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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2018

El fascismo que viene y la disputa cotidiana en el terreno de los afectos

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es

Abandonar la pelea en los terrenos de la vida cotidiana, en favor de la conquista del poder, ha dejado va libre a las pasiones tristes de las que se alimenta la derechizacin social.


Estamos todos tratando de pensar de qu tipo es ese fascismo que viene a nivel global y local -por ahora slo tenemos las viejas etiquetas para nombrarlo- y cmo se puede combatir con eficacia. Lo que puedes leer a continuacin son algunos apuntes e intuiciones que, a pesar de su tono demasiado ntido y concluyente, quisieran simplemente servir para empezar una conversacin y abrir procesos de pensamiento e iniciativas post 15M.

La crisis y el cortafuegos 15M

La irrupcin de Vox en las elecciones andaluzas evidencia que la crisis sigue siendo, diez aos despus y a pesar de cmo se interpreten los datos macro, la situacin que mejor describe la coyuntura poltica y la vida social. La novedad sera que, mientras que el malestar de la crisis se activ primero en el 15M y luego en el voto a Podemos o las confluencias, ahora se estara desplazando muy hacia la derecha.

Tras la irrupcin de Vox, se han podido leer por aqu y por all comentarios que consideraban refutada la idea de que el 15M haba supuesto en Espaa un cortafuegos del ascenso general de la extrema derecha que vemos en toda Europa. Me parece un error gravsimo.

El 15M supuso verdaderamente un antdoto de la derechizacin -canalizando el malestar hacia arriba (polticos y banqueros) y no hacia abajo (migrantes)-, pero no se puede pensar como una vacuna milagrosa, eterna y que funcionase de una vez por todas. Haba que renovarla, actualizarla, para mantener vivos sus efectos. Y eso es lo que no ha ocurrido.

El 15M ya fue, es agua pasada. Lo que venga como nueva politizacin se llamar de otro modo y tendr otra forma. Pero es muy importante entender bien qu fue. Es decir, qu fue lo que durante los peores aos de la crisis neutraliz el virus fascistizante.

Resumiendo mucho, podramos decir que el 15M fue 1) una dinmica de autoorganizacin popular. Es decir, no un movimiento referido a un sujeto preconstituido (la clase obrera, etc.), sino un proceso de creacin de pueblo. Porque es la accin colectiva la crea un pueblo y no al revs. Un pueblo es un proceso que se hace, como en el tejido de un patchwork se van aadiendo nuevos fragmentos a la tela. Por ejemplo, en las plazas del 15M no haba prcticamente inmigrantes, pero estos se unieron ms tarde al movimiento a travs de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y la politizacin del problema de los desahucios.

Y el 15M fue 2) un efecto de re-sensibilizacin social. Donde la crisis pona en el centro la victimizacin, el resentimiento, la competencia y el slvese quien pueda, el 15M puso la activacin social, el empoderamiento, la empata y la solidaridad. El otro, lejos de convertirse en obstculo o enemigo, se volva un cmplice para la accin transformadora. Ms que un comn ideolgico, el 15M cre un comn sensible en el cual se senta como algo propio y cercano lo que les suceda a otros desconocidos. Una nueva manera de decir nosotros, abierta e incluyente a cualquiera que estuviese indignado con la situacin presente de precariedad generalizada y ausencia de democracia.

El asalto institucional

El asalto institucional quera trasladar al poder poltico -blindado y sordo a los movimientos de la calle- algunas de las demandas y de las nuevas claves nacidas durante el 15M. Sin duda una muy buena idea. Sin embargo, durante el proceso se rompe la tensin productiva entre intervencin poltica e intervencin social. La disputa en el campo social -que es precisamente donde se crea pueblo y donde se modulan los afectos colectivos- se abandona en favor de la conquista del Estado, dejando as el terreno libre a las estrategias derechistas -tanto mediticas como de intervencin sobre los territorios de vida.

La desactivacin del cortafuegos 15M -los lazos de accin colectiva, apoyo mutuo, empata y solidaridad- deja el paso libre a los virus que siempre estn ah durante una crisis econmica y social: el miedo, el aislamiento, la amargura, la victimizacin, el resentimiento, la agresividad, la bsqueda de chivos expiatorios. De esa pasionalidad oscura -como dice Diego Sztulwark- se alimenta actualmente el desplazamiento hacia la derecha extrema y la extrema derecha.

Se habla del efecto multiplicador que han tenido los medios de comunicacin en la aparicin de Vox. Con toda seguridad es cierto. Pero hay que recordar que los medios de comunicacin no pueden imponer a la sociedad lo que quieren siempre que quieren. Por ejemplo, era imposible que en un clima social como el creado por el 15M prendiese la idea de que la salida de la crisis pasaba por el rechazo de los migrantes o el endurecimiento del orden. Es en el debilitamiento del clima social generado por el 15M donde calan esas ideas.

Nueva Poltica

No slo hemos visto cmo sube Vox, sino cmo baja Unidos Podemos. En unas elecciones donde se ha castigado al establishment (PP-PSOE) con una prdida importantsima de apoyo poltico, Unidos Podemos no ha logrado recoger ni un solo voto ms, sino todo lo contrario. De qu nos habla esto? De la decepcin y el desencanto que ha generado en un cortsimo lapso de tiempo la Nueva Poltica.

El asalto institucional se hizo cargo en determinado momento de una cantidad enorme de energa que vena del 15M: ilusin, esperanza, deseo. Pero hemos visto cmo ha disminuido conforme se iba asimilando a la vieja poltica en sus formas de hacer: personalismo extremo, opacidad y verticalizacin en la toma de decisiones, lgica de bandos y camarillas, relaciones instrumentales, un canibalismo interno pocas veces visto en un partido

Por tanto, el giro poltico realista decidido en determinado momento por las lites de Podemos -subordinarlo todo a la conquista del poder poltico: construccin de movimiento, formas de hacer democrticas, aceptacin del pluralismo y la crtica, relacin positiva con el otro y con el adversario- se revela ahora como lo ms iluso e ilusorio: ni se tiene el poder poltico, ni se tiene una sociedad en movimiento, activa o crtica.

La Nueva Poltica ha generado en ese sentido una despolitizacin -desafeccin, desestmulo, decepcin y desencanto- y en el vaco de esa despolitizacin crece la derechizacin social. Por todo esto, si existiese un dios de las palabras, que enmudeciese a todo aquel que las usase en vano, creo que ningn dirigente de Podemos podra apelar al espritu del 15M sin perder inmediatamente la voz.

Una palabra sobre Catalunya

No es el conflicto en Catalunya lo que ha despertado el fascismo en el resto de Espaa, sino en todo caso la forma que ha tomado finalmente ese conflicto. Qu quiero decir?

Desde este blog, hemos insistido en pensar distinto el desafo independentista en Catalunya. No verlo solamente como un asunto identitario o nacional, sino tambin como otra expresin ms -difusa, ambigua, impura- de rechazo al sistema poltico espaol y su gestin de la crisis. Pero la lgica de la representacin ha conseguido codificarlo enteramente como una pelea entre dos nacionalismos, excitando as el anticatalanismo histrico latente. Ha habido una incapacidad (dentro y fuera de Catalunya) por encontrar los modos de hacer ver la complejidad del procs y plantear un conflicto distinto e invitador para las gentes (muchas, muchsimas) que comparten el mismo rechazo fuera de Catalunya. Lo que era comn -el malestar de las vidas en crisis y el rechazo del neoliberalismo- se rompe y se pierde al articularse en clave nacionalista.

Despolitizarse para repolitizarse

La repolitizacin que viene -mejor dicho: que ya est viniendo, con los movimientos de pensionistas o de mujeres- tiene que pasar primero por una despolitizacin. Una despolitizacin positiva, un proceso activo en el que hacernos una limpia de una cantidad de creencias y hbitos que hemos adquirido durante la etapa del asalto institucional. Por ejemplo:

-la idea de que la sociedad se cambia desde arriba, tomando los lugares del Estado. Cuando ni siquiera las mejoras sociales, si son algo meramente otorgado y no van acompaadas de procesos de subjetivacin colectivos (debate, politizacin, comprensin crtica, otros valores), contribuyen necesariamente al cambio social.

-la idea de que se puede y se debe subordinar todo a la victoria y la eficacia electoral: la discusin colectiva, las relaciones de igualdad, la democracia de los procesos, la pluralidad, el valor de la pregunta y la crtica, etc. Hemos podido verificar en muy poco tiempo que se puede perfectamente ganar pero perder: ganar poder y elecciones, pero perder todos los ingredientes del cambio social por el camino al disociar los medios y los fines.

Se trata de hacer de la desafeccin y la decepcin con respecto a la Nueva Poltica un aprendizaje y un nuevo punto de partida. La ocasin para un cambio y un viraje. Hacer de la despolitizacin una palanca.

Disputar el campo social de fuerzas

El filsofo Michel Foucault nos propuso cambiar radicalmente nuestra concepcin del poder: en lugar de verlo como algo que baja desde algunos lugares privilegiados (Estado, instituciones), nos invit a pensarlo como un campo social de fuerzas. El poder viene de todos lados y se juega cotidianamente en millares de relaciones que configuran nuestra manera de entender la educacin, la salud, la sexualidad o el trabajo.

Las leyes o el poder poltico no vienen primero, no son los resortes del cambio social, no son su causa, sino justamente los efectos de la disputa en ese campo social de fuerzas. Pensemos en los movimientos obreros, de mujeres, de homosexuales o de minoras tnicas durante el siglo XX: primero se dieron procesos profundos de transformacin de la percepcin, los afectos y los comportamientos sociales, que ms tarde se registraran a nivel legislativo o institucional.

Lejos de ser una mirada pesimista (el poder est en todos lados), la mirada de Foucault tiene implicaciones muy positivas: el cambio social est al alcance de todos, se juega en la vida cotidiana de cualquiera, nuestros gestos, decisiones y relaciones cotidianas cuentan y mucho.

Es la disputa en ese campo social de fuerzas lo que hemos abandonado en buena medida, dejando va libre al miedo, el aislamiento, la victimizacin y todas las pasiones tristes de la que se alimentan las viejas y nuevas derechas.

En este periodo oscuro que se abre, en el cual el malestar social antisistema es canalizado por derecha, no se trata simplemente de encontrar otra poltica comunicativa (guios, gestos, signos) mediante la cual hablar a los votantes potenciales de la derecha y la extrema derecha y convencerlos de votar a los partidos de izquierda o progresistas. As seguimos reduciendo la poltica a comunicacin electoral. La derecha y la extrema derecha crecen, no porque tengan una poltica comunicativa mejor, sino porque son capaces de producir un tipo de subjetividad (creencia, valores, afectos) con la cual sintoniza luego su mensaje electoral.

La pelea por la hegemona social se disputa en los territorios de vida, en todos los entornos laborales, locales y familiares en los que hacemos experiencia, en cualquiera de los lugares cotidianos donde se configura nuestra manera de ver y sentir el mundo.

No se trata necesariamente de abandonar la intervencin en la esfera de la representacin, pero s de complejizarla y repensar-rehacer su engarce con la intervencin en la vida social. Porque es ah donde se crea pueblo, se modulan los afectos colectivos y se cambian las cosas.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/fascismo-afectos-vox_6_843475663.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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