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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2018

Cartas a Samira (10)

Yassin Al Haj Saleh
Al-Jumhuriya


En un da como hoy hace veintisiete aos, saliste de la crcel, tras cuatro aos, un mes y once das de una ausencia ms reducida. Hoy se cumplen cuatro aos, once meses y diecisiete das de tu ausencia mayor. No he sabido nada de ti durante todo este tiempo, como tampoco han sabido nada tus muchos seres queridos.

Ya habas vivido antes, como yo, esa vida suspendida. Tus aos de crcel y los mos fueron un tiempo en suspense que no sabamos cundo terminara. Sin embargo, hoy es un tiempo ms duro y oscuro: no puede prcticamente establecerse comparacin alguna entre tus dos ausencias, Sammur. Esta ausencia tuya es mucho ms larga y dura, y rompe ms el corazn.

Cuando desaparec, me esperaba una mujer, de una edad similar a la tuya cuando desapareciste. Despus esper a un segundo, y un tercero y se acab marchando con el corazn roto, sin que se marchara la espera. Hoy yo espero a una mujer ausente, que vive en un lugar desconocido desde hace 1.813 das, una experiencia que haba probado ya durante 1.482 das: ella y yo a ambos lados de un muro o dos muros de lo desconocido.

Entre tus dos ausencias, se encuentra la vida sencilla y rica de una mujer valiente.

Tras los aos de crcel, decidiste tomar las riendas de tu vida, buscar por ti misma el amor, el trabajo y la libertad. Dejaste Homs y te instalaste en Damasco. No diste la espalda a un padre, una madre y unos hermanos a los que amabas, sino que deseabas hacer tu camino y tener la vida ms independiente posible. Compartiste casa con Nahid, tu amiga, que tambin haba estado encarcelada y que esperaba a un amado encarcelado. Por cierto, Sammur, siento mucho decirte que Salameh[1] falleci hace algo menos de dos meses. La enfermedad pudo con l y se march por sorpresa.

Posteriormente, viviste de forma independiente. Trabajabas en la oficina de un peridico del Golfo, editando piezas periodsticas y libros. A cambio, percibas un salario modesto, pero una vida digna no est necesariamente ligada a un sueldo alto. Y t viviste una vida digna, Sammur.

En esa casa, de una sola habitacin, que serva como lugar de trabajo, descanso y vida en general, comenzaste una relacin amorosa con un hombre que haba estado tambin en la crcel. Tu vida social a finales de los noventa se desarroll entre ex presos y ex presas, o quienes conocan bien ese mundo. La vida era difcil la mirases por donde la mirases en nuestro pas en aquel momento para una mujer independiente, en la treintena, pero t no pedas demasiado: un espacio propio que protegiera tu intimidad, un trabajo del que vivir y, lo ms importante, un hombre que te quisiera. No era demasiado, y aun as, no lo tenas garantizado: la casa era una habitacin alquilada, el trabajo era temporal y apenas daba para el alquiler y los gastos bsicos, y los hombres a tu alrededor estaban en una situacin similar, buscando su propia vida.

Me emociona recordar, Sammur, que en las primeras semanas de nuestra relacin me dijiste que haba dos cosas que queras preservar: tu trabajo y tu relacin conmigo. Era la toma de tierra en la vida inestable de una mujer independiente.

Durante dos aos, tuviste dos casas: tu habitacin en Berzeh, detrs del hospital Hamish, y nuestra casa en Al-Mansura, un poco antes de Qudseya. Unas veces dormas conmigo, especialmente los fines de semana, y otras veces iba yo a tu habitacin, pero generalmente salamos a una cafetera, un restaurante o el cine. No poda quedarme contigo en tu casa en la habitacin que una familia alquilaba a una mujer soltera para ayudarles con los gastos.

En mi casa, conociste a mi hermano Khalil, que viva conmigo; a Ali, que fue quien nos cas; y a muchos amigos ms. Fuiste parte de la casa desde el principio. La gente de tu amado te quiso: nunca fuiste una extraa ni ellos lo fueron para ti. La familia era ms o menos familia y la vida era ms o menos vida. Lo nico malo era que el amado era austero en su expresin, poco romntico y prcticamente anda potico.

Sin embargo, en aquellos primeros das del amor, sola cocinarte distintos platos.

Recuerdas lo rico que estaba el maqluba[2] que te prepar? Sin almendras, pero muy bueno. Lo intent hacer una segunda vez porque te haba encantado, pero el resultado fue ms modesto. Sin embargo, siempre preferiste recordar aquel temprano e inusitado xito, y yo me segu centrando en el fracaso posterior, para que el hecho de que t cocinaras no fuera un mero reparto de tareas tradicional. Al principio, todo sea dicho, no se te daba muy bien la cocina. Recuerdas el mutabbaq[3] que te estabas preparando un da que te visit por sorpresa? Te distraje con mi flirteo y me dijiste: Se va a quemar la comida! Y rpidamente, de forma nada habitual, respond: No solo se est quemando la comida! Te gust mi comentario picarn, y yo me sigo maravillando de esa salida que tuve. Por favor, no digas que fue un acierto poco habitual, pues no lo fue demasiado, al menos, no tan poco habitual como mi xito aquel da en la cocina, cierto?

Lo que me alegra un poco, Sammur, es que te gustaba nuestra vida juntos. No fue todo lo maravillosa que podra haber sido, pero la viviste y la vivimos juntos con dignidad. T hiciste de una casa alquilada un hogar, construido a base de amigos y amigas, parejas de jvenes enamorados, y de huspedes a los que a veces no conocamos bien. Por supuesto, tambin haba personas con las que habamos vivido experiencias pasadas de amor y emparejamiento.

Finalmente, arreglamos, aunque tarde, los lazos familiares rotos debido a nuestro compromiso. Me hizo feliz porque a ti te haca feliz.
Del mismo modo que tu vida tras la crcel fue una continuacin de tu lucha antes y durante ese perodo, nuestra vida juntos fue una continuacin diferente de nuestras vidas antes, durante y tras la crcel. No dejamos nada atrs: nos lo llevamos todo, y no renunciamos a los aos de crcel a favor del carcelero.

Tus compaeras de crcel estn dispersas por muchos pases, Sammur: Francia, Alemania, Turqua y Emiratos. Tambin estn en el exilio interior. Durante aos no se haban reunido en esta velada, como solan hacer ao tras ao, contigo. Se han separado como se han separado muchos amigos y seres queridos, antes y despus de tu ausencia. La situacin es difcil, pero la gente sigue luchando, reconstruyendo sus vidas como pueden. Nuestra generacin entrada en aos no est en la mejor situacin para recuperar su vida, pero estamos acostumbrados a las dificultades. No creo que necesites ms explicacin: t conoces la dificultad, a la que siempre has vencido.

Tus amigas se renen hoy, virtualmente, para recuperar la tradicin interrumpida. Te escriben y recuerdan a la ausente que sola participar con ellas en las reuniones y la compaera eterna de las veladas anuales.

Queras que nos quedramos en Turqua cuando nos encontrramos de nuevo al salir yo de Siria en direccin al vecino del norte hace cinco aos y un mes y medio. Tenas miedo de alejarte de Siria, y queras encontrarte en un ambiente sirio en el que hablar rabe. Nos habramos quedado ah seguramente si todo hubiera salido como esperbamos. Sal de all hace poco ms de un ao, pero volv en verano para estar lo ms cerca posible de ti, tras la evacuacin forzosa de Duma en la pasada primavera. Fueron meses duros, estresantes y decepcionantes. Sin embargo, se me hicieron menos duros en Gaziantep, donde me encontr con Bakr y Tahama, con su generosidad, su deliciosa comida y la compaa de Bakr para jugar al backgammon, a quien "la joven Diana apoyaba en mi contra. Decid llamarla la joven porque insista en no decir mi nombre y me llamaba el hombre. No me dejaba or su voz y solo se meta conmigo sin palabras.

Solo, con tus seis fotos, en el aniversario de tu primera libertad, mi sueo, Sammur, es que tu segunda libertad se convierta en un da de celebracin pronto, conmigo y con tus seres queridos.

Mientras llega ese feliz da, la luz de tus ojos sigue tu camino, porque no tiene otro.

Hasta que nos encontremos, siempre, aqu, all o donde sea.

Notas

[1] Salameh Kaileh, intelectual marxista palestino, encarcelado en varias ocasiones por el rgimen sirio, que falleci recientemente a causa del cncer que sufra. En este blog, se pueden encontrar algunos textos, como este.

[2] Plato tpico de siria que incluye arroz, berenjena, carne y almendras, que se sirve del revs, de ah su denominacin de volteado.

[3]Plato que consiste en una lmina de masa rellena o presentada como base del plato con diferentes ingredientes.

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