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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2018

Garca Linera y el pensamiento acrtico latinoamericano

Eduardo Molina
Ideas de Izquierda


Entre el 19 y el 23 de noviembre tuvo lugar en Buenos Aires el encuentro de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) convocado como Foro Mundial del Pensamiento Crtico. Un pomposo nombre que dej mucho que desear. No fue ni pretendi mostrar una alternativa anticapitalista y antiimperialista a la reunin del G20 con los jerarcas de las principales potencias del mundo, apenas, como dijo Cristina, dialogar desde el limitado posneoliberalismo, cuyo ejemplo ha sido el ciclo progresista latinoamericano de la dcada pasada. Tampoco, desde luego, reemplaz la necesidad de una verdadera movilizacin masiva para repudiar el evento de los mayores saqueadores, hambreadores, guerreristas y oscurantistas del mundo.

Las principales oradoras fueron las ex-presidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernndez de Kirchner. Por su parte, en una resonada intervencin, el vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, expuso junto a Juan Carlos Monedero, de Podemos (Estado Espaol). La intervencin de Garca Linera, apoyndose en que el proceso de cambio que encabeza junto a Evo Morales es visto todava como un modelo exitoso tras la debacle de otros proyectos posneoliberales, propuso un balance sinttico de lo que a su juicio son las fortalezas, debilidades y tareas del progresismo y la izquierda reformista en la etapa actual, apuntando a recomponer fuerzas, despus del severo desgaste y derrotas polticas sufridas en los ltimos aos. Segn Linera, la perspectiva del progresismo es prepararse para volver a tomar el poder en el continente en los prximos aos, reconociendo errores y virtudes.

lvaro en el pas de las maravillas

Linera plante que estamos ante "un neoliberalismo fallido de corto aliento y un mundo incierto. Podemos coincidir en que el retorno de fuerzas abiertamente conservadoras al gobierno en Brasil, Argentina, Chile y otros pases de la regin no significan que estemos ante una consolidacin a largo plazo, ni un nuevo ciclo de hegemona neoliberal de largo aliento. Ms bien, lo que estamos presenciando es que, en el marco de los avances polticos de la derecha, cuya ms significativa y amenazante expresin es el encumbramiento de Bolsonaro en el Planalto, lo que hay es un cuadro de impasse a nivel regional, donde ni las perspectivas econmicas son favorables a los planes capitalistas, ni la relacin de fuerzas se ha dirimido de manera categrica. Una situacin, adems, donde se manifiestan tendencias a la crisis orgnica afectando a los gobiernos de derecha, como en Per (donde cay Kukzynski), en Brasil (donde partidos tradicionales como el PSDB o el MDB estn fuertemente carcomidos), etc.

Lo que no existi en el anlisis de Linera es que para ir hasta el final en su plan de ataques y entrega, la gran burguesa y el imperialismo necesitan transformar sus triunfos electorales en derrotas decisivas de la clase trabajadora y el pueblo pobre, lo cual plantea la perspectiva de grandes pruebas de fuerza entre las clases. La cuestin crucial es, entonces, cmo enfrentar stas batallas, alentar y organizar la resistencia en los lugares de trabajo, de estudio, y en las calles, para desarrollar la movilizacin obrera y popular hasta derrotar a la derecha y sus planes, una movilizacin cuyo mtodo no puede ser otro que el de la huelga general y la movilizacin revolucionaria de las masas, superando los lmites de aquellos levantamientos populares que entre 2001 y 2005 dieron por tierra con los gobiernos neoliberales en Bolivia (Snchez de Losada), Argentina (De la Ra), derrotaron el golpe contra Chvez de 2002, etc., y cuyo programa ha de ser que los capitalistas paguen la crisis y no el pueblo trabajador.

En cambio, Garca Linera propone una estrategia electoral para el operativo retorno, postulando preparar el recambio progresista ante el eventual desgaste de los gobiernos conservadores, estrategia, que no busca derrotar las ofensivas privatistas, fondomentaristas y hambreadoras, sino que bajo la metfora de reconocer errores, se muestra abierta a una mayor moderacin (en similar sentido, Cristina se present como herbvora) y a ampliar los pactos y acuerdos con sectores patronales (como los que el MAS mantiene con empresarios y agroindustriales en Bolivia). Por eso quienes esperaban alguna mencin a medidas para algn giro a izquierda tuvieron que quedarse con las ganas. De hecho, la lnea de Garca Linera y Evo es de mayores concesiones a las trasnacionales y el empresariado, ante eventuales turbulencias econmicas. Si bien no proponen de cara a las prximas elecciones en Bolivia acuerdos con sectores de la oposicin derechista, confiando en retener el gobierno pese al desgaste de expectativas populares, todo aquel planteo es perfectamente compatible con la lnea de grandes acuerdos con polticos patronales y de derecha, como en Brasil el entendimiento por parte del PT con todo tipo de golpistas neoliberales devenidos democrticos por el solo hecho de no ser directamente bolsonaristas o en Argentina, la bsqueda de un frente panperonista antimacri, con los gobernadores, Massa y los jerarcas de la CGT, o en la variante ms directamente kirchnerista, presentado como un frente social y poltico para imponer un programa que no difiere en lo esencial.

Mejor no hablar de ciertas cosas

El cuadro de balance progresista que dibuj el vicepresidente de Evo Morales fue tranquilizador y autojustificatorio, una verdadera catarsis que no reconoce las razones de las bancarrotas progresistas y nacionalistas en la falta de transformaciones estructurales que afectaran la propiedad y el poder del capital y los terratenientes, sin lo cual es imposible garantizar el vivir bien para los trabajadores, los campesinos, los pueblos originarios.

Se trataba, en suma, de dar esperanza como dijo Monedero, y recrear ilusiones en el progresismo como alternativa de lo posible contra la derecha. Todo pareci discurrir como si los gobiernos posneoliberales no hubiesen tenido nada que ver con el avance de la derecha, como si no hubiesen acabado para la mayora de los pases de la regin las condiciones econmicas excepcionales fundaron aquel ciclo posneoliberal, como si sobre el mundo no se cerniese ni la sobra de la crisis, ni el creciente nacionalismo de las grandes potencias, ni la perspectiva de mayores convulsiones.

Tan es as, que Linera, asumiendo la tarea de rearmar un progresismo en crisis por la sucesin de derrotas, dividido en el apoyo o rechazo a sus representantes como el FSLN en Nicaragua o el chavismo en Venezuela, comprometido a una mayor moderacin para hacerse potable para el gran capital, ni siquiera marc la profundidad de la actual crisis poltica e ideolgica de los nacionalistas y centroizquierdistas latinoamericanos, reflejada en los reiterados pedidos de nuevas ideas que suelen emitir sus referentes.

Lo cierto es que la amenaza a los pueblos latinoamericanos de ataques mayores que es necesario enfrentar y derrotar, no se traduce slo en procesos como el de Brasil, donde el golpismo institucional llev al gobierno de Temer y, crcel y proscripcin de Lula mediante, habilit la eleccin del ultrarreaccionario Bolsonaro, o como Argentina, donde Macri avanza en un nuevo gran saqueo nacional supervisado por el FMI (y con el apoyo del PJ, los gobernadores y la burocracia sindical); tambin incluye los ajustes progresistas.

Pero por supuesto Garca Linera niega que el giro a derecha tambin lo expresen sus socios polticos. Por ejemplo: la brutal represin al servicio del ajuste propugnado por el FMI del gobierno sandinista en Nicaragua que caus ms de 300 muertos; o la poltica econmica antiobrera y antipopular de Nicols Maduro en Venezuela para pagar la deuda externa manteniendo en la impunidad la colosal fuga de capitales, son las expresiones ms agudas de un rumbo general donde los gobiernos autopropuestos como populares respondieron a las dificultades econmicas de los ltimos aos amoldndose ms a las exigencias del capital y de los acreedores externos, endurecindose ante las demandas obreras y populares e incrementando sus gestos autoritarios y represivos. As, Dilma Roussef practic una poltica de ajuste que le prepar el terreno al avance de la derecha; el kirchnerismo pens en un Scioli para que hiciera las tareas sucias del ajuste, un poco a la manera de Lenin Moreno, designado por Rafael Correa como sucesor pero que apenas electo, le dio un portazo en la cara, pactando con la derecha empresarial en Ecuador; el Frente Amplio uruguayo se subordina al operativo de seguridad imperialista para el G20, etc.

Por otra parte, un xito, como el de Lpez Obrador en Mxico se da desde el comienzo mucho ms condicionado y subordinado dentro del TLC a los acuerdos con Estados Unidos, a las exigencias del gran empresariado mexicano, al plan del Ejrcito en la criminal guerra contra el narcotrfico que caus decenas de miles de muertos en el pas, en medio de una escandalosa impunidad para las fuerzas estatales comprometidas en ella. Y en Colombia, la nueva esperanza progresista encarnada por Gustavo Petro ya se muestra moderada desde la oposicin parlamentaria al gobierno derechista de Duque, en lugar de ponerse al servicio de la movilizacin de los trabajadores, los universitarios, y los campesinos, para derrotar sus planes de ajuste.

Un relato apologtico que no cierra

Garca Linera prefiri no tocar ninguno de estos temas escabrosos, que no pueden ocultarse en un balance de las gestiones posneoliberales, para reiterar los consabidos puntos a favor de esa etapa de concesiones y reformas parciales, un momento por cierto ya distante y que el propio Garca Linera haba cerrado hace algunos aos como la etapa heroica que ahora deba ceder el paso a la buena gestin y moderacin. As reivindic, entre algunas otras cuestiones:

Haber reducido la pobreza. Hubo una relativa mejora, respecto a los aos 90, gracias a la buena coyuntura de altos precios de las materias primas, que permiti financiar polticas sociales para paliar las situaciones ms escandalosas pero no alteraron en lo esencial la situacin estructural de pobreza y miseria que aqueja a cientos de millones de latinoamericanos. Tampoco, como muestra bien el caso de Bolivia, hubo reforma agraria para satisfacer la necesidad de tierra de los campesinos y pueblos originarios, que no la tienen o poseen tierras agotadas, ni se termin con la precarizacin laboral y los bajos salarios que sufre la gran mayora de la clase trabajadora urbana. No hubo en verdad redistribucin de la riqueza, ms bien, el empresariado, los terratenientes, los bancos, continuaron acumulando poder, beneficiados por muchas de las polticas progresistas, que fueron base para que empujaran con todas sus fuerzas el retorno de la derecha al gobierno.

Haber democratizado, incluyendo iniciativas de democracia participativa . Pero an en los casos ms a izquierda, donde se adoptaron nuevas constituciones, dando lugar a la Repblica Bolivariana de Venezuela o al Estado Plurinacional de Bolivia, se mantuvo lo esencial de las repblicas burguesas: la defensa de la propiedad privada capitalista y la separacin del pueblo respecto a las decisiones polticas y su ejecucin, mediante las normas de la democracia representativa de tradicin liberal, adobadas, eso s, con los mecanismos que le permiten al poder ejecutivo asumir un rol de arbitraje presidencialista (encarnado en las figuras de Chvez o de Evo) y justificar el rumbo bonapartista actual. La supuesta democracia participativa basada en los plebiscitos qued deslucida por completo al perder el ltimo referndum, revisado con ayuda del Tribunal constitucional, para forzar la nueva reeleccin. Estos elementos, acompaados por la represin hacia demandas y luchas que les resultaran incmodas, facilit enormemente la demagogia democratista con que se envuelven las fuerzas de derecha en estos pases.

Integracin continental. Pero ni el ALBA ni la UNASUR o la CELAC llegaron muy lejos, basadas en el compromiso con gobiernos reaccionarios, sin romper siquiera con la OEA, ni enfrentaron consecuentemente los golpes en Honduras y Brasil, no fueron ms all de algunos acuerdos comerciales, ni impidieron la presencia militar yanqui en Colombia y otros pases, fueron un cuchillo sin hoja ni filo a la hora de enfrentar al imperialismo con quien aspiraban a negociar, no a enfrentarlo.

Apoyar las demandas de la mujer. Esta fue una de las menciones ms sorprendentes, ya que el gobierno que Garca Linera integra se ha distinguido por el conservadurismo ante la cuestin de gnero, incluyendo los frecuentes chistes machistas y homofbicos de Evo y de otros miembros el MAS. Garca Linera dijo que las mujeres no necesitan gua, para desentenderse de las responsabilidades como gobierno y como Estado, en un pas de crudo machismo, e hizo tal afirmacin en el mismo encuentro donde Cristina llam a diluir la diferencia entre los pauelos celestes clericales y la marea verde que exige con ms fuerza que nunca el derecho al aborto, un clamor no escuchado por el kirchnerismo en sus 12 aos de gobierno.

Garca Linera seal, a su vez, tres debilidades de los gobiernos progresistas a superar:

Asegurar un crecimiento econmico sostenido y la satisfaccin de necesidades econmicas crecientes de la poblacin. Pero esto es pura retrica, imposible sin afectar la propiedad y la ganancia de los ricos, grandes empresarios y terratenientes, pagando las usurarias deudas externas, con el Estado como un simple regulador que respeta los derechos del capital, y se amolda ms todava a ellos ante las crisis. No hay cmo enfrentar la crisis y las polticas de ajuste, sin un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, que incluya, entre otras medidas, el no pago de la deuda externa y la ruptura con el FMI.

Transformar el sentido comn conservador, que se habra resquebrajado a comienzos de siglo, permitiendo el acceso al gobierno de fuerzas progresistas, pero hoy volvera a consolidarse, llevando a la paradoja, segn Linera, de que muchos que salieron de la pobreza gracias a estos gobiernos, hoy voten contra ellos. Posiblemente, la ms cnica afirmacin progresista sea que la culpa es del pueblo, que no supo comprender sus buenas intenciones. Pero fueron los gobiernos progresistas los que desmovilizaron a los trabajadores y a los movimientos sociales, burocratizando a sus direcciones o pactando con las burocracias sindicales ya existentes. En ms de una dcada, por ejemplo en Bolivia, embellecieron al empresariado productivo, a los nuevos emprendedores plebeyos y la asociacin con el capital extranjero. No fue el propio Garca Linera el que habl de un capitalismo andino-amaznico? O sea impulsar la iniciativa individual de los emprendedores plebeyos, mientras su prctica gubernamental desacreditaba las ideas de socialismo, de comunidad, de antiimperialismo, de descolonizacin, reducidas a procedimientos discursivos sin contenido real. Hace mucho que los gobiernos populares dejaron atrs la tibia etapa de las concesiones, y comenzaron a erosionar las condiciones de vida, de salud, educacin, transporte, vivienda, de amplios sectores populares. No respondieron a las expectativas de las luchas populares que derribaron a los gobiernos neoliberales como Snchez de Losada o De la Ra, y no encararon transformaciones estructurales. La gestin progresista prepar el terreno para que la derecha recuperara base social no slo entre sectores medios privilegiados −consumistas−, sino incluso arrastrando sectores populares descontentos.

Pensar un crecimiento econmico que no sea a la vez un decrecimiento ecolgico, cuestin que Linera, deja planteada a futuro, para que una segunda oleada progresista proponga un socialismo ecolgico. Y hace bien en dejarlo a futuro, puesto que no piensa cambiar en nada la poltica mantenida por su gobierno, pese a las repetidas protestas campesinas e indgenas ante el ms crudo extractivismo minero, petrolero y forestal, manifestado en la entrega a las trasnacionales de los recursos minerales (incluido el litio), la expansin de las petroleras (Petrobras, REPSOL, etc.) y los avances sobre reservas naturales defendidas por las comunidades originarias que las habitan, como el caso del TIPNIS. Todo esto, mal disimulado por las frases sobre la defensa de la pachamama a que es afecto Evo. Bolivia no es una excepcin, desde Nicaragua a Venezuela, desde Ecuador a Argentina o Brasil, en la dcada progresista la expansin de las transnacionales mineras, petroleras y otras y del agrobusiness sojero, ganadero, etc., depredando el ambiente y los recursos naturales, a costa de la economa campesina y la salud popular ha avanzado no menos que bajo los gobiernos neoliberales como en Per, Paraguay y otros, pese a innumerables luchas de resistencia, frecuentemente objeto de la represin progresista.

El desgastado cuento de humanizar el capitalismo

Es interesante anotar que en Garca Linera se trate de una cuestin de relatos, no de fuerzas sociales materiales, incluso, habla de la capacidad o no del neoliberalismo de ilusionar, etc., como si se tratara slo de operaciones discursivas. As, piensa en reconstruir hegemona imaginando nuevos discursos, pero no fuerzas de clase ni programas de accin para las mismas, como si la competencia con el neoliberalismo fuera de capacidad de convencimiento y no de lucha material, de clases y en la calle. Esta mirada de batalla cultural es funcional a un programa que parte del respeto sagrado a los intereses del capital en una situacin cada vez ms crtica.

El rumbo para volver al gobierno se basara en consolidarse como la alternativa electoral al previsible desprestigio de las fuerzas de derecha, una vez apliquen planes de ajuste y represin ms duros. En Argentina, significa esperar a 2019 y ni siquiera plantear la ruptura del pacto con el FMI de Macri y los gobernadores. En Brasil, refugiarse en la oposicin parlamentaria hasta futuras elecciones. En Bolivia, se trata de poner el aparato del Estado al servicio de la re-reeleccin, preparndose para una gestin an ms eficiente.

Pero Garca Linera no llama −ni podra hacerlo− a preparar la movilizacin obrera y popular para derrotar a los Macri, a los Bolsonaro, etc., y para expulsar al imperialismo que los apaa. Eso sera ir en contra de la gobernabilidad, desestabilizar y por supuesto, alterar la marcha de su propio gobierno. Cuando habla de combinar la mayora gubernamental con la mayora en las calles, no se trata de otra cosa que de mantener el control del movimiento obrero y popular al servicio del operativo retorno, siendo todo lo moderado y responsable que se necesite para ser ms potables para la burguesa y el imperialismo y, en suma, reeditando el papel pacificador, de desmovilizacin y contencin ya cumplido ante los levantamientos populares de 2001-2005.

Contra lo que pregona Garca Linera, el nico rumbo realista, si se quiere enfrentar seriamente el retorno conservador es impulsar la movilizacin obrera y popular para derrotar a los gobiernos de la derecha y sus planes apaados por el imperialismo. Y esto requiere una perspectiva anticapitalista y antiimperialista consecuente, ajena por completo a los proyectos nacionalistas y de centroizquierda que demostraron ya, en largos aos de gobierno, su impotencia y estrechez, tienen poco o nada nuevo que ofrecer a los trabajadores, las mujeres, la juventud, que realmente quiere derrotar a la derecha y transformar el actual estado de cosas. Hace falta un programa para que la crisis, la paguen los capitalistas y una estrategia de movilizacin para vencer, con independencia de clase frente a las fuerzas polticas propatronales. Para luchar por esta perspectiva, hace falta construir una gran izquierda de los trabajadores y socialista. Al poder capitalista no se le puede humanizar ni moderar desde la gestin de un Estado que responde en cuerpo y alma al capital. La nica perspectiva de transformacin real es un poder obrero y popular. Ese es el horizonte que defendemos los socialistas revolucionarios.

http://www.laizquierdadiario.com/



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