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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2018

La ultraderecha est de moda

Marcelo Colussi
Rebelin


Sarcsticamente se ha dicho que aos atrs, para competir en las elecciones presidenciales, la imagen de duro y matn quitaba votos. Hoy, por el contrario, parece haberse invertido la cuestin: ofertas de mano dura, de ultraderecha, totalmente conservadoras a lo que debera sumarse un mensaje de racismo, machismo, homofobia y xenofobia parecen ser la clave para ganar.

En Estados Unidos y en Europa vemos, para consternacin de muchos, que propuestas polticas y gobiernos con caractersticas neofascistas estn en aumento. Para los 90 del siglo pasado, esa tendencia derechosa del electorado no pasaba del 10%; hoy representa una cuarta parte. Muchos pases ya han optado por gobiernos centrales o parlamentos con una clara tendencia neofascista, profundamente racista y xenfoba. La tendencia parece ir en aumento. Est de moda? En Latinoamrica, con sus caractersticas propias, tambin parece haber llegado esa ola. Qu est pasando?

En Francia, Marine Le Pen, hija del ultraconservador Jean Marie Le Pen, obtiene un 33% de preferencia electoral en la segunda vuelta presidencial, siendo figura clave de la poltica nacional gala con su encendido discurso neofascista; en Alemania, aunque constitucionalmente estn prohibidos los partidos y manifestaciones neonazis, la fuerza ultraderechista Alternativa para Alemania tiene 90 escaos en el parlamento; en Italia gobierna una coalicin de extrema derecha encabezada por la xenfoba Liga del Norte, quien no oculta su voluntad de separarse del sur pobre y subdesarrollado; en Hungra (ex repblica de la rbita sovitica) el primer ministro Viktor Orbn, de la mano de un partido de extrema derecha y ultranacionalista, gan dos elecciones, con ms del 50% del electorado. En Polonia, tambin ex Estado pro sovitico, gana una propuesta de extrema derecha con los hermanos Jaroslaw y Lech Kaczyński, dominadores del partido ortodoxo Ley y Justicia. Procesos similares se dan en Croacia, Repblica Checa, Holanda, incluso para sorpresa y desolacin de muchos en pases otrora socialdemcratas y ejemplos de tolerancia y apertura, como Suecia o Finlandia.

Siempre en esta lgica de la derechizacin en la visin del mundo y de la poltica, y poniendo chivos expiatorios por delante como son los inmigrantes irregulares, en el Reino Unido de Gran Bretaa gana una propuesta como el Brexit, es decir, la salida de la Unin Europea en nombre de un acendrado nacionalismo conservador, viendo en la inmigracin un peligro mortal. Y en Estados Unidos gana la presidencia (y probablemente pueda repetir) un ultra ortodoxo de lnea dura como Donald Trump, con su xenofbico llamado a construir el muro para detener a los delincuentes hispanos, ms un modo absolutamente autoritario y patriarcal que, en vez de repeler, gana votos.

Pareciera darse una fiebre de ultra derecha por doquier; tambin en Latinoamrica asistimos a estos procesos de derechizacin creciente (Mauricio Macri en Argentina, Sebastin Piera en Chile, Ivn Duque en Colombia), terminando con el militar retirado (y payasescamente ultra conservador) Jair Messias Bolsonaro en Brasil (quien pareciera haberse tomado en serio su segundo nombre).

Debera hacerse una diferenciacin entre la ultraderecha del Norte y la de Latinoamrica. En los pases desarrollados, Estados Unidos y los de la Unin Europea, puede hablarse de neofascismo. No es exactamente igual lo que sucede en Latinoamrica.

El rebrote neofascista o neonazi al que se asiste en el Primer Mundo tiene causas bien concretas, con actores claramente identificados. Las causas son materiales, econmicas, a lo que se suman, por supuesto, factores psicolgico-culturales que retroalimentan las anteriores. El nacional-socialismo alemn de entreguerras, preparatorio de la segunda conflagracin mundial, tuvo que ver con la postracin del pueblo teutn y su empobrecimiento tras la derrota en 1918. Fue un proyecto de reactivacin econmica, asentado en la loca creencia de ser una raza superior destinada a manejar el mundo, con lo que se logr movilizar a todo un pueblo: proletariado y clase media empobrecida. El orgullo alemn se movi con un mensaje quasi apocalptico de un lder tremendamente carismtico Adolf Hitler que pudo conducir ese descontento transformndolo en espritu blico y expansionista. El chivo expiatorio del caso fue, bsicamente, la minora juda (junto a otras, siempre vistas como elemento a exterminar: gitanos, homosexuales, comunistas).

Esa composicin, que habla de una situacin de empobrecimiento, se repite hoy da. Por qu el resurgir de las tendencias neofascistas en Europa y Estados Unidos? Porque la crisis sistmica del capitalismo que se arrastra desde hace una dcada, con el gran crack financiero del 2008, no se resolvi, ni da miras de hacerlo. A lo que se suma la globalizacin neoliberal imperante, que hace que muchas grandes empresas multinacionales muevan sus plantas fabriles desde sus pases de origen al Sur (all hay mano de obra ms barata, sin sindicatos, no se respetan regulaciones medioambientales ni se pagan impuestos). Todo ello, aunado, contribuye a un empobrecimiento creciente de la gran masa trabajadora: el empantamiento del sistema y la prdida de puestos de trabajo son una bomba de tiempo. El malo de la pelcula, para el caso, est dado por los inmigrantes (africanos y del Medio Oriente fundamentalmente en Europa, latinoamericanos para Estados Unidos), quienes, segn el encendido y mentiroso discurso neofascista, vienen a robar plazas a los trabajadores nacionales.

Siempre pareciera haber necesidad de chivos expiatorios (verdad que nos ensea la Psicologa). El infierno son los otros, sintetiz magistralmente Jean Paul Sartre. El inmigrante lleva esa carga: adems de huir de sus pases de origen por las condiciones psimas en que vive, se encuentra con el desprecio racista de los ciudadanos de los pases desarrollados (el racismo es de desarrollados? Pero qu es eso del desarrollo entonces? La falta de solidaridad hace parte de l?)

El problema no son los migrantes; migraciones hubo siempre, en toda la historia humana. El mundo se pobl de humanos porque, inmemorialmente, hubo migraciones hacia todos los rincones del planeta, por lo que no existen razas puras. Esa es una quimera supremacista que asienta y justifica una inmisericorde explotacin econmica. Por qu trabajar duro se dir trabajar como negro?

Ahora bien: el rebrote ultraconservador al que asistimos en Latinoamrica no tiene similares motivos. En todo caso, es parte de una ola ideolgica universal, que complementa perfectamente las polticas neoliberales en curso, y que no parecen estar por extinguirse en lo inmediato. Como cada vez ms la guerra ideolgico-cultural se libra a travs de los medios masivos de comunicacin (la prensa hace tiempo dej de ser el cuarto poder; ahora es parte medular del mismo poder), la prdica pro capitalista, privatista, anti Estado, y por supuesto visceralmente anticomunista, ha hecho mella. Si a eso se suma la cada de los primeros socialismos reales y el fracaso de los progresismos recientes en Latinoamrica (empantanados algunos, o salidos del poder ya a partir de las denuncias exageradas fake news mediante de corrupcin otros), queda claro que al esclavo se le hace pensar con la cabeza del amo ( La ideologa dominante es la ideologa de la clase dominante , sentenciaban Marx y Engels hace ms de 150 aos, y no se equivocaban).

En estas tierras latinoamericanas ha habido, desde que existen como Estado-nacin modernos, gobiernos autoritarios, dictaduras militares en muchos casos. Son fascistas en su modalidad poltica: no democrticos, verticales, sanguinarios con los disidentes. Pero no lo son en trminos econmicos, al menos no del mismo modo que lo son para los pases del Norte. Lo que presenciamos ahora es una entronizacin de un discurso meditico que parece responder a una moda, una generalizada tendencia que parece arrasar todo: Ser de derecha est de moda, deca mordaz Pedro Almodvar. La moda ha llegado tambin a Amrica Latina. Como siempre, al menos hasta ahora, las tendencias las fija el Norte; el Sur repite con plidas y deslucidas copias.

De todos modos, para el gran campo popular de cualquier lugar del mundo, esta ola es siempre una mala noticia: se cierran espacios, se criminaliza cualquier forma de protesta, se asiste a un verticalismo muy peligroso. Todo lo cual facilita la profundizacin de la explotacin del trabajador (obrero industrial urbano, proletariado agrcola, ama de casa, trabajador en general, as sea profesional con doctorado), explotacin y trabajo alienado que siguen siendo la piedra sobre la que asienta el capitalismo

No est claro qu podr suceder en el corto y mediano plazo. Lo que s es evidente es que el sistema capitalista est trabado y no encuentra salida. A no ser, tal como pas en la dcada del 30 del siglo pasado, luego de la gran crisis de 1929, que la salida (si a eso se le puede llamar tal) sea una nueva guerra global. Hay indicios preocupantes que eso pudiera llegar a ocurrir. Todos pensamos que la racionalidad habr de primar, pues una guerra mundial hoy da, con armamentos nucleares, podra significar lisa y llanamente el fin de la especie humana. Pero las posibilidades de ese holocausto, lamentablemente, estn dadas.

Ante esa avanzada de la ultra derecha (con machismo patriarcal, homofobia y retrgrados discursos conservadores incluidos), como campo popular, como izquierdas, como seres progresistas, debemos oponer la ms frrea resistencia: denunciar, esclarecer, llevar otro mensaje ideolgico, organizar, prepararse para la batalla. Quin dijo la tremenda estupidez que la historia haba terminado y no haba ms luchas de clases? No hay dudas que ahora los avances revolucionarios no se muestran muy posibles. El triunfo del neoliberalismo y del gran capital fue enorme, y la lucha ideolgica, hoy por hoy, parece ir ganndola la derecha, ahora en su versin de ultraderecha. Para el campo popular la actualidad es, en todo caso, una poca de resistencia y reorganizacin. Pero la larga lucha por el mejoramiento de la humanidad no ha terminado, en absoluto.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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