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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2018

Liberar la Constitucin secuestrada

Marcos Criado de Diego
Rebelin


Tuvimos que dar la razn a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y en nuestra civilizacin tan solo una capa muy fina que en cualquier momento podra ser perforada por las fuerzas destructoras del infierno; hemos tenido que acostumbrarnos poco a poco a vivir sin el suelo bajo nuestros pies, sin derechos, sin libertad, sin seguridad

Stefan Zweig


En El mundo de ayer Stefan Zweig relata el paso de un mundo de seguridad en que la fe en el progreso rpido y duradero de la humanidad actuaba como una autntica religin cvica y liberal, a un mundo de incertidumbre y barbarie fatalmente herido por el surgimiento de los totalitarismos y el estallido de dos guerras mundiales. Para Zweig, el cambio de siglo entre el XIX y el XX se resumen en el paso de una ilusin ingenua, pero noble, a una inseguridad realista, pero bestial.

No es difcil encontrar paralelismos entre el relato de Zweig y nuestro propio cambio de siglo. Despus de la II Guerra Mundial asistimos al surgimiento de un humanismo sin ingenuidad, consciente de los lmites econmicos, sociales y polticos que encontraba la democracia y de la necesidad de una intervencin decidida del estado para corregir las derivas que amenazaran la libertad, el bienestar y el progreso. Pero si en los aos 90 del siglo pasado se celebraba por doquier el triunfo de la democracia liberal y de la economa social del mercado, hasta el punto de afirmar el fin de la historia, las dos primeras dcadas del nuevo siglo nos ofrecen un panorama bien distinto, con las viejas seguridades destruidas por los efectos devastadores de una dcada de crisis sin gestin y la progresiva consolidacin de movimientos que buscan sustituirlas por mistificaciones an ms viejas como la nacin, la patria, la idealizacin del pasado o el sacrificio del diferente y que no dudan en animar a una ciudadana vapuleada a que vuelque sus frustraciones en el voto entendido como venganza. Otra vez el sueo liberal del mejor de los mundos parece truncarse en pesadilla y las constituciones estn llamadas a actuar como dique de contencin frente a la barbarie. En esta situacin se cumplen los 40 aos de vida de la Constitucin.

La adaptacin de las constituciones a la incertidumbre exigi que se construyeran como una fortaleza susceptible de ser defendida contra la barbarie, pero con materiales flexibles que la permitieran adaptarse a los movimientos tectnicos del cambio histrico. La tcnica para lograrlo consisti en conseguir amplios acuerdos sobre los trminos, a costa de discrepar sobre su significado. Las constituciones se construyen con palabras como libertad, igualdad, democracia, libertad de expresin o educacin universal, pblica y gratuita respecto de las que existe un acuerdo sobre su carcter valioso, justo y deseable, pero sobre las que existe tambin un manifiesto desacuerdo en cuanto a su significado, su extensin y sus condiciones de aplicacin. La Constitucin es as un libro en el que caben varias constituciones que pugnan entre si hasta que una de ellas acaba por imponerse en la prctica, siempre a la espera de que otra de las constituciones posibles comience a regir. Toda constitucin democrtica expresa por tanto un acuerdo y una multitud de desacuerdos que abocan a la incertidumbre sobre los resultados interpretativos fruto de la accin de lo que Peter Hberle ha llamado la sociedad abierta de intrpretes constitucionales.

El mundo de ayer nos ensea que hay resultados indeseables, por lo que las constituciones tratan de limitar la incertidumbre estableciendo controles de constitucionalidad. Si la noble ingenuidad del constitucionalismo del siglo XIX consisti en una excesiva confianza en la poltica como fuente de progreso, durante la segunda mitad del siglo XX la confianza se traslada a los jueces como encargados de evitar las derivas liberticidas del poder poltico. Sin embargo, los jueces no pueden imponer una interpretacin singular que invalide otras lecturas posibles, porque en este caso dejaran de defender la constitucin para exponerla a la desafeccin por parte de los sectores excluidos del proceso interpretativo. Defender la constitucin es defender tambin la voluntad constitucional de abrirse a la elaboracin poltica y social de sus significados.

Las constituciones de las sociedades pluralistas buscan un equilibrio entre la estabilidad expresada en el acuerdo y el dinamismo expresado en la apertura a la sociedad de intrpretes constitucionales. En el caso espaol, existe una flagrante contradiccin entre la apertura constitucional al dinamismo, el bajo nivel de utilizacin social de la Constitucin de 1978 como un instrumento de transformacin y la imposicin judicial de una interpretacin reduccionista y conservadora respecto a las posibilidades interpretativas del texto constitucional.

Aunque la versin ideolgica oficial dice que el consenso fue el resultado de la Transicin, lo cierto es que el consenso fue el mtodo de la Transicin. Un mtodo que consisti en sancionar constitucionalmente aquello sobre lo que exista un nivel suficiente de acuerdo y trasladar a un momento poltico posterior la decisin sobre las cuestiones controvertidas, como la organizacin territorial del estado, respecto de la cual no se sancion un modelo sino un procedimiento de construccin poltica, y las leyes orgnicas, que permiten al legislador tomar decisiones materialmente constitucionales por mayora absoluta. Pero la apertura de la Constitucin a diversas plasmaciones prcticas se ha venido reduciendo a lo largo de estos 40 aos.

Por una parte, la sentencia del Estatut supuso una alteracin de primer orden en el funcionamiento constitucional desde el momento en que su principal consecuencia fue entender que la construccin del modelo autonmico haba tocado techo y que a travs del acuerdo poltico ya no era posible incidir de modo significativo en la configuracin del sistema, sino solo completarlo con transferencias competenciales o con reformas de financiacin. Creo que esta conclusin confunde dos cosas distintas: una cosa es afirmar que la inercia de constante ampliacin competencial que haba tomado la construccin del estado autonmico es insostenible en un momento en que la inmensa mayora de las transferencias competenciales se ha completado; y otra cosa es concluir que, dada esta situacin, la negociacin poltica como modo de gestin de la cuestin territorial en Espaa, queda truncada. No cabe duda de que el proceso de construccin del estado autonmico est concluyendo y se abre una nueva fase de racionalizacin y acomodo a las actuales circunstancias polticas y de financiacin. Pero esta fase, al igual que los inicios del estado autonmico, reclama una interpretacin de los lmites constitucionales funcional al papel central que la propia Constitucin otorga al acuerdo poltico. Lo contrario supone introducir rigidez all donde la Constitucin se ha querido flexible y fingir que existe una solucin constitucional a cualesquiera conflictos autonmicos, cuando lo cierto es que la propia Constitucin renunci a constituir un modelo terminante de organizacin territorial.

Por otra parte, la evolucin de la interpretacin de la Constitucin durante estos 40 aos ha ido reduciendo el mbito de proteccin de los derechos al tiempo que aumentaba las posibilidades de funcionamiento autnomo del poder ejecutivo mediante un uso abusivo del decreto ley. Reducir derechos y garantas no solo afecta negativamente al mbito concreto protegido, sino que tambin genera una ciudadana temerosa y retrada, ms atenta a obedecer las rdenes del poder que a tratar de influir en ellas, lo que contrasta vivamente con la ampliacin del margen de accin del gobierno mediante la conversin del decreto ley en un instrumento ordinario de gobierno que responde ms a la intencin de hurtar el necesario debate poltico y ciudadano en el proceso de formacin de las decisiones, que al supuesto constitucional de la extraordinaria y urgente necesidad.

Esta prctica que se ha venido consolidando no es la Constitucin, sino que en buena medida es su misma negacin: el secuestro de la Constitucin por parte de una prctica impuesta por la derecha poltica y judicial que domina los altos rganos judiciales y que ha demostrado su prestancia a ejecutar las rdenes y ratificar los proyectos de sus comitentes polticos y econmicos, en detrimento de su funcin de garanta.

La progresiva consolidacin de esta lectura reduccionista y fuertemente ideologizada de la Constitucin se ha producido en muchos casos sin el obstculo de una respuesta social adecuada. Aunque en Espaa ha existido un alto nivel de identificacin ciudadana con el smbolo de la Constitucin, la interiorizacin de sus contenidos como un instrumento de lucha por el derecho ha sido bajo. Y ello por tres razones:

En primer lugar, la tendencia de la Universidad a legitimar las interpretaciones de los jueces. Un sector mayoritario de la doctrina constitucional espaola dirige sus esfuerzos interpretativos a sistematizar y exponer la obra del Tribunal Constitucional, en el mejor de los casos con algunas crticas parciales de carcter generalmente tcnico. En el extremo contrario, un sector minoritario aborda desde una metodologa crtica la Constitucin, pero en muchas ocasiones con elaboraciones de carcter terico y estructural que terminan en un rechazo global del Texto y que dificultan mucho su concrecin en propuestas alternativas susceptibles de apropiacin social. Son pocos los casos de profesores y profesoras comprometidos con lecturas progresistas de la Constitucin destinadas a dinamizar polticamente la interpretacin constitucional mediante su apropiacin por los movimientos sociales y a analizar las condiciones reales en las que esas lecturas pueden llegar a formar parte de la constitucin en la prctica. En la academia espaola son prcticamente inexistentes los estudios que aborden el derecho constitucional desde los efectos empricos que produce sobre los grupos vulnerables, que son una fuente invaluable de informacin para la elaboracin alternativa de lecturas e interpretaciones.

En segundo lugar, la poca utilizacin del litigio estratgico en Espaa. Aunque deben saludarse recientes iniciativas de litigio estratgico como las del canon digital, la devolucin en caliente de migrantes, las clusulas suelo o la competencia de los jueces para paralizar una ejecucin hipotecaria, en todas las ocasiones se trata de ejemplos de utilizacin de organismos internacionales para invalidar o deslegitimar, segn el caso, interpretaciones restrictivas de los derechos por parte de los jueces espaoles, pero prcticamente no existen ejemplos de un uso interno del litigio estratgico destinado a introducir en el circuito judicial interpretaciones alternativas de la Constitucin, a semejanza de lo que ocurre en EEUU. La creacin en las facultades de derecho de unidades de litigio estratgico o de clnicas jurdicas que asesoren procesos judiciales como parte del proceso formativo de los estudiantes, sin duda contribuiran a introducir la conflictividad judicial programada como una forma de contrapoder social.

En tercer lugar, un sector de la izquierda con entrada en los movimientos sociales ha tendido a nuclear su propuesta poltica en torno al cambio constitucional y no a la elaboracin pragmtica de lecturas alternativas. Este sector ha aceptado el proyecto conservador de identificar la Constitucin con una lectura particular de la misma, en tanto le resultaba til para deslegitimar la constitucin existente y encontrar as el apoyo social necesario para su reforma. Pero la ansiada reforma constitucional parece lejos todava. Los resultados electorales en Andaluca confirman que la reconfiguracin del sistema poltico espaol no ha terminado y que hay espacio para la ultraderecha. El signo poltico de esta reconfiguracin parece indicar que, en caso de que la reforma llegase a producirse, estara ms cerca de ratificar y profundizar la involucin que se viene produciendo en la prctica, que de producir avances significativos.

En este escenario creo que la adaptacin interpretativa de la Constitucin es una va ms interesante que la de la reforma: por una parte, porque puede fortalecer el texto constitucional como smbolo que convoque a amplios sectores sociales en la lucha contra el neofascismo; y, por otra parte, porque permite contraponer en las instituciones la defensa de la Constitucin de la defensa de su lectura retardataria y mostrar cmo esta ltima contribuye a legitimar socialmente las reivindicaciones del extremismo de derechas. Porque, en definitiva, creo que, con todas sus trampas, sus insuficiencias y sus errores, la Constitucin de 1978 tiene inscritos algunos elementos esenciales de nuestra cultura y de nuestra civilizacin que, adecuadamente interpretados, permiten mantener el suelo bajo nuestros pies en este tiempo incierto.

Marcos Criado de Diego es profesor de Derecho Constitucional

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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