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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2018

Estos aos en el Barrio

Alberto San Juan
CTXT

Este texto forma parte del libro Teatro del Barrio, cinco aos erre que erre, que cuenta el recorrido de la cooperativa, al cumplir su primer lustro de vida este mes de diciembre de 2018


 

<p>Alberto San Juan, en la entrada del Teatro del Barrio. </p>

Alberto San Juan, en la entrada del Teatro del Barrio. MANOLO FINISH

 

Al fin, me apart. El proyecto (en lo creativo laboral) ms importante en el que he participado en mi vida. Al menos, el proyecto en el que ms he puesto. Desde el otoo de 2013 hasta (ms o menos) el otoo de 2017, viv sumergido en el Teatro del Barrio. Una experiencia, en lo personal, tan frtil y, a la vez, casi desgarradora. As de intensamente he vivido la contradiccin entre mi fiera voluntad de dominio y la decisin de entregarme a la experimentacin con la idea del gobierno colectivo.

Odio la democracia. Odio las asambleas. Y creo, firmemente, que no existe otro camino para la humanidad. Democracia o autodestruccin. No hay ms. As lo veo. No creo en una legalidad para todos concebida por unos pocos. No creo en la existencia de una lite humana capacitada para guiar al total de de la especie en direccin a la alegra. Creo imprescindible dotarnos de mecanismos para hacer posible la participacin del conjunto de la ciudadana en la decisin y gestin de los asuntos comunes. Cuidaremos las plazas si son nuestras. De todas. Y es nuestro (es decir, de nadie en exclusiva) slo aquello sobre lo que podemos decidir juntas. Todas. Y, como las plazas, los hospitales, los colegios, el suministro de agua, la calidad del aire. La existencia de formas asamblearias permanentes, la existencia de mecanismos de participacin, no obliga a participar, slo lo hace posible. Y la posibilidad de la participacin nos aleja de la asfixiante realidad histrica que supone el poder de unos sobre otros: la no democracia.

Pero no puedo dejar de ser un nio, un beb que todo lo reclama, de forma inmediata y total. Qu anhelo de ser yo el gran dictador y el mundo, una pelota en mis manos! Hubiera querido ser un gigante con un ltigo en el puo. Y adems, que todas y todos, all abajo, me amaran. Que todas y todos los grandes artistas que convoqu a la Misin hubieran cado rendidos tambin a mis pies. Que las socias y socios hubieran sumado miles. El poder. Eso quera yo. Pero, maldita democracia. El cuerpo colectivo, hecho de todas y todos, siempre levantndose y reclamando su soberana sobre todos los reinos posibles.

Qu es democracia? Espaa hoy? No lo creo. Sera como llamar amor a la relacin de dos seres que juntos se aburren y se maltratan. Pero quiz sea eso una forma de amor, y esto, Espaa, una forma de democracia. Aburrida, maltratadora, pero una democracia. En ningn caso, la democracia. Busquemos pues es una posibilidad, formas democrticas ms divertidas, ms amables.

En lo personal, la cosa empez en el otoo de 2012. Yo, instalado mentalmente en la clase media desahogada, en el confort y la seguridad material, desde siempre y para siempre, prob entonces el sabor de una cierta exclusin. No tena trabajo ni perspectivas de tenerlo, pero s muchas deudas. Y la capacidad de crdito de mi entorno cercano no era especialmente abundante. Me invent un par de espectculos en solitario. Uno de ellos funcion. Sali adems una telenovela. El fantasma de la precariedad, sin desaparecer, se calm. O, ms bien, tras comprobar que la suya no era una visita pasajera, sino mi nueva naturaleza social, ya para siempre cerca de la posibilidad de no tener (Y en realidad, desde siempre: el ascenso social de mis padres fue slo una irregularidad que no alcanz a sus hijos en la edad adulta: volvimos a la fragilidad material de los abuelos y de los abuelos de los abuelos), se convirti en un compaero ms o menos soportable.

A la experiencia le acompa una reflexin: asomarme al vaco no era una circunstancia personal, era un ejemplo ms (uno bastante leve) de una sociedad entera que haba despertado de un sueo en el que viva en un mundo de derechos y libertades elementales garantizadas. Un resbaln individual dentro del naufragio colectivo en el que nos encontramos al despertar. Problemas colectivos para los que slo colectivamente se puede hallar salida.

Por aquel entonces, Alfonso Pindado, fundador de la sala Tringulo a finales de los 80, me propone alquilarme su teatro. Reaparece un viejo sueo: una casa para trabajar. Y ms all: una familia. Despus de Animalario (mi verdadero hogar teatral, mis hermanas y hermanos de siempre y para siempre) andaba yo hurfano por el mundo. Habl con una serie de artistas para construir juntas una casa de artistas. Todos me dijeron: no. Decid entonces lanzarme solo. Y hacerlo con libertad. No slo sera un teatro, sino un espacio para el intercambio y la construccin directamente poltica (Qu es, si no, un teatro, en realidad?), conectado al momento histrico que vivimos desde el reventn ltimo del sistema capitalista y las posibilidades de horror pero tambin de amor que desde entonces permanecen abiertas. Dos personas me mostraron su total disposicin a lanzarse conmigo: Paloma Domnguez y Vanesa Espn.

Apareci entonces un tal Iaki Alonso, de la mano de la seora Domnguez, y me habl de algo nuevo para mi: la economa social y solidaria y las cooperativas de consumo. Esa forma deba tener, en su opinin, la idea que yo le acababa de contar. (Por qu me pareci estupendo? Tanto vino me dio?)

Enseguida, en ese tiempo hermoso cuyo centro de gravedad fueron las plazas convertidas en asambleas, mucha gente acudi a la convocatoria (como mucha gente sigue acudiendo hoy a cualquier convocatoria para intentar cambiar las cosas, para intentar inaugurar un tiempo nuevo en el que las reglas de la convivencia sean fruto de una voluntad realmente colectiva). Gente que manejaba cmaras fotogrficas, cmaras de video, taladros, cubos de pintura, gente que haba dedicado buena parte de su tiempo a investigar algo til en profundidad y estaba dispuesta a compartir sus hallazgos o visiones, artistas de cualquier disciplina muchas de ellas, veteranas y grandes artistas, tan generosas, ciudadanas con hambre de comunidad, de participacin, de libertad.

El Teatro del Barrio se convirti as en una Asamblea. En un centro de investigacin y exhibicin de artes escnicas y a la vez, en un centro de experimentacin de formas de gestin y propiedad colectivas. La forma asamblearia he dicho y repito no obliga a participar, pero garantiza que toda persona que quiera hacerlo, puede. Tambin exige mucha mayor previsin y organizacin. Un grupo pequeo puede improvisar cada paso. Cuanto ms grande se vuelve, ms importante resulta y ms difcil afianzar cada movimiento antes de realizar el siguiente. Por eso dudo cada vez ms de las grandes organizaciones y creo en la necesidad de experimentar organizaciones en red de agrupaciones ms reducidas y con mayor autonoma.

Y as pasaron cinco aos. Y de quienes fuimos los diez primeros socios, el primer gobierno del teatro, ya no queda nadie al frente de ninguna responsabilidad, ms all de dos de las trece trabajadoras contratadas a da de hoy. El resto, seguimos siendo socios cooperativistas, diez ms de entre los quinientos actuales, y, eventualmente, colaboradores para alguna tarea especfica, nada ms. Esta era la idea: no vincular el proyecto a ninguna individualidad, no hacerlo depender de ningn nombre en concreto. Construir un lugar sin dueo, un espacio colectivo, cuyo motor fuera precisamente la lucha por la democracia, en este mundo donde la democracia al menos, una amable, ampliamente participativa y sin maltrato instituido sigue siendo un asunto pendiente.

Y esto sigue hoy revolvindome la sangre: no mandar. Dejarse desbordar. Curiosamente, fui un ser extremadamente sumiso hasta ms all de los cuarenta aos, y luego, un aspirante involuntario a dominador. Qu difcil mirar y escuchar al prjimo de forma horizontal sin tratar de elevarse ni rebajarse! Qu difcil verlo, verse en l, y verlo en uno. Qu difcil crecer. Ser uno, una, en comunidad.

Desde el principio, el mismo reto: equilibrar la participacin y los mecanismos de gobierno colectivo con la calidad profesional, con la hermosa funcionalidad de las cosas. Y nunca se resolver. Como nunca se resolver de forma satisfactoria la tensin entre representacin y participacin. Como nunca triunfar de forma definitiva ninguna revolucin. Es absurdo esperar alcanzar el Resultado. No hay resultado, slo proceso. Pero es necesario, imprescindible, no abandonarlo, mantenerlo vivo. Y en ese proceso, en ese camino que comparten tantas multitudes de personas y colectivos a lo largo y ancho de este mundo, sigue, creo yo, y este es su sentido, el Teatro del Barrio: Cmo hacemos para convivir basndonos en el poder de unas con otras, sin dejar nadie afuera, sin resignarnos a las hambres innecesarias fabricadas por las personas en su historia milenaria de miedo y sangre, de amor infinito?

Gracias y besos y abrazos. Nos vemos en el Barrio.

Alberto San Juan fue el responsable del planteamiento original de contenidos del TdB.

El Rey, la adaptacin cinematogrfica de la obra teatral homnima del Teatro del Barrio, se estrena el 5 de diciembre. Cines GOLEM en Madrid, Pamplona y Bilbao. Cines BOLICHE en Barcelona.

Fuente: https://ctxt.es/es/20181205/Culturas/23220/Alberto-San-Juan-Teatro-del-Barrio-libro-cinco-a%C3%B1os-erre-que-erre.htm



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