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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2018

El pensamiento de Marx y la tradicin obrera y socialista siguen marcando el camino

Daniel Campione
Rebelin


En nuestra poca vivimos una ofensiva renovada de las clases dominantes, a escala mundial, con el proposito de clausurar, de modo definitivo, o al menos por un largo tiempo la perspectiva revolucionaria y liberadora que constituye el ncleo de la obra de Marx.

La burguesa actual propende a una reforma intelectual y moral, en trminos de Gramsci, que tiende a extirpar de los actos e incluso del pensamiento, todo el saber obrero y popular acumulado en un siglo y medio de combates sociales y de construcciones intelectuales que los acompaaron, incluida en primer lugar la reflexin de tradicin marxista.

Esa reforma se complementara con un debilitamiento de la identidad de los miembros de la clase trabajadora y el reemplazo de toda idea de emancipacin colectiva por una engaosa redencin individual o a lo sumo de pequeo grupo. Esa salvacin consistira bsicamente en la esperanza de abandonar la condicin de trabajador. No ya para abordar el sueo muy difcil de integrarse en la clase dominante, sino para independizarse mediante el abandono de la relacin salarial. Ese abandono puede ser real, al convertirse en pequeo (o pequesimo) empresario; o ilusorio, al disimular o mediatizar la relacin salarial.

El gran capital va contra la tradicin obrera y socialista en todas sus dimensiones. Busca ahogar desde la perspectiva de las reivindicaciones econmicas motorizadas por los sindicatos, hasta la proyeccin orientada a la emancipacin de la clase obrera y con ella del conjunto de la sociedad.

El objetivo de mxima a esos efectos es borrar de las conciencias la propia condicin de trabajador, la autopercepcin como vendedor de fuerza de trabajo a cambio de un salario que le permite reproducir las condiciones de vida y de trabajo del propio trabajador y su familia. Quien deja de percibirse como asalariado mal puede comprender el mecanismo de explotacin contenido en la expropiacin del plusvalor por parte del capitalista, ni el de alienacin que tiene su punto de partida en el sometimiento del ritmo y condiciones de trabajo a los dictados del capital.

La idea es que el productor de bienes o prestador de servicios debe salir al mercado para benefiarse de ese gran mecanismo equilibrador que premiar su laboriosidad, su inteligencia, su habilidad, o cualquier otra virtud o valor que pueda atribuirse al individuo, nunca al colectivo.

El capital quiere trabajadores que no tengan siquiera el nivel ms bsico de solidaridad econmico-corporativa con sus compaeros ms cercanos de trabajo. Procuran un trabajador que se encuentre a solas frente a la empresa, que sera a su vez el trampoln para su ilusoria pero deseada transformacin en empresario. Nada lo une a sus competidores que comparten su trabajo y podran dificultar u obturar sus posibilidades de convertirse en independiente. Si adopta ese ideal, el trabajador ya no confa en mejorar en su condicin de asalariado, sino quiere emprender, alejarse rpido de su situacin de empleado en relacin de dependencia. Su pasaporte de emprendedor puede variar mucho en calidad y estabilidad, incluso ser miserable. Pero, en una lgica perversa, el mismo sistema social que no le proporciona un trabajo estable o hace penoso el que consigue, lo inducir a percibir un mundo de oportunidades abiertas a su laboriosidad e iniciativa.

Tal vez el emprendedor termine pedaleando sin descanso en medio de un trnsito infernal y con pesados bolsos a su espalda, como vemos hoy a millares de jvenes privados de sus ms bsicos derechos, en aras de la sofisticacin digital y de un espejismo de libertad que encubre apenas la esclavitud real.

En otros casos se intentar conducirlo a la creencia de que no es un empleado sino un socio de la empresa; en ocasiones llevndolo a un plano ms formal, otorgndole algn tipo de participacin en las ganancias y otras de un modo imaginario, estimulndolo a identificarse con la patronal, a ponerse la camiseta de la empresa y, como consecuencia, a privilegiar una relacin amigable con sus empleadores, en detrimento de los vnculos con sus compaeros de trabajo, asuman o no estos formas organizadas. An en el interior del mbito colectivo de trabajo se puede inducir la dilucin de la condicin laboral, a travs de la idea de que cada trabajador o grupo de trabajadores es proveedor de algunos sectores o grupos, y cliente de otros, dentro mismo de la unidad productiva.

La gran empresa y la dirigencia poltica, intelectual y comunicacional ligada a ella, tiene como objetivo que los miembros de la clase obrera y otros sectores oprimidos y explotados se identifiquen sobre todo como individuos, productores y consumidores aislados. Esos individuos seran libres de las limitaciones a su iniciativa individual implicadas en la adscripcin a una organizacin, sea sindical, cultural o poltica. Y ms an, ajenos a las restricciones ms fuertes que impondra su participacin en cualquier forma de accin colectiva. Un trabajador as formateado debiera elegir su libertad de trabajo en circunstancias de huelgas u otros conflictos.

Otra faceta del extraamiento con la condicin de trabajador radica en visualizarse como propietario. Puede ser de su vivienda, de un auto, pero tambin de un electrodomstico o un celular. El objetivo es que aprecie sus posesiones por encima de todo, as sean nfimas, y genere el consecuente rechazo hacia cualquiera que pueda amenazarlas de algn modo, sobre todo por medio de la violencia, lo que lleva a la demanda de seguridad. Pero tambin ver como amenaza a los benficiario de alguna forma de apropiacin injusta de los recursos estatales que l sustenta con sus impuestos. As puede construirse un enemigo que abarcar al marginal volcado al delito violento, pero tambin al receptor de planes sociales, al que divisa como viviendo a costillas suyas y de todos los que trabajan (nocin que, en este caso, puede incluir a los empresarios.

La proteccin de lo suyo (dinero, bienes, familia), por escaso que sea, primara frente a cualquier perspectiva de bienestar colectivo. Portador de una mirada centrada en el esfuerzo personal ver como innecesario e injusto que se asista a desocupados, pobres, o a cualquiera que no haya sabido ganar el sustento con su esfuerzo. Escribimos sabido y no podido, porque all radica un componente necesario de esa conformacin ideolgica. El que no trabaja o hacindolo no gana lo suficiente es visto como vctima de su propia incapacidad o pereza. Las condiciones sociales adversas se esfuman como causa del infortunio

En el da a da los hbitos de consumo sern tanto o ms gravitantes que el goce de los bienes. Desde un viaje as sea breve y a lugares cercanos, hasta la compra de golosinas o cigarrillos de calidad se tornan en costumbres percibidas como valiosas, sin cuestionarse nunca en qu proporcin responden a la accin embrutecedora de la publicidad y el marketing.

Todo esto cuenta con extensas complicidades sindicales, de una dirigencia que pretende preservar su poder, an a costa de ser cmplice de reformas destructivas impulsadas desde la gran empresa. Su dependencia crnica de las empresas y del Estado, la aversin a la movilizacin de las bases, la prctica de la negociacin permanente que rehye el conflicto, todo contribuye a la aceptacin de la erosin de la identidad obrera. Son en esos casos los lderes sindicales los que procuran disuadir a las bases de decisiones conflictivas, los que negocian la autonoma y condiciones de trabajo de sus supuestos representados; en el mejor de los casos a cambio de compensaciones salariales pasajeras.

La exacerbacin individualista produce resultados funestos en el terreno poltico. La defensa egosta de la propia persona puede llevar incluso a la violencia contra el prjimo o a la justificacin de la misma. El compaero de trabajo, el vecino del barrio, el colega de profesin o de gremio, puede ser visto como el causante de los males a superar, el chivo expiatorio. Las clases dominantes, conocedoras de ese mecanismo, expandirn la idea de la meritocracia y la igualdad de oportunidades, que disimulan o niegan las desigualdades abismales de recursos econmicos, sociales y culturales que expresan las contradicciones antagnicas entre explotadores y explotados, beneficiarios y vctimas de la alienacin.

Todo apunta a una nocin reaccionaria del orden, ligada a sus intereses como consumidor, propietario, y sobre todo como hombre o mujer que lo ha conseguido todo mediante su capacidad y empeo. No quiere compartir con nadie el goce de lo obtenido y es contrario a que se destinen recursos a quienes supone no son portadores de las aptitudes que l si posee. Al mismo tiempo est deseoso de despejar todo lo que pueda perturbar su supuesta tranquilidad. Por eso apoyar las iniciativas del poder poltico para limpiar las calles de cualquier forma de protesta explcita o implcita contra el estado de cosas existente.

La xenofobia tiene tambin articulacin con la percepcin ultraindividualista. Si el inmigrante puede conseguir trabajo, ser rechazado como competencia desleal que amenaza el empleo del trabajador local. Y si no tiene posibilidades de acceder a un empleo satisfactorio tambin sufrir rechazo, al vrselo como potencial delincuente.

Se legitima el orden socioeconmico existente, todas y todos deben trabajar para ganar el sustento, salvo el que puede obtenerlo mediante el usufructo de sus propiedades y riquezas. No hay ningn camino de insercin econmica valiosa que el propio trabajo, con excepcin de la pertenencia a una familia privilegiada que facilite los beneficios de una importante herencia.

El individualista extremo odiar a la corrupcin que se apodera de los impuestos que paga. En la valoracin negativa dar preferencia a los desvos directos producidos por funcionarios, mientras que las trapaceras de los capitalistas se disculparn en parte como apartamientos ocasionales de la legtima bsqueda de ganancias.

La defensa del camino emancipatorio

Si la lgica que venimos describiendo logra predominar, quedaran arrasadas no slo la tradicin revolucionaria en la lnea de Marx, sino la reformista, expresada sobre todo en las socialdemocracias del siglo XX, parcialmente reemplazadas en el siglo XXI por la nocin comodn del populismo, el gran adversario construido en reemplazo del comunismo como enemigo a destruir en beneficio de la libertad y la democracia, medidas con los parmetros excluyentes de la libertad de mercado.

Ninguno de los componentes de la reforma intelectual y moral que hemos reseado deja de ser una maniobra ocultadora de la sustancia destructiva y deshumanizante del sistema capitalista.

La depredacin de la naturaleza empeora da a da, el saqueo de los bienes comunes se incrementa, las desigualdades se acentan (el 1% de la poblacin mundial se apropia del 80% de los recursos).

Las relaciones de explotacin se modifican en modos que combinan el refinamiento que permite la alta tecnologa con la brutalidad instalada por la bsqueda desembozada de la maximizacin de la ganancia.

No hay lugar hoy para lograr emancipaciones parciales, del tipo de las ofrecidas por los Estados de Bienestar. Todas ellas se revelan temporarias y reversibles. La posibilidad de ascenso social desde el lugar de trabajador asalariado a un status al menos de pequea burguesa prspera se vuelve cada vez ms arduo y azaroso. Contra lo predicado por la ideologa del triunfo en la competencia universal de acuerdo a las leyes del mercado, los ricos son cada vez ms ricos, y los trabajadores quedan cada vez ms apartados de la supuesta carrera abierta al talento

La necesidad de un movimiento socialista de vocacin revolucionaria e internacionalista es hoy ms fuerte, si cabe, que en los tiempos en que Marx fund la Asociacin Internacional de Trabajadores.

Una de las principales dificultades para hacerlo realidad est en el terreno de la subjetividad. La conciencia social est todava marcada por grandes derrotas, las consecuencias de la disolucin de la Urss y del socialismo real siguen teniendo vigencia.

Incluso ms atrs en el tiempo, el mundo contina bajo los efectos del apotegma de Margaret Thatcher, no hay alternativa, expandiendo la creencia de que el capitalismo podr ser mejor o peor, pero no hay otra forma de organizacin social, salvo en el terreno de las utopas, sean stas ingenuas o totalitarias. Otra frase thatcheriana que ha hecho fortuna es aqulla de la sociedad no existe, slo los individuos. La consigna del Manifiesto, proletarios del mundo unos trata de ser reemplazada por proletarios del mundo separos, an en el interior de la misma fbrica o del mismo barrio.

Ir al reencuentro de los ideales socialistas y hacerlos tomar contacto con millones y millones de trabajadores es tarea ardua, pero no inalcanzable. La injusticia del sistema es cada vez ms clara, por debajo de la cobertura que le presta su amplia red de sustentos intelectuales y comunicacionales

El capitalismo acenta sus contradicciones en el terreno econmico, y tambin en el poltico. La aspiracin a un empleo estable y seguro, est en cada libre, mientras los empresarios tratan de hacer de necesidad virtud. La desigualdad se incrementa y el inters de las grandes corporaciones se impone de manera prepotente. La fantasa del libre mercado cruje frente a la monopolizacin u oligopolizacin reciente de vastos sectores de la economa

Luego de promover durante largas dcadas la democracia representativa como el sistema de gobierno apto para cualquier tiempo y latitud, el gran capital est destruyndola al convertir la idea de soberana del pueblo en un cuento inverosmil. El propio sistema poltico engendra personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, vivas imgenes de la brutalidad creciente del orden social.

Hoy es urgente la recuperacin de la Tesis XI, en su plena dimensin de comprender el mundo para transformarlo. Esa voluntad de transformacin basada en el conocimiento requiere la bsqueda de nuevas articulaciones que cuestionen al sistema capitalista desde todos los ngulos posibles, el de la explotacin y alienacin de los trabajadores, el consumismo desenfrenado, el desastre ecolgico, la pervivencia del orden patriarcal, la violencia creciente en la vida cotidiana. El desafo es compatibilizar y potencializar los mltiples motivos de descontento, las diversas formas de protesta, hacer que las luchas parciales se visualicen como una impugnacin general al predominio del capital.

La multiplicidad de lneas de tensin con el dominio del capital no anula, al contrario, la centralidad de la lucha de clases. Los intelectuales del capital tratan de demostrar que las clases ya no existen, o las reducen a distintos niveles de ingresos o categoras profesionales. El trabajo asalariado, sin embargo, est all. Y sobre todo est viva la lucha de clases, expresada en las acciones de las clases subalternas que intentan poner lmites al dominio del capital.

La gran deficiencia viene de que no se logra superar una modalidad de resistencia, y no toma an carnadura real e inmediata una perspectiva de contraofensiva, que aproveche las mltiples fisuras del predominio del gran capital para reconstruir una proyeccin de alternativa radical. Esa radicalidad tiene que apuntar a la totalidad del orden social, proyectndose sobre el plano econmico, poltico y cultural. Las reivindicaciones de una sociedad sin explotadores ni explotados, sin un un estado represor al servicio de los poderosos, de un orden de efectiva democracia e igualdad que reemplace las pantomimas al servicio del capital, todas siguen estando disponibles y se conjugan con otras nuevas, o percibidas con fuerza y centralidad renovada. La apuesta a un mundo socialista y comunista puede y debe volver a ser la bandera de los trabajadores, de los pobres, de las mujeres, de los marginados por cualquier razn, de los asqueados por mltiples motivos de un orden social injusto.

Las ideas de Marx siguen iluminando el camino hacia un mundo signado por la igualdad y la justicia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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