El Consenso Social le otorga a la palabra pornografía una clara connotación negativa. Connotación que es casi
unánime cuando a pornografía le
acompaña el apelativo infantil.
La palabra terrorismo no está exenta de disensiones, tanto es así que todavía
los estudiosos más dedicados no han llegado a consensuar su definición. Nelson Mandela fue, en su día, tildado
de terrorista, al igual que muchos lo hacemos con ETA, Bush, Blair o Aznar. El tiempo pasa y va dejando las cosas en
su sitio, pero…. hoy parece meridianamente aceptada la connotación negativa del
término terrorismo.
Es "precisamente"
esa pauta de negatividad profunda que acompaña a las palabras pornografía y terrorismo la que me lleva
a utilizarlas para definir la actuación de la Cadena Episcopal, en el asunto de
la bromita al recién elegido
presidente de Bolivia. La COPE y sus
seguidores se amparan en el concepto de libertad
de expresión en defensa de lo difícilmente defendible.
La bienaventurada libertad de expresión goza en España de
altas cotas de popularidad, seguramente derivada de la pertinaz sequía informativa a que nos tenía acostumbrados el
franquismo. Libertad de expresión y democracia se presentan como indisolublemente unidas, equiparándose
cualquier censura expresiva a un atentado contra la sagrada democracia. Ni el
actual sistema de elección de representantes de la soberanía popular es una
verdadera Democracia, puesto que el Pueblo se limita a depositar una papeleta
cada x años y en el ínterin ha de sufrir las consecuencias del despropósito de
los representantes; ni la libertad de expresión sin límites equivale a la
panacea democrática.
Al igual que por Consenso Social decidimos perseguir
hasta erradicar la pornografía infantil por no respetar los derechos de los
niños, igualmente deberemos prohibir la falta de respeto que supone para los
millones de electores bolivianos el que unos cuantos terroristas verbales se dediquen a mofarse de quién, legítimamente, es su representante. A aquellos
que no tienen control sobre sus propios actos sea por locura o por depravación
la Sociedad los acaba apartando, recluyéndolos en manicomios o cárceles. ¿Qué
derecho tienen esos mendaces charlatanes a utilizar la figura de dos
presidentes electos para hacer reír al personal? ¿Dónde está la caridad
cristiana de tolerar al prójimo? ¿Acaso es intolerable que los bolivianos en el
ejercicio de su libre albedrío hayan elegido al Sr. Evo Morales como presidente? ¿Qué concepto de la Democracia quiere
inculcarnos el Episcopado que solo acepta a los de su propia cuerda?
Si la procacidad no queda
menguada por la propia autocensura, habrá casos –como el que no ocupa- que
merecerán la reprimenda social en forma de multa o cierre temporal de la
cadena. Siempre se puede mejorar en la definición de la frontera entre Libertad
y Libertinaje. En otros países más acostumbrados a la libertad de expresión,
tiempo ha que tienen organismos reguladores de la pornografía informativa, aprendamos de ellos e instituyamos Comités
de Control de la radio difusión. La censura es un tema muy vidrioso, podríamos
llegar a los oscurantistas tiempos pretéritos, pero hemos de confiar en nuestra
condición de Pueblo maduro y sensible, y conseguir legislar esa cuestión.
Ante la visita del Presidente Morales a nuestro país, desde estas líneas, quiero yo –como creo que muchos otros españoles- expresarle mi mejores deseos para el pueblo boliviano en esa senda de recuperación de la soberanía sobre sus recursos naturales, en el convencimiento de que las relaciones entre los países han de basarse en el respeto mutuo y no en la depredación. La Historia nos ha dotado a ambos pueblos de un idioma común, aprovechémoslo para entendernos y no para vituperarnos, perdónennos Vds. la ignominia cometida por unos descerebrados y -tras tantos años de oprobios e indebidas apropiaciones- iniciemos juntos un nuevo camino de paz y justicia para Latinoamérica y el mundo.
¡¡¡Bienvenido a España Sr. Morales!!!
* J. Ramón Doria Bajo. Notario Público