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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2018

Memoria de Babur

Miguel Casado
Rebelin


Cuenta la escena Babur, el creador del imperio mogol de la India. Humayun, su heredero ha contrado unas fiebres; la situacin es muy grave y los mdicos dicen que nada est ya en su mano, que solo cabe ofrecerle a Dios un sacrificio como prenda o intercambio; Babur relata: Inmediatamente entr en la habitacin en la que se hallaba Humayn y di tres vueltas alrededor de l empezando por la cabeza y diciendo: Asumo para m todo tu sufrimiento. En ese mismo instante me sent tremendamente pesado, mientras que l empez a encontrarse ligero y bien dispuesto. Se levant completamente sano y yo me debilit, oprimido por un gran malestar. Los lectores de sus memorias, al cabo de seiscientas pginas, reconocen su voz sencilla, ansiosa de detalles, sensible a los matices, un ltimo impulso de escritura. Muri, en efecto, muy poco despus, sin causa mdica que lo explicara; era diciembre de 1530, y su dinasta seguir gobernando en la mitad septentrional de la India hasta que la derroquen los britnicos, en 1857.

Zahir al-Din Muhammad, llamado Babur, la pantera, descenda por va materna de Chagatai, el segundo hijo de Gengis Khan, a quien le correspondi Asia Central en el reparto de la herencia, y por va paterna de Tamerln, el caudillo mongol que en el siglo XIV intent emular aquella ola conquistadora. Perteneca Babur a una constelacin de prncipes y guerreros, turcos en su mayora, convertidos al Islam, que se disputaron durante siglos las luminosas y mticas regiones de la Ruta de la Seda. Coronado rey a los 12 aos en el valle de Fergana, tom y perdi Samarcanda por tres veces, fue prncipe de Kabul y termin dominando un inmenso territorio, desde el oeste del actual Afganistn hasta el golfo de Bengala. Su vida, quiz como la de todos sus pares, discurri en un vrtigo de vaivenes, en que las conquistas y las huidas, el esplendor y la miseria, se sucedan a velocidad asombrosa. Acogido en la corte de un to suyo, durante una de sus cadas, piensa qu hacer ahora que mi realeza dice se haba evaporado: aquel estado de constante incertidumbre y ese destino errante resultaron para m una carga y perd el gusto por la vida. Me dije que, antes de soportar semejante existencia, era mejor marcharme, no importaba dnde, todo lo lejos que mis piernas pudieran llevarme. As, los senderos de la gloria. Que, a travs de esa peripecia, deseara escribir una minuciosa crnica y fuera capaz de hacerlo, que sus pginas contengan reflexiones como esta, detalles vivsimos, una intensa concepcin del mundo, lo convierte en referencia excepcional.

Babur usa una variedad del turco (el turcochagatai) sin tradicin literaria, mientras reserva la lengua de cultura, el persa, para los documentos de la corte o para ciertos poemas. Y teje, visto desde hoy, un ejercicio radical de extraeza. As, Franois Bernier, un viajero francs del XVII (Viaje al Gran Mogol, Indostn y Cachemira), extasiado ante los edificios del Taj Mahal (obra de un tataranieto de Babur), no sabe cmo justificar la belleza de algo tan ajeno a la norma arquitectnica europea; se pregunta si no se habr corrompido su gusto, adaptndose al indio, cuando piensa que no haba visto nada tan augusto ni tan audaz en Europa. Y resume quiz sin querer el destino de los sucesores de Gengis Khan: no podan bajarse del caballo, siempre pendientes de la prxima conquista, expedicin, batalla, en las que la brutalidad y el terror eran armas perfeccionadas; estaban sometidos a la obligacin de crear instituciones estatales a partir de una cultura que las desconoca; los atraa el saber, el arte, la belleza, las lenguas, como una demostracin de que ese gusto es valioso y libre, humano. Y deban anudar estos componentes imposibles en una existencia personal.

No digo que Babur tuviera conciencia estricta de ello, pero s que su escritura genera las condiciones para tenerla. Sus frmulas son la repeticin y el quiebro. La repeticin de los prolijos inventarios de gentes, flora y fauna, relieves y climas; del proceso de formacin de un ejrcito cada vez, de los pasos atravesados, las batallas, las ciudades, el reparto del botn, la dureza de la fuga. En el curso de los aos, se sumar tambin la repeticin de las borracheras, de las fiestas recontadas una a una. Y ah inciden los quiebros con violencia transparente, como en la vida el azar. Lea yo hace poco Las vecinas de Abu Musa, una singular novela histrica del marroqu Ahmed Toufiq, y pensaba que esos quiebros a la vez de la fortuna y del hilo narrativo provienen de una tradicin islmica, abierta tanto a una lectura religiosa, providencialista, como a una radicalmente existencial. La escueta biografa de varias mujeres, introducida de pronto hacia el final de la novela de Toufiq sin previo aviso, a razn de una vida por breve captulo, es uno de los momentos ms puros que conozco de la voluntad narrativa.

Junto a este tipo de quiebros, Babur imprime otros sellos memorables. La combinacin del continuo juicio moral con la indiferencia a la hora de considerarlo en su propia conducta; dir, en un momento de penuria: Los que permanecieron fieles a mi persona y se condenaron voluntariamente al exilio y a los sufrimientos eran unos doscientos hombres buenos y malos. As, la pasin por la belleza coexiste con la rutina de recibir las cabezas cortadas de los enemigos y disponerlas en disuasivas pirmides. Leemos sus versos dispersos, sus cidos juicios de crtica literaria, su amor enloquecido por un muchacho o sus matrimonios sin apenas convivencia. Su espectacular renuncia a la bebida, transformada en arma poltica para la guerra santa. Pero tambin cmo ha saltado a su barca un pez al huir de un caimn, o cmo el gran nadador que era ha dudado si cruzar el Ganges y ha tardado en decidirse, o en qu se distingue la pulpa de unos y otros melones. Cuando, al fin del libro, el relato directo de una batalla decisiva se sustituye por el que hace una carta cortesana, en el enrevesado persa del protocolo, se percibe bien el espacio personal que su escritura supo abrir donde menos caba: No hay cadenas comparables a las de la realeza le escribe a su hijo y la independencia que lleva consigo la soledad no es compatible con ella. El lector sabe para entonces que Babur solo habra querido conquistar Samarcanda, verse y sentirse all, y que su relato vino a darle forma a lo imposible. Aunque a veces esa forma sea la de una spera grieta: Desde que he renunciado a la bebida, estoy fuera de m: no s qu debo hacer y pierdo la cabeza. / Los dems se arrepienten y hacen penitencia; / en cambio yo hago penitencia y me arrepiento de hacerla.

 

Lecturas:

Babur, Memorias. Traduccin de Merc Comes sobre la traduccin francesa de A. Pavet de Courteille. Barcelona, Crculo de Lectores, 2001.

Franois Bernier, Viaje al Gran Mogol, Indostn y Cachemira. Traduccin de Justo Fornovi. Madrid, Espasa-Calpe, 2004.

Ahmed Toufiq, Las vecinas de Abu Musa. Traduccin de Ignacio Ferrando. Madrid, Verbum, 2014.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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