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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2018

La economa, el Estado y la actividad pblica

Homar Garcs
Rebelin


En un amplio prrafo de La democracia socialista del siglo XXI, Claudio Katz afirma que una democracia sustancial slo puede construirse erradicando la dominacin capitalista, eliminando la desigualdad y dotando a los ciudadanos de poder efectivo en todas las reas de la vida social. Seguidamente, pasa a explicar que este proyecto exige gestar otra democracia y no radicalizar la existente. Requiere partir de caracterizaciones de clase para comprender el constitucionalismo contemporneo e introducir transformaciones radicales, que no se reducen a expandir un imaginario de igualdad. Tambin presupone retomar la tradicin que opuso a las revoluciones democrticas con las revoluciones burguesas. La regulacin de los mercados, el ensanchamiento del espacio pblico y la accin municipal son temas de controversia con la democracia participativa. En ausencia de perspectivas socialistas, las iniciativas democratizadoras en estos campos no modifican el orden vigente.

Tomando en cuenta tal afirmacin, es lgico concluir que, a medida que dicho proceso vaya acompaado de un mayor nivel de movilizacin, participacin y de protagonismo populares, la socializacin consecutiva del proceso productivo tendr que manifestarse -indefectiblemente- en cada una de las estructuras de la vida social (incluso en aspectos aparentemente inocuos, como el religioso-espiritual). En resumen, se estara construyendo una cultura de lo distinto, cuyo eje central sera la emancipacin integral de todas las personas.

Esto modificara sustancialmente la concepcin que se tiene respecto al poder y las relaciones por ste generadas. Todos somos testigos de que quienes controlan el poder del Estado generalmente operan al margen de la opinin de la gente, es decir, sin su consenso y sin tomar en cuenta sus decisiones y sus posibles deliberaciones, a la cual asigna un papel siempre secundario y accesorio, slo til a la hora de requerir su legitimacin a travs del voto. La soberana popular as delegada se convierte en un arma a esgrimir en contra de su depositario originario, no importa cunto se afirme en constituciones y leyes, y cun grande resulte la reaccin negativa de los ciudadanos ante lo que estiman injusto o, en su defecto, necesario. Esto tiende a agudizarse y a generar mayores contradicciones, a medida que la lgica capitalista supera toda expectativa democrtica de los sectores subalternos o subordinados.

En este caso, los gobiernos -como elementos visibles de los Estados- terminan adoptando como suyos los intereses y los lineamientos de las corporaciones capitalistas, sobre todo, transnacionales, gran parte de las cuales se han apoderado de territorios ricos en agua, minerales y biodiversidad, sin atender los reclamos legtimos de los pueblos originarios y campesinos que los habitan desde largo tiempo.

La vigencia perpetua y esttica de burcratas y de dirigentes polticos en todas las escalas existentes del poder constituido, as como su liderazgo e influencia clientelares ejercidos sobre las masas, representa uno de los obstculos principales que impiden la organizacin de ciudadanos autnomos que hagan realidad la democracia participativa y protagnica, sin depender de la accin y las decisiones del Estado. Esta particularidad atenta contra cualquier tipo de iniciativa e intervencin populares que en tal sentido se promueva, ya que coarta y castra las transformaciones estructurales que debe protagonizar el pueblo en los mbitos econmico, poltico, social y cultural, de manera que las diferentes relaciones sociales de produccin, de poder y de convivencia ciudadana tengan como objetivo fundamental la emancipacin integral de cada persona, en vez de servir de soporte al dominio egosta de unos pocos.

De no lograrse este ltimo cometido, los valores democrticos liberales que conocemos -extrados de la Revolucin Francesa y amplificados por el socialismo revolucionario y las diversas luchas populares libradas en gran parte del planeta- podran verse seriamente afectados ante la necesidad de hallar y consolidar frmulas que le permitan a la gente sortear las dificultades sufridas. Esto tiende a reforzarse an ms ante el engranaje de la violencia y las complicidades que ella causa, lo que se refleja en la impunidad con que acta la delincuencia organizada, contando con la desidia de las instituciones en cuanto a atacarla y reducirla eficazmente, en beneficio de la ciudadana desprotegida.

La voltil y compleja realidad del mundo contemporneo impone como novedades ideolgicas discursos y actitudes abiertamente intolerantes, autoritarios e inmorales. Como si ya no importaran el espritu de convivencia, la tica ciudadana y el respeto a la pluralidad del pensamiento. Esto, por supuesto, no es una simple casualidad. Responde a planes previamente trazados y llevados a cabo sin desmayo por aquellos que dominan el sistema capitalista neoliberal; provocando situaciones que mermen las esperanzas populares y la soberana de las naciones, de modo que no existan ms alternativas que las ya impuestas en Argentina, Brasil o Estados Unidos.

En La disputa ideolgica por la hegemona global, Ricardo Orozco describe que, en tanto hecho histrico, el mercado se reproduce a partir de los sistemas de normas, los conjuntos de leyes y los conglomerados de instituciones que garantizan, entre otras cosas, los derechos de propiedad, los contratos, las patentes, el cumplimiento de las deudas, la circulacin monetaria, las directrices laborales, las facilidades de produccin, el abaratamiento de costos, etctera. La actividad pblica queda as caracterizada como algo intrnseco o inherente al mbito estricto del mercado capitalista, por lo que su funcin -bajo cualquier nomenclatura- estar chocando constantemente con las aspiraciones democrticas de las mayoras, lo que ha sido una cuestin constante en el devenir humano desde la institucin generalizada del Estado-nacin.

Todo esto, en conjunto, de comprenderse a cabalidad, podra servir de base para emprender realmente un amplio proyecto de transformacin estructural del actual modelo civilizatorio. Ello exige un proceso de descolonizacin del pensamiento y una revalorizacin seria del legado cultural de nuestros pueblos y de sus luchas por lograr su genuina emancipacin.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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