Portada :: Cultura :: Leer
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2018

Pensar el mundo: Spinoza el maldito

Juan Pedro Garca del Campo
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [24.XI] en 1632 naca en msterdam Baruch Spinoza. Su obra fue uno de los ms polmicos e influyentes proyectos de rebelda, rechazo de todas las formas de trascendencia, confesional o metafsica, y reivindicacin absoluta de la inmanencia.

 

 

Introduccin

Spinoza: una filosofa materialista

 

Pensar el mundo: Spinoza el maldito

Todo pensar lo es en unas coordenadas: espaciales y temporales. Nadie piensa en el vaco y, por eso, el pensamiento se ocupa siempre de unos asuntos determinados a los que se enfrenta de una manera concreta. Esa determinada seleccin de asuntos y ese modo de enfrentarlos marcan una singularidad; una singularidad que, sin embargo, no se origina en la subjetividad del pensador entendida como originalidad fundante.

La filosofa de Spinoza se desarrolla durante el tercer cuarto del siglo XVII en el contexto de las polmicas y conflictos (religiosos, cientficos, econmicos, organizativos: polticos) que sacuden a la Repblica holandesa de las Provincias Unidas.

La Repblica holandesa de las Provincias Unidas presenta, como consecuencia de los avatares del proceso histrico, unas singularidades de funcionamiento tan especficas que permiten incluso a hablar en expresin ya consagrada de una cierta anomala holandesa.

La larga y cruenta guerra en la que las Provincias Unidas conquistan su independencia (desde finales del XVI y durante toda la primera mitad del XVII) se ha desarrollado precisamente en paralelo al proceso de su conversin en el centro de esa misma relacin global que est recomponiendo los espacios internacionales de poder e influencia y el desarrollo ciudadano, y la importantsima red de relaciones econmicas que los comerciantes holandeses estn tejiendo en prcticamente todo el planeta ha trastocado tambin la correlacin de fuerzas entre las diversas lites que conviven en la naciente Repblica: as, junto a la nobleza territorial (cuya cabeza visible son los sucesivos personajes que se encuentran al frente de la casa de Orange), la burguesa industrial y, sobre todo, financiera y comercial ha alcanzado tal importancia econmica y poltica que es capaz de influir de manera decisiva en la orientacin de las decisiones organizativas.

Por eso, a pesar de los intentos que los prncipes de la casa de Orange no dejaron de protagonizar para hacerse con el control poltico, mientras toda Europa se lanza por la senda de la centralizacin monrquica y del desarrollo de un poder absoluto, las Provincias Unidas se constituyen como una repblica que, adems de excluir la figura de un rey, excluye tambin la centralizacin y opta por un desarrollo de corte casi federativo (que, adems, permite la formulacin de las primeras teorizaciones burguesas de la libertad de comercio y de una poltica de la libertad individual, en la obra de autores como Bodino, Hugo Grocio o Althusius). Por eso tambin, mientras en toda Europa los espacios estatales tienden a aglutinar ideolgicamente la cohesin y la obediencia a partir de la adopcin de una determinada confesin religiosa (poniendo en prctica el nuevo principio: cujus regio ejus religio), en Holanda se mantiene y es el nico lugar en Europa en el que sucede una dificultosa pero abierta libertad religiosa.

Baruch Spinoza naci en Amsterdam en 1632, en el seno de una familia hebrea asentada desde haca varias dcadas en esa ciudad, procedente al parecer de Portugal.

La Comunidad hebrea de Amsterdam se haba formado con la presencia de judos sefarditas procedentes de la pennsula ibrica (en diversas oleadas), recogiendo tambin judos askenazes procedentes de ciudades como Hamburgo y, a partir de 1635, de toda Alemania (como de Polonia-Lituania a partir de 1655). La Comunidad floreci al hilo del desarrollo econmico holands y algunos de sus miembros pudieron incluso participar en 1609 en la creacin del Banco de Amsterdam (sin duda, la afluencia de capitales que se produjo con la llegada de exiliados judos a Holanda tuvo una importante incidencia en el curso de la economa ciudadana) y, en todo caso, su prosperidad corri en paralelo a los avatares histricos que convierten entonces a Holanda en el centro de la Economa-Mundo.

La distinta procedencia de los judos que se renen en Amsterdam (y las distintas tradiciones de prctica religiosa que incorporan) provoc diversas e importantes polmicas en torno a cuestiones de rito y de ortodoxia, pero, adems de estas cuestiones, la vida intelectual de la Comunidad se vio pronto atravesada por el mismo tipo de disputas que sacuden el mundo de los gentiles: no slo porque existen tradiciones hebreas ciertamente herticas (que discuten la inmortalidad del alma o el carcter de normatividad universal de los principios de la ley de No) que perviven y afloran con la libertad de pensamiento que se reconoce en la repblica holandesa, sino tambin porque algunos de los judos que llegan a la ciudad desde el resto de Estados europeos conoce y participa de las principales lneas de discusin terico-ideolgica que se debaten en el continente, desde el escepticismo hasta el humanismo, pasando por el desmo difuso e incluso el atesmo de corte mecanicista.

Con gran escndalo de la Comunidad y a veces con un importante eco externo en las dcadas de 1630 y 1640 se han producido en relacin con la Comunidad e incluso en su mismo seno importantes episodios que ponen de manifiesto la presencia de esa misma conflictividad doctrinal y/o interpretativa: as, las polmicas que enfrentaron a los principales representantes de la Comunidad, como el propio Sal Lev Morteira con el anabaptista Jan Pietersz, que fue expulsado a gritos cuando, entre 1644 y 1645, pretenda encontrar aclaracin racional sobre algunos extremos de la Escritura, o el famossimo caso de Uriel da Costa (de origen portugus y activo propagador de la mortalidad del alma, negador de la autoridad interpretativa de los rabinos y defensor de la racionalidad necesaria en la lectura de los textos sagrados y, tambin, reivindicador del valor universal de los preceptos noaquitas como legislacin superior incluso a la propia Ley de Moiss), cuya perniciosa influencia oblig a Menasseh ben Israel a escribir un tratado defendiendo el principio de la inmortalidad del alma y cuyas sucesivas excomuniones y cuya muerte supusieron un escndalo de primer orden.

El joven Spinoza conoci no poda no conocerlos aquellos escndalos que deban responder a disidencias bastante extendidas: al parecer, en la escuela Talmud Tor, el propio Spinoza puso a sus maestros en algn aprieto al pedirles la explicacin racional de algunos pasajes de la Escritura. Conoci tambin, no cabe duda, las polmicas teolgico-polticas que se produjeron en Holanda: desde 1649 empez a ocuparse del negocio familiar y, por tanto, a relacionarse tambin con el mundo de los goyim. Y, sobre todo, tena 18 aos cuando en 1650 se produce (en alianza con la Iglesia calvinista) el intento de golpe de Estado de Guillermo de Orange, particularmente centrado en la ciudad de Amsterdam. Joven de su tiempo, desde 1652 establece contactos con cristianos de Amsterdam especialmente conocidos por sus posiciones radicales a partir del momento en que se acerca a las clases de latn de Franciscus van den Enden (catlico y, al parecer, antiguo jesuita que particip en la guerra contra Espaa, en cuya casa se renen para recibir una formacin humanstica de primer orden los hijos de las principales familias de la elite republicana) y, a partir de 1655, tiene tambin contacto directo con el judo desta y escptico Juan de Prado, que por su profesin ha recorrido Europa y es perfecto conocedor de la tradicin libertina desarrollada en Francia y al igual que Uriel da Costa abierto defensor de la racionalidad frente a la ortodoxia y detractor de la Ley Oral en defensa de una legislacin moral y poltica universalista que viene a poner en cuestin la necesidad mediadora de la Ley de Moiss y de la ortodoxia rabnica.

Independientemente de polmicas estriles sobre el origen de la suya, es claro que Baruch Spinoza conoci las principales heterodoxias de su tiempo y que desde su juventud se movi en unos mbitos en los que los conflictos abiertos en materia ideolgica, teolgica y poltica formaban parte de la normalidad. Un tiempo convulso. Y en l tom partido.

Sin que podamos determinar exactamente los motivos, en 1656 Spinoza fue apartado expresamente de la Comunidad con la ms grave de las frmulas de herem (de excomunin, podra traducirse) existentes: con apenas 24 aos, por tanto, la Comunidad juda de Amsterdam le identifica como uno de los ms peligrosos y sin duda los hay en el mismo periodo: abandonos de la observancia de la Ley y conversiones al cristianismo estn perfectamente documentados propagadores de la heterodoxia: una heterodoxia que Spinoza no oculta. Algn testimonio afirma que las autoridades rabnicas le habran sugerido mantener sus disidencias sin castigo (incluso, quiz alguna pensin) a cambio de que las mantuviera en el mbito privado sin obtener del joven disidente la respuesta buscada. Ms an: en alguna de sus biografas se especula con la posibilidad de que llegase incluso a escribir una Apologa para justificar su salida de la Sinagoga. El herem parece, en todo caso, no preocuparle en absoluto ni, mucho menos, sumirle en la depresin que acabara llevando a Uriel da Costa al suicidio. Se trata de algo impensable si se leen las reconvenciones que incluye la frmula utilizada (sobre todo porque impide al resto de los judos tener relacin con el anatematizado), pero parece como si, despus del herem, Spinoza incluso, durante un tiempo, en relacin con el negocio familiar hubiera continuado desarrollando su vida con total normalidad: persistencia en la heterodoxia misma.

As, mantiene sus contactos con los heterodoxos del mbito judo (algunos espas de la Inquisicin espaola declaran haberlo visto en Amsterdam en compaa de Juan de Prado y compartiendo con l actitud y opiniones: los sealan por aber dado en atestas, por buscar la mejor religin para profesarla, por negar la inmortalidad del alma y por considerar falsa la Ley judaica) y profundiza sus relaciones con los heterodoxos del universo cristiano: hace estable su presencia en la casa de Van den Enden y comparte reuniones con los anabaptistas ms activos (como, al parecer, Jan Pietersz o el doctor Galenus) y asiste a las discusiones de los grupos de colegiantes: un crculo de amistades y complicidades, de sintonas y de radicalismo (religioso y poltico) al que permaneci unido, incluso en la distancia fsica, hasta su muerte en 1677.

En lo vital y en lo terico, una apuesta contra los sometimientos confesionales, por la racionalidad y el valor del conocimiento; una apuesta que se extiende (o que deriva de ellas?) a las consecuencias polticas del rechazo de los absolutos.

Toda la obra de Spinoza pese a las diferencias que se evidencian en la simple lectura de sus distintos textos est atravesada por esa afirmacin de la libertad y, en consecuencia, por el rechazo activo (incluso militante) tanto de los Absolutos como de sus mediaciones. Toda su obra: desde los escritos iniciales (el Breve tratado y el Tratado de la reforma del entendimiento, ya entre 1660 y 1661: una poca en la que nuevamente arrecia en la forma de una disputa religiosa la disputa poltica y organizativa entre las diferentes lites de la Repblica) hasta las ltimas lneas que escribiera: tanto en los Principios de la filosofa de Descartes (1663: el nico texto suyo que public en vida seguido por unas reflexiones que llam Pensamientos metafsicos firmado con su propio nombre), como en el Tratado teolgico-poltico (1670), en la tica (empezada en la dcada de los aos 60 pero terminada en 1675) o en el inconcluso (por fallecimiento en 1677) Tratado poltico.

Desde sus primeros escritos, pues, la obra de Spinoza responde a la intencin expresa de intervenir en las disputas de su tiempo y, de entrada, se adentra en la crtica de la primaca de lo confesional.

Antes de hacer estable la relacin con la escuela de Van den Enden, el joven Spinoza haba chocado ya de forma ms o menos abierta con las enseanzas rabnicas. Los bigrafos de Spinoza, as, sealan que para intentar resolver por su cuenta las incongruencias que encontraba en sus doctrinas, ya en la dcada de 1650 se haba dedicado a la lectura de los grandes filsofos hebreos y de algunas de las principales intervenciones filosficas desarrolladas en el Renacimiento: Ibn Ezra, Maimnides, Gerson, Crescas, pero tambin Len Hebreo o Giordano Bruno. Con ese bagaje terico y conceptual, que incorpora concepciones de origen neoplatnico e incluso derivaciones claramente msticas (cosa no del todo extraa si atendemos al importantsimo filn mstico que se desarrolla como elemento fundamental de algunas de las investigaciones cientficas del siglo XVI e incluso del XVII), en los primeros escritos de Spinoza vemos cmo se acomete un primer intento de puesta al margen de los supuestos confesionales. As, frente a la supersticin y su influencia prctica, con la pretensin explcita de construir una sociedad tal como se requiere, planifica la realizacin de una reforma del entendimiento en un escrito que tendra precisamente ese ttulo (la redaccin de este Tratado de la reforma del entendimiento en adelante TRE fue interrumpida en 1660) y en el que aborda por primera vez una problemtica, la del conocimiento cuyo anlisis desarrollaremos ms adelante, y se adentra en la redaccin de un tratado (el Breve tratado sobre Dios, el alma y su felicidad en adelante BT, escrito en neerlands: cosa que, en s misma, supone un claro ndice de la intensidad de las relaciones que en ese tiempo mantiene con los grupos del radicalismo cristiano) que, desde un desmo de corte casi pantesta (al estilo bruniano) presenta por primera vez (y ser sta, aunque con resultados diferentes tanto en la forma como en el fondo, una de las cuestiones que se presentan de manera recurrente y no por casualidad a lo largo de su obra) una apuesta por la negacin de la trascendencia y por la afirmacin de la inmanencia absoluta.

En lo personal, a partir de 1660, Spinoza se aleja incluso fsicamente de la Comunidad hebrea y traslada su residencia, primero, a Rijnsburg y despus a los alrededores de La Haya, cerca de los mbitos en los que se desarrolla buena parte de la vida intelectual y poltica holandesa, y lleva desde entonces una vida tranquila y alejada de las polmicas: ateo virtuoso segn la frmula que la tradicin nos ha transmitido, pasa su vida dedicado al pulido de lentes, a la escritura de sus diversos textos y, en los ratos libres, a contemplar las leyes de la naturaleza en accin: alguno de sus bigrafos se hace eco de la fruicin con la que, al parecer, entretena sus horas contemplando cmo una mosca era atrapada en una tela de araa.

Y sin embargo, diversas referencias sin confirmacin documental le sitan en las cercanas del poder como consejero, incluso, de Jan de Witt. Tambin en una circunstancia extraa y poco aclarada visitando el cuartel general del gran Cond en medio de la invasin francesa. Poco conocemos de esas relaciones y esas actividades (precaucin caute fue el lema que Spinoza impuso a sus intervenciones e incluso a la divulgacin de sus obras), salvo que sin apenas haber publicado obras con su nombre (slo los Principios de la filosofa de Descartes, en 1663), era conocido por todos los intelectuales europeos y refutado por personalidades ligadas a los ms diversos marcos confesionales.

Sabemos que, cuando finalmente los hermanos de Witt fueron asesinados y la casa de Orange se hizo con el control de la Repblica, sali a las calles, al parecer indignado, para fijar en los muros un manifiesto de protesta que hablaba de los ultimi barbarorum que acababan con la libertad e imponan la barbarie. Sabemos tambin que muri en 1677 en la habitacin en la que pas sus ltimos aos, acompaado por su mdico personal, uno de los amigos colegiantes de su juventud.

Pero sabemos, sobre todo, que su obra fue ya en vida uno de los ms polmicos e influyentes proyectos de rebelda, un rechazo de todas las formas de trascendencia (confesional o metafsica) y una reivindicacin absoluta de la inmanencia.

Primer apartado de la Introduccin de Juan Pedro Garca del Campo a su libro Spinoza esencial


Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/pensar-el-mundo-spinoza-el-maldito/

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter