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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2018

70 aos... no son nada
Derechos humanos y derechos de la naturaleza, un aliento de esperanza

Alberto Acosta
Rebelin


Levntate, en pie, defiende tus derechos.

Levntate, en pie, no dejes de luchar

Bob Marley

Setenta aos de la Declaracin de los Derechos Humanos parecen nada; tal como los siglos transcurridos desde la Revolucin Francesa, cuando se asumieron los Derechos del Hombre y del Ciudadano (por no mencionar el trgico destino de quien, en aquel momento, pidiera los Derechos de la Mujer y la Ciudadana). Basta abrir cualquier peridico del planeta para constatar -ya desde la primera pgina- (casi) siempre noticias sobre alguna violacin a dichos derechos. Y eso sin mencionar las violaciones estructurales de los derechos a la vida (derechos fortalecidos no solo en los derechos polticos, sino en los derechos sociales, culturales y ambientales de individuos y pueblos, todos igualmente violados casi a diario).

A pesar de tantos discursos escuchados y acciones desplegadas por aos, falta muchsimo para la real vigencia de los derechos humanos. Ms all de las buenas intenciones, las organizaciones y las instituciones especializadas, la actualidad de tales derechos es sombra ms an en el mundo empobrecido. Pero si bien la realidad induce a un pesimismo profundo, el derrotismo es inadmisible. Los avances civilizatorios son lentos, a ratos imperceptibles, pero existen y debemos evaluarlos y analizarlos, sin caer tampoco en triunfalismos de ocasin. El objetivo es redoblar esfuerzos para que los derechos humanos sean una realidad que trascienda las meras proclamas.

Pensarlos como mecanismo de medicin de procesos en marcha no ha dado resultados satisfactorios. Apenas un ejemplo: medir los impactos sociales y ambientales de las polticas econmicas no basta para detener la irracionalidad del capital. El saldo ser siempre lgubre y frustrante si la humanidad y su madre -la naturaleza- no son el centro de atencin de la poltica y la economa. No bastan las polticas sociales paliativas de los impactos de la acumulacin capitalista

Buscar imposibles equilibrios macroeconmicos sacrificando y empobreciendo a poblaciones enteras debe condenarse de entrada. Siempre las polticas econmicas -agrarias, industriales, comerciales, etc.- deberan disearse bajo el respeto pleno de los derechos humanos. A la postre el asunto no es solo econmico, sino fundamentalmente de tica poltica. Sin olvidar las expresas restricciones en la legislacin nacional e internacional sobre derechos humanos, urge dar al menos dos pasos adicionales.

Un primer paso implica superar la lgica mercantil -todo se vende y se compra, desde escrpulos y principios hasta la propia vida- que ha penetrado en todas las esferas de la existencia incluso mercantilizando la naturaleza: se establece bancos de semen o vientres de alquiler; comercializa el clima; se construye el mercado de la informacin gentica (que suea con transformarnos en maquinas inteligentes que vuelvan irrelevante a lo humano)... La experiencia humana se transforma profundamente y hasta puede extinguirse, a menos que rompamos radicalmente la actual globalizacin del capital. A pesar de eso hay logros en temas de equidad de gnero, participacin de la sociedad civil avanzamos lentamente en el derrocamiento del dominio patriarcal y de la colonialidad. Pero toda esa lucha ser intil si no detenemos al desenfrenado tren de la Modernidad y sus delirios de auto-aniquilacin.

Nos falta entender a plenitud -y con humildad- que la experiencia humana emerge de relaciones, significados y practicas entre seres humanos y no-humanos, todos constitutivos de la misma naturaleza de quien somos apenas una pequesima extensin. Todos -humanos y no humanos- somos actores indispensables en el teatro de la vida, pero no somos los nicos y menos an los principales protagonistas. Por eso al primer paso, debe seguir un segundo: entendamos que la naturaleza es sujeto de derechos (recuperando experiencias como de la Constitucin de Ecuador).

Ambos pasos, cual vigorosas alas, pueden llevarnos a la discusin y el abordaje de cuestiones vitales para la humanidad y por ende la naturaleza. Nos toca organizar la sociedad y la economa asegurando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energa y de materiales en la biosfera, preservando siempre la biodiversidad del planeta. En estricto, los derechos a un ambiente sano para individuos y pueblos son parte de los derechos humanos, pero no son derechos de la naturaleza. Las formulaciones clsicas de derechos humanos como los derechos a un ambiente sano o calidad de vida son antropocntricas, y deben entenderse separadamente de los derechos de la naturaleza. Tampoco cabe aceptar que los derechos humanos se subordinan a los derechos de la naturaleza, como afirm algn solemne ignorante. Al contrario, ambos tipos de derechos se complementan y potencian.

Entender los alcances civilizatorios de los derechos de la naturaleza demanda liberarnos de dogmas y de viejos instrumentarios analticos. En el trnsito hacia una civilizacin biocntrica no solo cuenta el destino, sino tambin los caminos que lleven a una vida en dignidad. Garantizando a todo ser, humano y no humano, del ms pequeo y humilde al ms grande y majestuoso, un presente y un futuro, aseguraremos la supervivencia humana en el planeta. Supervivencia hoy amenazada por las ambiciones de lucro y de poder. As, los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, complementarios como son, sirven de hoja de ruta y aliento de esperanza.

Vistas as las cosas nada nos puede conducir al desnimo. Aspiremos siempre a ms derechos, nunca dejemos de luchar.-

El autor es conomista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la Repblica del Ecuador.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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