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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2018

La poltica y la lgica formal

Jaime Richart
Rebelin


Siento una marcada hostlidad hacia la poltica espaola, que sigue a la repulsin que me provoc el modo de ejercerse durante estos cuarenta aos en los que la poltica se ha aproximado tanto a una parodia de democracia. Y no slo por las fechoras cometidas por cientos - quiz miles- de polticos, sino sobre todo porque hemos ido comprobando a lo largo de ese tiempo que la separacin de poderes, esencial para distinguir una democracia, aun de mnimos, de un rgimen autoritario ha sido inexistente.

Pues bien, la causa de esa hostilidad viene de haber ido constatando adems en tan corta experiencia poltica comparada con la de otros pases europeos (hasta el punto de que ni el propio poltico parece haberse dado cuenta de ello), que la distancia en la mayora de los casos y de los asuntos tratados entre el razonar usual del poltico, est en la oposicin o en la gobernacin, y el sentido de las cosas que tiene el ciudadano corriente parece insalvable... Y si a su vez luego hemos comprobado que los Tribunales estaban trufados de tendenciosidad, es decir, de parcialidad a favor de los poderes fcticos en lugar de estarlo a favor de la ciudadana y en contra de los abusos de estos, el sentimiento de hostilidad, aadido al de repulsin me ha acabado provocando nusea...

Para saber de leyes hay que haberlas estudiado, ser jurista. Para interpretarlas ser adems exgeta. Pero para distinguir lo justo del injusto no es preciso conocer las leyes ni ser jurista. Si acaso slo las leyes administrativas. Es ms, ser especialista es a menudo un obstculo para el sentido comn en materia de justicia. Lo mismo ocurre con la economa. En un sistema en que el dinero es cada vez ms sofisticado y su recorrido cada vez ms sinuoso e intrincado, hay que saber Economa, ser economista. Pero para saber cmo debe ser la economa a secas, ser especialista tambin puede ser otro escollo, pues tropieza con otro sentido simple que es el saber contar...

En Espaa, la mayora de los polticos, por no decir todos, salvo algunos mdicos y algunos iletrados, son juristas o economistas. Esas dos especialidades son las que dominan la escena poltica, la econmica y en definitiva la vida pblica. Salvo excepciones, no hay filsofos, ni fillogos, ni historiadores, ni cientficos en los parlamentos. Esta circunstancia aleja considerablemente la mentalidad del poltico de la mentalidad de la gente del montn. Se parece mucho al oscurantismo religioso de siglos. Recuerda aquel preservar el saber y los conocimientos en los reductos clericales para mejor dominar a los fieles. Los periodistas, cuando opinan, y opinan sobre todo, dicen a menudo: no soy jurista, pero.... Porque en efecto, no hay que serlo para opinar y a menudo para opinar con ms rigor y elasticidad que el jurista o juez que no tienen presente lo que en su jerga se llama epiqueya, que es el propsito, en su interpretacin, de ajustar la letra de la ley al espritu de la ley...

En todo caso, lo que quiero decir es que la situacin (que a cualquiera de la vida civil le cubrira de vergenza y retirarse de la escena) de criticar, censurar o atacar, a veces saudamente, el poltico lo que hace su adversario habiendo hecho l lo mismo o hacindolo l despus, es tan frecuente y grotesca en Espaa que mueven a desprecio. Porque no son casos aislados, es norma, como acredita la hemeroteca. La facilidad con que el poltico en la oposicin hace promesas y afirma con contundencia medidas si gobierna, que en la mayora de las veces quedan luego en humo cuando han pasado a gobernar, resulta ya tan vergonzosa que cada da nos obliga a ms ciudadanos a no querer saber nada de impostores y ver en el poltico slo a un charlatn. Decir y desdecirse, prometer e incumplir, en Espaa se ha hecho ley; al menos la de Murphy....

Ese otro especialista, el estudiante o el licenciado en Lgica formal, lo tiene que pasar fatal viendo desfilar por su vida a legiones de polticos que le recuerdan con viveza a un vendedor de crecepelos en la feria... Porque en poltica la lgica es lo de menos. Es ms, es evidente que si el poltico espaol trata de ajustar los silogismos a un razonamiento equilibrado, elocuente y al mismo tiempo eficaz, puede sufrir un ataque de nervios. Ese ataque que por el contrtario al ciudadano comn sensato y honrado le dara, si le pillasen en dos o tres renuncios. Sin embargo, el poltico es capaz de retorcer una y mil veces los argumentos y la lgica formal hasta extremos entre ridculos e insultantes.

Cuntas peldaos subira el prestigio por los suelos del poltico si, tanto gobernando como en la oposicin, se expresara con la humildad acorde a las limitaciones reales de su poder cuantas veces compareciese en pblico o en los parlamentos! Cunto sonrojo nos evitara y se evitara se se expre sase aproximadamente as: mi partido va a intentar, va a hacer todo lo posible para...!

En todas partes ocurre lo que ocurre en Espaa. Pero la diferencia entre lo que sucede en los dems pases y lo que sucede en Espaa es que en aquellos la basura que existe es poca y apenas se ve, mientras que en Espaa la basura que dejan los tres poderes del Estado pueden llegar a formar un estercolero...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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