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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2018

Ochenta (1938), cuarenta y cinco (1973) y diez aos (2008) despus de las grandes operaciones econmicas y polticas
Sangre, saa y saqueo (I)

Martn Alonso Zarza
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<p>Richard Walther Darr (a su izquierda) Adolf Hitler y otros lideres nazis en Berln, en 1933.</p>

 

Richard Walther Darr (a su izquierda) Adolf Hitler y otros lderes nazis en Berln, en 1933

 

A la memoria de Orlando Letelier,
A Clara Valverde y ngel Martnez, en su combate.

No se comprender cabalmente el Holocausto mientras no sea estudiado como la operacin
ms determinada de latrocinio criminal de la historia moderna.
Gtz Aly (2007: 285).

Los mayores mentirosos de este siglo ganaron los premios nobel de economa.
Boaventura de Sousa Santos, El Pas, 05/11/2018.

[] el poder, la codicia y la gloria de Wall Street.
Whos who and whats what on Wall Street , 1998, p. ix.

La ancdota, digmoslo as, de la decisin del Tribunal Supremo de revertir una decisin anterior de una de sus salas sobre las hipotecas que perjudicaba a los bancos es el sntoma de una categora. La indignacin que ha provocado resuena en un sentimiento muy extendido que tiene que ver con la creciente desigualdad, incluida la legal, a resultas de la crisis. En su condicin de categora, y con las modulaciones necesarias, esta ancdota conecta con otras como la de los msteres fraudulentos o, en un registro prximo, el cambio de opinin del Gobierno en relacin con la exportacin de armas a Arabia Saud. Seguramente el prototipo narrativo que mejor encarna la categora es la reversin de la intencin de reformar el capitalismo como primera reaccin a la crisis financiera de 2008, a la captura de la democracia por un capitalismo extremadamente robustecido, entre otras cosas, por el dinero pblico de los rescates. Que los fondos del Estado sirvieran por aadir una ancdota ms, si se confirman los datos de Villarejo para financiar la obstruccin a la justicia por un caso de corrupcin (Grtel) ilustra bien el fenmeno que aqu quiero analizar y que es algo ms que la puerta giratoria: se trata de la simbiosis entre la economa y la poltica, o por ser ms precisos de la fagocitacin del zcalo institucional de la democracia por la ortodoxia monetarista hegemnica. No se trata de algo novedoso. El objeto de este artculo es indagar la plausibilidad de un hilo de continuidad, desde el prisma del impacto sobre la mdula de la democracia, entre los tres momentos separados del presente por los aos del ttulo: 1938, 1973 y 2008.

A principios de los noventa, Mike Godwin formul la ley epnima segn la cual, a medida que se alarga una discusin digital, la probabilidad de que se mencione a Hitler tiende a 1. Esta ley es congruente con la omnipresencia del nazismo y su emblema, el Holocausto, en la esfera cultural. Y lo es, sobre todo, con la lectura reduccionista del nazismo en clave ideolgica (nativismo, racismo). Se trata de una visin reduccionista porque el Tercer Reich fue igualmente un programa a una escala desconocida de una forma de redistribucin muy alejada de la acepcin habitual. La disociacin entre estos dos aspectos, la irracionalidad de la mstica de la sangre y la racionalidad de la maximizacin del beneficio, constituye, por un lado, un elemento decisivo de la estrategia discursiva dominante en el estudio del nazismo y, por otro, una tendencia continuada a enmascarar los ataques a la igualdad en excipientes ideolgicos esencialistas. Lo que tratar de articular aqu es que hay una conexin estrecha entre el irracionalismo nativista y el racionalismo economicista, entre la mstica de la sangre y la mistificacin del fundamentalismo del mercado. La mirada superpuesta a estos tres momentos tratar de buscar sustento a esta lnea argumental.

1938. El nativismo racista como pantalla del latrocinio nazi

La motivacin original de este escrito tiene que ver con el fetichismo de las efemrides y las casualidades de las lecturas. Hace unos meses el escritor norteamericano argentino Uki Goi 1 , al calor de las imgenes del ao pasado en Charlottesville (Virginia) en la que aparecan supremacistas blancos cantando sangre y suelo en una manifestacin, evocaba un mitin del 27 de noviembre de 1938 los 80 aos de la primera cifra del ttulo, que son tambin los 80 aos de la Kristallnacht (Noche de los cristales rotos) de tres semanas antes a cargo de Richard Walther Darr, el terico de la Blut und Boden (sangre y suelo), delante de un escenario con las insignias alusivas, una espada y una espiga superpuestas sobre la cruz gamada. Darr fue una pieza central de la cpula nazi y el responsable de la concepcin racial que se materializ en la Lebensborn. Colabor con Himmler en la configuracin de la Oficina Central para la Raza y el Asentamiento. Hitler, impresionado por el movimiento Blut und Boden, le nombr ministro de Alimentacin y Agricultura en 1933. Darr fue condenado en los juicios de Nremberg por expropiacin de tierras y por reducir a esclavitud a cientos de campesinos judos y polacos. Muri en 1953, de cncer segn unas versiones, de alcoholismo segn otras.

Como ocurre nada excepcionalmente en estas reivindicaciones de pureza, Richard haba nacido Ricardo Ricardo Walther scar, era su nombre completo en Belgrano (Buenos Aires), su padre era un comerciante alemn de ascendencia hugonote francesa y su madre sueca-alemana-espaola. Todo un ejemplo de pureza aria. Como la propia doctrina. En esos aos Argentina era la despensa del mundo por la abundancia de carne y cereal de las llanuras de la pampa. En su Neuadel aus Blut und Boden (Nueva nobleza de sangre y suelo) (1930; en 1936 volvera sobre el tema con Blut und Boden ein Grundgedanke des Nationalsozialismus, publicado por la editorial del Reich) Darr traslada los mtodos de seleccin en la cra ganadera al terreno racial para producir una raza aria pura de seres humanos perfectos, especiales (Sonderweg) y superiores.

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Richard Walther Darr

Las afinidades entre Darr y Himmler no eran solo las de la mstica de la sangre y el suelo o la Ahnenerbe (Sociedad para la Investigacin y Enseanza sobre la Herencia Ancestral Alemana), sino la eficiencia y la rentabilidad. En Recursos inhumanos una expresin que evoca esta misma motivacin de racionalidad cuenta Fabrice DAlmeida que Himmler traslad a la gestin de la Orden Negra su experiencia de empresario de una granja de pollos. Hitler no tuvo ninguna experiencia parecida pero sus lecturas de las novelas muy populares de Karl May de la conquista de los vastos espacios del Oeste americano fueron ingredientes de su alucinacin de la conquista del Este alentada por ese tropo tan nativista del Lebensraum; la versin mstica de la poltica de la oferta 2 . La invasin de la URSS responda a esta pieza del imaginario que haca del Volga el Mississippi de Alemania, como recuerda Adam Tooze.

Significativamente, el juicio sobre las contribuciones de Darr ha preferido la atribucin digamos romntica de sangre y suelo, a aquella que pondra el nfasis en el registro predatorio del expolio. En cambio aqu voy a seguir una lnea de interpretacin diferente, representada bsicamente por los historiadores Gtz Aly, Adam Tooze y Fabrice dAlmeida 3 . Los dos primeros, alemn y britnico respectivamente, ponen el nfasis en la economa y subrayan el peso de la racionalidad econmica en el expolio; el segundo, francs, da cuenta de cmo las medidas econmicas modelan los usos sociales de la elite beneficiaria principal del expolio.

Aly desafi dos ideas en boga en esos mismos aos 90 en que la narrativa del Holocausto inundaba las ondas: en primer lugar, la tesis de que Auschwitz resultaba refractario a la explicacin; en segundo lugar, aquella que presentaba como factor determinante la variable ideolgica resumida en la cosmovisin irracional racista y antisemita. Los autores a los que seguir optan por una explicacin utilitarista, una de las expresiones de la racionalidad, de Auschwitz. DAlmeida (p. 167) resume este sentir en la explicacin de un chiste que circulaba en Berln el ao del mitin de Darr:

Sabes quin es la persona ms buscada hoy en Alemania?

La abuela no aria para cobrar finalmente la herencia.

No, hombre, la bisabuela no aria, porque cobras la herencia y te evitas los problemas.

El sentido comn resuma la transferencia del lujo y el poder que se estaba produciendo en Alemania. Expresaba sobriamente hasta qu punto el inters se insinuaba detrs de la ideologa, y hasta muchas veces la preceda.

EL UTILITARISMO NO ES LA NICA EXPRESIN DE LA RACIONALIDAD. RACIONALIZACIN, PLANIFICACIN, MODERNIZACIN O EFICIENCIA ERAN ELEMENTOS NUCLEARES DEL DISCURSO NAZI

El utilitarismo no es la nica expresin de la racionalidad. Racionalizacin, planificacin, modernizacin o eficiencia eran elementos nucleares del discurso nazi. De la misma manera que cont con un nutrido grupo de expertos y acadmicos de distintas ramas del saber por ejemplo, los doctores nazis estudiados por Robert Jay Lifton que al imprimir un marchamo de racionalidad a los designios nazis les dotaron de legitimidad. Cabra subrayar el papel del ramo asociado a la raza, donde no falt el apoyo de distinguidos exponentes de la antropologa norteamericana; lo mismo que IBM desde la vanguardia tecnolgica. El Lager mismo no era una excrecencia sino que, escribe DAlmeida en Recursos inhumanos, formaba parte de la experimentacin social y de la creatividad poltica. Los arquitectos de la aniquilacin, segn la frase que sirve de ttulo a otro libro de Aly, estaban repartidos entre los distintos estamentos del saber terico y aplicado. Obviamente la justificacin ltima es de orden ontolgico: el valor supremo de la raza aria presentaba al judo como un problema patolgico que amenazaba la salud del cuerpo nacional germnico, segn la concepcin orgnica. De ah la omnipresencia del lenguaje de la higiene. Mientras que la superioridad justificaba tanto el expolio de tierras extranjeras como la sumisin de sus habitantes. Estas concepciones, tan halagadoras para la autoestima, son las que explican la popular acogida, motivada por la seduccin de una lgica populista que racionalizaba el expolio como tributo debito a los merecimientos de la raza ms valiosa 4 . Mientras que, paralelamente, se construa la figura antagnica: las vidas indignas de ser vividas solo tiles para ser explotadas. Superhombres e infra hombres. Todas las concepciones supremacistas convierten los privilegios en derechos.

Tooze observa la lgica del trueque que se desprenda de esta diferencia de estatus y que provoc la hambruna impuesta a las poblaciones conquistadas en provecho de la poblacin alemana, del Volkstaat, segn el ttulo de Aly en el original. Se acude a explicaciones de corte providencialista para dar cuenta de esas prcticas de latrocinio. En esto Auschwitz no desentona de una lnea de continuidad que ha sido sealada por los estudiosos, de Bauman a Lindqvist. En Exterminad a todos los salvajes (Turner, 2004), recuerda este ltimo la frmula de Daniel Denton en 1670:

Cuando los ingleses llegan a establecerse, una mano divina les despeja el camino erradicando a los nativos o segndolos o bien por medio de guerras internas entre las tribus o bien por medio de alguna enfermedad mortal.

Dos siglos despus en Social Statics (1851) Heribert Spencer invoca una providencia laica, darwiniana:

Las fuerzas que operan dentro del gran esquema de la felicidad perfecta, sin tener en cuenta los sufrimientos secundarios, exterminan a los sectores de la humanidad que se interponen en su camino Sea un ser humano o un animal, el estorbo debe ser eliminado. As como el salvaje ha tomado el lugar de las criaturas inferiores, tambin debe l, si ha permanecido demasiado tiempo en su condicin de salvaje, ceder el sitio a su superior.

Interesa recordar la fibra de estos argumentos porque la encontraremos, pese a su sofisticado enmascaramiento, en las legitimaciones economicistas del austericidio. Un estado de cosas que se refleja en el espejo nazi tambin sobre todo en el ngulo inferior: el nazismo fue entre otras cosas un ejercicio brutal de acumulacin y concentracin de recursos.

El enfoque de Gtz Aly sobre el nazismo coincide en muchos puntos con el del historiador de Cambridge, Adam Tooze. En The wages of destruction este autor se propone el anlisis simultneo de la racionalidad econmica y la irracionalidad ideolgica del nazismo, una visin que recuerda la tesis clsica de Jeffrey Herf sobre el modernismo reaccionario. La figura del Lebensraum ilustra bien esta dualidad: es a la vez un fantasma racista sobre un espacio que debe ser desalojado primero y colonizado despus, y la promesa de un botn suculento. En pos de esa empresa estaba desde luego la elite poltica pero tambin la gran patronal, una parte de la cual se benefici de los enormes retornos de capital permitido por Hitler en la industria del armamento, que se aup al epicentro del poder. Como Aly, Tooze hace de la economa la clave interpretativa del rgimen nazi.

No hace falta decir que la fobia antisemita no impidi a muchas familias alemanas vivir en casas expoliadas a judos o usar los enseres robados o negociar con ellos, como las obras de arte. Tampoco, como cuenta DAlmeida en Recursos inhumanos, los escrpulos impidieron que algunos SS destinados en los campos pasaran el tiempo coleccionando trozos de vctimas, crneos y huesos. El refuerzo social de unas relaciones humanas estrechas y un modo de vida compartido entre las elites arianizadas neutralizaba toda posibilidad de cuestionamiento. El libro de DAlmeida da cuenta de cmo se concretaban en el plano micro los designios estratgicos nazis. Y una de las funciones del modo de vida era precisamente autojustificadora desde la visin segn la cual el fuerte puede utilizar y despojar alegremente a los dbiles y a los vencidos (p. 298). La mirada desde hoy hace difcil aceptar que la catastrfica utopa que representaba el nazismo fue tremendamente movilizadora, y su eco cautivador an atormenta a nostlgicos e ignorantes (p. 350). Ya entonces sedujo a propios y extraos, incluyendo a numerosos diplomticos extranjeros.

No tengo conocimiento de trabajos sobre el nacionalcatolicismo y el franquismo elaborados desde la ptica sobre el nazismo aqu utilizada. Desde luego el empeo del cardenal Gom de presentar la Guerra Civil como una cruzada y negar su carcter de lucha de clases se parece a la justificacin por negacin (non petita) y el elemento de disciplinamiento de la movilizacin de las clases populares en el contexto de la cuestin social es evidente. Pero no es difcil encontrar indicios de las prcticas depredatorias. Hace poco nos enterbamos de que dos estatuas del Prtico de la Gloria aparecen ahora en manos de la inmobiliaria Pristina SL, propiedad de la familia Franco (El Pas, 16/10/2018). Que sigue siendo propietaria del Pazo de Meirs. Y todava permanece en la memoria colectiva de los joyeros gallegos el temor a la visita de Doa Carmen Polo. Aunque parece que el franquismo no cultiv los rituales glamurosos que daban solidez corporativa a la lite nazi, hay desde luego elementos suficientes para constatar la vigencia de las prcticas predatorias. Me limitar a sealar aqu tres de orden inmaterial y muy distinto. Una es la que desposey a buena parte de los intelectuales republicanos de sus plazas docentes y de investigacin, el atroz desmoche 5 . La otra es mucho menos visible, tambin porque el machismo ambiente impeda verla en su dimensin justa: las diferentes formas de atropello sexual de las mujeres de familia de republicanos 6 . La tercera remite al estrato profundo de la justificacin religiosa del totalitarismo divino, la apropiacin del brazo de Santa Teresa, cuya proteccin en tanta que Santa de la Raza invocaba el Generalsimo 7 . El cato-integrismo (TradFest, Vigilare, Tradicin Familia y Sociedad) con fuerte implantacin hoy en pases como Croacia o Polonia se inscriben en ese registro

1973. La cabeza de puente

En el artculo citado, Uki Goi ofrece una observacin en la direccin de estas lneas: Cada pas produce su tipo particular de totalitarios asesinos. Lo que descubr en Argentina es que la presencia de los nazis normaliz su ideologa y debilit las defensas democrticas de la sociedad contra las ideas totalitarias que representaban. Ver las banderas nazis en las calles de Charlottesville el ao pasado; y volver a verlas en Washington DC este ao, me lleva a pensar qu diferente es la Amrica de hoy del pas en que nac y crec. Me hace pensar cunto se ha extendido tal normalizacin ya en EE. UU.. En el apartado siguiente, 2008. Oscurantismo y expolio en el catecismo neoliberal, recalaremos en el presente. En este nos quedamos a medio camino entre la actualidad y el Tercer Reich, las dictaduras del Cono Sur representadas por la Junta argentina y el golpe de Pinochet en los aos 70.

LO QUE DESCUBR EN ARGENTINA ES QUE LA PRESENCIA DE LOS NAZIS NORMALIZ SU IDEOLOGA Y DEBILIT LAS DEFENSAS DEMOCRTICAS DE LA SOCIEDAD

La continuidad del nazismo tiene en este punto soporte biogrfico: fueron muchos los nazis que llegaron ilegalmente a estos pases apoyados por el Vaticano y Suiza. (No solo; en el puerto de Barcelona haba una unidad nazi que facilitaba la huida de sus colegas, segn cuenta Goi) 8 . Lo que no es ajeno a la seduccin de los aos de Hitler. Es el caso de Pern, quien habra declarado: Me cortara la mano antes de romper relaciones con el eje La aproximacin argentina al nazismo fue ms ideolgica que econmica. Durante la guerra el pas era formalmente neutral pero resultaban patentes las simpatas hacia Hitler, quien era visto desde las posiciones nacionalistas como un cruzado contra el comunismo, el capitalismo y el materialismo y un defensor del catolicismo. La afinidad entre Iglesia y Ejrcito se estableci entonces en 1944 la Virgen Mara fue nombrada general y sus estatuas aparecan con las fajas distintivas y se manifest con toda claridad en la complicidad de la primera, muy cercana a los dictadores, tanto en Argentina como en Chile. Una complicidad de alargada sombra. En 1974, dos aos antes del golpe, el ministro de Educacin Oscar Ivanissevich, de origen croata y tendencia reaccionaria su hermana y un sobrino haban ayudado a establecerse en Argentina a criminales nazis se propuso llevar a cabo una purga en la universidad; con esas miras nombr rector a Alberto Ottalagano, un devoto de Hitler que titul su autobiografa Soy fascista, y qu? Una vida al servicio de la patria. Ivanissevich haba creado un eslogan, aparentemente para disminuir el ruido del trfico, que se hizo tristemente clebre por aparecer de forma prominente en una de las pancartas de la ESMA: El silencio es salud (otra deca: Avenida de la felicidad). La dictadura argentina aport su propio lxico al diccionario del horror; desde la recuperacin del eslogan Noche y Niebla, a la invencin de desaparecido; por no hablar de prcticas como los vuelos de la muerte o el robo de bebs. Sin olvidar la quema de libros 9 . Dos elementos a destacar en la mentalidad de los ejecutores: el victimismo de un enemigo alucinado y el mesianismo su objetivo era salvar la civilizacin occidental y cristiana. La limpieza de enemigos 30.000 desaparecidos estaba justificada por esta visin. Y una constante en los planos de esta figura replicada: el apoyo a la dictadura fue entusiasta entre las elites, que recuerda Goi consideraban de mal gusto hablar de los desaparecidos y de otros avatares de la guerra sucia.

El ncleo argumental de este apartado se encuentra en el Chile de Pinochet. El xito del golpe contra Allende fue el resultado de la accin combinada de la CIA, del ejrcito chileno apoyado por las elites, as como de inters para la proyeccin hasta hoy de buena parte de las clases medias y de los Chicago Boys. Walden Bello, profesor de sociologa en Princeton lo resume bien a la vez que aade el efecto perspectiva 10 : El peligro de una clase media inflamada, que vea amenazados su estatus y sus intereses desde abajo, impulsndola a una posicin contrarrevolucionaria que fue inducida pero no manipulada por la elite, qued confirmado mientras lea sobre los acontecimientos que llevaron a Mussolini y a Hitler al poder. Subraya Bello el papel de la dinmica de clases, con la alianza entre lites y sectores de la clase media unidos por el miedo a las reivindicaciones de justicia e igualdad de los sectores pobres. El socilogo aprovecha el dato para impugnar la tesis de S. M. Lipset en el sentido de considerar a la clase media como una fuerza democratizadora y observa que puede funcionar en esa direccin y tambin en la contraria, aliarse con las clases bajas contra las lites y con estas contra aquellas. El caso chileno presenta igualmente un elemento extrapolable: la clase media que hizo posible el triunfo de la reaccin acab convirtindose en vctima de la contrarrevolucin.

En un trabajo imprescindible y enormemente simblico porque su autor muri un mes despus de su publicacin asesinado por la DINA, con ayuda de la CIA, en EE.UU. el 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier seala el impacto negativo de las polticas econmicas impuestas sobre las clases medias y las pequeas y medianas empresas 11 . Pero el foco de Letelier va mucho ms hondo y seala el protagonismo de los Chicago Boys autctonos con la bendicin y el apoyo expreso de Milton Friedman. El patriarca del monetarismo y mentor econmico de Thatcher y Reagan recordemos los acordes pretrumpianos del ltimo: America is back haba escrito en Newsweek (14/06/1976): a pesar de mi profundo desacuerdo con el sistema poltico autoritario de Chile, no considero que est mal que un economista proporcione asesoramiento econmico al gobierno de Chile, como tampoco considerara negativo que un mdico proveyera asesoramiento clnico al gobierno de Chile para ayudarle a terminar con una plaga mdica. Fue Friedman quien recomend como nica medicina para la economa chilena un tratamiento de shock (El Mercurio, 23/03/1975). (No s cunto de versado estaba el economista respecto al nazismo y sus epgonos pero parece que no mucho por la eleccin de la analoga higinica). Precisamente una de las prioridades de la junta no era otra que la destruccin del cncer marxista; la segunda, la adopcin de una economa privada libre y el control de la inflacin segn la receta monetarista de Friedman. Pero, es obvio, que las recetas econmicas no limitaban su influencia al aspecto tcnico sino que sirvieron de andamiaje legitimador al rgimen, de modo que resultan inseparables de su legado de terror. Vale la pena citar los compases finales de Letelier: Mientras que los Chicago Boys han proporcionado una apariencia de respetabilidad tcnica a los sueos de laissez-faire y a la codicia poltica de la vieja oligarqua terrateniente y la alta burguesa de los especuladores monopolistas y financieros, los militares proveyeron la fuerza bruta necesaria para conseguir esos objetivos. La represin de las mayoras y la libertad econmica para los reducidos grupos de privilegiados son dos caras de la misma moneda en Chile. [] Por tanto resulta absurdo que quienes inspiran, apoyan o financian esa poltica econmica pretendan presentar su contribucin como restringida a consideraciones tcnicas, a la vez que dicen querer rechazar el sistema de terror que ella requiere para tener xito.

Adems, la posicin de Friedman rimaba en consonante con la poltica norteamericana. En una reunin convocada para atajar la extensin de la infeccin de nuevo las metforas higinicas el presidente Nixon y su asesor de seguridad y luego secretario de estado, Henry Kissinger, indicaron al director de la CIA Richard Helms, que era necesario crujir a la economa chilena (make the economy scream). Se atribuye a Kissinger una frase que resumira el meollo de la escolstica neoliberal: Si hay que elegir entre sacrificar la economa o la democracia, hay que sacrificar la democracia 12 .

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Augusto Pinochet y Margaret Thatcher

La primera ministra Margaret Thatcher, apologeta de Pinochet y discpula aventajada de Friedman, formul el dogma del pensamiento nico: There is no alternative, TINA, en sus siglas. Como los generales del Cono Sur, la mandataria britnica jug fuerte la carta del nacionalismo en las Malvinas: la victoria le proporcion el capital de prestigio necesario para crujir a los sindicatos, mientras seduca a la clase media con el anzuelo del capitalismo popular, una frmula afn al populismo.

Sin embargo, la compaa de Pinochet no resultaba de todo grata. La fuerza bruta no es esttica. Los nuevos arios no tenan la imagen chirriante del uniforme y las botas ni la pica de desfiles y banderas. Bastaba con reconfigurar el poder en el nuevo formato de poder blando, si bien en estos mismos momentos el anticomunismo de la Guerra Fra provea las protenas ideolgicas necesarias para alimentar la retrica. La Comisin Trilateral (CTL) fue el instrumento diseado para construir el nuevo argumentario 13 .

La CTL fue fundada por David Rockefeller, quien encomend su presidencia a Zbigniew Brzezinski , luego Consejero de Seguridad del Presidente Carter a cuya promocin haba decisivamente contribuido. El documento fundacional de la CTL es una pieza central en la definicin de un nuevo marco que supone la ruptura del contrato social de la postguerra. No fue obra de economistas sino de dos socilogos y un politlogo 14 . En l se dicta un diagnstico perentorio: la feliz coincidencia de circunstancias favorables a la democracia [de los ltimos 25 aos] ha llegado a su fin (p. 158). Asistimos a una degeneracin del sistema que lleva a una democracia anmica, enferma de moquillo, consecuencia del funcionamiento satisfactorio del sistema, que se ha traducido en un declive en el liderazgo norteamericano. La lucha por la igualdad, el crecimiento de la participacin poltica, las fuertes tensiones sociales y la fragilidad de los gobiernos democrticos a la hora de soportar las presiones del electorado (p. 161): en eso consiste la crisis de la democracia. Los expertos comisionados por Brzezinski no sugieren un aggiornamento de las instituciones democrticas para hacerlas capaces de responder a las nuevas demandas, sino unas medidas encaminadas a aliviar la sobrecarga ejercida sobre el gobierno y la expansin del papel del gobierno en la economa y la sociedad, sobrecarga atribuida a la incapacidad y reluctancia (unwillingness) de los lderes polticos ms destacados a rechazar las demandas procedentes de colectivos sociales numrica y funcionalmente importantes (p. 164). Encontramos en este texto la motivacin para dos acciones complementarias: la destruccin de los actores responsables de la sobrecarga y la reduccin de la capacidad de maniobra del Estado. La premier britnica, Thatcher, cumpli en los dos frentes de la agenda, siendo una adelantada en la liberalizacin de capitales y en el desmochado de la clase obrera, medicinas administradas con el edulcorante nacionalpopulista.

LOS LTIMOS AOS DE LA DCADA CONFIRMARON LA SERIEDAD DE LA CAPTURA, UNA TENDENCIA FAVORECIDA POR LA CADA DEL MURO, QUE SIGNIFICABA QUE EL CAPITALISMO REINABA SIN CONTRINCANTE

Los ltimos aos de la dcada confirmaron la seriedad de la captura, una tendencia favorecida por la cada del Muro, que significaba que el capitalismo reinaba sin contrincante. Vale la pena citar tres detalles para ilustrar el aserto. El mismo ao del final del comunismo ve la luz el Consenso de Washington, una suerte de receta econmica que tena entre sus principios activos estos: liberalizacin, privatizacin, desregulacin y seguridad jurdica imaginemos de quin. La asuncin de estos postulados por la socialdemocracia da lugar a la llamada tercera va, que, hoy podemos decirlo, como la clase media chilena, ha sido englutida por las consecuencias de las polticas liberales que abraz. El campen de la tercera va fue el hoy plutcrata Tony Blair, quien el primer ao del siglo liber a Pinochet, detenido en el Reino Unido desde 1998. El ministro del Interior, Jack Straw, aleg aos despus presiones fuertes. Entre ellas la de Margaret Thatcher y las filtraciones del apoyo chileno a la dama en la guerra de las Malvinas. La devolucin del dictador era una contraprestacin. Nada contaron los 3.000 muertos y desaparecidos, los ms de 27.000 torturados. Otra vez las puertas giratorias.

En esos aos finales del siglo, mientras los politlogos se afanaban en los avatares de la transitologa (sic transit!) el fundador de la CTL sealaba la luna: Los ltimos aos han conocido en muchas partes del mundo una tendencia hacia la democracia y las economas de mercado. Esto ha reducido el papel del gobierno, que es algo que el mundo de los negocios aplaude. Pero la otra cara de la moneda es que alguien tiene que ocupar el lugar del gobierno, y los negocios me parecen ser una entidad lgica para hacerlo. Aqu est la hoja de ruta que convertira a la poltica, segn las necesidades, en ariete, disfraz, proxeneta o patio trasero del poder econmico; es decir, de la lite de los negocios. Tras la cada del Muro, ya no era necesario contraponer democracia y economa, sino que ambas caminaban, al parecer, en una suerte de pas deux, como formul paradigmticamente un Fukuyama con veleidades neocon. Pero lo que subyaca a esta visin es que democracia y economa no podan disociarse porque se hizo de la escolstica neoliberal el corazn de la definicin de la democracia. Con las consecuencias que conocemos. El final de la historia era esto. Solo faltaba una crisis para dejar atrs la fase experimental. Lehman Brothers, 35 aos y cuatro das despus de que los tanques de Pinochet atormentaran las alamedas, sirvi para ello. Anteayer.

[]

Notas:

1. Uki Goi, Silence is health: how totalitarianism arrives, The New York Review of Books, 20/08/2018.

2. Para una lectura en las dos direcciones: Carroll P. Kakel III, The American West and the Nazi East: A Comparative and Interpretive Perspective, London, Palgrave Macmillan, 2011.

3. Gtz Aly, Hitlers beneficiaries. Plunder, racial war, and the Nazi welfare state, New York, Metropolitan Books, 2007. Fabrice dAlmeida, Los pecados de los dioses. La alta sociedad y el nazismo, Madrid, Taurus, 2008. De este ltimo autor, tambin, Recursos inhumanos. Guardianes de campos de concentracin, 1933-1945, Madrid, Alianza, 2013. Si no se indica otra cosa las referencias sern al primero de ellos. Adam Tooze, The wages of destruction: The making and the breaking of the Nazi economy, London, Allan Lane, 2006.

4. Alantair Hamilton, La ilusin del fascismo, Barcelona, Caralt, 1973. Peter Reichel, La fascination du nazisme, Paris, Odile Jacob, 2011. Jess Casquete, Nazis a pie de calle. Una historia de las SA en la Repblica de Weimar, Madrid, Alianza, 2017.

5. Jaume Claret, El atroz desmoche. La destruccin de la Universidad espaola en el franquismo, 1936-1945, Barcelona, Crtica, 2006. Esta desposesin haba sido prefigurada por escritos como Los intelectuales y la tragedia espaola, del mdico Enrique Suer (Burgos, Editorial Espaola, 1937), en que se invocaba la autoridad de los Protocolos de los sabios de Sin (p. 196).

6. Merece la pena recordar en esa direccin al Centro para la Investigacin y la Memoria: Mujeres, Memoria y Justicia, que ha organizado un curso titulado Entre el silencio y el olvido. Los crmenes de gnero durante el franquismo y su influencia actual en la UCLM este mes de noviembre. Y como testimonio primario de ello este relato de una testigo: La detuvieron el da 1 de septiembre de 1942. La tuvieron en la crcel de Laviana hasta el da que de all la sacaron a Rioseco, donde estuvo dos das, lo suficiente para que ese criminal y degenerao del capitn Bravo hiciera de ella lo que le vino en gana. La viol, le dio palos hasta dejarle el cuerpo negro, le quem los pechos y algunas partes ms del cuerpo pidindole una pistola. La vctima prometi entregar la pistola que no tena para librarse de las torturas, cuando estuvo libre se suicid. Enesinda Garca Surez, Mi infancia en el franquismo. Tiraa, Asturies, 1938, Oviedo, Cambalache, 2018, p. 48.

7. Julin Casanova, La Iglesia de Franco, Madrid, Temas de Hoy, 2001, pp. 205 y 269.

8. Uki Goi rastrea estos detalles en La autntica Odessa, Barcelona, Ariel, 2017. Nueva edicin aumentada.

9. Marguerite Feitlowitz, A Lexicon of Terror. Argentina and the Legacies of Torture, New York, Oxford University Press, 1998.

10. Walden Bello, How middle-class Chileans contributed to the overthrow of Salvador Allende (https://www.thenation.com/article/how-middle-class-chileans-contributed-to-the-overthrow-of-salvador-allende/; 21/09/2016).

11. Orlando Letelier, The Chicago Boys in Chile: Economic freedoms awfull toll, The Nation, 28/08/1976 (https://www.thenation.com/article/the-chicago-boys-in-chile-economic-freedoms-awful-toll/).

12. En 2010 fueron entregados al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile ms de 20.000 documentos desclasificados en Estados Unidos que confirman la implicacin directa de este pas en el golpe contra Allende.

13. He tratado este asunto en Las garras del poder medio, Claves de Razn Prctica , n. 229, 2013 , pp. 48-59.

14. M. Crozier, S. P. Huntington y J. Watanuki, The Crisis of Democracy. Report on the Governability of Democracies to the Trilateral Commission, New York, New York University Press, 1975.

Fuente: https://ctxt.es/es/20181121/Politica/22986/Martin-Alonso-economia-crisis-1938-1973-2008-recesiones.htm



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