ausencia, intencionada o no, de este posible montaje paralelo en el metraje del film, y que si poda articularse crticamente en la cabeza de un espectador activo, era solo la punta del iceberg de una confrontacin entre tendencias, grupos, y personalidades que pujaban por controlar los medios de comunicacin, el diseo de la cultura, y los lmites de la expresin artstica y de la representacin de la realidad en la nueva sociedad. Eran tiempos de fundacin, definiciones y de lucha por el poder.

En un testimonio dado al periodista Leandro Estupin Zaldvar en mayo de 2007 Alfredo Guevara, uno de los protagonistas de aquellas contiendas, recuerda:

Al momento de la reunin de Fidel con los intelectuales en la Biblioteca Nacional [1961], Edith Garca Buchaca era la secretaria del Consejo Nacional de Cultura, era la que dominaba, era una mujer culta y de talento pero muy estalinista

En esa situacin, Franqui le teme mucho a la influencia creciente del Partido. Se han aliado las fuerzas polticas, pero l es un personaje del 26. Voy a decir lo que considero clave para entender la historia de alguna de las polmicas de los aos sesenta. Ya dije que el Partido tena influencia sobre una parte de la capa intelectual. El movimiento 26 de julio no tena intelectuales artistas militantes en sus filas. Entonces, Franqui abre en el peridico la posibilidad de que una capa de jvenes echen a andar rpidamente, se destaquen en todo, porque tienen el instrumento de la Revolucin. Aqu entra Lunes de Revolucin. Hace esto malo a Lunes? No. No es un juicio sobre la calidad esttica de Lunes de Revolucin. Es un juicio sobre por qu se producen los conflictos. Se producen, no contra Lunes, se producen alrededor de la voluntad de poder, justa por otra parte, peligrosamente justa, de Carlos Franqui.

Las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan por este conflicto. Yo hago mi intervencin en la televisin [1], en la cual tena el poder que no me pudo quitar Franqui. Todava exista aquel espacio que haca Maach, la Universidad del Aire. Un da en la Universidad del Aire, est Fidel y va Franqui y me denuncia, en mi cara. Y Fidel me pide cuentas, me dice por qu todo esto? Y le digo, Fidel, en este ambiente no quiero contestarte, si me lo permites te hago un resumen de todo, para que esto se pueda ver con sosiego. Fidel lo acepta y no por gusto, sino porque se las saba todas. Yo le hago la carta que ya se ha editado, tambin dirigida a Dortics [2], el Presidente.

En aquella carta, Alfredo reproduca un documento de Lunes de Revolucin en el que se afirmaba: Aparentemente las declaraciones del seor Guevara tienen el propsito de establecer un abismo entre los intelectuales y el pueblo. Mantenerse en silencio ante esa actitud implicara la aceptacin tcita de la misma. Rebatir las declaraciones punto por punto significara enrolarnos todos en una polmica estril que beneficiara extraordinariamente a la contrarrevolucin; pensemos que en estos momentos en que la agresin exterior se recrudece, aceptar ese reto constituira un debilitamiento de las fuerzas intelectuales de la revolucin. () Los abajo firmantes solicitamos del dirigente mximo de la revolucin, doctor Fidel Castro, una entrevista para dilucidar estos extremos. Y cmo respuesta, Alfredo Guevara se preguntaba y expona ante sus destinatarios: Cmo puede ser sincera y considerarse coherente la actitud de quienes por una parte subrayan la necesidad de ganar el apoyo de todas las clases sociales para la revolucin, y por otra aprovechan las pginas de Lunes de Revolucin para maltratar innecesariamente a intelectuales que se mantienen al lado de esta?.

De cmo Fidel reaccion ante aquella confrontacin, Alfredo cuenta: l empez a pensar cmo arbitrar entre todos. No eran solo dos grupos, eran muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Fidel comprendi muy bien que tena que actuar y que tena que unir porque se haba dividido demasiado el ambiente. Despus, al no hablarse de estas cosas, y quedarse nada ms el discurso de Fidel, y apenas esa sola frase de con la Revolucin todo, contra la Revolucin nada, se ha limitado muchsimo la posibilidad de comprender toda la trama.

Un suceso importante para entender con claridad la esencia de lo que all se estaba discutiendo fue el dilogo que sostuvieron Virgilio Piera y Fidel Castro acerca del rumor que circulaba, entre los artistas e intelectuales, de una declaracin sobre la cultura que el gobierno revolucionario estaba a punto de hacer y sobre la que nadie se atreva a preguntar con claridad.

Fue Virgilio el que levant la mano y habl: hay un miedo que podamos calificar de virtual que corre en todos los crculos literarios de La Habana, y artsticos en general, sobre que el Gobierno va a dirigir la cultura. Yo no s qu cosa es cultura dirigida, pero supongo que ustedes lo sabrn. () Est en el ambiente, lo que pasa es que no lo han dicho, lo han dicho con optimismo. Yo lo digo rampln.

Yo lo digo rampln significa decir las cosas con claridad, directamente y no con el miedo que muchos han querido atribuirle a Virgilio en la memoria de aquellas jornadas. El miedo exista, s, en el ambiente, pero lo que Virgilio Piera demostr aquella noche fue la manera de afrontar los rumores, la forma de decir las cosas, el modo de incitar al dilogo, de disponerse a escuchar las argumentaciones con las que el lder de Revolucin poda dilucidar aquel rumor desconcertante. Y Fidel respondi:

Hay que disipar el miedo, la nica manera de disipar el miedo es yndole de frente al miedo. ()Hay que disipar los fantasmas. No podemos vivir (porque no creo que ningn artista pueda crear) en medio de tanto fantasma. Y si vamos a estar viviendo entre miedo, fantasma, prejuicio, reserva y eso, no vamos a hacer nada. Acabar de discutir todo ese mismo problema de la libertad dentro de una Revolucin. Hasta dnde llega, hasta dnde se concibe; hasta qu punto le interesa a la Revolucin circunscribir el arte a un crculo muy estrecho; hasta qu punto la manifestacin artstica debe luchar por la Revolucin y trabajar de acuerdo con la Revolucin. Cmo pueden convivir las dos cosas y ayudarse las dos cosas?

Ante esas interrogantes la solucin que Fidel formul fue la que hoy conocemos cmo principio de la poltica cultural: Dentro de la Revolucin, todo; contra la Revolucin ningn derecho.

En aquel momento estar dentro de la revolucin significaba estar inmersos, participar, ser protagonistas en su construccin; pero tambin haba un espacio para ser como el Sergio de Memorias del subdesarrollo, un individuo separado, distante, observador, crtico, cuyo dilema existencial se limitaba a luchar consigo mismo para poder comprender los cambios sociales que ocurran a su alrededor y determinaban su vida.

Aquel ao el peridico Revolucin cerr y muchos de los participantes en las confrontaciones fueron abandonando el pas en los aos sucesivos. Otros, como Toms Gutirrez Alea (Titn), identificados con los principios de emancipacin que la revolucin proclamaba, continuaron realizando una obra compleja, cuestionadora, exigente, y comprometida con una realidad que cambiaba, pero que ellos sentan que podan contribuir a transformar con sus creaciones artsticas y su pensamiento crtico. Tiempo despus, precisando su manera de actuar y comparndola con la actitud del protagonista de su pelcula, Titn afirm: Yo no tengo nada que ver con Sergio, el personaje de Memorias, es decir, yo puedo transitar por los mismos caminos, los mismos lugares que Sergio. Puedo incluso compartir muchas de sus opiniones crticas sobre nuestra sociedad, pero hay una diferencia esencial. Es que Sergio es un espectador pasivo de la realidad y yo no.

Para Gutirrez Alea, como para otros creadores, la frase de Fidel, lejos de definir una poltica excluyente, estaba encaminada a disipar temores y a producir un nuevo sujeto, un nuevo intrprete, que nacido de aquella colisin deba expandirse y protagonizar la construccin de la nueva sociedad.

3

En 1961, cuando Virgilio Piera pidi la palabra en aquella reunin de Fidel con los intelectuales y artistas cubanos, la posibilidad de una cultura dirigida estaba latente en las pretensiones y algunas prcticas de las tendencias en conflicto; eran tan programticos los editoriales de Lunes de Revolucin, como los Apuntes sobre literatura y arte que Mirta Aguirre public dos aos despus. La diferencia es que la beligerancia esttica de los columnistas de Lunes formaba parte de la trama que provoc Palabras a los intelectuales, mientras que el ensayo publicado en Cuba Socialista, ya era una variacin intencionada y dogmtica de cmo deba ser el arte producido dentro de la Revolucin.

Pero est no eran las nicas causas: desde principios del siglo XX y con la aparicin en Europa y Rusia de los primeros movimientos de vanguardia y sus manifiestos, la posibilidad de disear la cultura se hizo factible a partir de la relacin estructural que se estableci entre los y artistas la Institucin Arte. En esa tradicin, el artista, cualquier artista, en cualquier rgimen social, solo poda legitimar su obra (y a s mismo) a partir de la confrontacin con las instituciones artsticas, o siendo reconocido y promocionado por ellas. De ah que mucho arte de vanguardia, anti institucional por partida de nacimiento, terminaba siendo pieza de museo o integrado a una lnea editorial, o al programa de una cinemateca. La tensin que la creacin artstica y literaria poda provocar en la sociedad con el desarrollo de sus formas o la virulencia de sus contenidos desapareca en cuanto la Institucin Arte aceptaba y converta en documento (o archivo de sus ediciones y colecciones) cualquier obra compleja o cuestionadora, y a su autor.

Dentro de la revolucin, todo; contra la revolucin ningn derecho. La diversidad de interpretaciones que ha tenido esta frase en el diseo de la Poltica Cultural Cubana desde que fue pronunciada hasta hoy, explica la alternancia de periodos oscuros y dogmticos, con otros ms luminosos y emancipadores de nuestra Cultura.

Recordando los aos posteriores al Primer Congreso de Educacin y Cultura que en abril de 1971 decret las directrices de lo que hoy conocemos como Quinquenio Gris o Pavonato, Ambrosio Fornet, en su conferencia El Quinquenio Gris: revisitando el trmino, apunta los motivos y la praxis de aqul periodo:

Del Congreso de Educacin y Cultura emergi, con Luis Pavn Tamayo a la cabeza, un CNC transformado, ninguno de cuyos dirigentes, hasta donde recuerdo, haba tenido relaciones orgnicas con la vanguardia. () el pavonato fue eso, justamente: un intento de disputarles el poder, o mejor dicho, de despojar del poder a aquellos grupos que hasta entonces haban impuesto su predominio en el campo de la cultura y que por lo visto no eran, salvo excepciones polticamente confiables. () Sabemos que en este tipo de conflictos no slo se dirimen discrepancias estticas o fobias personales, sino tambin y tal vez sobre todo- cuestiones de poder, el control de los mecanismos y la hegemona de los discursos. () a una etapa en la que todo se consultaba y discuta aunque no siempre se llegara a acuerdos entre las partes-, sigui la de los kases: una poltica cultural imponindose por decreto y otra complementaria de exclusiones y marginaciones, convirtiendo el campo intelectual en un pramo () En los centros dedicados a la docencia o al teatro, los trabajadores que no respondieran a las exigencias o parmetros que los calificaban como individuos confiables es decir revolucionarios y heterosexuales- seran reubicados en otros centros de trabajo. () En todo caso, el CNC tena muy claro que haba que arrinconar a los viejos incluidos los que por entonces apenas tenamos cuarenta aos, pero que por lo mismo, ya estbamos contaminados- para entregarles el poder cultural a los jvenes con el fin de que lo ejercieran por conducto de cuadros experimentados y polticamente confiables.

Estas memorias, ledas durante el evento La poltica Cultural del periodo revolucionario: memoria y reflexin, organizado por el Centro Cultural Criterios durante los primeros meses del ao 2007, fueron consecuencia de un intercambio de emails entre mltiples intelectuales y artistas que reaccionaron enrgicamente a la revalorizacin pblica, en programas de televisin, de tres idelogos y ejecutores de la parametracin y el control decretado sobre la expresin artstica, que muchsimos de ellos haban sufrido durante buena parte de los aos 70.

Vistos desde hoy y revisando sucesos posteriores aquellos acontecimientos del ao 2007 parecen haber marcado el fin de una poca de dilogo y confianza entre las instituciones y los intelectuales; aquella guerrita de los emails fue el inicio de lo que Desiderio Navarro supo vislumbrar como: un nuevo e interesantsimo fenmeno sociolgico-comunicacional y poltico-cultural de insospechadas posibilidades: no un webforum, no un newsgroup, no un chatroom, no un blog, sino ante lo que es todava una plazoleta electrnica, una ciber-esquina caliente, un callejero flujo multidireccional y cambiante de mensajes, sin moderadores y reglas, cuya estructura, si la tiene, no es la de una red, sino la de un rizoma.

Y en ese rizoma vivimos ahora; en los ltimos aos la proliferacin y desarrollo de nuevos espacios comunicacionales en Internet ha transmutado la relacin habitual entre los individuos y las instituciones; actualmente la estrategias para hacerse visible, reconocible, influenciable, se desarrollan en nuevos territorios o plataformas donde legitimar una obra, o ganar notoriedad como creador de contenidos, se ha democratizado. La nueva realidad es que vivimos en un mundo de relaciones virtuales al que todos accedemos, individuos e instituciones, a travs de cuentas, perfiles, y claves secretas que nos ocultan o nos muestran segn nuestra necesidad de estar conectados. En este nuevo escenario, que nos iguala como emisores y receptores, la unilateralidad de un mensaje o de una poltica no logra ser funcional si antes no se expone, se discute, y se concierta con sus destinatarios.

Por eso resulta incomprensible que en pleno ejercicio nacional de examen pblico y democrtico (a travs de asambleas presenciales o en las redes sociales) del nuevo Proyecto de Constitucin de la Repblica de Cuba, se haya emitido, sin ser consultado y consensuado con los artistas e intelectuales cubanos, el DECRETO No. 349/2018 y sus CONTRAVENCIONES DE LAS REGULACIONES EN MATERIA DE POLTICA CULTURAL Y SOBRE LA PRESTACIN DE SERVICIOS ARTSTICOS.

De este decreto preocupan tanto el listado de las contravenciones como la nominacin de las autoridades facultadas para establecer dnde empieza y dnde termina una contravencin; sobre qu criterio se determina lo que est dentro o fuera de la poltica cultural; y cul ser el margen de interpretacin que cada uno de los hipotticos funcionaros empoderados pueda tener de la frase de Fidel que la fundamenta.

Visto en el devenir de la Cultura Cubana el Decreto No. 349/2018 denota falta de memoria y una clara disposicin a propiciar el accionar de corrientes conservadoras que siguen aspirando a controlar la representacin de hechos de la realidad que no quieren ver expuestos porque los prefieren ignorar.

Es un equvoco suponerle al arte un desarrollo autnomo e independiente de la sociedad; en Cuba el desarrollo artstico de las ltimas dcadas y la eclosin de creadores con un lenguaje vanguardista y un punto de vista crtico y complejo en la expresin de sus contenidos, ha nacido del sistema de formacin artstica generado por la revolucin y es consecuencia de sus energas emancipadoras.

La historia nos cuenta que la cultura dirigida ha sido ejercida siempre por una lite que dice trabajar en nombre de las masas y para su educacin, cuando en realidad lo estn haciendo a partir de concepciones dogmticas que con un afn paternalista no le reconoce a los individuos la capacidad de consumir, valorar, pensar y calificar por s mismos.

Por este camino, una poltica cultural que en su momento fue enunciada para legitimar la ruptura con el pasado y propiciar lo nuevo, puede, en una interpretacin errada y reduccionista, terminar cerrando las puertas a la complejidad de expresiones artsticas que emanan de la realidad y mostrndola, buscan dialogar dentro de ella y transformarla.

Una cultura independiente, capaz de pensarse a s misma, activara los espacios pblicos como lugares donde compartir la experiencia, confrontar los puntos de vista, establecer consensos. La memoria y el derecho a participar en el diseo del pas en que vivimos son nuestras herramientas de redencin.

Una nacin que enuncia su libertad y su independencia ante el resto del mundo tiene que saber articular y fomentar dentro de s misma, con todos y para el bien de todos, estas aspiraciones de emancipacin social, cultural y poltica.

La libertad no es una condicin per se, ni una metfora, ni un absoluto.

La libertad sostiene el peso de la levedad que convoca.

Notas:

[1] La cultura y la revolucin. Revolucin de Lucidez, Alfredo Guevara, Ediciones Icaic, 1998, pg. 145. Alfredo Guevara, programa CMQ-TV Cuba avanza, 25 de junio de 1960.

[2] Qu unidad pueden defender? Tiempo de Fundacin, Alfredo Guevara, Ediciones Iberoautor Madrid, 2003. pag.65 . Carta de Alfredo Guevara al presidente Osvaldo Dortics y al primer ministro Fidel Castro fechada 1 de julio de 1960

Enrique (Kiki) lvarez. Cineasta cubano. Director, entre otras, de las pelculas La ola; Miradas; Marina y Venecia.

Fuente: http://jcguanche.wordpress.com/2018/11/22/la-libertad-la-emancipacion-y-la-cultura-cubana/



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