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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2018

Mxico 68

Juan Ramrez Hernndez
Ruta Krtica


La sociedad de las cucarachas como la nuestra, el hormiguero, la termitera y la colmena es una sociedad cerrada: los individuos deben sacrificar el presente en aras de un futuro que no llegar nunca porque la cadena es irrompible. Para las cucarachas y para nosotros la muerte es una catstrofe individual pero un jbilo colectivo, un beneficio y un requisito indispensable: sin muerte no se dara la renovacin y continuidad de la especie.

Vindicacin de las Cucarachas, Jos Emilio Pacheco


Primer acto: las marchas y la gran marcha

En esa ciudad gris, deshecha, monstruosa algunas personas padecen o protagonizan, con periodicidad predecible, ordenadas o caticas caminatas en la calle. Son tan variadas y regulares que se ha intentado clasificarlas con dudoso lujo de detalle. Primero, segn su familia, gnero y especie. Despus, segn su ruta, tamao y duracin. No todas las personas llegan a participar de estas expresiones pblicas. Unas se lo pierden, otras se lo ahorran. Pero pocas saben hacer de cada vivencia una experiencia significativa; practican el arte de convertir un instante fugaz en una imagen duradera.

Estas caminatas son conocidas como manifestaciones pblicas o simple y llanamente, marchas. Este fenmeno que hoy acompaa a la vida artificialmente prolongada de una poca en que se crea que la poltica estaba vinculada a la actividad libre de los habitantes concretos puede ser asumido como una fatalidad entre otras; ya sea como un recurso desesperado de denuncia o como otra naturalidad urbana. Los capitalinos viven en una tarea siempre renovada: resolver sus necesidades sin sacrificar su libertad. Lo que equivale a tener actividad emancipada dentro del reino del trabajo enajenado, en cada lugar y en cada momento posible, o entregarse a la muerte silenciosa. Y no siempre, al desquiciar la rutina, se logra experimentar vida (lo que se llama vida).

Pero a veces, como abejas, las personas producen rumor en medio de la rutina. La vibracin que producen los cuerpos es uno de los elementos que juegan en la repeticin ritual de experiencias extra-ordinarias o sagradas. La frecuencia de las vibraciones establece una conexin ntima con otras dimensiones temporales y, a travs de ello, con el ahora de los lugares de emisin de las distintas palabras y frases que reviven a travs de quienes logran un trance en medio de la fiesta colectiva.

El nmero 68 asociado a un lugar, Tlatelolco, forma un par de palabras conjugadas capaz de detonar ideas, sensaciones y emociones. La conmemoracin en Mxico de los cincuenta aos de aquellos episodios ha sido un periodo de excepcionalidad. Carteleras, obras de teatro, pelculas y documentales, libros y nmeros especiales de revista, conferencias y seminarios, declaraciones y entrevistas, encuentros planeados, charlas casuales y otras tantas expresiones. El sesenta y ocho, santo y sea de una atmsfera poltica, aun es ineludible. Pero es tambin un territorio en disputa.

La marcha del 2 de Octubre pasado, como epicentro de la memoria, fue la manifestacin visible de un movimiento que no ha dejado de tener lugar y momento en la historia reciente. Este movimiento social de larga duracin discontinuo, variado y disperso sobrevive por la fuga o desercin que genera el mismo orden social establecido. Pero, en la medida en que no se puede desertar del planeta, como cimarrones, esclavos libertos, los caminantes hacen mundos dentro del mundo de modo silente. Los cimarrones son cuerpos que piensan, sienten y se emocionan de diferente manera, por motivos de otro orden.

En medio de la catstrofe los cimarrones salen a jugar. Recrean otro tiempo en los mismos espacios. Renuevan compromisos con una comunidad dinmica y temporal que se expande. La Gran Marcha de nuevas formas sociales tiene su punto de partida tierra adentro, perdida en la madrugada de una poca que se bate en el esfuerzo por desatar una proliferacin de formas de la vida humana liberada.

Segundo acto: los discursos oficiales

La oposicin topogrfica Derecha-Izquierda ha quedado encapsulada en la rbita de una era que ha sido mantenida con vida conectada a una mquina. El Estado nacional, esa temporal cristalizacin de la poltica que garantiza la fabricacin de fuerza de trabajo, reproduce esa oposicin que reduce la vida democrtica a gestionar la actualizacin permanente de las formas locales de produccin y consumo de bienes para la acumulacin de capital.

La disputa por la memoria o por la forma del relato es una batalla perdida cuando se asume que el conflicto consiste en determinar la forma definitiva de su oficialidad. Y esta disputa crucial es obstinadamente encauzada a dirimir sus diferencias en trminos funcionales a la nacin de Estado correspondiente. En Mxico esto se corresponde con la posicin que asume al movimiento reprimido en la Plaza de las Tres Culturas como el inicio de la vida democrtica o, por el contrario, con aquella que lo recuerda como una advertencia frente a la tentacin de sobrepasar los lmites que el capital impone a la actividad poltica. Combinados, los dos polos parecen decir: Gracias a los mrtires, voluntarios o involuntarios, estamos aqu. Ahora debemos completar la tarea sin meternos en donde no nos incumbe, aunque parezca lo contrario.

La conflictividad social que se vivi en Mxico en la dcada de los sesenta, tiene en el 68 el agrado de presentar para la memoria un gesto socrtico. El rgimen no saba que se hallaba en un punto de no retorno: o condenaba a los jvenes a la muerte o los declaraba hijos ilustres. La invencin de la juventud, concebida como una etapa de la vida que hay que aprovechar para desquitar la dosis individual de irreverencia y rebelda, haba florecido de modo inesperado. Con la consistencia de un drama escnico, la confrontacin meditica entre el Consejo Nacional de Huelga y la Presidencia de la Repblica se desarrollaba frente al respetable pblico que contemplaba, atnito primero y emocionado despus, una improvisacin que se fue caldeando hasta llegar a una confrontacin desigual, fuera del pacto de la ficcin, en que el gobierno en turno perdi la guerra ganando la batalla.

La publicacin de los comunicados del CNH permiti escuchar los balbuceos de una voz colectiva que manaba gozo sin perder la compostura:

El Consejo Nacional de Huelga ha recibido el da 23 de agosto comunicacin telefnica de la Secretara de Gobernacin en el sentido de que acepta el debate pblico, con base en nuestro pliego petitorio de 6 puntos, con este Consejo, acatando nuestras condiciones expresadas en el manifiesto aparecido el 23 de agosto

El alto contraste generacional, intelectual y moral que resultaba de ese tcito debate pblico que se desarroll como gran puesta en escena, irritaba a las buenas conciencias del estado autoritario. Quienes cayeron en la provocacin fueron ellos, los representantes visibles y ocultos del rgimen: primero, porque la presidencia jams se expondra al debate condicionado ni al cumplimiento de demandas ms all de los lmites permitidos, incrementando con ello la caricaturizacin que ya haban logrado hacer de la figura presidencial; y segundo, porque la insolencia pesaba an ms que las presuntas injerencias conspiracionistas que nadie crea.

Al perderte voy ganando, dice Mxico 68, hablndole a La victoria. Fue una olmpica demostracin que se puede contemplar en todo su esplendor si se la mira como el canto del cisne, il gran finale de toda una poca del discurso poltico (y, en el fondo, un indicio de la subsuncin de la lengua por el capital). El movimiento cumpli con la misin de impugnar a los administradores y capataces de la vida poltica estatal con las herramientas del saber universitario y con vitalidad creativa. Y qued claro que la vita sapienti era molesta y hasta prescindible. La Gran Marcha a la que pertenece el 68 junto a episodios centrales o subalternos, clebres o discretos de la historia reciente se realiza en la necesidad de interrumpir y/o desquiciar el automatismo impuesto a la vida humana por la modernidad capitalista.

Los cimarrones hacen propios los recuerdos colectivos. Las imgenes calles tomadas por los caminantes, sonrisas de nios, gran rumor, motn, complicidad, amor, rabia lcida, carcajadas, voz en cuello, pena y dicha, euforia, lgrimas, ansiedad expectante, mirada atenta relampaguean de una vez para siempre en los instantes de peligro. Las palabras libertas son trueno que retumba largamente. En ellas lo sido y el ahora cantan a voces a travs del tiempo.

Tercer acto; memoria viva

La ciudad, excesiva y frentica, se mueve a pesar de su hipertensin e hipertrofia. La sociedad que all mora sobrevive a ese ritmo y medida excedentarios aceptando la anomia funcional de sus identidades y la fugacidad controlada de los acontecimientos. Por momentos parece que la orientacin y el sentido de la vida social han acabado por ser presas de una cadena irrompible. Pero el carcter fetichista de esa cadena y su secreto, tienen en el carcter generativo, poitico, de los seres humanos las condiciones necesarias para hacer de ese presente circular una realidad en metamorfosis.

Para la celebracin del centenario de 1968 (en el 2068), quienes acudieron a la marcha del pasado 2 de Octubre y tienen 18 aos, tendrn para entonces 68 aos. El cuerpo tiene memoria. Reacciona, rehye o apetece, busca su medida. La escala de lo humano, sensible, proyectada sobre el resto del mundo natural, sabe volver sobre sus pasos, sigue el ritmo de la vida circundante, como arrecife coralino. Para proliferar no generaliza sus formas, se adecua, transforma su sentido. Al hacerse concreto no se automatiza sino busca armona. Llegado al punto de su exposicin riesgosa, el cuerpo social escucha la voz viva de sus generaciones, que son una continuidad cambiante.

En la crtica a las historias oficiales y a los hroes mucho se pierde si no se reconoce que, tanto en los acontecimientos estelares como en los annimos, la historia de los hombres y las mujeres de carne y hueso est construida con mltiples episodios de heroicidad o santidad. Y que una dbil presencia de ese tipo de fuerza puede tener lugar en cada quien, en nuestros das, cuando el amar, como un modo de conciencia, nos lleva a cuidar la vida y el nido que la hace posible.

Entrando noviembre de 1968 la matanza era tan reciente que recordar a los muertos era recordarlos vivos. En los ritos latinos primitivos se acostumbraba celebrar la muerte del mrtir en el lugar del martirio. Como solan morir muchos el mismo da, aquello era su celebracin comn. Con los aos llegaron a ser tantos que se determin un da especial para todos. As fue como el 1 de Noviembre se convirti en el da de Todos los Santos, transformado hoy en el da en el que se recibe la visita de los nios difuntos. Ya sea por su vida tierna o por su martirio, los difuntos de la Gran Marcha y del 2 de Octubre, no se olvidan.

Fuente: http://rutakritica.org/2018/11/25/mexico68/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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