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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2018

Espaa donde se considera revanchismo enterrar a los propios muertos o borrar del callejero nombres de asesinos notorios
Franco: enterrarlo vivo?

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Espaa -lo he escrito otras veces- es el nico pas de Europa donde se puede ser demcrata sin ser antifascista y donde, an ms, el antifascismo se identifica con posiciones radicales y antidemocrticas. Denunciar el fascismo es, en algunos casos, un delito; defenderlo, promocionarlo o practicarlo no.

Espaa es el nico pas donde los vencedores de una guerra civil nacida de un golpe de Estado no han perdonado a sus vctimas ni a sus descendientes. Los castigaron durante cuarenta aos de dictadura y ahora les acusan de abrir heridas que ellos nunca quisieron cerrar y que estas acusaciones mantienen precisamente abiertas.

Espaa es el nico pas democrtico en el que se considera revanchismo enterrar a los propios muertos o borrar del callejero nombres de asesinos notorios; o retirar el cadver del dictador del mausoleo construido por sus vctimas. Cuarenta aos despus y an seguimos con eso!, nos dicen. Muchos hubiramos querido que no hubiera sido necesario hacerlo nunca; muchos querramos, en su defecto, que se hubiera hecho hace cuarenta aos. Parece un rasgo de aterrador cinismo que los que han impedido o no han querido normalizar en cuatro dcadas este pas reprochen que se quiera hacer ahora; y que lo reprochen de tal manera que se sobreentienda que enterrar a un pariente muerto es un crimen mucho mayor que haberlo matado y retirar el nombre de un asesino de una avenida -o su cadver de un mausoleo- es un agravio mucho mayor que encarcelar, torturar y asesinar a cientos de miles de personas.

Espaa es el nico pis democrtico en que se intenta rehabilitar o, al menos, aligerar una dictadura con el pretexto de que representaba a la mitad de Espaa. En algn momento -hay que decir la verdad- represent a casi toda Espaa y la represent porque la Espaa negada estaba en el exilio, en las crceles o en las cunetas. O muerta de miedo debajo de una cama o debajo de una mscara. En todo caso Hitler tambin represent a ms de media Alemania y Mussolini a ms de media Italia. Los dos llegaron pacficamente al poder, al contrario que Franco, pero a nadie se le ocurre sostener que no fuera legtimo y, an ms, moral y polticamente imperativo combatir sus crmenes y desmarcarse despus por todas las vas -polticas, institucionales, culturales- de su legado. Hoy, por lo dems, el franquismo representa felizmente a una minora, porque hasta el votante de derechas es mucho ms democrtico que sus lderes y sus idelogos, los cuales deberan ajustar su programa a la Espaa desmemoriada del siglo XXI en lugar de reactualizar sin parar -contra Catalunya y contra la izquierda, de manera tan interesada como ideolgica- la Espaa del siglo XIX.

Espaa es un pas que ha olvidado casi todo -esa guerra lejana, la dictadura, los pecados de la transicin- y eso en parte es muy malo y en parte muy bueno. Lo nico que no nos dejan olvidar, ochenta aos despus, es quin gano la guerra. Las vctimas y sus descendientes han olvidado y slo buscan, si acaso, un poco de normalidad; una normalizacin que nos homologue al resto de los pases europeos. Tambin los descendientes de los vencedores han olvidado a sus abuelos (muchos de los cuales tomaron partido en un contexto muy polarizado y por razones no ideolgicas) y slo quieren tambin un poco de conservadurismo democrtico. Pero no sirve de nada. Porque son los herederos ideolgicos de los verdugos minuciosos que atenazaron Espaa durante cuarenta aos los que no olvidan su victoria ni los derechos que la acompaan. Se dir que en la izquierda hay tambin una minora estalinista que no olvida su derrota; la diferencia es que, al contrario que la criptofascista, no tiene ningn poder ni medios para azuzar nuevos conflictos. No se trata de Vox ni de Nueva Espaa. Si en nuestro pas no ha habido hasta ahora extrema derecha es porque la extrema derecha de otros pases, marginal y derrotada, en Espaa estaba enquistada desde el principio en los aparatos de poder y desde all pona lmites a la democracia bonsay a la que se haba resignado mientras esa misma democracia limitada limitaba, en tiempos de estabilidad y bipartidismo, sus desafueros. El PP ha sido siempre un partido centauro: una mitad franquista reprimida y una mitad democrtica a la fuerza. Por eso ahora que se acab la estabilidad y que Europa recupera tambin su peor pasado, el PP -con los aguijones de Cs y Vox- invoca con voluntad radicalizadora y propagandstica la minora estalinista y espolea a la derecha civilizada con nimo guerracivilista y des-civilizador. Catalunya, donde todas las partes se han prestado y han alimentado esa polarizacin, seala el camino de una rememorizacin liberticida que se querra ampliar a todas partes.

Porque la anomala espaola -la de la nica democracia europea no construida contra el fascismo- tiene una vertiente positiva y otra muy destructiva y peligrosa. La positiva es que, para hacer olvidar los pecados de la transicin, se hizo olvidar todo en general; y unos partidos responsables -y unos medios de comunicacin profesionales y democrticos- utilizaran ahora esa trgica amnesia generalizada para enterrar muertos sin tensiones, reparar agravios histricos sin histerias y promover una verdadera reconciliacin basada en la aceptacin de lo que la mayor parte de los espaoles ya ha aceptado: que la guerra acab hace ochenta aos y que hoy no hay ninguna guerra entre espaoles. La vertiente negativa tiene que ver, en cambio, con esta dificultad; y es que los descendientes ideolgicos de los vencedores -una minora con bridas firmes en el Estado- no ha olvidado y no est dispuesta a olvidar su victoria militar y, ochenta aos ms tarde, quiere seguir gobernando basndose en los derechos que esa victoria le otorga. No es que no hayan olvidado la guerra civil; es que no han olvidado ni quieren olvidar de dnde viene su poder; y quieren seguir ejercindolo desde esa memoria viva y terrible, an al precio de sacrificar los exiguos, pero irrenunciables, logros conseguidos desde 1975. La prueba simblica ms evidente es la resistencia del PP a condenar en trminos institucionales el rgimen de Franco; la prueba politica ms provocadora es la prisin de los independentistas catalanes. A nadie se le oculta que sera ms fcil olvidar de una vez por todas los crmenes del dictador -ya socialmente casi olvidados- si todos los partidos se pusieran de acuerdo en reconocer que lo fueron. No es que la izquierda quiera reabrir viejas heridas; es que nunca se cerraron; es que estn abiertas y slo pueden cerrarlas los que siguen apoyndose en la victoria del golpe de Estado de 1936. Todos hemos olvidado, o estamos dispuestos a olvidar, los crmenes de Franco, salvo esa minora poltica que los recuerda sin cesar como un mrito y una victoria. Bastara que esa minora olvidara tambin su ignominioso triunfo para que las aguas cubrieran mansamente doscientos aos de historia malhadada y la calidad democrtica de nuestro pas se refrescara y asentara de una vez por todas.

Nada de eso va a ocurrir y menos en un contexto europeo y espaol en el que hurgar en heridas sin cerrar y reactivar la peor memoria puede traer rditos electorales y servir adems para aplazar de nuevo la revisin de la Espaa ideolgica, sectaria y sin hacer, que tanto dolor y tanta violencia ha generado desde hace cinco siglos. Hace cuarenta aos tuvimos una oportunidad y la perdimos; hoy tenemos una nueva oportunidad y la perderemos tambin. Ese aplazamiento es la historia misma de Espaa: ese aplazamiento es un incendio y una llamada a los incendiarios.

El asunto, en definitiva, no es desenterrar de las cunetas a las vctimas del franquismo. El asunto es enterrar a Franco. Hay que enterrarlo de una vez. Est vivo en el Valle de los Cados y por eso hay que sacarlo de ah; y est vivo en las cabezas y ademanes de la derecha poltica y por eso es la derecha la que tiene que matarlo y enterrarlo para siempre. Mientras Franco est vivo no se le puede enterrar en ninguna parte. Mientras Franco est vivo no se podr desenterrar y olvidar del todo a sus vctimas. Creo que la mayora social de este pas -todava hoy, maana no s- estara dispuesta a ayudar en esta tarea: enterrar a Franco para normalizar el pas, desenterrar a sus vctimas para que dejen de ser un remordimiento colectivo -y pasen a ser un asunto privado- y promover un olvido social compartido sobre el que pueda fundarse una Espaa plurinacional en la que, sin riendas en el Estado, quepan incluso los nostlgicos de Franco y los de Stalin. Para esta tarea necesitaramos algo ms que la benevolencia de un pueblo olvidadizo: necesitaramos una derecha realmente democrtica y unos medios de comunicacin realmente independendientes. Franco sigue vivo. No es absurdo discutir acerca de dnde lo vamos a enterrar?

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2018/11/23/exhumacion-franco-valle-caidos-enterrarlo-vivo-alba-rico/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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