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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2018

Los Gonzlez-Aguilar, la estela del exilio republicano en Argentina

Mateo Aguilar y Martn Alonso Zarza
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A pesar del papel que esta familia desempe como foco de irradiacin de los valores de la Espaa de la Edad de Plata y republicana, se trata de un asunto apenas conocido


Falla, Alberti, el general Jurado, Conchita Bada, entre otros grandes nombres del exilio republicano, o la familia Guevara-de la Serna, en la tierra argentina de acogida, forman parte del elenco que se reuna en torno a la familia del Dr. Gonzlez-Aguilar en Alta Gracia. A pesar del papel que esta familia desempe como foco de irradiacin de los valores de la Espaa de la Edad de Plata y republicana, se trata de un asunto apenas conocido, ms all de algunas asociaciones anecdticas o el tratamiento acaso algo ms considerado del Cuarteto Aguilar.

La historia de los Gonzlez-Aguilar Precioso es una historia de exilio, de un exilio de ida y vuelta (ida con la victoria de Franco, vuelta con el golpe de Videla) entre Argentina y Espaa. Un exilio de vuelta no es un exilio deshecho sino un exilio multiplicado. De un exilio, el primero, con unos rasgos tpicos y otros particulares; los tpicos tienen que ver con la experiencia existencial del traslado forzoso, los particulares con los rasgos sociales de un sector de los derrotados. En este caso de un sector de la lite cientfica y, a la vez, con una posicin destacada en la poltica, como afiliado al PSOE y con responsabilidades importantes durante los aos de la Guerra Civil, del padre Juan Bautista Gonzlez-Aguilar Pearanda (en general, Juan Gonzlez-Aguilar). Esto ltimo hace que la lista de personas ilustres que figuran entre los habituales de la familia en su exilio en Alta Gracia impresiona: Rafael Alberti, Mara Teresa Len, Manuel de Falla, Pau (Pablo, en la denominacin familiar) Casals, el general Jurado mientras que la conexin con la familia Guevara-de la Serna abrira un nuevo abanico de relaciones, especialmente de parte del hijo menor, Jos Gonzlez-Aguilar Precioso (Pepe Aguilar), amigo ntimo del Che as como del grupo de Fidel Castro, con Regis Debray entre ellos. Por eso, trazar una semblanza de esta familia tiene el inters de iluminar una ms de esas teselas Innumerables de la experiencia del exilio. Lo veremos aqu en tres apartados, el primero sobre la llegada a Argentina y sus vicisitudes, el segundo sobre la importancia de Juan Gonzlez Aguilar en los aos de la Edad de Plata y el tercero sobre las vivencias de su hijo Pepe Aguilar, en particular a travs de su relacin con el Che Guevara.

1. xodo y destino

El 24 de octubre de 1937 llega al puerto de Buenos Aires el vapor de bandera francesa Massilia, procedente de Burdeos. Viajaban en primera clase Francisca Precioso Ruano, esposa de Juan Gonzlez-Aguilar (33 aos y nacida en Murcia, Paquica para la familia) y sus cuatro hijos Carmen, Francisco, Juan y Jos, de 9, 7, 5 y 3 aos, nacidos en Santander1. Haban salido de la ciudad a causa del levantamiento militar; solo Carmen volvera a la provincia temporalmente. Argentina, un pas deseable para muchos refugiados por su pujanza entonces, no era un destino fcil. El gobierno tema un efecto contagio de parte de los revolucionarios republicanos. En la ficha de registro de la Direccin General de Inmigracin de la que proceden los datos de arriba, los pasajeros citados aparecen como de religin catlica. Como asegura Dora Schwarzstein, se alegaron trabas de todo tipo para impedir la llegada de refugiados republicanos2. Salvo en el caso de los vascos, una comunidad prestigiada e influyente, por un lado, y a quienes no se consideraba peligrosos polticamente en buena medida debido a su acendrado catolicismo, por otro. Por eso, en 1940 dos decretos permitan la llegada de vascos3. En los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial Argentina mostr su proximidad al Eje; solo tras la derrota y el fin de la guerra, ese pas inmenso se convirti en el segundo receptor de refugiados, totalizando en todas sus fases una cifra cercana a las 10.000 personas. Entre los nombres ms destacados: Claudio Snchez Albornoz, Luis Jimnez de Asa, Niceto Alcal Zamora, Francisco Ayala, Rafael Alberti, Rosa Chacel, Rafael Dieste, Mara Zambrano, Po del Ro Hortega cientfico cercano a Gonzlez-Aguilar, Jacinto Grau, Alejandro Casona, Conchita Bada o Margarita Xirgu4.

Por eso la llegada de refugiados no vascos lo fue con cuentagotas y gracias a redes de contactos personales o familiares, por un lado, y con predominio de personas pertenecientes a las lites (profesionales, acadmicas, artsticas o cientficas), por otro. As ocurri en el caso de la familia Gonzlez Aguilar, por la vinculacin de la familia del padre a la lite cientfica y poltica. Es sabido que de los 450.000 refugiados contabilizados en Francia en marzo del 39, segn cifras del gobierno francs, solo una parte pudo emigrar al destino preferido latinoamericano, los dems tuvieron que buscar otras tierras y los ms resignarse a un futuro ms oscuro, que en ocasiones termin en los campos nazis.

Sabemos que en ocasiones las decisiones responden a criterios de urgencia y a la hora del exilio las redes de contactos, personales y profesionales, resultan decisivas. Por eso Alberti, en la Arboleda perdida, habla de redes de esperanza: Y al fin, Amrica, Buenos Aires, la Argentina de trnsito para Chile, Para Chile? No, porque me quedo en Buenos Aires donde buenas manos amigas me tienden redes de esperanza.

Tenemos constancia de que en 1921 Juan Gonzlez-Aguilar haba estado, probablemente becado, en hospitales argentinos, as como en el Hospital Espaol de Buenos Aires. Pero acaso ms importante que este dato es el hecho de que cuando estalla la guerra civil, sus cuatro hermanos estaban en Argentina. Sus hermanos eran figuras muy conocidas; Paco (laudn), Elisa (lad o bandurria), Pepe (laudete) y Ezequiel (laudn o bandurria) forman en 1923 el Cuarteto Aguilar, un conjunto de cuerda muy cercano a figuras como Falla, Granados, Turina, Halffter y la Generacin del 27, especialmente Alberti5. Alba Comino Comino se ha referido al Cuarteto Aguilar como embajador de la msica espaola en Estados Unidos (1929-1934), aunque tambin viajaron por Europa6. En sus giras, cinco en EE.UU., dieron a conocer el patrimonio musical espaol a la vez que alentaban la composicin para lad de compositores vivos. El escritor e historiador Salvador de Madariaga les dedica estos versos: Virtuosos de virtudes/ dejan sonoros ecos/ cuatro lades,/ un Velzquez y tres Grecos. Cuenta Enrique Franco (El Pas, 28/05/1983):

Un da, alrededor de un ao antes de su muerte, Manuel de Falla recibi en su retiro de Altagracia, en la Crdoba argentina, la visita de Rafael Alberti, el laudista Paco Aguilar y Donato Colacelli. Iban a ofrecer a don Manuel, consumido en las honduras de su poncho,la Invitacin a un viaje sonoro,escrita por Rafael Alberti sobre msicas habituales del repertorio laudstico del Cuarteto Aguilar, para el que Turina imaginara la Oracin del torero. Esta vez, a la msica de Pisador y Del Enzina, de Lully, Rameau, Purcell, Scarlatti y Bach, de Albniz, Falla, Ernesto Halffter, Nin y Aguilar, iba a espolear los versos de Rafael Alberti. Esta cantata,inicialmente a dos voces (verso y lad con acompaamiento de piano), se transform luego en conciertopara poeta y cuarteto u orquesta de lades. [] Paco, Ezequiel, Elisa y Jos fueron amigos y admiracin de todos: los de la generacin de Falla y los de la de 1927; sonaron para Stravinsky y para Ravel, incitaron a Turina para una de sus pginas ms hermosas la aludida oracin y a Halffter para convertir en tintineo laudstico su Danza de la pastora.

La potencia plstico-rtmica de los poemas de Alberti se enfrenta con el quiebro rococ (l vio, yo lo vi. El aire en un pie, la flor en un tris), con el clave madrileo de Scarlatti (Trina el aire, arpegia el agua. Trmulos vidrios alisan las cuerdas de las sonatas), con la leve zarabanda(De tan suave no soy nada), con los minuetos de Rameau (Hasta pronto, flor; / hasta luego, risa. / Buenas noches, gracia. / Brisa, buenos das), con el mismo Cuarteto Aguilar (que por Espaa sus cuatro lades / ardan, crepiten, sin paz al olvido, / y en cuatro barcas de mstil sonoro / pasen la mar hacia un sol infinito), para despedirse con estos tres versos que prolongan al infinito la sugerencia abierta de la msica: "Osteis? La luz se pierde. / Se hunde la barca en la noche. /Slo la mar permanece".

Alberti deja resbalar suavemente por su diccin gaditano-hispanoamericana la msica de su largo viaje sonoro,al que ponen contrapunto en la, primera parte el Cuarteto Grando, y en la segunda, la Orquesta de Lades Roberto Grando, que dirige Miguel Groba. Todos son, declaradamente, continuadores de la haza de los Aguilar y de la de Germn Lago, nacidas al costado del mejor Falla y a la orilla de la generacin de 1927, antes de que el centenario de Gngora le diera nombre.

Gran jornada, en la que estuvieron presentes Jos Aguilar y otro gran protagonista de la generacin, el ms albertiano de nuestros msicos, Ernesto Halffter, a la que lleg, a travs de la voz del poeta, el recuerdo granadino de la heredera de don Manuel, Isabel de Falla de Garca de Paredes, y las palabras emocionadas de Julio Cortzar.

Pepe Aguilar, el hijo de Juan, recoge en su manuscrito una fotografa del acto (p. 111); tambin se incluye otra foto en La arboleda perdida. Por su parte, Alberti evoc en esta obra aquellos parajes: En la paz soleada de la pursima maana, el jardn de Los Espinillos, la ermita, digo, la casa, donde Manuel de Falla don Manuel habitaba en voluntario destierro, lejos de su Granada, se hallaba ornada de cipreses, naranjos, aromos en el gualda supremo de su flor, entre un hlito delgado de violetas. Los Gonzlez-Aguilar de la segunda generacin recuerdan que le robaban naranjas, lo que le produca gran enfado. Alberti, artfice de la Invitacin al viaje sonoro, publicada por primera vez en 1944 en el libro Pleamar, recordara que en aquel encuentro en Alta Gracia Falla no quiso hablar de Lorca, al parecer porque saba cosas terribles. Falla muri al ao siguiente, en 1946.

Tambin Aitana Alberti, hija del poeta y de Mara Teresa Len, recuerda la figura de su padre con un espectculo en el que revive el Viaje sonoro. A comienzos de los aos cuarenta, Alberti y el msico Paco Aguilar se unieron para crear esta obra. Unasuiteque rene piezas de compositores de los siglos XI al XX, en versiones para lad y piano, como Juan del Encina, Lully, Rameau, Scarlatti, Bach, Mozart, Albniz y Falla, entre otros, con poemas del propio Alberti. Este espectculo fue representado por ambos amigos en ciudades y pueblos de Argentina y Uruguay, acompaados al piano por Donato Colacelli. Cuarenta aos ms tarde, esta cantata se transform en concierto para voz y cuarteto u orquesta de lades, pues Pepe Gonzlez Aguilar, sobrino de Paco, haba conservado la partitura. En esta nueva forma, Alberti estren la obra en mayo de 1983 en el Ateneo de Madrid en un acto de gran contenido simblico como homenaje al Cuarteto Aguilar (Informaciones, 28/05/1983). No fue la nica colaboracin entre el poeta y la msica, ambos se prodigaron en recitales junto con la cantante Conchita Bada. Qu aos aquellos en Buenos Aires! Don Manuel, Paco Aguilar, tus conciertos! No te olvidamos, escribe Alberti a Conchita Bada en 19727.

La Invitacin a un viaje sonoroestuvo presente en el Festival Internacional de Santander, pero el propio autor la enton, segn Enrique Franco (El Pas, 18/08/1985), en Laredo y en la Casona de Tudanca. Esto ltimo tiene que ver con las resonancias afectivas del lugar. En 1928, Jos Mara de Cosso, amigo del poeta, le invit a pasar unos das en la Casona; en sus memorias cuenta Alberti la importancia de aquella estancia, que le sirvi para visitar la regin y las cuevas de Altamira, el santuario ms hermoso de todo el arte espaol [] Abandon la cueva cargado de ngeles. Al partir de Tudanca, entregu a Cosso El alba del alhel.

Retomamos el hilo del exilio. Es la presencia de los hermanos de Juan en Argentina cuando estalla la guerra, la que explica que el primer ao de su estancia en el exilio, los Gonzlez-Aguilar, menos el padre que sigue en Espaa hasta el fin de la guerra, residan en Buenos Aires con sus tos y la abuela Filomena. Se mudan luego de Buenos Aires a Alta Gracia, provincia de Crdoba, donde viva su amiga de Santander ngela Huidobro de Navarro, una persona vinculada familiarmente al mundo de la ingeniera.

Llegan all la ltima semana de 1938. Y les vienen a recibir Ernesto Guevara Lynch, su mujer, Celia, y sus cuatro hijos, entre ellos Ernestito o Tet, luego Che Guevara, por entonces con 10 aos (Pepe Aguilar, p. 68). La familia se haba mudado a Alta Gracia por causa del asma de Ernestito. La proximidad con esta familia sera determinante en las dos direcciones, por lo que significa de influencia del espritu republicano y de la Edad de Plata espaola en este entorno argentino y de implicacin de Pepe, junto al Che, en las inquietudes polticas, aunque no lo acompa en la guerrilla del subcontinente. Volveremos sobre esto en el tercer bloque, ahora toca retornar a una Pennsula a la que el fascismo ha sometido a una sangra, en este caso ciertamente parte del atroz desmoche de la lite universitaria ms preparada, que preludia los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

2. Juan Gonzlez-Aguilar, brillantez cientfica y compromiso republicano

La semana en que la parte de la familia trasterrada llega a Alta Gracia, la ltima semana del 38, no sabe nada del padre, que haba quedado en Espaa atendiendo a sus responsabilidades como alto cargo de Sanidad de la Repblica. Y no sabe nada porque esos das finales del 38 conocen el xodo ms numeroso de los provocados por la Guerra Civil, un xodo que ha grabado en nuestras retinas las imgenes de filas interminables de bultos humanos esperando cruzar la frontera francesa tras la conquista de Catalua por Franco. En su manuscrito Pepe recoge retrospectivamente las impresiones del momento8:

Luca lvarez de Toledo recuerda la historia repetida en la familia de que Juan Gonzlez-Aguilar fue quien cruz la frontera en ambulancia a los Machado disfrazados de enfermos para evitarlos el trago de la espera. Sabemos que Antonio y su madre moriran poco despus, y que esta ltima al cruzar habra dicho aquellas palabras terribles que recoge Corpus Barga, que en ocasiones tuvo que llevarla en brazos: Pero, cundo llegamos a Sevilla?.

Juan Aguilar cruzaba la frontera para no volver; pasara por los inmundos campos franceses antes de poder embarcar desde Amberes hasta Buenos Aires en el vapor Copacabana, en el puerto de Amberes, el 6 de abril de 19399. El manuscrito de su hijo fija la llegada el 1 de mayo10.

Pero en esos aos haba completado una brillante carrera cientfica. Vale la pena recoger el perfil biogrfico que del Dr. Juan Gonzlez-Aguilar traza Mario Corral Garca, director de la Biblioteca Marquesa de Pelayo11:

Licenciado en Medicina en 1918. Tesis: Los resultados de las suturas de los nervios perifricos (Universidad Central de Madrid, 1927). En 1921 alcanza el grado de teniente mdico de la Armada y en 1926 es agregado a la Clnica Ortopdica que dirige el Dr. Manuel Bastos en el Hospital de Carabanchel. Sus viajes de estudio son constantes gracias a la confianza que deposita en l la Junta para la Ampliacin de Estudios e Investigaciones Cientficas (JAE), semillero de las personalidades mdicas que dieron cuerpo a la Edad de Plata de las Ciencias Espaolas, de la que la Casa de Salud Valdecilla fue buque insignia. sta se inaugura el ao 1929 y el Dr. J. Gonzlez-Aguilar, con 37 aos, es seleccionado como profesor jefe de la Clnica de Huesos y Articulaciones. En Santander despliega una ingente labor clnica, docente y de investigacin. Gana por oposicin la direccin del Sanatorio de Isla Pedrosa, dedicado a la lucha antituberculosa, que compatibiliza con su actividad en Valdecilla. En 1937, con la toma de las tropas franquistas de la ciudad de Santander, su familia se exilia a Argentina en barco de bandera francesa. En fecha indeterminada lo hace l, probablemente en los primeros meses de 1939. En 1941 el Dr. J. Gonzlez-Aguilar es nombrado jefe del Servicio de Tuberculosis Osteoarticular en el Instituto de Tisiologa de la Universidad Nacional de Crdoba dirigido por el Dr. Gumersindo Soyago. Fallece en Crdoba, Argentina, en 1952.

De estos detalles cabe insistir en tres, su perfil acadmico, su vinculacin con Valdecilla en el espritu institucionista y su papel en el ejrcito republicano durante la guerra. Para el primero hay que recordar sus estancias en instituciones mdicas europeas y americanas en la dcada de los veinte: Argentina, Uruguay, Francia, Inglaterra, Portugal, Grecia, Italia y Estados Unidos. En los dos ltimos casos (1928 y 1929) pensionado por la Junta de Ampliacin de Estudios que preside Ramn y Cajal; la estancia en Estados Unidos tiene que ver con la ciruga de los injertos seos, una especialidad que le permiti asistir representando a Espaa a Congresos como el Internacional de Ciruga, que deba celebrarse en Viena, pero se traslad a Bruselas tras la anexin de Austria por Hitler12. En la segunda mitad de la dcada inicia ya una importante trayectoria profesional que comienza en el Hospital de Carabanchel (Madrid) y tiene su culminacin en Santander por partida doble, como jefe de Servicio de Huesos en la Casa de Salud Valdecilla y en la Direccin del Servicio Martimo Antituberculoso de Pedrosa. Su presencia en Valdecilla es significativa porque el proyecto de esta Casa de Salud era tanto clnico como cultural. Para lo ltimo estaba estrechamente vinculado al espritu reformista de la Institucin Libre de Enseanza y la Edad de Plata de la cultura espaola, as como al espritu vanguardista de la Bauhaus. Recurrimos de nuevo a Mario del Corral para trazar la primera conexin13:

La Edad de Plata de las Ciencias tiene su semillero en la Junta para la Ampliacin de Estudios e Investigaciones Cientficas dirigida por Cajal, que a su vez es fruto de la Institucin Libre de Enseanza diseada el ao 1875 en la casa natal de Augusto Gonzlez de Linares, en Valle, Caburniga, y fundada al ao siguiente.

La Casa de Salud Valdecilla es el mascarn de proa de la Edad de Plata de las Ciencias Espaolas. Es necesario reclamar la importancia de una y de otra, de la Casa de Salud Valdecilla y de la Edad de Plata de las Ciencias Espaolas. La exposicin cuenta en este sentido con la colaboracin del Centro Lpez Albo de Documentacin de la Edad de Plata de las Ciencias Espaolas.

Que Gonzlez-Aguilar Juan Bautista Gonzlez-Aguilar Pearanda es su nombre completo fuera designado para una institucin con este relieve pblico, muestra su reconocimiento, como el de otros profesionales del Centro, empezando por su primer director, Lpez Albo, o de Po Ro Hortega, director honorario del Laboratorio de anatoma patologa y cancerologa de la Casa de Salud Valdecilla. Los tres se exiliaron cuando las tropas franquistas tomaron Santander el verano del 37 (abandonando all por cierto parte de sus trabajos). Su prestigio queda patente en el hecho de que fue l, jefe de seccin de Huesos y Articulaciones, quien dict la Conferencia Inaugural, titulada Interpretacin patognica de los tumores de mioloplaxias en los tendones, el 3 de enero de 1930. A la suya sigui otra del Dr. Gregorio Maran14. La Conferencia marcaba asimismo la puesta en marcha del Instituto Mdico de Postgraduados, una institucin puntera en la Espaa de entonces. La cada de Santander interrumpe su continuidad en Valdecilla. Tras el exilio desempea la funcin de jefe del Servicio de Tuberculosis Osteoarticular del Instituto de Tisiologa y de cirujano traumatlogo de la Universidad de Crdoba, en Argentina. No recogemos aqu sus publicaciones.

Queda el componente reformista-militar-republicano. El Dr. estaba afiliado al PSOE (su ficha consta en la Fundacin Pablo Iglesias) e hizo carrera militar hasta el grado de coronel. Esta trayectoria comenz como mdico de la Armada destinado en el Hospital de Marina de Cartagena. En el crucero Catalua navega por el Mediterrneo interviniendo en acciones de guerra en el Norte de frica. Sigue un curso de submarinos, pasa a la escuela de Submarinistas y es destinado en 1928 a Ferrol. Cesa en esa funcin como supernumerario para desplazarse a Santander, a las tareas comentadas. Al estallar la guerra civil, leal a la Repblica, se reincorpora al servicio activo. Es destinado sucesivamente a Cartagena, Valencia y Barcelona, donde como Jefe de Sanidad del Ministerio de Marina se encarga de la evacuacin del Pirineo Oriental, como se ha sealado; aunque tenemos muy pocos datos suyos de estos aos. La derrota de la Repblica le condena al exilio durante los 13 ltimos aos de vida. Falleci en Crdoba el 28 de octubre de 1952.

3. Gonzlez-Aguilar, Guevara-de la Serna y los ecos de la Repblica

Alta Gracia es una ciudad de la provincia de Crdoba, en el centro de Argentina, construida en torno a la Estancia Jesutica, una hacienda de la poca colonial con una iglesia y un museo. All se encuentra el Museo del Che Guevara en la casa en la que el mdico guerrillero vivi de nio y donde se guardan cartas y objetos personales suyos.

Existen numerosas biografas de Ernesto Guevara, el Che; en ellas queda constancia de la proximidad entre ambas familias, la de los Gonzlez-Aguilar, Juan y sus hijos el papel de la madre, Francisca, es muy escaso, quizs porque como afirma Pepe, no le interesaba la poltica y la de los Guevara-de la Serna, donde el papel de Celia, una mujer independiente, feminista, que conduca, fumaba y vesta pantaln, sobrepujaba al del padre, Ernesto Guevara Lynch. Ambos pertenecan a familias terratenientes venidas a menos y sus inquietudes polticas los haban llevado a apoyar a la Repblica y dar acogida a los refugiados contra la posicin oficial del gobierno. La casa de los Gonzlez Aguilar se convirti en una especie de centro social donde los hijos de los Guevara-de la Serna pasaban mucho tiempo en tareas que iban de la lectura de poesa a partidas de ajedrez. Recprocamente, como recuerda Jorge G. en Compaero (1997), era el coche de Celia el que serva para trasladar a la escuela a Crdoba a los hijos de ambas familias. Los viajes permitieron amistades profundas entre los hijos y el centro social una influencia constante de la Espaa republicana. Unas palabras de Ernesto Guevara Lynch, el padre del Che, dan testimonio de la continuidad de esta amistad cuando las familias se mudan.15

La familia Aguilar, que durante muchos aos vivi cerca de nosotros en Alta Gracia, tambin se haba mudado a la ciudad de Crdoba y muy cerca de nuestra casa. Carmen, Paco y Juan Aguilar eran ntimos amigos de Ernesto, Celia y Roberto. Pepe Aguilar era compaero inseparable de mi hija Ana Mara, de modo que aquella amistad que naci en Alta Gracia continu en la ciudad de Crdoba. Cuando la familia Gonzlez Aguilar no estaba en mi casa, nuestros chicos estaban en la casa de ellos.

Prueba de esta complicidad es que los Gonzlez-Aguilar fueron padrinos del quinto y ltimo de los hijos de los Guevara-de la Serna, Juan Martn, nacido en mayo de 1943. Ofici el bautizo el sacerdote vasco Vicente Otaegui y ante la sorpresa del autor, su padre le contestaba en latn (p. 97). La proximidad no era solo personal. La Guerra Civil espaola tambin la guerra paraguayo-boliviana fue un factor determinante en la socializacin de Ernestito; todas las fuentes coinciden en ello. Para hacernos una idea cabal de aquella atmsfera recuperamos el testimonio del padre, escrito en 1972:

Cuando comenz en Espaa la guerra civil, Ernesto era pequeo. Por aquel entonces yo estaba ntimamente relacionado con los republicanos. [] Con algunos amigos de Alta Gracia habamos fundado un comit de ayuda al gobierno republicano espaol; en este comit trabajaron muchas personas liberales y de izquierda. Nos conectbamos continuamente con otros comits de la capital cordobesa y de la ciudad de Buenos Aires.

Solo contaba nueve aos de edad entonces mi hijo Ernesto. Se interesaba muchsimo por todo lo concerniente a la guerra civil espaola.

El mdico espaol doctor Juan Gonzlez Aguilar fue uno de los amigos personales del presidente Azaa y lleg a ser jefe de la Sanidad naval de su pas. Haba mandado a su familia a Buenos Aires y esta se radic en Alta Gracia, donde pronto hicieron amistad con un ncleo de personas que trabajaban ayudando a la Repblica espaola.

Cuando se derrumb la resistencia republicana, el doctor Juan Gonzlez Aguilar cruz la frontera y pas a Francia, donde estuvo en un campo de concentracin. Un tiempo despus se exili en la Repblica Argentina. La casa del doctor Gonzlez Aguilar era un verdadero comit republicano espaol donde se reunan gran nmero de exiliados.

Nosotros habamos intimado con los Gonzlez Aguilar y Ernesto se hizo muy amigo de sus hijos mayores. En su casa pudo tomar contacto con muchos combatientes republicanos y as fue como siendo un nio Ernesto apoy con todo entusiasmo a la Repblica espaola. No falt a un solo acto de los que se hacan con el propsito de ayuda y mientras tanto iba empapndose a travs de peridicos y libros de los pormenores de esta contienda. [].

Ernesto recortaba prolijamente las noticias de los diarios y en su cuarto en un gran mapa segua el movimiento de los ejrcitos pinchando banderitas en uno y otro frente. Creo que en esa poca comienza en l a desarrollarse la rebelda contra toda dictadura que oprima a los pueblos.

Y as, en aquel clima de tensin en que vivan los exiliados espaoles, todos nosotros fuimos enterndonos de los pormenores de aquella guerra fratricida. Ernesto fue conociendo a muchos de los combatientes que tomaron parte en ella. Estos se distinguieron por el derroche de coraje, derroche que conmovi al mundo entero. Es difcil escapar a la atraccin que ejerce el medio cuando se tiene poca edad y creo que Ernesto en esa poca empieza a desarrollar su carcter combativo. []

A medida que se desarrolla la guerra civil, Ernesto comienza a conocer el porqu de aquella guerra. Para l ya los exiliados espaoles era sus hermanos. []

Policho [Crdoba Iturburu, cuado del autor y periodista enviado a Espaa por el diario Crtica], adems de mandar sus artculos con impresiones personales, mandaba tambin algunos ejemplares de diarios de escasa tirada que se editaban dentro de las filas republicanas. Recuerdo algunos ejemplares del Mono Azul, en donde colaboraban muchos de los que ms adelante llegaron a ser grandes escritores y poetas espaoles, algunos de los cuales posteriormente se establecieron en la Repblica Argentina. El Mono Azulnos brind la oportunidad de leer por primera vez los poemas de Rafael Alberti, poeta a quien despus conocimos personalmente y a quien tanto admiramos.

A la casa de don Juan Gonzlez Aguilar continuamente llegaban jefes republicanos, oficiales, combatientes, profesionales, literatos, poetas. Y a mi casa tambin llegaban algunos de ellos. En este ambiente nos bamos enterando de todo el proceso de la guerra civil espaola y como mi mujer y yo ramos personas de tendencia socialista, pronto fraternizamos con todos aquellos exiliados que llegaron a nuestro pas con la esperanza de volver en poco tiempo a su tierra.

Mi hijo Ernesto iba creciendo en aquel ambiente y no slo se puedo enterar de los incidentes de la guerra civil, sino tambin de la nueva literatura que naca en las trincheras. No es de extraar, pues, que siendo un nio se identificara con la vanguardia de la Espaa republicana.

El general Jurado, militar espaol republicano, fue el hroe de la batalla de Guadalajara.[] Nos hicimos muy amigos y me cont muchos pormenores de la guerra civil espaola. [] Ernesto entonces tena alrededor de los diez aos y segua los relatos de Jurado absorto y sin perder detalle. [] fue para l una gua de lo que debe ser un hombre de combate. Le tena una gran admiracin. [] Cuando yo observaba la atencin con que mi hijo Ernesto escuchaba al veterano militar, lejos estaba de pensar que este chiquillo pudiera repetir alguna de estas hazaas en lugares muy lejanos y hoy pienso cunto le habrn servido las lecciones que, sin saberlo, le estaba brindando un militar espaol.

Documentos inditos facilitados por su viuda y segunda mujer Aleida March, de los que dio cuenta Mauricio Vicent antes de su publicacin, confirman la importancia de la Guerra Civil espaola en la formacin del Che. Seala Vicent:

En septiembre de 1956, poco despus de salir de la crcel en Mxico y dos meses antes de partir hacia Cuba en el yate Granma,el Che, en la clandestinidad, visita a su primera esposa, la economista peruana Hilda Gadea, y a su hija Hildita en la casa en que vivan en el Distrito Federal. Ambas fallecieron ya, pero antes de morir, Gadea cont que ese da el Che les recit los versos que Antonio Machado dedic al general Lster. El Che siempre tuvo gran cercana al exilio republicano espaol. Tras el triunfo de la revolucin mantuvo buenas relaciones con el militar Alberto Bayo, que haba entrenado al grupo de Castro en Mxico y con quien jugaba al ajedrez, as como con intelectuales espaoles que residan en la isla, como el jurista Jos Luis Galbe y el cientfico Julio Lpez Rendueles. Veinte aos antes, en 1937, en el pueblo argentino de Altagracia, Guevara tuvo su primera nocin de la guerra civil espaola al llegar a vivir a su casa los hijos de un mdico republicano. Tena nueve aos. Con sus amigos segua los partes de guerra y lleg a aprenderse los nombres de todos los generales republicanos.

Naturalmente el mdico republicano era Gonzlez-Aguilar y estos eran los versos de Machado que el Che recitaba a su hija Hildita:

A LSTER, JEFE EN LOS EJRCITOS DEL EBRO

Tu carta oh noble corazn en vela,
espaol indomable, puo fuerte,
tu carta, heroico Lster, me consuela,
de esta, que pesa en m, carne de muerte.

Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
tambin mi corazn ha despertado
entre olores de plvora y romero.

Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la pea fra
donde brota esa rbrica espaola,

de monte a mar, esta palabra ma:
"Si mi pluma valiera tu pistola
de capitn, contento morira".

Cuenta Lois Prez Leira que el Che tuvo la ocasin de conocer y presentar a Enrique Lster en un homenaje al general espaol en La Habana el 2 de junio de 1961. Lo hizo con estas palabras:

Tengo hoy el honor, en nombre del pueblo de Cuba, de saludar una vez ms, durante su estancia entre nosotros, al general Lster. (Aplausos.) Y tengo la fcil misin de presentarlo ante ustedes, pues todos lo conocen desde hace muchos aos, y el mundo entero conoci su nombre cuando Espaa escribi una de sus pginas ms heroicas y desgraciadas, durante los tres largos aos de la guerra civil contra los poderes fascistas. El Che terminara su discurso con una frase del poema de Machado a Lister: Si mi pluma valiera tu pistola de capitn, contento morira.

Pero hay que volver al homenaje a Falla porque all es donde se conocen Alberti y el Che. Alberti evocara este recuerdo al saber de su muerte con estos versos:

Te conoc de nio/ all en el campo aquel de Crdoba Argentina,/ jugando entre los lamos y los maizales,/ las vacas de las viejas quintas, los peones.../ No te vi ms, hasta que supe un da/ que eras la luz ensangrentada, el norte,/ esa estrella/ que hay que mirar a cada instante/ para saber en dnde nos hallamos.

En el homenaje tributado al Che en Roma, Mara Teresa Len ley estas palabras: Yo traigo el dolor y la pena de Rafael Alberti, y con la ma, la de todos los exiliados de Espaa, y el dolor de los que se quedaron all con la mirada vuelta hacia la libertad, el dolor de la juventud espaola que no dobla las rodillas y que haba visto en el Che Guevara un hroe del rabioso tiempo presente de nuestra Amrica Latina.

Ambos textos figuraban en la exposicin que dedic al Che la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla en febrero de 201016. El Che se escribi tambin con Len Felipe. Uno de los documentos que guarda Aleida March es una carta del 21 de agosto de 1964, antes de partir al Congo: Maestro, hace ya varios aos, al tomar el poder la revolucin, recib su ltimo libro dedicado por usted. Nunca se lo agradec, pero siempre lo tuve muy presente. Tal vez le interese saber que uno de los dos o tres libros que tengo en mi mesa de cabecera es El Ciervo. Len Felipe le contestaba el 27 de marzo de 1965: Mi querido amigo Che Guevara. Le escribo a Ud. ya muy viejo y muy torpn, pero le debo a Ud. un abrazo que no quiero irme sin drselo. [] Le envo como recuerdo el autgrafo del ltimo poema que escrib hace unos das. Salud y alegra. Cuenta Roberto Massari que en la casa de los Gonzlez-Aguilar se lea a Alberti y a otros jvenes poetas del campo republicano como Len Felipe17. Jos Gonzlez-Aguilar Precioso (Pepe Aguilar) cuenta la pasin del Che por la poesa y su predileccin por un poema de Rivas Paneda sobre la cada de Madrid, que repeta a menudo: Era mentira y mentira,/ convertida en verdad triste./ Que sus pisadas se oyeron/ en Madrid, que ya no existe (p. 123). El Che conoca la literatura espaola, la clsica del Quijote a Galds, y la moderna, como los autores citados o Goytisolo. Una muestra es la carta a Aleida el 14 de agosto de 1965 desde la selva del Congo: Estoy manejando aceptablemente bien el idioma, mis matemticas van bien y voy a ser catedrtico del Capitala fuerza de releerlo (cada vez con ms ganas, como el Quijote).

En este cruce de complicidades no puede faltar el de Alberti con los Aguilar y los Guevara-de la Serna hay numerosos datos que avalan este contacto. Aadir a los mencionados uno tardo, el documental Guernicarealizado por Jos (Pepe) Gonzlez-Aguilar, el hijo menor de la familia en 1991, poco antes de morir de cncer, en el que Rafael Alberti recita versos suyos junto a otros escritos por Pepe Aguilar.

Luca lvarez de Toledo, autora de una biografa y amiga de amigos y parientes de los Guevara-de la Serna, que conoci al Che en su juventud, da fe de esta complicidad familiar y apunta un dato adicional de inters: Durante aos, Pepe Gonzlez Aguilar (que era amigo de la infancia del Che y lo sigui a Cuba, donde trabajaba como periodista y documentalista) y yo recopilamos material para un documental. Lamentablemente Pepe tuvo un cncer fulminante y se muri. El material qued archivado. Es un dato de inters porque justamente contamos con el manuscrito no publicado (e inacabado, por su muerte) de Pepe Aguilar (nota 1). Ese manuscrito es un verdadero mapa de la constelacin de personalidades que confluan en Alta Gracia; la mera lista de nombres citados es elocuente. El primer captulo, el dedicado precisamente a la muerte del Che, est precedido de la dedicatoria manuscrita de su libro de Memorias, que como despedida dej el Che al autor en abril de 1965. El captulo se inicia dando cuenta de una conversacin del autor con Fidel Castro cuando solo los crculos ntimos conocen la noticia de la muerte del guerrillero en Bolivia el 9 de octubre de 1967. Fidel le encarga que d la noticia al padre y Pepe refiere su obcecada incredulidad ante el anuncio de la muerte; quizs porque ya haba vivido situaciones parecidas, como cuenta el propio Guevara Lynch. Una foto incluida en el manuscrito (p. 57) fechada en esos das muestra al autor junto a su viuda, Aleida, su hija, Aliusha, su hermano, Roberto, y Fidel Castro. Los siguientes captulos viajan en el tiempo, desde su salida de Santander, sus recuerdos de Valencia bombardeada por los franquistas, los avatares de la Segunda Guerra Mundial y la posicin de Argentina respecto al Eje, y un barrido sobre la actualidad de los pases de Amrica Latina; con vueltas a la Guerra Civil, los recuerdos de su infancia en Alta Gracia y diferentes flashes sobre la figura del Che. Las ltimas pginas mezclan pinceladas sobre la juventud del Che, con las impresiones sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, la reaccin, con dos posiciones antagnicas, de la sociedad argentina. El prrafo final de este documento sin final merece ser transcrito en su literalidad:

El autor, conoci un segundo exilio, tras el golpe de Videla. Vivi en Madrid y pas sus ltimos aos en Barcelona en condiciones precarias y aquejado de un cncer del que morira antes de cumplir los sesenta18.

Notas:

1. Estos datos proceden de M Arnzazu Daz-R. Labajo, El exilio cientfico en Argentina. Contribuciones e impacto de los mdicos, biomdicos y psicoanalistas espaoles en la ciencia argentina (1936-2003).Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca 2016, pp. 205-207. El libro de referencia sobre el exilio espaol en Argentina sigue siendo Dora Schwarzstein, Entre Franco y Pern. Memoria e identidad del exilio republicano espaol en Argentina, Barcelona, Crtica 2001. Brbara Ortuo es autora de la tesis doctoral El exilio y la emigracin espaola de posguerra en Buenos Aires, 1936-1956, Universidad de Alicante, 2010. Sobre fuentes acadmicas ms especficas daremos cuenta cuando proceda. No obstante, una fuente bsica para este artculo son documentos personales no publicados, especialmente el manuscrito inacabado de Jos Gonzlez-Aguilar Precioso, titulado La agona del Che Guevara (1991), -estn en marcha gestiones para su publicacin-, as como testimonios de familiares y amigos.

2. Lejos de la acogida generosa mexicana. Alberti se queja de su (suya y de Mara Teresa) incmoda situacin: telfono intervenido, correspondencia revisada, sus nombres en una lista negra, dificultades para viajar Remitimos para ello a Juana Martnez Gmez, Alberti en la Argentina: los primeros pasos del exilio, Revista de Filologa Romnica2011, Anejo VII, pp. 255-264. Uki Goi remacha este punto: asegurando que el pas era formalmente neutral pero en el fondo favorable a Hitler; el escritor norteamericano-argentino recuerda en castellano la frase de Pern: Me cortara la mano antes de romper relaciones con el Eje (https://www.nybooks.com/daily/2018/08/20/silence-is-health-how-totalitarianism-arrives/).

3. Dolores Pla Brugat, 1939, en Jordi Canal (ed.), Exilios. Los xodos polticos en la Historia de Espaa. Siglos XV-XX, Madrid, Slex, 2007, p. 267.

4. Para el dominio cultural, Blas Matamoro, La emigracin cultural espaola en Argentina durante la posguerra de 1939, Cuadernos Hispanoamericanos, 384, junio 1982, pp. 576-590.

5. https://www.cuartetoaguilar.com/paco-aguilar. El 14 de noviembre de 2007 el pueblo de Molina de Segura organiz un homenaje a la familia Aguilar.

6. Seminario del Prcticum de Musicologa Histrica, Universidad de La Rioja, febrero 2018.

7. Estos datos y varios otros sobre el Cuarteto Aguilar en la tesis doctoral de Eladio Mateos Miera, Rafael Alberti y la msica, Universidad de Granada, 2003, la cita en p. 219.

8. Del manuscrito La Agona del Che Guevara, pp. 71 y 73.

9. Los datos sobre el embarque en la obra citada de Brbara Ortuo, p. 91.

10. El 1 de mayo del 39 lleg mi padre. Era una maana fra y Celia alquil un taxi para llevarnos a esperarlo a la estacin. Habamos pasado casi dos aos sin verlo. Recuerdo que con mi amiga Ana Mara le mirbamos vergonzosos y atemorizados. Hasta la noche no me anim a sentarme en sus rodillas y darle un beso. La agona del Che Guevara, p. 80.

11.Conferencia Inaugural de la Casa de Salud Valdecilla (enero de 1930), Juan Gonzlez-Aguilar, Edicin Biblioteca Marqus de Pelayo, Santander 2014, p. 15.

12. Carta del 16 de septiembre de 1938, recogida por Pepe Aguilar p. 64).

13. Entrevista de Rafael Prez Llano a Mario Corral Garca, comisario de la exposicin "Valdecilla: La Semilla (1929-1939); http://semillerovaldecilla.blogspot.com/2015/05/entrevista-mario-corral-garcia.html, jueves, 28 de mayo de 2015.

14. La Conferencia est disponible, con materiales contextuales, en Coleccin Fuentemar 6, edicin de la Biblioteca Marquesa de Pelayo, Santander 2014. Ms detalles en Hospital Universitario Marqus de Valdecilla.Textos Fundacionales, Dr. D. Wenceslao Lpez Albo. Edicin dirigida por Dr. D. Jess Gutirrez Morlote y D. Mario Corral Garca. Hospital Universitario Marqus de Valdecilla. Santander 2015, pp. VII, IX, 11, 13, 17. Ambos documentos disponibles en la web.

15. Ernesto Guevara Lynch, Mi hijo el Che, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1988, p. 276.

16. Algunas referencias sobre el Che sin nimo de exhaustividad:

Che: A Memoir by Fidel Castro, Ed. David Deutschmann. Melbourne / New York : Ocean Press, 1994; Carlos Calica Ferrer, Becoming Che, New Delhi, Leftword Books, 2009; Gadea, Ernesto: A Memoir, 1972; Granado, Alberto. Traveling With Che Guevara, 2004; Resnick, The Black Beret, 1970; Rojo, My Friend Che, 1968; Salles, dir. The Motorcycle Diaries, 2004, Guevara Lynch; Luca lvarez de Toledo, La historia del Che Guevara, Buenos Aires, Emec, 2012. La ms reciente es la del hermano menor del Che, Juan Martn Guevara con Armelle Vincent, Mi hermano el Che, Madrid, Alianza, 2016. Ernesto Guevara, Mi hijo el Che, La Habana, 1968. Jon Lee Anderson, Che Guevara: Una vida revolucionaria, Barcelona, Anagrama, 1997; Paco Ignacio Taibo II, Ernesto Guevara tambin conocido como el Che, Barcelona, Planeta, 2010 (2); Jorge Castaeda, La vida en rojo. Una biografa del Che Guevara, Madrid, Alfaguara, 1997; Aleida March, Evocacin: mi vida al lado del Che, Mxico, Centro de Estudios Che Guevara/Ocean Sur, 2011, 191 pp. De los varios escritos del propio Che, cabe resear, Che desde la memoria, La Habana, Ocean Sur, 2004.

17. Roberto Massari, Che Guevara: Pensamiento y poltica de la utopa, Tafalla, Txalaparta, 2004, p. 30

18. Agradecemos la valiosa colaboracin prestada por Pepa Palacio y Pepe Lamarca.

Fuente: http://ctxt.es/es/20181129/Politica/23066/Mateo-Aguilar-Martin-Alonso-Zarza-Argentina-Edad-de-Plata-Republica-Guerra-civil-Espa%C3%B1a.htm



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