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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2018

Estado fallido, violencia y represin

Vctor Arrogante y Alberto Vila
Rebelin


Hanna Arendt, que en su obra reflexion sobre el totalitarismo en los aos 50 del siglo XX, sobre la crisis de la tradicin humanstica en los aos 60, y sobre la legitimacin de la violencia en los movimientos de protesta de los aos 70, es una voz autorizada para contextualizar a estos cachorros provocadores, carentes del talento suficiente para alcanzar niveles aceptables de responsabilidad poltica. Inclusive considerando su concepto de la "banalizacin de la violencia".

El grado de calculada violencia que provocan con sus mentiras los lderes de la nueva derecha, acerca de nuestro trgico pasado, es equiparable a la misoginia, la homofobia y la xenofobia de la que hacen alarde. As, se ausentan del debate poltico que nos haga un pas ms culto, mejor preparado en lo tecnolgico y con claras recompensas al talento, del que carecen, para domiciliarse en alentar el enfrentamiento, promover noches de los cristales rotos y apoyar la ocupacin amenazante, cuando no violenta, de los espacios pblicos. Por su carcter instrumental, la violencia siempre necesita herramientas, armas y tecnologa, pero en cunto accin tiene resultados impredecibles. Esa ser su responsabilidad, aunque los medios del rgimen slo aprecien violencia en las expresiones opuestas.

De lo que debemos reflexionar es si este Estado est moralmente capacitado para cumplir con su finalidad. Hablamos de la relacin entre poder y violencia. Porque uno de los atributos del Estado es monopolizar la violencia, como medio para garantizar la convivencia entre todos los ciudadanos. Ahora bien, si ese Estado no es capaz de neutralizar manifestaciones como las vividas en templos, plazas y calles, expresando las virtudes de un genocida desde organizaciones que justifican el exterminio masivo, es que su capacidad para desempearse se ha diluido.

La historia reciente de Espaa est en proceso de revisin y son las derechas, de toda la vida, con caras nuevas y no tanto, quienes pretenden hacerlo para blanquear sus hbitos. De aquellos polvos, estos lodos. Una de las leyes aprobadas durante la Transicin fue la Ley de Amnista. Las Cortes se apresuraron en promulgar la ley en octubre de 1977 (las elecciones se haban celebrado el 15 de junio), con el loable fin de poner en libertad a los presos polticos que todava quedaban en las crceles. Aquella ley signific lo que vino en llamarse un "pacto del olvido". No solamente se amnistiaba a los presos encarcelados por delitos "de motivacin poltica", incluidos los "de sangre", sino que ha permitido no perseguir ni juzgar los crmenes cometidos por el franquismo y sus dirigentes sanguinarios.

La Ley de Amnista no cont con el respaldo de Alianza Popular, como ahora sus sucesores en el Partido Popular y Ciudadanos, han rechazado la mocin del Grupo Socialista en el Senado de condena del franquismo. El Senado aprob la mocin que tambin pide la prohibicin de las fundaciones que exalten el fascismo y muestra el respaldo para exhumar a Franco del Valle de los Cados.

Con la ley de 1977, se trataba de dar por acabada una reivindicacin muy antigua de la oposicin antifranquista. El problema que se plantea ahora es que aquella amnista, viene a amparar a las personas que cometieron delitos durante la represin franquista, por las violaciones de los derechos humanos cometidas por los aparatos de represin de la dictadura. La izquierda favoreci esta especie de "pacto del olvido", que no de amnesia colectiva, sino de "echar al olvido", segn Santos Juli.

Lo cierto es que la violencia viene ejercindose desde una de las partes del tapiz, provocando a quienes legtimamente protestan, para hacer ver y resaltar una situacin de injusticia, de prdida de derechos y libertades. Quienes ejercen la violencia o quienes acusan de violencia a la otra parte, lo que hacen en realidad es provocar, con el nimo de que los provocados acten violentamente, para as justificar la contundencia la represin que desean.

Y en estas estamos, cuando reaparece, en estado de promocin de su ltimo libro, el expresidente Aznar, para calmar los nimos. Asegura que Espaa estar "atascada" hasta que no se resuelva el "golpe" en Catalua. A su entender, "alguien tendr que decir hasta aqu hemos llegado, se acab". Compara la situacin con el golpe de Estado de octubre de 1934. Se atreve a decir incluso que es "muy difcil" situar a los socialistas en el mbito de los constitucionalistas, advirtiendo que solo si gana el "centroderecha", que est fragmentado, se podr mantener el orden constitucional.

Entre unas cosas y otras, podramos llegar a ser considerados un "estados fallido". Noam Chomsky seala como estados fallidos a aquellos que "padecen un grave dficit democrtico que priva a sus instituciones de autentica sustancia". Despus del escndalo del que ha sido protagonista la Justicia, por los manejos polticos de alcance, en la negociacin para la renovacin del Poder Judicial y la renuncia de Marchena a presidir el organismo, as como el bloqueo en Las Cortes, por el PP y el PSOE a la renovacin, han puesto a la institucin al borde del precipicio; adems de la reprobacin, por tercera vez, de la ministra de Justicia, como ha ocurrido esta semana. Para resaltar ms la inestabilidad, no podemos dejar de mencionar, que Pablo Iglesias da por rota la mayora de la mocin de censura, porque "No se puede gobernar por decreto con 84 diputados".

En el mismo orden de crisis por la que pasa el Estado, est la bronca en el Congreso entre el diputado de ERC Gabriel Rufin y el ministro Borrel, acompaado de un supuesto "escupitajo", que ha tapado el verdadero debate que se mantena, que ha pasado desapercibido y nadie recuerda el tema del que se trataba en la sesin de control al Gobierno. Por ltimo y abundando en la crisis, est la convocatoria de las consultas populares convocadas por organizaciones municipales y ms de veinte universidades, en las que se pregunta sobre la preferencia del modelo de Estado, si "Monarqua" o "Repblica". Lo que no se pregunt en 1977, la ciudadana se organiza y responde.

El diario The New York Times situ a Espaa entre las democracias europeas que se derrumban, segn un anlisis de los politlogos Michael Albertus y Victor Menaldo. Sealan, que en los modelos de transicin desde la dictadura a la democracia, como ocurri en Espaa: "Las instituciones democrticas han sido diseadas a menudo por el rgimen autoritario que terminaba, para salvaguardar a las lites que estn en el poder del Estado y ayudarles en la poltica para despus de la democratizacin". El franquismo, que nunca se fue, dise la "Monarqua del Movimiento", ahora se apropian de la Constitucin con nimo de manipulacin

Hanna Arendt, nos dice que all donde hay comunidad poltica, hay poder, y no necesita justificacin, sino legitimidad de origen. "El poder surge all donde las personas se juntan y actan concertadamente, pero deriva su legitimidad de la reunin inicial ms que de cualquier accin que pueda seguir a sta". Por eso, segn ella, la legitimidad mira al pasado, la justificacin al futuro, a un fin que se encuentra alejado. El pasado es la victoria del 39. El futuro es radicalizar la toma del poder y consolidar las instituciones neofranquistas. Entre estas ltimas podramos contar a la Iglesia Catlica que ha dado cobijo a los mantos franquistas que cubrieron a las vrgenes de los templos.

A travs de la violencia de los grupos extremistas, que en Espaa ha aumentado en los ltimos tiempos, y actuando con cierta impunidad, ejercen de punta de lanza. De otra parte, la actuacin parcial y arbitraria del Poder Judicial y el desprestigio de la poltica responsable, el Sistema se aleja del modelo de las democracias liberales, para acercarse a las democracias fallidas.

En Twitter @caval100 y @reseneka

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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