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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2018

El amoral comunicado de Trump sobre Arabia Saud es el puro reflejo de dcadas de valores estadounidenses y ortodoxias de poltica exterior

Glenn Greenwald
The Intercept

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Donald Trump public el martes pasado un comunicado en el que proclamaba que, a pesar de la indignacin que senta hacia el prncipe heredero saud por el repugnante asesinato del periodista Jamal Khashoggi, Estados Unidos tiene la intencin de seguir siendo un socio incondicional de Arabia Saud para garantizar los intereses de nuestro pas, Israel y todos los dems socios en la regin. Para justificar su decisin, Trump alegaba el hecho de que Arabia Saud es la nacin productora de petrleo ms grande del mundo, afirmando que de los 450 mil millones de dlares [el plan saud para invertir en compaas estadounidenses], 110 mil millones de dlares se gastarn en la compra de equipo militar de Boeing, Lockheed Martin, Raytheon y muchos otros grandes contratistas estadounidenses del sector de la defensa.

Esta declaracin gener de forma instantnea y predecible pomposas denuncias que pretenden que la postura de Trump supone una desviacin y una grave violacin de los valores estadounidenses y la poltica exterior de toda la vida, en lugar de lo que realmente es: un ejemplo perfecto - quiz con mayor franqueza que de costumbre- de cmo Estados Unidos se viene comportando en el mundo al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La reaccin fue tan intensa porque el cuento de hadas de que Estados Unidos defiende la libertad y los derechos humanos en el mundo es uno de los ms omnipresentes y potentes de la propaganda occidental, del que echan mano las lites polticas y los medios de comunicacin de EE. UU. para convencer no solo a la poblacin estadounidense sino tambin a ellos mismos de su propia rectitud , al tiempo que se pasan dcadas agasajando a los peores tiranos y dspotas del mundo con armas, dinero, inteligencia y proteccin diplomtica para que lleven a cabo atrocidades de proporciones histricas.

Despus de todo, si has trabajado en puestos de poltica exterior de alto nivel en Washington, o en las instituciones acadmicas que apoyan esas polticas , o en los medios de comunicacin corporativos que veneran a aquellos que llegan a la cima de esas circunscripciones ( contratando cada vez ms a esos funcionarios estatales de seguridad como analistas de noticias ), cmo justificas ante ti mismo que sigues siendo una buena persona aunque armes, apoyes, empoderes y habilites a los peores monstruos, genocidios y tiranas del mundo?

Es sencillo: simulando que no haces nada de eso, que tales actos son contrarios a tu sistema de valores, que realmente trabajas para oponerte en lugar de proteger tales atrocidades, que eres un guerrero y un cruzado por la democracia, la libertad y los derechos humanos en todo el mundo.

Esa es la mentira que tienes que decirte a ti mismo: para que puedas mirarte en el espejo sin sentir repulsin de inmediato, para que puedas mostrar tu rostro en una sociedad decente sin sufrir el desprecio y el ostracismo que merecen tus acciones, para que puedas convencer a la poblacin que gobiernas de que las bombas que lanzas y las armas con las que inundas el mundo estn diseadas para ayudar y proteger a las personas en lugar de para matarlas y oprimirlas.

Por eso resultaba tan necesario -hasta el punto de ser ms un reflejo fsico que una eleccin consciente- reaccionar ante la declaracin de Trump sobre Arabia Saud con furia y conmocin planificadas en lugar de admitir la verdad de que l simplemente reconoca con franqueza los principios fundamentales de la poltica exterior estadounidense de dcadas. Quienes mintieron al pblico y a s mismos al fingir que Trump ha hecho algo aberrante en lugar de algo completamente normal se implicaban tanto en un acto de supervivencia como en un engao propagandstico, aunque ambos motivos estaban en gran medida en juego.

La pgina editorial del New York Times se puso a la cabeza de los indignados, como hace tan a menudo, con una pretenciosa y planificada indignacin moral. El presidente Trump confirm el martes las caricaturas ms duras dibujadas por las crticas ms cnicas de Estados Unidos cuando describi sus objetivos centrales en el mundo jadeando en pos d el dinero y de sus estrechos intereses personales , bram el peridico, como si esta visin de los motivos de Estados Unidos fuera una especie de ficcin hastiada inventada por los que odian a Estados Unidos en lugar de la nica descripcin honesta y racional de la desptica postura del pas en el mundo durante la vida de cualquier ser humano vivo hoy.

Los escritores del editorial del peridico se sorprendan particularmente de que la declaracin reflejara el punto de vista del Sr. Trump de que todas las relaciones son transaccionales y que las consideraciones morales o de derechos humanos deben sacrificarse ante la burda comprensin de los intereses nacionales de Estados Unidos. Creer, o pretender creer, que el Sr. Trump es pionero en la opinin de que EE. UU. est dispuesto y ansioso por sancionar el asesinato y el salvajismo de los regmenes con los que est ms estrechamente alineado, siempre y cuando dicha barbarie sirva a los intereses de los EE. UU., implica una ignorancia histrica y/o una voluntad tan profunda de mentir a los propios lectores que no hay lenguaje humano capaz de expresar las profundidades de esos delirios. La pgina editorial del New York Times ha odo hablar alguna vez de Henry Kissinger?

TAN EXTENSO es el apoyo activo, constante y entusiasta por parte de EE. UU. hacia los peores monstruos y atrocidades del mundo, que citarlos de forma exhaustiva para demostrar el engao ahistrico de la reaccin de ayer ante la declaracin de Trump requerira un libro de varios volmenes, no un mero artculo. Pero los ejemplos son tan vvidos y claros que citar solo unos pocos ser suficiente para que el tema sea indiscutible.

En abril de este ao muri el general Efran Ros Montt, el dictador de Guatemala durante la dcada de 1980. El obituario del New York Times mencionaba que haba sido condenado por genocidio al tratar de exterminar al grupo tnico Ixil, una comunidad indgena maya cuyas aldeas haban sido eliminadas por sus fuerzas, explicando que entre el grupo de comandantes que convirtieron Centroamrica en un campo de exterminio en la dcada de 1980, el general Ros Montt fue uno de los ms asesinos. El obituario agregaba : En sus primeros cinco meses en el poder, segn Amnista Internacional, los soldados mataron a ms de 10.000 campesinos.

El general genocida Ros Montt fue el favorito del presidente Ronald Reagan, una de las figuras ms parecidas a un santo laico que tiene Estados Unidos, cuyo nombre se da todava a muchos monumentos e instituciones nacionales. Reagan no solo arm y financi a Ros Montt, sino que lo elogi en mucha mayor medida que todo lo que Trump o Jared Kushner hayan dicho sobre el prncipe heredero de la corona saud . Lou Cannon, del Washington Post , inform en 1982 que en la Air Force One que regresaba a la base de la Fuerza Area Andrews [desde Sudamrica], [Reagan] dijo que a Ros Montt se le haba estado calumniando y que en realidad estaba totalmente dedicado a la democracia en Guatemala.

En una conferencia de prensa junto a ese asesino de masas, Reagan lo defini como un hombre de gran integridad personal y compromiso que quiere realmente mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos y promover la justicia social. Y qu pasaba con los desafortunados actos de masacre masiva contra campesinos guatemaltecos? Eso, dijo el presidente Reagan, estaba justificado, o al menos era comprensible, porque el general se enfrentaba al desafo de guerrilleros armados que estaban apoyados por tipos de fuera de Guatemala.

El nfasis puesto ayer por Trump en el valor de los saudes al oponerse a Irn provoc una ira particular. Esa ira es extremadamente extraa, teniendo en cuenta que la fotografa icnica e infame de Donald Rumsfeld dndose la mano con Sadam Husein se tom en 1983, cuando Rumsfeld fue enviado a Bagdad para proporcionar armas y otros dispositivos al rgimen iraqu a fin de ayudarles a luchar contra Irn.

Ese viaje, seal Al Jazeera cuando Estados Unidos invadi Iraq en 2003, se produjo mientras Iraq estaba en guerra con Irn, utilizaba armas qumicas y grandes sectores de la poblacin iraqu sufran abusos contra los derechos humanos. Sin embargo, Estados Unidos renov la amistad (con Sadam) a travs del enviado especial Rumsfeld porque Washington quera que la amistad con Iraq contuviera a Irn, exactamente el razonamiento citado ayer por Trump para continuar las relaciones amistosas con Riad (los saudes han sido un gran aliado en nuestra muy importante lucha contra Irn, dijo Trump).

En cuanto a los propios saudes, llevan mucho tiempo cometiendo atrocidades parecidas o mucho peores que el asesinato de Khashoggi tanto dentro como fuera de sus fronteras, y su asociacin con los presidentes de Estados Unidos no ha hecho sino florecer . Mientras los saudes decapitaban disidentes y creaban la peor crisis humanitaria del planeta al masacrar a los civiles yemenes sin piedad ni moderacin, el presidente Obama no solo autoriz la venta de una cantidad rcord de armas a los tiranos saudes, sino que tambin interrumpi su visita a la India, la mayor democracia del mundo, donde estuvo dando conferencias sobre la importancia primordial de los derechos humanos y las libertades cvicas, para viajar despus a Riad a reunirse con los principales lderes estadounidenses de ambos partidos polticos para rendir homenaje al asesino rey saud que acababa de morir (solo en en el ltimo mes de su presidencia , con miras a su legado, Obama restringi algunas ventas de armas a los saudes despus de permitir que esas armas fluyeran libremente durante dieciocho meses para destruir el Yemen).

El primer ministro del Reino Unido, David Cameron, quizs el nico competidor a la altura de Obama a la hora de pavonearse con discursos sobre los derechos humanos al mismo tiempo que armaba a los peores violadores de los derechos humanos del mundo, orden de hecho que se colocaran las banderas del Reino Unido a media asta en honor del noble dspota saud. Todo esto ocurra aproximadamente al mismo tiempo que Obama enviaba a sus principales funcionarios , incluido su Secretario de Defensa Robert Gates, a rendir homenaje a los gobernantes de Bahrein despus de que ellos y los saudes aplastaran un levantamiento ciudadano en busca de mayores libertades.

En 2012, el prncipe heredero de Bahrein, Salman bin Hamad Al Khalifa, fue a Washington -poco despus de masacrar a sus propios ciudadanos que buscaban mayores libertades- y, en palabras de Foreign Policy, se fue con las manos llenas de regalos del Departamento de Estado de EE. UU., que anunci nuevas ventas de armas a Bahrein. Cmo justific todo esto el gobierno de Obama? Invocando exactamente el mismo razonamiento que Trump cit ayer por su continuo apoyo a los saudes: aunque los Estados Unidos no aprobaran tal violencia perturbadora, sus intereses de seguridad nacional obligaban a darle un apoyo continuado. De Foreign Policy (cursiva agregada):

El hijo del prncipe heredero acaba de graduarse de la American University, donde la familia gobernante de Bahrein don recientemente varios millones para construir un nuevo edificio en la Escuela de Servicio Internacional de esa universidad. Pero mientras estaba en la ciudad, el prncipe heredero se reuni con una serie de altos funcionarios y lderes del Congreso de los Estados Unidos, incluido el vicepresidente Joe Biden, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el secretario de Defensa Leon Panetta, el presidente del Comit de Relaciones Exteriores del Senado John Kerry y el responsable del Comit de Servicios de la Armada del Senado, John McCain, as como con varios otros VIP de Washington.

El viernes por la tarde, el Departamento de Estado anunci que se estaba avanzando en una serie de ventas para las Fuerzas de Defensa, la Guardia Nacional y la Guardia Costera de Bahrein. El Departamento de Estado dijo que la decisin de seguir adelante con las ventas se adopt nicamente en inters de la seguridad nacional de EE. UU., pero expertos externos consideran que la medida pretende fortalecer al prncipe heredero en su lucha dentro de la familia gobernante.

Quiero subrayar que hemos tomado esta decisin por motivos de seguridad nacional, dijo un alto funcionario de la administracin a los periodistas en una conferencia telefnica el viernes. Tomamos esta decisin teniendo en cuenta el hecho de que sigue habiendo una serie de problemas de derechos humanos graves y no resueltos en Bahrein, que esperamos que el gobierno de Bahrein aborde.

En 2011, los estadounidenses se reunieron alrededor de sus televisores para animar a los inspiradores manifestantes egipcios que se reunan en la Plaza Tahir para exigir la expulsin del brutal tirano egipcio Hosni Mubarak. La mayora de los anunciantes de televisin se olvidaron de recordar a los televidentes estadounidenses que Mubarak haba logrado permanecer en el poder durante tanto tiempo porque su propio gobierno lo haba apoyado con armas, dinero e inteligencia. Como expuso Mona Eltahawy en el New York Times el pasado ao: Cinco administraciones estadounidenses, demcrata y republicana, apoyaron al rgimen de Mubarak.

Pero en caso de que alguien estuviera confundido acerca de la postura de Estados Unidos hacia ese dictador egipcio incomparablemente atroz, Hillary Clinton dio un paso adelante para recordar les a todos cmo los funcionarios de Estados Unidos han valorado a estos tiranos durante mucho tiempo. Cuando se le pregunt en una entrevista sobre cmo su propio Departamento de Estado haba documentado el historial de Egipto de abusos graves e implacables de los derechos humanos y si esto podra afectar su amistad con sus gobernantes, la Secretaria Clinton lanz la siguiente afirmacin: Considero verdaderamente que el presidente y la Sra. Mubarak son amigos de mi familia. As que espero verlo a menudo aqu, en Egipto, y en Estados Unidos.

Cmo puede alguien pretender que el elogio de Trump a los saudes es una especie de aberracin cuando Hillary Clinton anunciaba literalmente que uno de los dspotas ms asesinos y violentos del planeta era amigo personal de su familia? Un editorial de The Washington Post en su momento proclamaba que Clinton contina devaluando y socavando la tradicin diplomtica de los Estados Unidos en materia de defensa de los derechos humanos y que parece ignorar cun ofensivas son esas declaraciones para los millones de egipcios que detestan el gobierno opresor del Sr. Mubarak y culpan a Estados Unidos por apoyarlo.

Pero esto solo muestra el juego repetitivo y sombro que las lites de Estados Unidos han estado jugando durante dcadas. Editorialistas de peridicos y expertos en think tanks fingen que EE. UU. se opone a la tirana y el despotismo y exhiben sorpresa cada vez que los funcionarios estadounidenses prestan su apoyo, armamento y alabanza a los mismos tiranos y dspotas.

Y menos an que nadie intente distinguir la declaracin de Trump de ayer aduciendo que era falsa -que encubra los actos deleznables de aliados despticos al negarse a admitir la culpa del prncipe heredero por el asesinato de Khashoggi-, recordemos cuando el sucesor de Clinton como Secretario de Estado, John Kerry, defendi al sucesor de Mubarak , el general Abdel Fattah el-Sisi, negando que este hubiera perpetrado un golpe de Estado cuando derroc al presidente electo de Egipto en 2013. En cambio, proclam Kerry, los generales egipcios dirigidos por Sisi, al eliminar al lder electo, estaban simplemente tratando de restaurar la democracia, exactamente la misma mentira que expona la pgina editorial del New York Times cuando en 2002 los generales derechistas venezolanos encarcelaron al presidente electo de ese pas, Hugo Chvez, solo para que ese peridico llamara restauracin de la democracia al golpe de Estado.

 En 2015, cuando los abusos a los derechos humanos del rgimen de Sisi empeoraron aun ms, el New York Times inform : Con Estados Unidos preocupado por los militantes en Sina y Libia que han prometido lealtad al Estado Islmico, las autoridades estadounidenses sealaron asimismo que no iban a permitir que sus preocupaciones por los derechos humanos se interpusieran en el camino de una mayor cooperacin de seguridad con Egipto.

Les resulta familiar? Debera: es exactamente la lgica que Trump invoc ayer para justificar el apoyo continuado a los saudes. En 2015, la dictadura egipcia, que ya estaba asesinando a los disidentes en masa, celebr abiertamente el flujo de armas de los Estados Unidos al rgimen.

NADA EN ESTA FEA HISTORIA RECIENTE -y esto es solo un pequeo extracto de ella (excluyendo, solo por citar algunos ejemplos, el apoyo estadounidense a los mayores monstruos del siglo XX, desde el Suharto de Indonesia hasta los escuadrones de la muerte en El Salvador y el asesinato de los propios ciudadanos ciudadanos estadounidenses al apoyo a la ocupacin israel y al apartheid)- justifica lo que hizo Trump el martes. Pero lo que s hace es desmentir las afirmaciones extravagantes de que Trump ha destrozado y degradado de alguna manera los valores de la poltica exterior de EE. UU. en lugar de lo que realmente hizo: mantuvo sus principios fundamentales y se los explic al pblico con gran franqueza y claridad.

Este episodio expone tambin una de las grandes estafas de la era Trump. Las mismas personas que han dedicado sus carreras a apoyar el despotismo, potenciar la tirana, alentar las atrocidades y justificar el imperialismo de Estados Unidos se hacen pasar por exactamente todo lo contrario de lo que son a fin de allanar su camino de regreso al poder, donde pueden continuar favoreciendo todas las polticas destructivas y amorales que ahora tan grotescamente pretenden rechazar.

Quien se oponga a exponer este engao -cualquiera que invoque clichs vacos como que el falso dilema o que la hipocresa es el tributo que el vicio rinde a la virtud para permitir que esta estafa pase desapercibida- no es quien para hacer afirmaciones morales respecto a algn alguno de los valores de verdad o libertad. Las personas que exigen que este engao pase desapercibido se estn revelando como lo que son: oponentes puramente circunstanciales a la tirana y el asesinato que pretenden tener esos valores solo cuando lo que hacen sirve para socavar a sus oponentes polticos internos y permitir que sus aliados polticos vuelvan al poder, donde puedan proseguir las mismas polticas de asesinato y apoyo a la tirana, permitiendo las atrocidades que han pasado dcadas defendiendo.

Si quieren denunciar la indiferencia de Trump ante las atrocidades de Arabia Saud por razones morales, ticas o geopolticas -y todas ellas me parecen objetables- por todos los medios, hganlo. Pero pretender que ha hecho algo que est en desacuerdo con los valores de Estados Unidos o las acciones de lderes anteriores u ortodoxias dominantes de la poltica exterior no solo es engaoso sino destructivo. Y asegura que esas mismas polticas perduren: simulando de manera deshonesta que son exclusivas de Trump, en lugar del signo distintivo de las mismas personas a las que ahora se aplaude porque estn denunciando las acciones de Trump con una voz descaradamente falsa, y todo para enmascarar el hecho de que hicieron lo mismo, y an peor, cuando estuvieron al frente de las palancas del poder estadounidense.

Glenn Greenwald, abogado constitucionalista y excolumnista de The Guardian hasta octubre de 2013, ha obtenido numerosos premios por sus comentarios y periodismo de investigacin, incluyendo el Premio George Polk 2013 por informacin relativa a la seguridad nacional. A principios de 2014, cofund, junto a Betsy Reed y Jeremy Scahill, un nuevo medio informativo global:  The Intercept.

Fuente:

https://theintercept.com/2018/11/21/trumps-amoral-saudi-statement-is-a-pure-and-honest-expression-of-decades-old-u-s-values-and-foreign-policy-orthodoxies/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor , a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma

 



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