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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2018

Discurso en el Teatro de Pontevedra

Francisco Pi y Margall
El viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [29.11] en 1901 mora en Madrid Francisco Pi y Margall. Terico de la revolucin democrtica y del federalismo, presidente de la I Repblica, fundador y dirigente del Partido Federal y permanente defensor de la causa de los trabajadores.

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Republicanos de Pontevedra: a juzgar por lo que en estas provincias acontece, debe de estar cerca la Repblica. En todas partes hallo corazones entusiastas y gentes que aclaman la nueva forma de gobierno. La encarezco yo donde quiera que hablo, pero abogando a la vez por la autonoma de las provincias y los pueblos, como en otros tiempos abogaba por la del individuo, es decir, por todas las libertades que integran la personalidad del hombre.

Las provincias y los pueblos estn hoy sujetos a una ver gonzosa tutela. En leyes inflexibles se fija el nmero de concejales que han de componer cada ayuntamiento y el nmero de representantes que ha de tener cada provincia: se marcan taxativamente las atribuciones de unos y otros cuerpos y no se les permite saltar tan estrechos lmites sino instruyendo largos y costosos expedientes. Aun dentro del crculo que se les traza nada pueden deliberar ni decidir sin la sombra del Estado, sin el asentimiento de un gobernador que los preside, los puede suspender, puede suspenderles los acuerdos y los obliga cuando quiere a que le abran los libros de actas, los de contabilidad, los documentos de archivo y aun las mismas arcas. Los ayuntamientos viven aun en ms dura servidumbre: han de abrir sus arcas y sus libros no slo al gobernador si no tambin a cualquier delegado que ste les enve. En las poblaciones de ms de seis mil almas no pueden ni siquiera elegir sus alcaldes; se los nombra el rey, en las provincias entre los concejales, en Madrid aun entre personas enteramente ajenas al municipio. No cabe mayor humillacin ni mayor vergenza.

Puede continuar este estado de cosas? Podra sobre todo continuar establecida la Repblica? Cambiaramos de tirano, no de tirana. Se falseara de igual modo que ahora la voluntad al pueblo; seguiran el poder legislativo y el poder judicial al antojo del poder ejecutivo. Ved donde es ms slida y prspera la Repblica. Lo es principalmente en Washington y en Suiza, donde cada regin constituye un Estado y tiene su constitucin poltica, su gobierno, sus cortes, su milicia, su hacienda, su administracin toda, y no est supeditada al poder central sino en todo lo que afecta la vida de la nacin y los intereses comunes a todos los citados. Cada regin es all un foco de actividad y de energa, y el esfuerzo de todas las regiones da a la nacin fuerza en lo interior y en lo exterior, riqueza, desarrollo cada vez ms vivo a la agricultura, la industria y el comercio. No han de pedir all las regiones la venia del Estado para contraer emprstitos; los contraen segn lo exigen, por una parte sus atenciones y sus propsitos, por otra la extensin de su crdito.

La autonoma es hoy en la poltica el principio dominante.

Por ella pretende Gladstone resolver la cuestin de Irlanda; por ella resuelven los gobiernos todos de Inglaterra la cuestin de las colonias. Es ya autnomo el Canad, van siendo autnomas las posesiones de Oceana. All est esta famosa confederacin de la Australasia, que recientemente quera de eleccin del pueblo hasta el cargo de gobernador, hoy de nombramiento de la reina. Ni hace an mucho tiempo que Austria puso fin por este principio a sus eternas cuestiones con Hungra. Se sublev Hungra contra el imperio el ao 1848, en que la revolucin francesa conmovi todas las monarquas de Europa y fue vencida por la traicin de uno de sus generales y el apoyo de Rusia. Austria comprendi que no haba de ser aqulla la ltima insurreccin de los hngaros, y se decidi a devolverles la autonoma dejndoles que se gobernaran por s en todo lo que a sus particulares intereses correspondiera y no estuvieran enlazados con ella sino por el vnculo de los intereses comunes. Tarde o temprano deber hacer otro tanto con Bohemia.

Congratulome que el Sr. Vilas, en nombre del partido progresista y el Sr. Piernas, en nombre del partido centralista, hayan aceptado tan salvador principio. Slo por esta comunidad de ideas puede ser ntima y eficaz la unin de los partidos republicanos. La autonoma de las regiones y de los municipios ha entrado ya en la conciencia pblica; domina hoy en Espaa el mundo poltico como lo dominaba la del individuo antes de la revolucin de Septiembre. Es tan racional, tan lgica!

Aqu en Galicia hay una cuestin de trascendencia, la de los foros; otra no menos importante, la extremada divisin de la tierra.

Autnomas las regiones, a Galicia corresponder resolverlas: y quin mejor que ella podr decidirlas con acierto? La autonoma lleva consigo a las regiones la facultad de hacer leyes. Vosotros tenis una sociedad familiar que no existe en ninguna otra regin de Espaa, podris erigir en ley lo que ahora es simple costumbre.

No extrais que os hable ms de autonoma que de Repblica.

La Repblica la queris todos; sobre la autonoma tenis an muchas vacilaciones y dudas. No olvidis que la libertad es la base de la democracia y no son libres ni los municipios ni las provincias. Como seis sinceros demcratas, no podris menos de admitir el nuevo principio.

Algo debo deciros, con todo, en favor de la Repblica. A los argumentos que combat en Vigo debo aadir otro que no es para olvidarlo. La monarqua, dicen, es el orden permanente; la Repblica, la perturbacin constante: cada eleccin presidencial es un combate. Mentira parece que tal se diga.

Todo el oro vertido y toda la sangre derramada en las agitaciones de la poltica libre no son ni remotamente comparables con el que se vierte y la que se derrama en una de estas fatales guerras de sucesin por las que hemos pasado. En el siglo anterior, por si deba reinar aqu Felipe V o el archiduque de Austria, hubo una guerra de aos que ensangrent toda la tierra de Espaa, trajo una intervencin europea y acab con pasar a fuego y sangre la ciudad de Barcelona. En este siglo, por si deba regirnos la rama de don Carlos o la de don Fernando, hemos debido sos tener otras dos largas guerras que no han costado ni menos oro ni me nos sangre y han dado origen a los ms horrendos crmenes. Nos amenazan an con otra guerra los carlistas, y entre las dos que he indicado han ocurrido alzamientos ms o menos fugaces y una guerra que, sostenida por Cabrera, dur cerca de dos aos. Habladme del orden per manente de la monarqua: no estoy lejos de setenta aos y en lo que mi memoria alcanza no he visto sino una serie de revoluciones, reacciones y desastres. Bajo la Repblica qu conflictos trae ni en Suiza ni en los Estados Unidos de Amrica la eleccin del presidente?

La unin no hay motivo para que particularmente la trate. Aceptada la autonoma de las regiones y los municipios, est hecha. Cmo esa autonoma haya de ser, os lo he dicho. Os he recordado las repblicas de Suiza y de la Amrica del Norte; para la autonoma de las regiones aqu est el modelo. Para la de los municipios, el patrn es tambin indiscutible. Lo que es la regin respecto a los intereses regionales ha de ser respecto a los municipales el municipio.

Dirjome ahora a la juventud de Pontevedra, jvenes que me escuchis, mucho pueden las armas, mucho tambin las ideas. Propagad y difundid por todos los mbitos de Galicia la Repblica y la autonoma. No perdonis medio por llevarlas al ltimo aldeano y a la ltima aldea. Emplead, si podis, no slo la peroracin, sino tambin la poesa y el arte. La poesa y el arte hablan al corazn y los pueblos entienden mejor el lenguaje de los sentidos y el del sentimiento que el de la razn fra y austera. Si el arte y la poesa llenan el fin a que estn llamados, deben ser el azote de toda tirana y los precursores de toda idea que apunte en los horizontes de la vida.

Hablad y hablad sin vacilacin ni miedo. No siguen los pueblos al que duda, sino al que afirma. No os preocupis jams con lo que dirn los que os oyen; ni, llevados de este temor, encubris la verdad que asusta. Como encargu un da a los jvenes de Catalua, afilad, por el contrario vuestras ideas como las espadas, a fin de que penetren mejor en el corazn de las muchedumbres. Desdichada la idea que no alarma! Nace muerta.

Cuando nosotros empezamos a defender la democracia se nos tach de locos, de perturbadores, de hombres que venamos a interrumpir la marcha de la revolucin y a provocar reacciones terribles; hoy aceptan, aun los conservadores, aquellos principios que tanto pavor infundan. Tomad ejemplo en esta historia de ayer, y no tardaris en ver establecida y consolidada la Repblica.

Fuente: Pi y Margall: Federalismo y Repblica. Edicin de Antonio Santamara


Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/discurso-en-el-teatro-de-pontevedra/

 



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