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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2018

El fin del miedo: Ms all de sobrevivir

Danilo Billiard B.
El Desconcierto


No es cierto, como afirmaba Carlos Pea, que la estrategia empresarial de Moreno en la Araucana sea ingenua (suponiendo que por ser empresarial, no es poltica). O de serlo, no es mucho ms ingenua que su propuesta de reconocimiento desde la tribuna de la superioridad, como si el pueblo Mapuche necesitara nuestras credenciales de aprobacin de nosotros los civilizados! para instituirse como sujeto (un concepto muy occidental), acompandolo de justicia correctiva, es decir devolverles lo que es de ellos? Siempre y cuando se reconozca ante el mundo el hurto violento por parte del Estado; y anamntica para hacer de la memoria Mapuche un museo, para que su bandera sea exhibida en la etiqueta de un pantaln o para que Ripley y Falabella financien campaas publicitarias con rostros Mapuche?


El concepto de la seguridad no hace que la sociedad burguesa se sobreponga a su egosmo.

La seguridad es, por el contrario, el aseguramiento de ese egosmo,

Karl Marx, Sobre la cuestin juda.

Si hubo algo sobre lo cual Hobbes tuvo certeza, es que el miedo poda llegar a ser polticamente productivo, y aunque la intencin original de sus proposiciones podan explicarse contextualmente, no ocurre lo mismo con las derivas contemporneas de su pensamiento. A la relevancia del tpico de seguridad pblica para la vida de los chilenos, de acuerdo a las evidencias que recurrentemente entregan los sondeos de opinin, se debe adicionar que la percepcin frente a los delitos de mayor connotacin social obedece a ms factores que su pura proliferacin factual, entre ellos, la atmsfera meditica a causa de la creciente cobertura acerca de hechos delictuales[1].

Si bien no es materia de cuestionamiento la ocurrencia de robos, no es extrao que los delitos contra la propiedad sean los ms frecuentes y los que involucran ms altos niveles de violencia, en una sociedad donde el valor de la vida se mide de acuerdo a su productividad. Asimismo, cabra constatar que los compontes propios de la construccin de la noticia dotan de un sentido y asignan un enfoque al acontecimiento, hiperbolizando sus consecuencias o desatendiendo unas aristas en favor de otras, y pese a que la asimilacin de los discursos mediticos no es mecnica, s inducen una cierta reaccin (sincronizacin de afectos) que refuerza la cultura del miedo y la desconfianza azuzada por la competencia facilitando la agresividad que se ha instalado de forma hegemnica en Chile, dando paso a una autntica sociedad de la sospecha que destruye reciprocidades creativas, como lo propugna el discurso Aula Segura, no hacindose cargo de mltiples variables que contribuiran a explicar el incremento de la violencia escolar, lo cual permitira buscar soluciones alternativas.

Referenciando un pasaje de Dialctica de la Ilustracin (Adorno & Horkheimer, 1994), podr decirse que A travs de la subordinacin de toda la vida a las exigencias de su conservacin, la minora que manda garantiza con la propia seguridad tambin la supervivencia del todo. De ah que el enfoque punitivo, asociado tambin a los rendimientos electorales, se ajuste a un concepto de seguridad orientado a la neutralizacin de las amenazas en el ambiente que obstaculizan la libertad del individuo (fomentando una racionalidad instrumental), donde las polticas de desarrollo econmico en la lnea de focalizacin del gasto pblico y subsidios al emprendimiento local no son distintas a la intensificacin represiva.

Por eso es que resultan nimias las presuntas desavenencias entre los ministros Chadwick y Moreno, porque ambas posiciones han estado estrechamente articuladas durante la crisis reciente. No es cierto, como afirmaba Carlos Pea, que la estrategia empresarial de Moreno en la Araucana sea ingenua (suponiendo que por ser empresarial, no es poltica). O de serlo, no es mucho ms ingenua que su propuesta de reconocimiento desde la tribuna de la superioridad, como si el pueblo Mapuche necesitara nuestras credenciales de aprobacin de nosotros los civilizados! para instituirse como sujeto (un concepto muy occidental), acompandolo de justicia correctiva, es decir devolverles lo que es de ellos? Siempre y cuando se reconozca ante el mundo el hurto violento por parte del Estado; y anamntica para hacer de la memoria Mapuche un museo, para que su bandera sea exhibida en la etiqueta de un pantaln o para que Ripley y Falabella financien campaas publicitarias con rostros Mapuche? Y ms consenso todava, trayndolos a nuestro parlamento, y a nuestra versin de la modernidad. En fin: se puede hacer un uso abusivo de Aristteles y Derrida (o de cualquiera) cuando se habla la lengua de la elite, de los dominadores, de los oficiales de la palabra.

La conservacin de la vida en el mbito econmico en un contexto marcado por los altos niveles de desempleo y una creciente flexibilizacin laboral, justifica las iniciativas individuales de adaptacin por ejemplo, a travs del sobreendeudamiento a una realidad econmica que es presentada como natural e inmutable (y que prescribira nuestra subordinacin a ella), consecuencia del avance progresivo y teleolgico de la historia, segn dicen. Adems, contribuye a estimular una percepcin negativa y refractaria frente a la inmigracin asociada a la bsqueda de empleo. En el plano policial, la figura del delincuente, y ahora la del presunto terrorista, permite la consagracin de modelos normativos de conducta considerados como universalmente vlidos, en un cannico pas que no deja de parecerse a la fusin distpica entre un fundo y una parroquia.

Paradjico es el hecho de que en una sociedad donde lo que dota de sentido la existencia y legitima las trayectorias personales es la capacidad adquisitiva para el incremento en la posesin de bienes, se castigue la transgresin de la norma y no se reflexione sobre aquello que lo motiva, ms all de la criminalizacin y la patologizacin punitivas. Es probable que si no hubisemos convertido el automvil en un smbolo consagratorio del xito individual, no tendramos que hoy centrar nuestra atencin en legislar una ley antiportonazos, que sirve de tema de conversacin a los matinales y a la farndula para fortalecer el individualismo propietario.

El confinamiento de la vida humana a su pura supervivencia, se inscribe en ese umbral biopoltico del que nos hablaba Foucault. La vida es objeto de un poder que emana de s misma pero que, reificado, la trasciende y la somete a su dominio. La vida inmunizada de los riesgos que la circundan (parafraseando a Esposito), se paraliza en su conservacin y sacrifica su potencia, quedando resguardada por unos mecanismos que a su vez deben asimilar aquello que quieren contrarrestar, multiplicndolo y volvindose la principal amenaza, como ocurre con la militarizacin del Wall Mapu, similar a un cerco elctrico que puede daar no slo a los enemigos sino a los propios aliados (como la figura antigua del phrmakon).

Tras el crimen de Catrillanca la reaccin de las comunidades no se hizo esperar (no era acaso previsible?), frente a lo cual se decide fortalecer el despliegue policial en la zona. Es una profeca autocumplida, donde las desafortunadas e irreflexivas declaraciones de Piera a las que ya nos tiene acostumbrados afirman esta vez que Carabineros tiene derecho a su defensa, sin que nadie tenga el derecho a defenderse de Carabineros so pena de ser calificado como violentista (maltrato de obra).

Ya sabemos: no es el contenido de la violencia lo que se recusa sino su ubicacin. El derecho a la defensa frente a Carabineros podr ser, por el contrario, no un derecho sino una violencia divina (en los trminos de Walter Benjamin) frente a todo un dispositivo jurdico que ejerce la violencia mtica para la conservacin y restauracin del orden, y slo all ser cierto que, como dice Agamben, Un da la humanidad jugar con el derecho, como los nios juegan con los objetos en desuso no para restituirles su uso cannico sino para librarlos de l definitivamente (2005: p. 121).

Chile transita por un peligroso derrotero. Sin una transformacin cultural en un sentido genuinamente gramsciano que permita la emergencia de nuevas imaginaciones y relaciones humanas de nuevo tipo, las estrategias punitivas y las polticas econmicas neoliberales seguirn contribuyendo a la reproduccin de un orden que se nutre del miedo, y en esa medida lo proporciona imaginariamente para administrar el temor contra aquello que es resultado de su propia consagracin. Slo destituyendo sus premisas, es posible disolver sus consecuencias.

1/ Ver al respecto Santa Cruz, E & Corrales, O. (2012). Las imgenes del miedo: discurso televisivo y sujeto delincuente, en Comunicacin y Medios (26), 69-83.

http://www.eldesconcierto.cl/2018/11/28/el-fin-del-miedo-mas-alla-de-sobrevivir/



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