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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2018

Qu Argentina ve El Observador uruguayo?

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Cuando uno lee evaluaciones de un acontecimiento cualquiera, el G20 en este caso, tan alejadas de la realidad, tan sesgadas, tan escamoteadoras de lo acontecido y el autor de semejante estropicio es un medio periodstico no propio del pas anfitrin pero s de tal vez el estado ms prximo, cultural, histrica, idiomtica y geopolticamente considerado, como es el caso del Uruguay ante Argentina, inmediatamente se atropellan hiptesis sobre el porqu de semejante acto. Pretende ser una informacin apenas o existe algn elemento que desde el pas analizado descontrola totalmente a los autores de la evaluacin, los vuelve literalmente locos, los enajena de la realidad?

El editorialista de El Observador [en adelante El O] [1] sostiene que la realizacin del G20 en Buenos Aires ha logrado poner a Argentina en la escena mundial, como si Argentina fuera desconocida fuera de fronteras. Argentina, nos pese o no, es uno de los pases perifricos ms conocidos y reconocidos del mundo entero.

Pero de inmediato se ve el hilo rojo del autor: [] poco a poco, empieza a dejar de ser considerado un paria en los mercados internacionales luego de vivir dcadas a espaldas de la realidad por las polticas de la versin kirchnerista del peronismo que erosionaron las reglas de juego inherentes a un estado de derecho.

La tirada deja en claro el planteo: para el autor los mercados internacionales no son, ciertamente los mercados internacionales sino los mercados regidos por la idea de estado de derecho que tiene la elite gobernante de EE.UU. y direcciones prximas y satlites. El gobierno kirchnerista resisti y cuestion el latrocinio organizado desde los centros financieros internacionales, aunque lo hizo con un estilo peronista, sin cuestionar al establishment financiero que lo vertebra. La deuda externa argentina fabricada durante la dictadura desaparecedora y el menemato era lo que el gobierno de EE.UU. a principios del s. XX calificara como deuda odiosa refirindose a la deuda contrada por Cuba ante Espaa. Pongamos un ejemplo ms reciente: Tomemos el caso de Indonesia. En este momento la economa est destruida por el hecho de que la deuda es algo as como el 140% del PNB. Si Ud. rastrea la deuda hacia atrs, parece ser que los que pidieron prestado son unos 100 o 200 individuos del entorno de la dictadura militar que nosotros [EE.UU.] sustentamos, y sus adictos. Mucha de esa deuda est ahora socializada. Los prestamistas eran bancos internacionales. Mucha de esa deuda ha sido ahora socializada a travs del FMI [] Qu pas con el dinero? Se enriquecieron ellos mismos. [] los que pidieron prestado no son tenidos por los responsables; es el pueblo de Indonesia quien tiene que pagar. Y esto significa vivir bajo programas de opresiva austeridad, pobreza severa y sufrimiento. [] Qu pasa con los prestamistas? Los prestamistas estn protegidos del riesgo. sta es una de las funciones principales del FMI, proveer seguro de riesgo gratis a gente que presta e invierte en prstamos riesgosos. [...]. El sistema total es uno en el cual los que piden prestado estn liberados de responsabilidad. []. Hay opciones ideolgicas, no econmicas.[]. [2]

Chomsky remata aclarando que deuda como las contradas en Argentina, como la de Indonesia, son claramente deuda odiosa.

Hubo economistas argentinos que analizaron y fundamentaron la impugnacin a semejante endeudamiento. [3] Pero Nstor Kirchner simplific el asunto y le ofreci a todos los acreedores un pago reducidsimo. La jugarreta habra sido brillante si hubiera aceptado el 100% pero un puado sigui la conducta Singer, teniendo siempre, claro, el amparo de las instancias del mundo desarrollado.

Todo eso parece escaprsele al editorialista de El O. Porque para este editorial el estado de derecho es el que establece el FMI, EE.UU., la Reserva Federal, el BM y redes afines.

Con el segundo prrafo, lo que fue escamoteo y negacin en el primero se convierte en una simplificacin que nos presenta un mundo de ficcin, apenas parangonable con las tradiciones del estalinismo o el nazismo: la organizacin impecable de un encuentro. Aunque parezca mentira para quien vive en Buenos Aires, el editorialista califica al encuentro de impecable, cara expresin de los uruguayos.

No le llama la atencin a semejante descriptor de la realidad que en el enkilombado pas de enfrente no haya pasado nada pero nada nada durante los das del G20? Si uno escucha los informativos radiales o lee los diarios, cada da hay decenas de bloqueos de calles o rutas, encuentros callejeros en plazas y parques, protestas diversas, y sin embargo, ante la presencia de presuntos representantes del 85 % de la economa mundial, todo el caudal protestatario se llam a silencio no es extrao?

No lo es porque el gobierno y su seguridad mont un cerco de control tan ceido y amenazante (la ministra Bullrich de Seguridad convocaba a los vecinos a abandonar la ciudad esos tres das al tiempo que adverta que cualquier enturbiamiento sera tratado con guante de hierro) que desanim a muchos de acercarse. Y los que lo hicieron, organizaciones como partidos polticos de izquierda, lo hicieron introducindose en el anillo de seguridad de las diversas fuerzas de seguridad (decenas de miles de policas, gendarmes, prefectos), quedando totalmente rodeados, con puertas de salida y entrada entre las vallas, controladas ceidamente por la seguridad. No es de extraar que no haya pasado nada, no se los escuch ni chistar.

Rafael Spregelburd, en su crnica "Dnde estamos sentados" confronta dos situaciones humorales del presidente argentino: 'Macri no llor ante miles de ocasiones pintadas para la ocasin: la muerte de Santiago, el dolor de los familiares del submarino, el cierre de los ministerios, el ajuste. Y sin embargo, una representacin teatral pattica, un bailando por un sueo flo y for export, una broma regional de identidad y cachivaches lo pudieron."

Spregelburd se refiere a la fiesta de presentacin de Argentina ante el G20. Al editorialista de El O esto le parece tan ajeno como la presencia de un entendido en contaminacin en un cnclave empresario.

Los resultados que el editorialista tanto realza brillan por su ausencia: Argentina debi abdicar de construir dos centrales nucleares, una con tecnologa rusa, otra con china, por el diktat estadounidense. Pero no porque la tecnologa rusa pueda no ser la mejor o porque la energa nuclear no sea aconsejable; de ninguna manera. Porque sencillamente situara a Argentina menos dependiente de EE.UU.

El editorialista sigue pintando su mundo: Hace casi tres aos, cuando Macri lleg a la Casa Rosada, Argentina era un pas prcticamente quebrado []. Penoso ejercicio proyectivo: el pas est AHORA casi quebrado, porque Macri y sus aclitos gerentes de industria (generalmente ajena) lo han endeudado como pocas veces antes. El gobierno de CFK tampoco presentaba grandes auspicios, pero al menos no tena la deuda tremenda que ha sido contrada en estos ltimos tres aos.

Lejos de ser el encuentro del G20 un xito argentino, un analista de ese mismo pas, [4] informando para la BBC, concluye que se espera apenas: divergencias sustantivas maquilladas como avances graduales.

Viendo el papel de dueo de estancia del sr. Trump, arrastrando al apichonado Macri a que lo siga, afirmando que la actividad econmica china es depredadora (otra vez lo proyectivo; qu es sino depredador el avance de las empresas estadounidenses en el mundo?), hay que ser ciego o cmplice para festejar este cnclave. Como El O.


Notas

[1] 8 dic. 2018.

[2] Entrevista radial de D. Basanian a Noam Chomsky transcrita por The Nation, 24/4/2000.

[3] Alejandro Olmos, entre otros.

[4] Juan G. Tokatlian.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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