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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2018

Implosin social

Jos Natanson
Editorial Le Monde Diplomatique


Mito fundante de la Argentina tal como la conocemos y origen de casi todas nuestras pesadillas, la crisis del 2001 tambin alumbr algunos consensos sociales, como la necesidad de sostener una red de proteccin mnima, largo camino que comenz con el Plan Jefas y Jefes de Hogar algn da habr que hacerle un acto de desagravio a Chiche Duhalde y concluy con la Asignacin Universal por Hijo (AUH). Podemos sealar tambin la autocontencin en la represin policial que inaugur el kirchnerismo y que el macrismo est poniendo en crisis. Y, decisivamente, un acuerdo tcito en torno a la necesidad de que los presidentes concluyan sus mandatos, que hace que hoy ningn actor poltico relevante, contra el fantasma destituyente que creen ver los representantes ms paranoicos del oficialismo y ms all de alguna voz desorbitada de la oposicin, apueste a una salida anticipada de Mauricio Macri del poder.

El 2001 tambin engendr un conjunto de consensos interpretativos, que son ms difciles de comprobar pero no menos relevantes en la medida en que funcionan como las coordenadas a partir de las cuales se orientan los protagonistas polticos, sociales y econmicos. Tan operativos como una ley del Congreso o una restriccin econmica, dan forma a mapas cognitivos que modelan el comportamiento social. El ejemplo ms conocido, que la corrida contra el peso de los ltimos meses repuso en el centro de la escena, es la idea de que una crisis econmica con devaluacin deriva automticamente en caos social, y que esto a su vez produce un quiebre institucional al estilo 89 o 2001. Desde aquel diciembre, todos los diciembres huelen a ese diciembre.

Pero ese diciembre fue nico. De hecho, el 2018 cerrar con la peor crisis desde los tiempos del corralito sin que por el momento se verifique una respuesta social contundente: la pobreza superar a fin de ao el 30 por ciento, el desempleo podra llegar al 12 (15 por ciento en el Conurbano, donde viven tres de cada cuatro nuevos desocupados) y el salario real habr perdido unos 15 puntos contra la inflacin. Pese a ello, el gobierno logr que el Congreso aprobara el presupuesto y al cierre de esta edicin segua controlando la poltica y las calles.

Este paisaje de crisis sin estallido admite varias explicaciones. La primera es el colchn social creado por los niveles de bienestar y la relativa estabilidad del mercado laboral heredados del kirchnerismo. Adicionalmente, la heterogeneidad productiva de Argentina permite que algunas regiones la zona ncleo, Vaca Muerta y su periferia y alguna economa regional no sufran como el resto del pas, e incluso prosperen. Por ltimo, el entramado de programas sociales, ms all de la prdida de poder adquisitivo, se mantiene (1).

Pero conviene no engaarse: que la crisis no estalle no quiere decir que no exista. Desde hace tiempo, diferentes especialistas coinciden en que el malestar que producen la recesin y el aumento de la pobreza y el desempleo se est traduciendo en un fenmeno de implosin social: personas y familias que revientan para adentro (2).

Entenderlo exige una aproximacin microeconmica. En primer lugar, aunque los programas sociales se mantienen e incluso se han extendido en cobertura, su poder de compra cae: se estima que este ao la AUH perder 15 puntos de poder de compra. La inflacin de los pobres, entendiendo como tal la que incluye solo a los productos de la canasta bsica, cerrar el ao en 55 por ciento, 9 por ciento ms que el 46 esperado para la inflacin general (3). La inflacin de las segundas marcas es, en promedio, 40 por ciento superior a la de las marcas lderes (4).

Esta prdida de efectividad de los mecanismos de proteccin social agudiza la crisis de la economa de la pobreza. El mundo del trabajo informal, las changas que emplean a buena parte de los habitantes de los conurbanos de Argentina, sufre como ningn otro sector el desplome de la construccin y la industria manufacturera. Es un problema, porque estamos hablando aproximadamente del 20 por ciento de las familias argentinas y porque de su estabilidad depende en buena medida la paz social. Los aumentos de los servicios pblicos afectan a una porcin importante de la clase media baja que no accede a la tarifa social.

Desesperadas, muchas de esas personas se endeudan, primero con los crditos blandos de la ANSES y luego acudiendo a la financiera de la esquina. La web de Efectivo s , por ejemplo, ofrece crditos a sola firma a un costo financiero total de 316 por ciento (un prstamo de 5 mil pesos se convierte en 24 cuotas de 661,26). La escena se repite: llega fin de mes y en los barrios ms pobres solo el prestamista dispone de dinero (tambin el narco, que a menudo presta barato y va construyendo una legitimidad que confirma que su penetracin no es solo el efecto de su feroz imposicin armada sino tambin resultado de la funcin social que cumple cuando el Estado se retira).

Pero no nos desviemos. Hablbamos de la bronca, que desplazada del espacio pblico, se individualiza, casi diramos se privatiza. No se expresa abiertamente ni logra articularse polticamente; se tramita, silenciosa pero dolorosamente, en privado. Cmo se manifiesta? Por ejemplo, a travs del aumento de la violencia intrafamiliar y de la escalada de pequeos conflictos callejeros sin sentido que rpidamente terminan en pelea salvaje, lo que resulta especialmente grave en un contexto en el que abundan las armas de fuego. El consumo de drogas y alcohol aumenta, y se ha disparado el que tal vez sea el signo ms notable de esta nueva etapa: el uso de ansiolticos y antidepresivos. Pastillas para olvidar la pobreza.

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA que merecera otro desagravio, en este caso del kirchnerismo que lo cuestionaba cuando ocupaba el poder viene advirtiendo sobre la profundizacin de lo que llama la pobreza invisible, aquellos aspectos de la miseria que las estadsticas no logran capturar: el malestar psicolgico, entendiendo como tal a las personas que presentan sntomas frecuentes de ansiedad y depresin, afecta a una mayora 63,9 por ciento de los pobres (5).

Esta crisis de los estados de nimo, que no es psicolgica sino social, se refleja no ya en el estrs tpico de la clase media sino en lo que el mismo estudio llama el sentimiento de afrontamiento negativo, definido como el predominio de conductas destinadas a evadir ocasiones para pensar en la situacin problemtica sin realizar intentos activos por tratar de resolverla. En otras palabras, una posicin de agotada impotencia, de brazos cados, que se completa con otro sntoma extendido, la creencia de control externo, en el sentido de personas que sienten que su vida y su destino estn ms all de lo que hagan o dejen de hacer.

Esta percepcin admite un matiz, que es todo un signo de los tiempos: aunque no hay estadsticas al respecto, quienes caminan los barrios de la pobreza sostienen que la imagen de los brazos cados en realidad es la imagen de hombres de brazos cados, y que los espacios de construccin de lazos comunitarios que an subsisten la canchita, el merendero, la iglesia evanglica estn cada vez ms dominados por mujeres.

Retomemos el comienzo. Si el anlisis de la coyuntura argentina nos reenva siempre al 2001, entonces habr que admitir que el macrismo aprendi de aquella experiencia que parte de su trabajo consiste en garantizar una proteccin mnima para los sectores ms vulnerables y un dilogo fluido con las organizaciones sociales, que su proyecto de reforma neoliberal podra escurrirse por el cao implacable de la historia ante la primera insinuacin de caos, el menor atisbo de saqueo, el ms mnimo signo de que est en riesgo la paz social.

Lo importante, decamos, no es que un consenso interpretativo sea verdadero en trminos histricos sino que sea operativo: no importa si una devaluacin se traduce siempre en inflacin que se convierte en crisis social que explota en saqueos; lo relevante es que los actores polticos y econmicos y la sociedad en general as lo crean. Como sostiene el socilogo Ignacio Ramrez, la nica realidad es la percepcin de la realidad. El macrismo, que es el principal actor de nuestra poltica, no es ajeno a este consenso, y por eso, sin resignar las lneas maestras de su programa, ofrece bonos, adelantos y refuerzos, mientras con la otra mano alimenta el fuego de la represin sobre los sectores populares: ajuste, poltica social y mano dura.

Quedar para otro momento entender por qu dos mujeres, Carolina Stanley y Patricia Bullrich, encarnan el yin y el yan de un gobierno que logr domesticar la crisis por el simple mecanismo de empujarla hacia adentro de los hogares.

Notas:

1. Vase editorial en Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur, N 231, septiembre de 2018.

2. Daniel Arroyo, Se est rompiendo el contrato social, Clarn, 10-10-18. Agradezco a Arroyo los comentarios y las sugerencias para esta nota.

3. Datos tomados del Twitter de Daniel Schteingart a partir de estadsticas del Indec.

4. Datos de Adelco.

5. www.uca.edu.ar/observatorio.

Fuente: http://www.eldiplo.org/234-paz-social-a-la-fuerza/implosion-social/


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