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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2018

Respetar las instituciones

Lidia Falcn
Pblico


Ante la bronca que se desencaden entre los diputados en el Congreso hace unos das siento que estamos en una etapa desconcertante y peligrosa de la situacin poltica. A raz de los insultos cruzados por los parlamentarios, he recibido varios mensajes y participado en diversas discusiones que me han preocupado. Desde los grupos que se creen ms revolucionarios estn aplaudiendo los exabruptos e insultos con que sus seoras se obsequian. Por lo que escriben en Facebook, los twiters que se cruzan, los comentarios de los radicales en todos los encuentros, reuniones y conferencias, parece que un sector de esos ultras de izquierda considera que el Congreso es un lugar deleznable, ms indigno que una taberna, donde algunos diputados lo han tomado en condicin de okupas, y donde nicamente tienen legitimidad aquellos que les gustan.

Por ello escrib en Facebook que el Congreso no est para hacer payasadas. Nos ha costado a los espaoles y espaolas dos siglos de guerras, de persecuciones, de torturas, de crceles, de asesinatos, conquistar unas instituciones que garanticen las libertades polticas. Y por tanto hemos no slo que respetarlas sino que defenderlas. Porque son nuestras, a costa de muchos sacrificios. Cuando quiera ver un espectculo me ir al teatro.

La respuesta de los ultras izquierdosos fue brutal. Naturalmente, con la ignorancia y la insidia que les caracteriza me llamaron fascista. Ya escrib hace tiempo sobre la banalizacin del mal , parafraseando a Anna Harendt, cuando se ha puesto de moda llamarle fascista a todo aquel que no est de acuerdo con el que insulta.

El Congreso no se asalta. Ni por Tejero ni por los pensionistas ni por los hooligans ni por los fascistas. El Congreso es tan inviolable como sus seoras. Y hemos de defenderlo toda la ciudadana, porque es lo nico que todava nos ampara las garantas constitucionales. Porque todas las personas que se sientan en los bancos del Parlamento han sido elegidas por el voto popular. Han entrado all con un acta de diputado. Ninguna asalt el Palacio con un fusil. Por tanto tienen la legitimidad de los electores, aunque no nos gusten algunos. Pero la nica manera de que respeten a los que nos gustan es que los dems les respetemos a ellos, mientras sean elegidos. Y lo mismo el Senado y los Ayuntamientos y las Diputaciones y los Cabildos y los Parlamentos Autonmicos.

Se ha desencadenado una campaa de desprestigio de las instituciones que nicamente puede beneficiar a los fascismos. Por las redes sociales se difunden continuamente peticiones de rebajar el sueldo a los polticos, considerando que poco menos nos estn robando. Piden que no se les pague la jubilacin ni las dietas ni las comisiones. Y en una catarata de peticiones que corren por los washaps y los emails, hasta piden firmas para eliminar el Senado, las Diputaciones, los Cabildos, y en el delirio, las Autonomas. La ltima por Internet es que se ilegalice al Partido Popular.

Si acabamos con todos ellos nicamente nos quedar la autoridad militar como nos pas durante 40 aos.

La inconsciencia que rige el criterio de un sector de los que se creen de izquierda y no debera utilizarse este trmino en vano, como el del feminismo- es tambin producto de la ignorancia. Una ignorancia que han organizado y fomentado los partidos que han gobernado durante estos 40 aos. De lo que se ensea en la escuela, en los institutos, en la Universidad, sobre nuestra historia, acerca de la poltica y sus instituciones, son responsables sin duda alguna los sucesivos gobiernos que hemos tenido y sus planes educativos, as como las campaas de los medios de comunicacin. Que, sin duda, han planificado esta ignorancia y desprecio por parte de la ciudadana, creyendo que con ello la tendran ms domesticada.

Porque ellos, los gobernantes, los partidos polticos sumisos al Capital y al Patriarcado, administradores de los intereses econmicos dominantes, lo nico que quieren es un cuerpo social y electoral, engaado y amedrentado, para que sigan apoyndoles en sus propsitos.

Pero aunque han conseguido parte ellos, tampoco son conscientes de las nefastas consecuencias que este plan puede tener. Porque un pueblo ignorante, captado por prejuicios y supersticiones y despreciativo de los avances democrticos que se han conseguido despus de siglos de lucha, y muy decepcionado con lo que la democracia les ha ofrecido en tiempos de grave crisis econmica, puede caer fcilmente deslumbrado por las promesas del fascismo. Y ese fenmeno no es tan lejano como en los aos treinta del siglo XX, sino que est hoy floreciente y cada vez ms fuerte en toda Europa y Amrica, incluso a las puertas de nuestro pas.

Lo que no tiene ninguna explicacin es que sectores de la izquierda apoyen esa campaa.

Cuando se desprecian las instituciones que se han creado para garantizar los ms elementales derechos de la ciudadana y se desprestigian diariamente gritando mensajes incendiarios; se agita a colectivos que padecen graves problemas para que se manifiesten iracundos y pretendan asaltar el Congreso; se difunden insultos a diputados y alcaldes y senadores, nicamente se conseguir destrozar la poca democracia conquistada y que nos gobiernen los generales.

Estamos divididos en partidos polticos. Los partidos estn llenos de inmundicias Pero llega un momento en que se les dice a los hombres que ni la mentira ni la verdad son categoras absolutas, que todo puede discutirse, que todo puede resolverse por los votos... Los hombres se dividen en bandos, hacen propaganda, se insultan, se agitan y, al fin, un domingo colocan una caja de cristal sobre una mesa y empiezan a echar pedacitos de papel en los cuales se dice si Dios existe o no existe y si la Patria se debe o no se debe suicidar.

Y as se produce eso que culmina en el Congreso de los Diputados.

Qu nos importa el Estado corporativo; qu nos importa que se suprima el Parlamento? Para que el Estado no pueda nunca ser de un partido, hay que acabar con los partidos polticos.

Los partidos polticos se producen como resultado de una organizacin poltica falsa: el rgimen parlamentario.
En el Parlamento unos cuantos seores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada de comn con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios, ni del mismo gremio.
Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres aos en unas urnas, son la nica relacin entre el pueblo y los que dicen representarle.

El mejor destino de las urnas es el de ser destruidas.

Estas frases no las envan hoy por washap ni por Facebook los radicales de izquierda. Pertenecen al discurso fundacional de la Falange de Jos Antonio Primo de Rivera.

Que esos difusores de las crticas a los polticos, a las instituciones, despreciativos de los votos populares, sigan haciendo campaa, desde fuera y dentro del Parlamento, insultndose en el Congreso y convirtindolo en un espectculo de lenguaje soez y falsario y estarn abrindole camino a los grupos parafascistas.

Si no se hubiera llevado adelante una ofensiva brutal contra la Repblica de Weimar no se hubiera instalado el nazismo. Si no hubiera calado en algunos sectores del pueblo las crticas de la Falange y la extrema derecha a la II Repblica espaola no hubiese tenido tantos seguidores el rgimen franquista.

Que se tenga mucho cuidado con lo que se dice en el Parlamento y fuera de l, porque quien siembra vientos recoge tempestades.

Fuente: https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2018/11/29/respetar-las-instituciones/

 



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