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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2018

Francia
Los chalecos amarillos y las lecciones de la historia

Grard Noiriel
Le Blog de Grard Noiriel

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


En un artculo de opinin publicado por el diario Le Monde (el 20 de noviembre de 2018) el socilogo Pierre Merle escribe que el movimiento de los chalecos amarillos recuerda a las jacqueries (1) del Antiguo Rgimen y de los periodos revolucionarios. Y se pregunta: se pueden comprender todava las lecciones de la historia?.

Yo tambin estoy convencido de que poner en perspectiva este movimiento social nos puede ayudar a comprender. Es la razn por la que no me parece pertinente el trmino jacquerie (utilizado por otros comentaristas y sobre todo por Eric Zemmour, el historiador de Le Figaro recientemente consagrado por [la emisora de radio pblica francesa] France Culture en el programa de Alain Finkielkraut que ilustra perfectamente el ttulo de su libro sobre la derrota del pensamiento). En mi libro Histoire populaire de la France seal que todos los movimientos sociales desde la Edad Media haban sido objeto de una intensa lucha entre los dominantes y los dominados a propsito de la definicin y la representacin del pueblo en lucha. La palabra jacquerie sirvi para designar los levantamientos de esos campesinos a quienes las lites apodaban jacques, trmino despectivo que volvemos a encontrar en la expresin [francesa] faire le jacques (comportarse como un campesino bruto y estpido).

El primer gran movimiento social calificado de jacquerie tuvo lugar a mediados del siglo XIV, cuando los campesinos de la Isla de Francia se levantaron contra sus seores. La fuente principal que durante siglos aliment la mirada peyorativa sobre los levantamientos campesinos de esta poca es el relato de Jean Froissart, el historiador de los poderosos de su tiempo, escrito a lo largo de la dcada de 1360 y publicado en sus famosas Crnicas. As es cmo Froissart presenta la lucha de estos campesinos: Entonces se reunieron y se marcharon, sin otro consejo y sin armadura alguna aparte de barras de hierro y cuchillos, a casa de un caballero de viva cerca de ah. Destrozaron la casa y mataron al caballero, a la dama, a los nios, grandes y pequeos, y prendieron fuego a la casa []. Estas malas gentes reunidas sin jefe y sin armaduras robaban y quemaban todo, y mataban sin piedad y sin compasin, como perros rabiosos. Y haban hecho a uno de ellos rey, como se dice de Clermont a Beauvoisis, y eligieron al peor de los malos; llamaba a este rey Jacques Bonhomme [palurdo].

Este desprecio de clase que presentaba al jefe de los jacques como el peor de los malos queda invalidado por los archivos que demuestran que los campesinos en lucha eligieron como portavoz principal a Guillaume Carle que tena conocimientos y hablaba bien. En la misma poca un tejedor, Pierre de Coninck, dirigi la lucha de los artesanos de Flandres. Se le describe as en Les Annales de Gand : Pequeo de cuerpo y de pobre linaje, tena tantas palabras y saba hablar tan bien que era una maravilla. Y por eso los tejedores, los batanes y los esquiladores le crean y queran tanto que no poda decir o mandar algo que no hicieran.

Se trata de una constante en la historia de los movimientos populares. Para que su lucha no fuera estigmatizada los rebeldes siempre eligieron unos lderes respetables y capaces de decir en voz bien alta lo que el pueblo piensa en voz baja. Otros ejemplos ms tardos confirman la importancia del lenguaje en la interpretacin de las luchas populares. Por ejemplo, las lites llamaron al levantamiento que agit todo el Prigord a principios del siglo XVI el levantamiento de los croquants [palurdos], trmino que los campesinos y artesanos rechazaron presentndose a s mismos como personas de lo comn, del pueblo. Este fue uno de los puntos de partida de los usos populares del trmino commune que fue retomado en 1870-71 en Pars por los Communards (2).

Los comentaristas que han utilizado la palabra jacquerie para hablar del movimiento de los chalecos amarillos han querido destacar un hecho indiscutible: el carcter espontneo y no organizado de este conflicto social. Aunque la palabra sea inapropiada, es cierto que a pesar de todo existen puntos en comn entre todas las grandes revueltas populares que se han sucedido a lo largo del tiempo. Basndome en los mltiples reportajes difundidos por los medios sobre los chalecos amarillos he constatado varios elementos que ilustran esta permanencia.

El principal concierne al objetivo inicial de las reivindicaciones: el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante. Las luchas antifiscales han desempeado un papel extremadamente importante en la historia popular de Francia. Incluso pienso que el pueblo francs se ha construido gracias al impuesto y contra l. Por consiguiente, el hecho de que el movimiento de los chalecos amarillos haya estado motivado por el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante no tiene nada de sorprendente. Este tipo de luchas antifiscales siempre ha llegado a su paroxismo cuando el pueblo ha tenido la sensacin de que deba pagar sin obtener nada a cambio. Bajo el Antiguo Rgimen el rechazo del diezmo estuvo unido frecuentemente al descrdito que tenan los curas que ya no cumplan su misin religiosa y cuando los seores ya no garantizaban la proteccin de los campesinos a menudo estos se negaron a pagar nuevas cargas. No es casual, por lo tanto, que el movimiento de los chalecos amarillos se haya seguido particularmente en aquellas regiones en las que es ms manifiesta la disminucin de los servicios pblicos. La sensacin, muy compartida, de que el impuesto sirve para enriquecer a la pequea casta de los superricos alimenta en las clases populares un profundo sentimiento de injusticia.

Por consiguiente, es cierto que estos factores econmicos constituyen una de las causas esenciales del movimiento. Con todo, hay que evitar reducir las aspiraciones del pueblo a unas reivindicaciones nicamente materiales. Una de las desigualdades ms importantes que penalizan a las clases populares concierne a su relacin con el lenguaje pblico. Las lites dedican su tiempo a interpretar en su propio lenguaje lo que dicen los dominados haciendo como si siempre se tratara de una formulacin directa y transparente de su experiencia vivida. Pero la realidad es ms compleja. Basndome en los anlisis de Pierre Bourdieu he demostrado en mi libro que la Reforma protestante haba proporcionado a las clases populares un nuevo lenguaje religioso para nombrar unos sufrimientos que eran multiformes. Los campesinos y artesanos del siglo XVI decan me duele la fe en vez de decir me duele todo. Hoy los chalecos amarillos gritan me duele el impuesto en vez de decir me duele todo. Evidentemente, no se trata de negar el hecho de que las cuestiones econmicas son absolutamente esenciales porque desempean un papel determinante en la vida cotidiana de las clases dominadas. Sin embargo, basta con escuchar los testimonios de los chalecos amarillos para constatar la frecuencia de las declaraciones que expresan un malestar general. En uno de los reportajes difundidos por [el canal de televisin francs que emite noticias 24 horas al da] BFM-TV el 17 de noviembre el periodista quera a toda costa hacer decir a la persona a la que estaba entrevistando que luchaba contra los impuestos, pero este militante repeta sin cesar Estamos hartos, hartos, hartos, hartos de todo.

Que te duela todo tambin significa sufrir en la dignidad y por eso la denuncia del desprecio de los poderosos vuelve a aparecer casi siempre en las grandes luchas populares y la de los chalecos amarillos no hace sino confirmar la regla. Se han odo muchas declaraciones que expresaban un sentimiento de humillacin, el cual alimenta el enorme resentimiento popular respecto a Emmanuel Macron. Para l no somos ms que mierda. El presidente de la Repblica ve as volver en bumern el etnocentrismo de clase que analic en mi libro.

No obstante, estas similitudes entre unas luchas sociales de diferentes pocas ocultan profundas diferencias. Me voy a detener un momento en ellas porque permiten comprender qu es lo especfico del movimiento de los chalecos amarillos. La primera diferencia con las jacqueries medievales radica en el hecho de que la gran mayora de las personas que participaron en los bloqueos del sbado pasado [17 de noviembre de 2018] no pertenecen a los medios ms desfavorecidos de la sociedad. Provienen de medios modestos y de la pequea clase media que posee al menos un coche, mientras que la gran jacquerie de 1358 fue un arrebato desesperado de los mendigos que estaban a punto de morir de hambre en un contexto marcado por la Guerra de los Cien Aos y la peste negra.

La segunda diferencia y, en mi opinin, la ms importante concierne a la coordinacin de la accin. Cmo logran unos individuos relacionarse entre s para participar en una lucha colectiva? Es una pregunta trivial, sin duda demasiado banal como para que los comentaristas la tomen en serio. Y, sin embargo, es fundamental. Que yo sepa, nadie ha insistido en lo que es verdaderamente novedoso de los chalecos amarillos, a saber, la dimensin desde el primer momento nacional de un movimiento espontneo. En efecto, se trata de una protesta que se desarroll simultneamente en todo el territorio francs (incluidos las provincias y territorios franceses de ultramar), aunque con una representacin local muy dbil. El da de accin reuni en total a menos de 300.000 personas, una cifra modesta comparada con las grandes manifestaciones populares. Pero este total es la suma de miles de acciones grupusculares repartidas en todo el territorio.

Esta caracterstica del movimiento est estrechamente relacionada con los medios utilizados para coordinar la accin de los actores de la lucha. No son las organizaciones polticas y sindicales quienes lo garantizaron con sus propios medios, sino las redes sociales. As, las nuevas tecnologas permiten volver a entroncar con las antiguas formas de accin directa, pero a una escala mucho ms vasta puesto que relacionan a individuos que no se conocen. Facebook, twitter y los smartphones difunden mensajes inmediatos (SMS) sustituyendo as la correspondencia escrita, sobre todo los panfletos y la prensa militante que hasta ahora eran los principales medios de los que disponan las organizaciones para coordinar la accin colectiva; la naturaleza instantnea de los intercambios restituye en parte la espontaneidad de las interacciones cara a cara de antes.

Con todo, las redes sociales por s solas nunca habran podido proporcionar semejante magnitud al movimiento de los chalecos amarillos. Los periodistas destacan constantemente estas redes sociales para ocultar el papel que ellos mismos desempean en la construccin de la accin pblica. Ms precisamente, lo que ha dado a este movimiento su dimensin de inmediato nacional ha sido la complementariedad entre las redes sociales y las cadenas de informacin continua. Su popularizacin es en gran parte producto de la intensa propaganda orquestada por los grandes medios los das previos. Los grandes medios se hicieron cargo inmediatamente de este acontecimiento (que haba partido de la base, primero en el seno de pequeas redes va facebook) y anunciaron su importancia antes incluso de que se produjera. Las cadenas de informacin continua siguieron desde que comenz el da de accin del 17 de noviembre, minuto a minuto, en directo (trmino que se ha convertido ahora en sinnimo de comunicacin a distancia de acontecimientos que se estn produciendo). Los periodistas que hoy en da encarnan el grado sumo del populismo (en el verdadero sentido del trmino), como Eric Brunet que hace estragos a la vez en BFM-TV y en [la emisora de radio privada franco-monegasca] RMC, no dudaron en lucir pblicamente un chaleco amarillo transformndose as en portavoz autodesignado del pueblo en lucha. Esa es la razn por la que la cadena present este conflicto social como un movimiento indito de la mayora silenciosa.

Sera muy instructivo un estudio que comparara cmo trataron los medios de comunicacin la lucha de los ferroviarios la pasada primavera y la de los chalecos amarillo. No se sigui de forma continua ninguna de las jornadas de accin de los ferroviarios y se acribill a los telespectadores con testimonios de usuarios indignados con los huelguistas, mientras que se ha odo muy poco a conductores indignados con quienes bloqueaban las carreteras.

Estoy convencido de que el tratamiento meditico dado al movimiento de los chalecos amarillos ilustra una de las facetas de la nueva forma de democracia en la que hemos entrado y que Bernard Manin denomina la democracia del pblico (cf su libro Principe du gouvernement reprsentatif, 1995). Igual que los electores se pronuncian en funcin de la oferta poltica del momento (y cada vez menos por fidelidad a un partido poltico), los movimientos sociales estallan hoy en funcin de una coyuntura y de una actualidad precisas. Puede que con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo nos demos cuenta de que la era de los partidos polticos y de los sindicatos correspondi a un periodo limitado de nuestra historia, la poca en la que las relaciones a distancia se materializaban por medio de la comunicacin escrita. Antes de la Revolucin Francesa estall una cantidad increble de revueltas populares en el reino de Francia, pero siempre eran localizadas porque la forma de relacin que permita coordinar la accin de los individuos en lucha se basaba en relaciones directas: la palabra, el conocimiento mutuo, etc. El Estado real siempre lograba reprimir estos levantamientos porque controlaba los medios de accin a distancia. La comunicacin escrita, monopolizada por los agentes del rey, permita desplazar a las tropas de un lugar a otro para masacrar a los sublevados.

En esa perspectiva se puede considerar la Revolucin Francesa un momento absolutamente particular ya que la antigua tradicin de las revueltas locales se pudo combinar entonces con la nueva prctica de contestacin transmitida y coordinada por la escritura (vase los cuadernos de quejas) (3).

La integracin de las clases populares en el seno del Estado republicano y el nacimiento del movimiento obrero industrial hicieron disminuir las revueltas locales y violentas, aunque nunca hayan desaparecido totalmente (vase el levantamiento del Midi Rojo en 1907) (4). La politizacin de las resistencias populares permiti una direccin, una disciplina, una educacin de los militantes, pero la contrapartida fue la delegacin del poder a beneficio de los lderes de los partidos y los sindicatos. Los movimientos sociales que se sucedieron entre las dcadas de 1880 y 1980 abandonaron la esperanza de una toma de poder por la fuerza, pero a menudo lograron que los dominantes cedieran gracias a unas huelgas con ocupacin de las fbricas y gracias grandes manifestaciones que culminaron durante unas marchas sobre Pars (de la Bastilla a Nation).

Una de las preguntas que nadie ha planteado an a propsito de los chalecos amarillos es por qu unas cadenas privadas, cuyo capital pertenece a un puado de millonarios, fomentan hoy este tipo de movimiento popular. La comparacin con los siglos precedentes lleva a una conclusin evidente. Vivimos en un mundo mucho ms pacfico que antes. Aunque la jornada de los chalecos amarillos provocara vctimas, estas no fueron fusiladas por las fuerzas del orden. Son el resultado de los accidentes provocados por los conflictos que opusieron al pueblo bloqueador y al pueblo bloqueado.

Esta pacificacin de las relaciones de poder permite a los medios dominantes utilizar sin riesgos el registro de la violencia para movilizar las emociones de su pblico porque la razn principal de su apoyo al movimiento no es poltico sino econmico: generar audiencia mostrando un espectculo. Desde primeras horas de la maana BFM-TV seal unos incidentes, despus repiti machaconamente el drama de esta mujer atropellada por una conductora que se negaba a ser bloqueada. Una ventaja aadida para estas cadenas a las que se suele reprochar su obsesin por los sucesos, los crmenes y los escndalos sexuales: apoyando al movimiento de los chalecos amarillos han querido demostrar que no descuidaban en absoluto las cuestiones sociales.

Ms all de estos retos econmicos, evidentemente a la clase dominante le interesa privilegiar un movimiento que se presenta como hostil a los sindicatos y los partidos. Es cierto que entre los chalecos amarillos existe este rechazo. Aunque sin duda no fue intencionado, la eleccin del color amarillo (en vez del rojo) y de la Marsellesa (en vez de la Internacional) recuerda desafortunadamente la traicin de los amarillos, trmino que durante mucho tiempo design a los sindicatos a sueldo de la patronal. No obstante, este rechazo de la recuperacin poltica tambin se puede inscribir en la prolongacin de las luchas que las clases populares llevaron a cabo desde la Revolucin Francesa para defender una concepcin de la ciudadana basada en la accin directa. Los chalecos amarillos que bloquean las carreteras rechazando toda forma de recuperacin de los partidos polticos asumen as confusamente la tradicin de los sans-culottes (5) en 1792-93, de los ciudadanos-combatientes de febrero de 1948, de los Communards de 1870-71 y de los anarcosindicalistas de la Belle Epoque.

La utilizacin de esta ciudadana popular siempre ha sido lo que ha permitido la irrupcin en el espacio pblico de portavoces que estaban destinados socialmente a permanecer en el sombra. El movimiento de los chalecos amarillos ha hecho surgir gran cantidad de portavoces de este tipo. Lo que sorprende es la diversidad de sus perfiles y, sobre todo, la gran cantidad de mujeres, mientras que antes lo ms frecuente era que la funcin de portavoz estuviera reservada a los hombres. La facilidad con la que estos lderes populares se expresan hoy ante las cmaras es una consecuencia de una doble democratizacin: el aumento del nivel escolar y la penetracin de las tcnicas de comunicacin audiovisual en todas las capas de la sociedad. Hoy las lites niegan completamente este competencia, lo que refuerza la sensacin de desprecio en el seno del pueblo. Aunque los obreros todava representan el 20 % de la poblacin activa, ninguno de ellos est hoy presente en la Cmara de los Diputados. Hay que tener en mente esta discriminacin generalizada para comprender la magnitud del rechazo popular de la poltica politiquera.

Pero este tipo de anlisis ni siquiera se les pasa por la cabeza a los profesionales de la palabra pblica que son los periodistas de las cadenas de informacin continua. Al difundir de forma continua las palabras de los manifestantes que afirman su negativa a ser recuperados por los sindicatos y los partidos, prosiguen su propia lucha para apartar los cuerpos intermedios y para instalarse ellos mismos como portavoces legtimos de los movimientos populares. En este sentido avalan la poltica liberal de Emmanuel Macron cuyo objetivo es tambin desacreditar las estructuras colectivas de las que se han dotado las clases populares a lo largo del tiempo.

Dado el papel crucial que desempean actualmente los grandes medios en la popularizacin de un conflicto social, quienes los dirigen saben bien que podrn decretar el fin del recreo en cuanto lo consideren necesario, es decir, en cuanto la audiencia les exija que cambien de caballo para seguir estando en la vanguardia de la actualidad. En efecto, este movimiento est abocado al fracaso porque quienes lo animan estn privados de toda tradicin de lucha autnoma, de toda experiencia militante. Si el movimiento gana fuerza, chocar cada vez ms con la oposicin del pueblo que no quiere ser bloqueado y estos conflictos estarn presentes de forma continua en todas las pantallas, lo que permitir al gobierno reprimir los abusos con el apoyo de la opinin pblica. La ausencia de un marco poltico capaz de definir una estrategia colectiva y de nombrar el descontento popular en el lenguaje de la lucha de clases es otro signo de debilidad porque deja la puerta abierta a todas las derivas. A pesar de los historiadores (o de los socilogos) que idealizan la cultura popular, el pueblo siempre est atravesado por unas tendencias contradictorias y unos juegos internos de dominacin. Durante esta jornada de los chalecos amarillos se oyeron palabras xenfobas, racistas, sexistas y homfobas. Es cierto que eran muy minoritarias, pero basta que los medios se apropien de ellas (como hicieron desde el da siguiente) para que todo el movimiento est desacreditado.

Sin embargo, la historia demuestra que una lucha popular nunca es completamente vana, ni siquiera cuando es reprimida. El movimiento de los chalecos amarillos sita a los sindicatos y partidos de izquierda frente a sus responsabilidades. Cmo adaptarse a la nueva realidad que constituye la democracia del pblico para procurar que este tipo de conflicto social (que es de prever que se reproducir frecuentemente) se integre en una lucha ms vasta contra las desigualdades y la explotacin? Esta es una de las grandes preguntas a la que tendrn que responder.

Notas de la traductora:

(1) Las jacqueries es el nombre con el que se conocen los levantamientos de los campesinos franceses contra sus seores en 1358, de donde pas a designar los levantamientos campesinos en general. Como explica ms adelante el autor, el nombre proviene del nombre de pila Jacques (Santiago, en castellano) con el que los nobles llamaban desdeosamente a todos los campesinos. (N. de la t.).

(2) El trmino commun en francs tiene el sentido de lo que en nuestra lengua sera pueblo. El trmino commune, a su vez, tiene el sentido de conjunto del pueblo. Proviene de la palabra latina communia, reunin de personas que tiene una vida en comn. Es el nombre que adopt la llamada Comuna de Pars (Commune de Paris) en 1870-71, cuyos miembros se llamaban Communards .

(3) Los Cuadernos de Quejas (cahiers de dolances) eran los registros en los que las asambleas que elegan a los diputados para los Estados Generales franceses escriban sus deseos y quejas. Su uso se remonta al siglo XIV. Los ms conocidos son los de 1789.

(4) Se refiere a l levantamiento de los viticultores de Languedoc y los Pirineos Orientales (el Midi francs)en 1907 motivad o por una grave crisis vitcola en esta zona que se arrastraba desde principios de siglo . El movimiento fue reprimido por el gobierno de Clemenceau. Destac la fraternizacin del 17 Destacamento de Infantera con los manifestantes en Bziers. La revuelta ces el 29 de junio de 1907 tras la aprobacin de la ley que regula la elaboracin de los vinos franceses, todava en vigor .

(5) Se llamaba as a los revolucionarios del inicio de la Revolucin Francesa. La expresin hace referencia a que en vez de llevar el culotte , el pantaln corto que vestan los aristcratas, llevaban los pantalones largos que sola usar la gente del pueblo y los artesanos. Los sans-culottes formaron la mayor parte del ejrcito revolucionario durante la Revolucin Francesa.

Fuente: http://noiriel.wordpress.com/2018/11/21/les-gilets-jaunes-et-les-lecons-de-lhistoire/?fbclid=IwAR0lynJPdevIx-skx-4JOuhV3hmsYRwaLRGPZYHJbrIIMEK9qHk6LYerIeU

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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