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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2018

Cincuenta aos despus del mayo del 68, Francia vive una revuelta inaudita
Francia: la clera en marcha

Juan Antonio Sacaluga
Nueva Tribuna

El movimiento de los gilets jaunes puede apagarse, como le ocurri a la protesta de la Sorbona y Nanterre hace cincuenta aos, pero el General tuvo que marcharse a casa un ao despus, arruinado su capital poltico


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Cincuenta aos despus del mayo del 68, Francia vive una revuelta inaudita, sin duda muy distinta, en forma, fondo, significacin y probablemente alcance, cargada de inquietudes y temores para algunos, pero tambin de esperanza y aliento segn otros.

La protesta de los gilets jaunes (los chalecos amarillos con que se identifican los conductores en ruta) ha dejado en llamas muchas calles y plazas de Pars y de numerosas ciudades y pueblos de esa Francia interior tan decisiva para comprender la verdadera dimensin del pas y tan desconocida para el exterior. Algunos edificios emblemticos han resultado daados y sealados como smbolos heridos o testigos de una clera ciudadana largo tiempo incubada.

Nadie sabe adnde conducir este movimiento (as ha sido definido por la mayora de los analistas), carente, al menos hasta ahora, de lderes, de programa, de estrategia ms all de forzar cierta rendicin de las autoridades (1). De momento, los gilets jaunes han doblegado el brazo del Eliseo. El gobierno ha suspendido el incremento del impuesto sobre los combustibles, motivo inicial de la protesta.

Se trata de una derrota poltica y personal del presidente, Emmanuel Macron , quien dijo que no cedera ante la presin de la calle. No lo hizo, no al menos de manera tangible, como en este caso, cuando lo desafiaron los sindicatos por la reforma laboral. No lo hizo con la movilizacin de profesores, estudiantes y trabajadores de la enseanza. Ahora, s. A pesar de una esperable resistencia inicial, de una firmeza con aires de arrogancia, al ausentarse del frente de combate (viaje a Argentina para asistir a la cumbre del G-20), para demostrar que la calle no lo intimidaba (2).

El presidente ha rectificado con visible malestar. Seguramente, con temor, ms que con respeto, hacia la expresin de clera. Sin perder la cara, en todo caso, advirtiendo a travs de su plido primer ministro que no se tolerarn actos de violencia como los registrados el pasado 1 de diciembre y en jornadas anteriores. Una lnea roja de manual que podra ser rebasada, complicando la posicin poltica del jefe del Estado. El 18 amenaza a Macron como el 68 lo hizo con De Gaulle.

El movimiento de los gilets jaunes puede apagarse, como le ocurri a la protesta de la Sorbona y Nanterre hace cincuenta aos, pero el General tuvo que marcharse a casa un ao despus, arruinado su capital poltico. Macron el reformista no tiene el ascendiente ni el liderazgo de su antecesor, obvio es decirlo, aunque estos tiempos de gaseosa meditica le hayan conferido una altura ficticia.

Con un ndice de popularidad en torno al 25%, se encuentra seriamente fragilizado. Y, lo que es peor, su proclamado proyecto de cambiar Francia y dinamizar Europa, de hacer frente al populismo de derechas y de izquierdas, se ve seriamente cuestionado. Macron ha dejado de ser la esperanza del orden liberal, de los demcratas de academia, de la Europa complaciente de despachos y gabinetes. La revuelta le ha arrojado al panten de lderes en derribo, como Merkel o May.

Cuesta explicar el fenmeno de los gilets jaunes. Es muy fuerte la tentacin del deslumbramiento ante la espontaneidad aparente de su explosin. Por lo dems, sera una ingenuidad ignorar los intentos de utilizacin por parte de los extremos. La violencia asusta, pero tambin seduce. La humillacin del poder excita. Sin olvidar el oportunismo de la oposicin convencional, que saca ventaja del debilitamiento gubernamental.

El movimiento refleja, en todo caso, la insatisfaccin, la frustracin, en realidad, de esa Francia del interior y de la periferia de las grandes ciudades, agobiada por la caresta de la vivienda, por la precariedad del trabajo, por la incertidumbre de la renta, por la fragilidad de los pequeos negocios. La subida del impuesto que ha encarecido el combustible golpea hasta lo insufrible la economa domstica de estos sectores de la poblacin, que abarca a las clases medias y medias-bajas . La carencia de una red de transportes ajustada a las necesidades cotidianas ha acrecentado la dependencia del vehculo particular. La ecotasa con la que Macron quera blindar la respuesta a la amenaza del cambio climtico, uno de los emblemas de su elegante discurso reformador, se ha convertido en la espita de la revuelta (3).

Le Monde ha analizado las reivindicaciones del movimiento y concluye que son compatibles en sus dos terceras partes con el ideario de La Francia insumisa, mientras la mitad coincide con las propuestas de la extrema derecha. Nada que ver con los programas liberales del centro derecha o de Macron (4).

Hay en un sector de los gilets jaunes un aire de resistencia al cambio, de ejemplo lacerante de esa Francia anclada en los viejos hbitos que se resiste a morir. Pero es muy fcil decir eso desde las atalayas de la comodidad o al menos de la falta de agobio que produce la vida difcil. Que Marine Le Pen salude el movimiento no necesariamente lo deslegitima. El oportunismo de la extrema derecha no le otorga carta de naturaleza.

Desde la orilla opuesta, la izquierda radical, insumisa, externa al sistema, se trata de comprender y encuadrar el fenmeno, de canalizar la insurreccin. Es una pretensin tradicional del espritu revolucionario francs. Los jacobinos intentaron hacerlo con los enrags durante los primeros aos convulsos de la Repblica. Sin xito. Ahora, ciertas figuras emergentes, como el diputado-periodista por la Somme Franois Ruffin(el Desmoulins de este tiempo), sintonizan su discurso con los revoltosos en un intento de conferirle sentido y propsito constructivo, de edificar sobre l una alternativa poltica. Algunos han querido ver en ello una lucha encubierta por el poder frente a una perdida de vigor de Jean-Luc Mlenchon, el lder de la Francia insumisa (5). Como tambin ocurriera en el 68, a la izquierda francesa le pilla esta explosin social en plena descomposicin, en una especie de agujero negro en el que agoniza el socialismo y se desliza fantasmal el comunismo.

Conviene ser cauteloso sobre el futuro inmediato de la crisis. El gobierno pretende apaciguar las cosas con la retirada del impuesto, pero la falta de un liderazgo estructurado de los revoltosos impide anticipar qu ocurrir ahora. De momento, se mantienen las convocatorias de protesta. Es muy posible que surjan divisiones y fracturas. De eso hay tambin abundantes ejemplos histricos. Macron y su entorno esperan precisamente eso para desactivar el movimiento y recuperar el control.

Sea como fuere, este brumario francs, este otoo convulso ha dejado muy tocado el proyecto gubernamental (6). Macron se ha dejado muchas plumas en este ao y medio. Su proyecto de una Repblica en marcha hacia un futuro coloreado se ha visto frenado por una Repblica en clera, que se niega ya a dejar seducirse por discursos grandilocuentes y quiere soluciones inmediatas.

NOTAS:

(1) Gilets jaunes, la colre sans intermdiaires. WILL HUTTON. THE OBSERVER, 25 de noviembre.
(2) Aprs les violences, le gouvernement tente de rebondir. LE MONDE, 2 de diciembre.
(3) Frances yellow vest protests: the movement that has put Paris on edge. ALISSA RUBIN. THE NEW YORK TIMES, 3 de diciembre.
(4) Sur une axe de Mlenchon Le Pen, ou se situent les revendications des gilets jaunes. LE MONDE, 4 de diciembre.
(5) Derrire les gilets jaunes, Franois Ruffin, omniprsent mais insaisissable. LE MONDE, 27 de noviembre.
(6) Gilets jaunes, le point de bacule du quinquennat Editorial. LE MONDE, 4 de diciembre.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/europa1/francia-chalecosamarillos-macron-mayo68-giletsjaunes/20181205102112158144.html



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