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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2018

Organizar la vida en comn en el Antropoceno

Yayo Herrero
Ctxt

Situar la existencia inmanente y vulnerable como sujeto protagonista del contrato social es una tarea pendiente


Una constitucin, dicho en trminos de andar por casa, no es ms que el conjunto de reglas que permiten articular la vida en comn de grupos de personas que habitan un territorio concreto.

Las constituciones son hijas de su tiempo y fruto de las correlaciones de fuerza y equilibrios de poder que se dan en cada momento. Deben responder a las tensiones y problemas de cada poca.

Desde 1978 hasta hoy el mundo ha cambiado brutalmente. Por cambiar, hemos cambiado hasta de era geolgica. Ya no estamos en el Holoceno, sino que hemos transitado al Antropoceno, poca caracterizada por el agotamiento y declive de recursos como el agua dulce, la energa, la pesca o los minerales y por el cambio en las reglas del juego que organizan todo lo vivo.

Si el propsito de un documento constituyente fuese como debe ser, a mi juicio garantizar que todas las personas puedan mantener las condiciones de vida que aseguren la satisfaccin de sus necesidades (existencia fsica, refugio, participacin, relaciones significativas, capacidad de influir, etc.), conviene tener normas humanas que no se desarrollen en contra de lo que nos permite estar vivas.

Somos una especie que vive inserta y forma parte de en un medio natural que proporciona todo, absolutamente todo, lo que se necesita para satisfacer las necesidades: oxgeno, fotosntesis, energa, agua, polinizacin, bosques, minerales, etc. Estos bienes-fondo no son utilizables directamente por los seres humanos, sino que los metabolismos econmicos interactan con ellos para obtener los bienes y servicios. Estos bienes-fondo y ciclos tienen lmites ya sobrepasados y no son fabricados ni controlados a voluntad por los humanos.

La ecodependencia tiene tres derivadas importantes que no tiene en cuenta la Constitucin espaola tampoco la mayor parte de las constituciones del mundo.

La primera es que el territorio no es solo el decorado en el que vive una comunidad. No es solo el soporte que pisamos, delimitable a travs de una lnea ms gruesa en un mapa o de una valla fsica. El territorio es un tejido vivo, que se autoorganiza, en el que la vida se reproduce y cambia. Dado que la economa es un subconjunto de ese proceso vivo y no al revs, conviene que las constituciones blinden y protejan, no tanto la propiedad, sino el mantenimiento de los bienes comunes limitados y parcialmente agotados del territorio, que para que puedan ser de todos, precisan no ser de nadie.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que un territorio nunca est aislado, fenmenos como el cambio climtico, la contaminacin o el declive del agua dulce no conocen fronteras.

Adems, los pases llamados desarrollados, mantienen fsicamente sus economas con cargo a los bienes y recursos de otros territorios. En concreto, en nuestro pas el 80% de la energa utilizada y el 75% de los minerales proceden de otros pases. Tenemos una profunda dependencia material de los pases africanos y de Amrica Latina, donde existen guerras formales e informales por los recursos que expulsan a pueblos enteros del lugar que habitan. Si hablamos de comida, utilizamos el doble del territorio espaol para generar los alimentos que comemos.

Nuestro principal dficit no es la deuda que se apresur a constitucionalizar el artculo 135. Nuestro gran dficit, injusto para otros territorios y peligroso para todas las que vivimos aqu, es el fsico y territorial causado por un modelo de produccin y consumo incompatible con nuestra propia base de recursos.

Pero adems, las personas no podemos existir si no se garantiza y protegen los vnculos y relaciones (infancia, vejez, enfermedad, diversidad funcional, momentos crticos vitales, etc.) necesarios para asegurar la supervivencia de los cuerpos vulnerables y finitos en los que se encarna la vida humana.

No existen los individuos completamente autnomos, sino que todas las personas somos interdependientes entre nosotros. Quienes se han ocupado histricamente del cuidado de los cuerpos han sido las mujeres, no porque estn mejor dotadas genticamente para hacerlo sino porque vivimos en sociedades patriarcales que asignan de forma no libre estas funciones a travs de mecanismos econmicos, simblicos y polticos, ocultando e invisibilizando la importancia vital de estas funciones. Nuestra Constitucin tambin lo hace.

Por ello, parece razonable organizar los principios constituyentes alrededor de la sostenibilidad de la vida, mximo cuando el Antropoceno, la crisis de reproducin social y el cambio en las pirmides demogrficas ponen en riesgo precisamente las condiciones vitales de las personas ms precarias.

Los principios contituyentes deben empaparse de la consciencia de que la vida humana no se sostiene sola. Hay que mantenerla intencionalmente, interactuando con el medio natural y sus bienes fondo y garantizando el mantenimiento de las tareas de reproduccin cotidiana y generacional de la vida. A eso le llamamos poner la vida en el centro. Es importante entender que para que exista produccin, entendida en incremento de los agregados monetarios hay una precondicin que es la produccin de vida, cuya lgica se apoya en las leyes de la naturaleza y en la tica del cuidado y no en la maximizacin de las ganancias.

Histricamente el sujeto poltico que suscribe el contrato social es un sujeto abstracto, pretendidamente autnomo, que no existe y solo es viable en la medida que en espacios ocultos (domstico, territorios, otras especies, espacios colonizados) otras se ocupan de sostener la vida. Esas vidas, invisibilizadas, subyugadas pero imprescindibles, de facto, valen menos. Situar la existencia inmanente y vulnerable como sujeto protagonista del contrato social es una tarea pendiente.

Qu principios podran sustentar una constitucin a la altura de los tiempos?

El sentido y orgullo de pertenencia a una comunidad que se cuida y que vive de lo que sus territorios proporcionan. Esto supone sustituir un concepto sagrado, excluyente y normativo de Patria o de Familia que apela a las emociones ms violentas, pero que vende sin vacilar la tierra, los recursos o el litoral, abandona y culpabiliza a las personas que sufren precariedad vital y se desreponsabiliza del cuidado de los cuerpos. El enfoque de la sostenibilidad de la vida cuestiona, tambin, un concepto cristalizado y rgido de soberana que solo puede ser entendido si se cree que la vida humana flota al margen de la materialidad de la tierra y los cuerpos y propone revisarlo en trminos de autonomas interdependientes.

Desbancar la creencia y sentimiento de que solo necesitamos dinero y, de paso, la lgica sacrificial que defiende que merece la pena sacrificar cualquier cosa (territorio, derecho al cuidado, derecho a la vivienda, a la energa o a la alimentacin, libertad de expresin) con tal de que la economa crezca. La economa decrecer materialmente por las buenas o por las malas y conviene encarar un reajuste valiente, decidido y explicado del metabolismo social de forma que quepamos todas las personas y se frenen los procesos de expulsin. Los textos constituyentes deben construir una racionalidad econmica alternativa conectada con las necesidades y los lmites fsicos.

Proteger los bienes comunes (agua, tierra frtil, energa, etc.) y garantizar el acceso a ellos de forma sostenible y equitativa para todas las personas.

Situar la seguridad de todas las personas como prioridad. Implica disputar la nocin de seguridad, con frecuencia confundida con el blindaje de las lites. Supone, ms bien blindar el derecho a la vivienda, la educacin, la libertad de expresin, y en general de todas las necesidades cuya carencia impide tener vidas dignas.

Establecer, adems de los derechos, un sistema de obligaciones. La vida requiere relaciones recprocas de cuidado. Las mujeres no son la nicas que tienen que prestarlos y, por ello, es preciso repartir las obligaciones que comporta tener cuerpo y ser especie.

Garantizar una salud integral que pasa por respirar aire limpio, comer alimentos de calidad, una habitabilidad digna, capacidad de decidir sobre la propia vida y el propio cuerpo, tiempos para las relaciones significativas y para poner en marcha proyectos y deseos propios.

Pensar as una nueva Constitucin, implica un proceso complejo y valiente que site como principio poltico la tica del cuidado, entendido no como una carga, sino como una condicin inherente a la vida para mantener los vnculos y la cohesin. Un cuidado entendido como la capacidad y la voluntad de hacerse cargo de la continuidad de la existencia digna que es la forma ms noble de amor.

Deca Walter Benjamin que prender la revolucin consista en activar el freno de la maquinaria desbocada de la historia y el progreso en el capitalismo. Creo que para activar esa palanca es preciso desprenderse de esa heroicidad viril que enaltece morir o matar por cualquier causa. Hoy la causa es la propia vida y, por tanto, el amor, entendido como ese esfuerzo constante, radical y apasionado de mantener vidas justas y dignas, es el aliento que debe impulsar el intento de organizar la vida en comn.

Yayo Herrero es activista y ecofeminista. Antroploga, ingeniera tcnica agrcola y diplomada en Educacin Social.

Fuente: http://ctxt.es/es/20181121/Firmas/22927/constitucion-antropoceno-ecologismo-yayo-herrero.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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