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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2018

La movilizacin masiva de los Chalecos Amarillos sacude Francia

Daniela Cobet
Rvolution Permanente Dimanche


Los orgenes

La emergencia del movimiento de los Chalecos Amarillos, hoy en el centro de la situacin poltica, tiene sus races en la situacin de crisis orgnica profunda que atraviesa Francia y frente a la cual el macronismo aparece ms que nunca hoy como respuesta muy coyuntural, en modo alguno a la altura de sus promesas ni de las expectativas que lo llevaron al poder. Ms an, la arrogancia del poder jupiteriano y su poltica de liquidacin de los cuerpos intermediarios, de cortocircuito de los mecanismos habituales de concertacin, no hizo ms que agravar los elementos de crisis entre representantes y representados. Esto es lo que el propio Macron ha tenido que reconocer durante su alocucin surrealista sobre el puente Charles de Gaulle, el 14 de noviembre.

El agotamiento precoz del macronismo, cuyo bonapartismo dbil volvi ms evidentes an los primeros sntomas, se aceler enormemente con el affaire Benalla y las renuncias de Hullot y Collomb. Ante la ausencia, en contraparte, de toda poltica ofensiva por parte de las direcciones sindicales, es en esta brecha que se colaron otras formas de protesta. Frente al bloque burgus que est detrs del gobierno de Macron, a su estrecha base social, y a falta de un bloque de oposicin estructurado en torno de las organizaciones del movimiento obrero, asistimos a la irrupcin de un bloque populista compuesto fundamentalmente por asalariados y capas medias pauperizadas de la Francia suburbana. La irona de la historia, sin duda, es que lejos de expresarse en un terreno electoral o alrededor de un lder carismtico, como habran podido creer algunos, de Francia Insumisa a Chantal Mouffe, es en la calle donde emergi este bloque.

Esta Francia suburbana o de las pequeas y medianas ciudades arruinadas, que se encuentra en el corazn de la movilizacin, constituye el lado perdedor de una fractura social y geogrfica profunda entre las metrpolis y la provincia. El problema no es, bien entendido, geogrfico, en la medida en que en esta misma zona suburbana habitan a la vez los miembros de las clases medias superiores que forman parte del bloque burgus macroniano, los sectores obreros y populares, los habitantes venidos de la banlieue de las grandes ciudades, etc. Lejos de todo determinismo geogrfico u oposicin mecnica entre metrpolis y periferia, vehiculizada por algunos ensayistas cercanos a la extrema derecha, son las dinmicas de las clases subalternas en este espacio geogrfico las que son centrales. Los procesos de gentrificacin en las metrpolis, pero tambin en las ciudades de las afueras, el estallido espacial de la estructura productiva y la desindustrializacin relativa despus de los aos 80, al igual que la destruccin del sistema ferroviario de proximidad en beneficio del tren de alta velocidad interurbano (TGV), crearon una situacin en la que un nmero muy importante de asalariados son forzados a recorrer largas distancias en auto para poder llegar a su lugar de trabajo y donde las cuestiones geogrficas y sociales se terminan superponiendo, evidentemente con un primado de las segundas.

A esto hay que agregar la desertificacin de los servicios pblicos de todo tipo en esos territorios que obliga, all tambin, a emprender largos trayectos por un simple trmite administrativo o por atencin mdica. Esta cuestin de la destruccin de los servicios pblicos es crucial en la medida en que el Estado de bienestar de los aos de crecimiento, hasta los aos 80, se present como una especie de justificacin, tambin, de los impuestos, tanto directos como indirectos, recaudados por el Estado como tal. Es por esta razn que histricamente las reivindicaciones o las movilizacin en torno al ras-le-bol fiscal [expresin que hace referencia al hartazgo frente al exceso de impuestos cobrados por el Estado, N. de T.] tienen a menudo un contenido social de derecha, liberal. Habindose roto este pacto en torno del Estado de bienestar, los impuestos aparecen cada ms a los ojos de esta Francia suburbana como una suerte de doble castigo. Ella se ve obligada a pagar ms y ms impuestos por servicios que cada vez la benefician menos. En este contexto, sobre el fondo de un desempleo creciente en algunos territorios, econmicamente menos dinmicos, agravado por una baja general del poder de compra (alrededor de 440 euros en los ltimos diez aos) y los ataques contra los jubilados, el aumento de los precios de los combustiles y las tasas impuestas por el gobierno son vistos por esta Francia que-necesita-el-auto como una ltima provocacin, como la gota que rebalsa el vaso y har precipitar la ira.

Qu no es el movimiento de los Chalecos Amarillos

El movimiento que deriva de esta situacin se forma a la imagen de esa Francia suburbana desde abajo, profundamente heterognea, social y polticamente, al punto en que es an difcil tener una caracterizacin precisa y afirmativa. Algunos hablan de una forma de jacquerie, en alusin a las revueltas campesinas que atravesaron Francia bajo el Ancien rgime, fundamentalmente espontneas, violentas y que agrupaban diferentes capas sociales. Uno pude tambin pensar en esos movimientos explosivos, que retomaron los mtodos de lucha del campesinado, que tuvieron lugar en Francia a principios de los aos 60 y que adelantaron el 68. Pero si es demasiado pronto para hacer definiciones precisas y establecer pronsticos, al menos hoy s es posible y necesario establecer, en relacin con los temores que se han expresado en el seno del movimiento obrero, qu no es el movimiento de los Chalecos Amarillos.

Independientemente del modo en que el gobierno, frente a los Chalecos Amarillos y de cara a las prximas elecciones europeas, juega la carta del progresismo contra los extremos y los populistas, no se trata de un movimiento hegemonizado por la extrema derecha. El Frente Nacional y los grupsculos identitarios intentan montarse sobre l, pero en razn de su naturaleza masiva y espontnea. Los actos racistas y xenfobos, homfobos o islamfobos, absolutamente innobles e intolerables, han sido muy marginales si uno tiene en cuento el nmero de barricadas y piquetes que se realizaron durante los ltimos siete das. En su conjunto el movimiento no expresa ninguna reivindicacin en ese sentido.

Tampoco se trata de un movimiento anti-impuestos de derecha como los que dieron lugar al Tea Party en los Estados Unidos, es decir, un movimiento orientado por la ideologa ultra-liberal y que predica una reduccin del rol del Estado en la economa, la destruccin de los servicios pblicos, etc. Los Chalecos Amarillos denuncian ms bien una forma de injusticia fiscal y se oponen en sus discursos a la desertificacin de los servicios pblicos en los territorios rurales o suburbanos.

No es un movimiento instrumentalizado por un sector de la patronal transportista o ligado al sector petrolero, por ejemplo, como habramos podido temer al comienzo, y como fue el caso del ltimo movimiento de camioneros en Brasil, en mayo pasado, o el caso del movimiento de los Forconi, la movilizacin anti-fiscal que desestabiliz fuertemente el gobierno de Letta, en Italia en 2013.

No es un movimiento compuesto o estructurado fundamentalmente en torno a sectores de la pequeo-burguesa y las clases medias (artesanos, profesiones liberales o cuentapropistas) sino compuesto de una fraccin consistente de trabajadores y trabajadoras, jubilados, empleados tanto en el sector privado como en el pblico o, por el contrario, condenados al desempleo. El nmero de mujeres, y en especial de jvenes mujeres en los piquetes y barricadas es la prueba, por otra parte, no solamente del carcter excepcional sino tambin de la profundidad de la movilizacin.

Se trata entonces de un movimiento de masas ciertamente interclasista pero de ninguna manera reaccionario que adems constituye hoy el principal desafo al gobierno de Macron y en el que participan decenas de miles de trabajadores. Es por lo tanto un deber de las organizaciones del movimiento obrero y la izquierda hacer todo lo que est su alcance para desarrollar y dotar de una perspectiva de clase el proceso en curso, aportando sus demandas y sus mtodos de lucha.

A propsito de eso, una reflexin de Lenin en 1916 que circula desde hace unos das en los medios de la extrema izquierda es particularmente clarificadora:

Quien espere una revolucin social pura no la ver jams. Ser revolucionario de palabra, que no comprende la verdadera revolucin [] La revolucin socialista en Europa no puede ser otra cosa que una explosin de la lucha de masas de todos y cada uno de los oprimidos y descontentos. Los elementos de la pequeo-burguesa y de los obreros atrasados participarn inevitablemente: sin esa particpacin, la lucha de masas no es posible, ninguna revolucin es posible. Y tambin, inevitablemente aportarn al movimiento sus prejuicios, sus fantasas reaccionarias, sus debilidades y sus errores. Pero objetivamente, atacarn al capital y la vanguardia conciente de la revolucin, el proletariado avanzado, expresando esta verdad objetiva de una lucha de masas despareja, discordante, abigarrada, a primera vista sin unidad, podr unirla y orientarla, conquistar el poder, apropiarse de los bancos, expropiar los trust odiados por todos (aunque por motivos diferentes!) y realizar otras medidas dictatoriales que en su conjunto tendrn por resultado el derrocamiento de la burguesa y la victoria del socialismo (Lenin, Balance de la discusin sobre autodeterminacin).

Si parafraseamos a Lenin, habra que decir que el movimiento de los Chalecos Amarillos expresa precisamente esta masa de pequeo-burgueses pauperizados y de asalariados que componen la gran masa social del mundo del trabajo y no de los sectores ms avanzados, por ende con sus prejuicios y sus ideas: a menudo no sindicalizados, pero no siempre, a veces base electoral del Frente Nacional o de la Francia Insumisa, sin duda en gran parte abstencionistas por despecho, poco acostumbrados a la huelga y menos an a la confrontacin con la polica, con mil ilusiones sobre la forma en que la situacin podra mejorar si la morsa fiscal se aflojara, etc. Sin embargo, su movimiento hoy entra en contradiccin objetivamente con la orientacin de la patronal y choca de frente con Macron y su gobierno.

Clases medias y extrema derecha

Todo esto no quiere decir que no exista el peligro de capitalizacin por la extrema derecha del proceso en curso, al contrario. Es lo que por otra parte subraya Ccile Cornudet en Les Echos:

Hablar a esos franceses, Chalecos Amarillos y simpatizantes, ms que acercarse al movimiento mismo. Marine Le Pen conoce el motor antipoltico y sabe tambin que los accesos de fiebre pueden bajar repentinamente. Ms que el movimiento, es lo que este revela y las huellas que dejar lo que le interesa: el sufrimiento, la angustia que expresa el 75 % de los franceses cuando piensa en el maana, ms que la bronca de un momento. Sobrevivir a los chalecos amarillos. Dieciocho meses despus del debate entre las dos vueltas, ella asegura que esas imgenes desaparecen y que ahora disfruta de un alineamiento de los planetas: cada de Macron en las encuestas, imposicin de la cuestin social cuando una parte de sus tropas le reclaman concentrarse sobre la inmigracin (combato igualmente el desclasamiento y la desposesin), impulso populista en Europa y por ltimo la proximidad de las elecciones europeas que a menudo le son favorables.

Ms globalmente, la situacin se caracteriza por una aceleracin brusca de la situacin poltica, con tendencias crecientes a la accin directa y a las formas de radicalizacin, incluidos los sectores menos politizados. Siguiendo la lgica de Trotsky durante los aos 30, incluso si el movimiento actual tiene un fuerte componente obrero, este tipo de proceso puede reforzar las tendencia a la revolucin tanto como a la contra-revolucin fascista.

Es en este sentido que la situacin desarrolla cada vez ms rasgos pre-revolucionarios. En uno de los escritos de 1934 que componen Adnde va Francia?, Trotsky describe as el estado de nimo de la pequeo-burguesa:

La pequea burguesa, las masas arruinadas de las ciudades y del campo, comienza a perder la paciencia [...] El campesino pobre, el artesano, el pequeo comerciante, se convencen en los hechos de que un abismo los separa de todos esos intendentes, de todos esos abogados, de todos esos arribistas polticos [...] que, por su forma de vida y por sus concepciones, son grandes burgueses. Es precisamente esta desilusin de la pequea burguesa, su impaciencia, su desesperacin, lo que explota el fascismo. Sus agitadores estigmatizan y maldicen a la democracia parlamentaria, que respalda a los arribistas [...] pero que nada da a los pequeos trabajadores.

Pero lejos de sacar la conclusin de que el pasaje de la pequeo-burguesa hacia el campo del fascismo es inevitable, Trotsky insistir durante todo el perodo sobre la necesidad de disputar para el proletariado la influencia sobre esta capa de la sociedad:

La pequea burguesa es econmicamente dependiente y est polticamente atomizada. Por eso no puede tener una poltica propia. Necesita un jefe que le inspire confianza. Ese jefe individual o colectivo (es decir, una persona o un partido) puede ser provisto por una u otra de las clases fundamentales, sea por la gran burguesa, sea por el proletariado. [...] Para atraer a su lado a la pequea burguesa, el proletariado debe conquistar su confianza. Y, para ello, debe comenzar por tener l mismo confianza en sus propias fuerzas. Necesita tener un programa de accin claro y estar dispuesto a luchar por el poder por todos los medios posibles.

Si algunos pueden acusar a la extrema izquierda o algunos de sus componentes de no ver ms que las posibilidades y no los peligros de la situacin como la que vivimos, es interesante enfocarse en los anlisis de los especialistas de la extrema derecha, que no podran ser calificados de izquierdistas, por ejemplo el de Jean-Yves Camus, director del Observatorio de Radicalidades Polticas (ORAP):

La recuperacin subraya en una entrevista no est escrita para Marine Le Pen. Que los militantes de RN vayan a una barricada no significa que sen recibidos con los brazos abiertos ni todos los que estn en ella vayan a votar a RN. Este movimiento parece haber escapado al conjunto de los representantes polticos. Marine Le Pen incluida. Entonces me pregunto si este discurso antisistema tan presente no es precisamente una seal de que la poca de Marine Le Pen y de Rassemblement National (nombre actual del Frente Nacional, N. de T.) qued detrs nuestro. Puede ser el signo de que ya hemos pasado a otra cosa.

El rol nefasto de las direcciones sindicales y las tendencias por abajo en el movimiento obrero

Estas son las razones por las que es crucial que el movimiento obrero tenga una poltica hegemnica frente al movimiento de los Chalecos Amarillos y por las que la poltica de las direcciones sindicales juega hoy un rol de divisin nefasto: basta pensar en las declaraciones de Laurent Berger, por la Confederacin Francesa Democrtica del Trabajo, las del nuevo patrn anti-chalecos amarillos de Fuerza Obrera o an en la CGT, con su comunicado que no osa nombrarlos, ms que de manera alusiva, y que llam a una jornada de accin alternativa a la movilizacin de los Chalecos Amarillos el 1 de diciembre, desconectada de la dinmica en curso, como de todo plan de batalla serio.

Ahora, la tarea del momento es precisamente luchar contra esta divisin y hacer que el movimiento obrero organizado ocupe su lugar, con su programa y sus mtodos, en la movilizacin actual. Durante estos das, algunos elementos demuestran que este objetivo es posible. Pensemos en los llamados de muchas estructuras intermedias de la CGT, como la Federacin Qumica de la Unin Departamental 13, o de los camioneros de FO a las jornadas de huelga por salario, en relacin con la movilizacin de los Chalecos Amarillos. Hay tambin un principio de unidad entre los Chalecos Amarillos y el sector de la CGT que entr en huelga en la refinera de la Mde, cerca de Marsella, despus con los estibadores en Habre y Calais. Pensamos tambin en el caso de Perpignan, donde una delegacin de Chalecos Amarillos fue a tocar la puerta de la Unin Departamental de la CGT para proponerles unirse a ellos. La confluencia entre los ferroviarios combativos de Intergares, as como del Comit por verdad y justicia por Adama Traor [joven negro asesinado por la polica, NdT], colectivos antirracistas y LGTB y de sectores del movimiento estudiantil con los chalecos amarillos en la movilizacin de este sbado 1 de diciembre muestra tambin que esta unidad es posible.

Ms en general hay una evolucin palpable sobre el terreno en los dos sentidos. De un lado, el apoyo al movimiento progresa ms entre los simpatizantes de la izquierda radical que entre los de la extrema derecha, 83 % de los simpatizantes del FN apoyan la continuidad del movimiento contra un 92 % de Francia Insumisa. Del lado de la derecha anti-impuestos, Los Republicanos [partido de Macron, N. de T.] encuentra an as demasiada anarqua. Si el movimiento real de los Chalecos Amarillos comienza a enfriar una parte de sus apoyos de la primera hora, parece tambin sacar conclusiones de su propia experiencia.

Despus de la exitosa jornada del 17, frente a una negativa a ceder de un gobierno debilitado pero siempre determinado a reformar el pas cueste lo que cueste, la pregunta de cmo continuar el movimiento se plante abiertamente para los Chalecos Amarillos. Frente a la imposibilidad muy concreta de sostener los bloqueos durante la semana, la idea de convocar a otros sectores comenz a circular muy rpidamente, a veces con una propuesta de calendario para que los choferes de ambulancias, choferes de remises, ferroviarios, etc., tomaran el relevo por turnos. Vemos as emerger una reflexin y una evolucin al nivel de los mtodos, a menudo con una apreciacin crtica del bloqueo a los automovilistas, en favor de un mtodo que privilegie como blanco las grandes empresas y los smbolos del Estado.

Y ahora?

Son tiempos de dejar atrs toda tergiversacin y pasar a la accin para que el movimiento obrero y el movimiento estudiantil y de la juventud se unan con sus propias banderas al movimiento en curso, la que ser la mejor manera para que los anticapitalistas y revolucionarios estn en condiciones de aportar una estrategia y un programa a la movilizacin en curso para hacer retroceder a Macron. Luchando contra contra toda deriva racista u homfoba en el seno del movimiento, as como contra la represin y en primer lugar la de la gendarmera francesa en La Runion, se trata de formular de la manera ms audible posible un programa obrero contra la caresta de la vida que pase por la constitucin de comits de accin, reagrupando a escala local a los Chalecos Amarillos, pero tambin a otros trabajadores en lucha, sindicalistas combativos y estudiantes, y que debera plantear:

un aumento general de salarios, pensiones y mnimos sociales [prestaciones sociales no contributivas, N. de T.] que como mnimo permita recuperar el poder adquisitivo perdido en los ltimos diez aos (400 euros para todos!) y su indexacin segn la tasa de inflacin;

la abolicin de la TIPP (Taxes Intrieure sur les Produits Ptroliers) y de todos los impuestos indirectos como el TVA [equivalente al IVA, N. de T.], abolicin de los peajes y establecimiento de una fiscalidad realmente progresiva que grave las grandes fortunas y el capital;

la nacionalizacin bajo control obrero de Total y todos los grupos petroleros;

la contratacin masiva de trabajadores en las escuelas, hospitales, transportes, la construccin de nuevas estructuras de proximidad en la zona suburbana, la anulacin de la reforma ferroviaria que suprime las pequeas lneas.

Para amplificar el nivel ms poltico del movimiento de los Chalecos Amarillos, que cristaliz en parte en la consigna de Macron, dimisin, y que expresa una desconfianza respecto de las instituciones y de la casta poltica ms en general:

contra la V Repblica, supresin de la funcin monrquica del presidente, disolucin del Senado aristocrtico en favor de una cmara nica que una los poderes legislativo y ejecutivo, donde los diputados seran elegidos por sufragio universal sobre la base de asambleas locales, revocables permanentemente por sus electores y que perciban el salario medio de un obrero especializado.

Medidas como estas no pueden ms que hacer avanzar la lucha por un verdadero gobierno de los trabajadores y sectores populares, que constituira una verdadera salida revolucionaria contra esta dictadura de una minora de ricos y de grandes capitalistas que nos gobiernan. Ellas se hacen eco de los aspectos ms antisistema y radicales del movimiento de los Chalecos Amarillos a los que los revolucionarios deben dar una respuesta, programtica y en la accin, a la altura del desafo.


Este artculo fue publicado el 25 de noviembre en Rvolution Permanente Dimanche. Aqu se reproduce con algunas actualizaciones de la autora.

Original en francs en: https://www.revolutionpermanente.fr/Gilets-jaunes-Pour-faire-plier-Macron-il-faudra-elargir-le-mouvement-et-le-structurer-par-en-bas



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