Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Las venas abiertas de Nicaragua
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2018

El dilema nicaragense

Giovanni Zavala
Rebelin


Este pasado abril, la situacin de Nicaragua dio un giro brusco hacia un punto que pocos imaginbamos con facilidad meses, e inclusos aos atrs.

Es una realidad que la situacin sociopoltica del pas vena mostrando seales de deterioro, dado que diversos conflictos internos venan acumulndose y mostrndose por medio del descontento social y por la provocacin de los mismos por grupos adversos y ajenos al gobierno. Han habido manifestaciones y protestas por diversos motivos que van, desde los afectados por el proyecto de construccin del canal interocenico (legitimas e infundadas), la gestin del incendio de la reserva Indio Maz (espontneas y manipuladas), hasta el ajuste del sistema de seguridad social (ordenadas por el FMI1, sin mucho consenso social, y con la firme oposicin del COSEP2) que afectaba a toda la estructura econmica (aunque ms a los grandes empresarios); sin obviar que tambin han habido errores por parte del gobierno a la hora de tomar en cuenta de manera suficiente, a los diferentes sectores de la poblacin que van ms all de las estructuras de poder tradicional y formal, es decir, a las verdaderas bases en las cuales debera sostenerse el ejercicio del poder. La falta de pedagoga poltica para hacer llegar las explicaciones y debidas consultas a todas las estructuras sociales, gremiales, empresariales, y dems colectivos, conllev a que una parte interesada de la oposicin, capitalizara estas debilidades para ir orquestando un sinnmero de campaas (financiadas muchas con fondos directos del gobierno de Estados Unidos) en contra de la gestin y de las decisiones (acertadas o no) del gobierno.

A esto vale agregar, que el acto de gobernar cualquier pas durante once aos, conlleva tambin un cierto deterioro en la percepcin de la gestin por parte de la poblacin, adems de una cierta desesperacin por parte de ciertos opositores polticos, dada la imposibilidad de ganar en las elecciones (todas siempre cuestionadas por diferentes sectores de la sociedad, incluyendo las dos ltimas an siendo avaladas internacionalmente por la OEA3 https://bit.ly/2OjPyVn).

Tambin han faltado acciones que desmontaran la campaa que cuestionaban los procesos electorales, dado que sin dichas acciones, los mensajes se convirtieron en verdades aceptadas por muchos sectores. La insuficiente disposicin del gobierno para desmentir de forma fehaciente dichos mensajes, puso en bandeja la efectividad de los mismos; por lo que en este sentido este aspecto debe servirle de autocrtica y reflexin para los tiempos actuales y los venideros. En cierta forma, algunos aspectos de estas reflexiones, ya haban sido tomadas en cuenta cuando se empez a crear un grupo de trabajo entre el gobierno y la OEA para determinar los lineamientos y parmetros de un proceso electoral transparente con garantas.

El tema de Nicaragua es complejo porque lo envuelve una enorme nube de propaganda multidireccional, ademas que dicha problemtica abarca factores que van desde lo econmico, el sociopoltico, el histrico, y el geopoltico. Estos elementos caben desarrollarlos por separados por su extensin e implicaciones.

Como consecuencia del shock sufrido por todo el pas, estn la prdida de varios puntos porcentuales del PIB5, la perdida de varios cienes de miles de puestos de trabajo, el cierre por quiebra de muchas empresas, principalmente MIPYMES6, la fuga de capitales en forma de dlares que limita la liquidez del pas y pone en suspenso al sistema financiero, el impacto en la capacidad productiva de todos los sectores, el notorio deterioro de uno de los motores de la economa como es el turismo (hasta antes del mes de abril, Nicaragua era uno de los destinos ms cotizados del mundo, debido a su relativa estabilidad y su riqueza natural y cultural), la innegable emigracin hacia Costa Rica, Estados Unidos y Espaa (hasta antes del mes de abril, la tasa de emigracin era prcticamente irrelevante en relacin al resto de Centroamrica), la inversiones internacionales directas se paralizaron o se dejaron en estado de hibernacin, pero sobre todo hay consecuencias que casi no se dicen ni se pueden calcular fcilmente; y entre las cuales est la factura de convivencia social que exista antes de la crisis de abril. La factura psicosocial que se ha tenido que pagar por parte del pueblo es inmensa y desproporcionada, pues antes de esta crisis, por muchas diferencias que hubieran entre la poblacin, exista un clima de relativo respeto a las diferencias; una tolerancia a lo opuesto y lo distinto, que permita, que a pesar de las dificultades y defectos del gobierno y oposicin, el pas caminara relativamente en tranquilidad. Existan y siguen existiendo (ahora con mayor asiduidad) desigualdades e injusticias sociales que requeran y requieren de profundos cambios estructurales, pero la tendencia (gracias a una variedad de programas sociales) iba en camino hacia la disminucin de las mismas; quizs a un ritmo lento y lejos de lo deseado, pero si marcando una tendencia. Hoy en da vemos a familiares, amigos, compaeros de trabajo, compaeros de credo, y el pas en general, divididos, no principalmente por ideologa o formas de gobernar abierta, clara y pblicamente contrapuestas, sino por el rencor y el odio que han sido usados e insuflados como armas de guerra psicolgica, en la dinmica de dividir para vencer, en este caso para deponer a un rgimen poltico por otro de forma ilegal. Esta forma de dividir a nuestro pueblo ya ha sido utilizado desde la poca de la invasin y saqueo espaol hasta nuestros das.

El smil que usara es en el que el pueblo est en su casa bien iluminada, todos vemos nuestras diferencias y debilidades, donde no estamos de acuerdo en todo, y quizs ni nos aceptemos siempre; sin embargo un actor externo nos apaga la luz, mete a elementos ajenos a nosotros, y usa otros de los nuestros para empezar una pelea. Al estar la luz apagada, no sabemos quien pega a uno, ni quien pega al otro. Nuestra casa es una casa mvil, y mientras nos echan pelear, los mismos que incitaron a esta situacin, empujan de manera imperceptible la casa hacia un precipicio. Quin gana? Quin ha pierde? La reflexin est servida.

Estas ltimas reflexiones no eximen de responsabilidades al gobierno en la actual crisis. Es oportuno analizar el papel que ste ha jugado y hasta dnde sus acciones y decisiones, han contribuido a que se desencadenara esta crisis. A esto me refiero a los elementos propios y nacionales, los cuales, hasta cierto margen, estn en la capacidad de maniobra y negociacin del gobierno. Las autoridades tambin deben abrir un debate interno (y pblico en la medida que las circunstancias lo permitan) sobre qu se ha podido hacer mal para haber llegado a este punto; pues esta situacin no se estalla de forma automtica el 18 de abril, sino que viene siendo preparada y fomentada por actores externos en coordinacin con actores internos del pas, pero tambin por la poca previsin y prevencin de las autoridades para evitar, en la medida de sus posibilidades, que esto llegara hasta este punto. Ahora solo el dilogo sincero, por muy difcil que parezca y antes de que caigamos al despeadero, puede ser nica salida. Como mnimo hay que hacer que la luz vuelva a nuestra casa.

Giovanni Zavala. Activista nicaragense de Izquierda Unida y miembro del Colectivo Izquierda Nicaragua

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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