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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2018

En el setenta aniversario de la Declaracin Universal de Derechos Humanos
La Declaracin y la prctica

Alejandro Teitelbaum
Rebelin


I. La Declaracin Universal de Derechos Humanos (DUDH) fue aprobada por la Asamblea General de la ONU hace 70 aos, en diciembre de 1948.

Obtuvo 48 votos a favor, ningn voto en contra y 8 abstenciones (URSS, Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Sudfrica y Arabia Saud). Dos Estados (Honduras y Yemen) no participaron en la votacin. Los pases socialistas se abstuvieron considerando que la persona es un ser social y, por lo tanto, los derechos que hay que garantizar son ante todo los derechos colectivos. Adems, los pases socialistas daban una enorme importancia al principio de la soberana estatal, prioritaria sobre los derechos humanos. Los derechos humanos los consideraban un asunto esencialmente de la jurisdiccin interna de los Estados, y, en consecuencia, la comunidad internacional no poda intervenir y criticar su conculcacin en un determinado pas. Por el contrario, la postura de los pases occidentales, en especial Francia, Estados Unidos y Gran Bretaa, se distingua por una decidida defensa de los derechos individuales de carcter civil y poltico, las libertades clsicas de las democracias occidentales.

Arabia Saud se abstuvo por su desacuerdo en particular con dos artculos: el 16 (matrimonio sin discriminacin y con consentimiento de los cnyuges) y el 18 (derecho a cambiar de religin) y Sudfrica coherente con el sistema de apartheid vigente en dicho pas y por su radical desacuerdo con la inclusin de los derechos econmicos, sociales y culturales.

La mayora de los pases del Tercer Mundo seguan an colonizados, por lo que ni formaban parte de las Naciones Unidas ni participaron en los debates, con la salvedad de los latinoamericanos, que adems realizaron algunas aportaciones significativas.

Lo cierto es que la DUDH fue un compromiso positivo donde en forma de declaracin (aunque posteriormente se ha sostenido el carcter vinculante de su contenido) figuran todos los derechos humanos de la persona, tanto civiles y polticos como econmicos, sociales y culturales as como los recursos para hacerlos valer.

II. Pero en la DUDH no figuran los derechos colectivos, entre ellos el derecho a la libre determinacin de los pueblos ni a que stos dispongan libremente de sus riquezas y recursos naturales, que recin fueron consagrados como normas explcitamente vinculantes en los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Polticos y de Derechos Econmicos, Sociales y Culturales bajo el impulso de los nuevos Estados surgidos del proceso de descolonizacin.

III. En el ao del setenta aniversario de la proclamacin de la DUDH, salvo cortos periodos, el balance no puede ser ms negativo pues la tendencia general ha sido la violacin sistemtica y casi permanente de todos y cada uno de los derechos consagrados en la Declaracin: guerras de agresin, matanzas, torturas, discriminaciones raciales, sexuales, sociales, religiosas y culturales, terrorismo, reduccin acelerada y violacin a escala mundial de los derechos polticos, econmicos, sociales, ambientales y culturales.

Es intil pretender atribuir a algunos Estados e Instituciones en particular la responsabilidad de tales violaciones pues dichas violaciones han sido y son- universales, cualquiera sea la orientacin poltica, social, cultural o religiosa de los sistemas implicados.

De modo que el multiculturalismo y los enfrentamientos entre culturas no son suficientes para explicar este balance negativo de la DUDH, porque las violaciones de todos los derechos humanos se han cometido y se siguen cometiendo tanto en nombre de culturas y religiones que niegan explcitamente muchos de los derechos consagrados en la DUDH como en nombre de ideologas y culturas que - con total hipocresa- invocan tales derechos.

IV. Los derechos humanos, no slo son interdependientes sino indivisibles porque, como bien se ha dicho, los derechos humanos no son ms divisibles que el ser humano mismo.

As lo entendi la Asamblea General de la ONU, cuando se pensaba elaborar un slo Pacto Internacional que abarcara los derechos civiles y polticos y los derechos econmicos, sociales y culturales. La Asamblea General adopt en su quinto perodo de sesiones en 1950 una resolucin donde se deca: el goce de las libertades civiles y polticas, as como el de los derechos econmicos, sociales y culturales son interdependientes porque en el caso de que el ser humano se encuentre privado de los derechos econmicos, sociales y culturales no representa la persona humana que la Declaracin Universal considera como el ideal del hombre libre. Pero en la prctica se han privilegiado (verbalmente) los derechos civiles y polticos y se han relegado cuando no ignorado- los derechos econmicos, sociales, culturales y ambientales.

Pese a que la relacin entre las diferentes categoras de derechos humanos no se agota en las nociones de interdependencia e indivisibilidad, pues incluye tambin lo que se ha dado en llamar la permeabilidad, es decir la posibilidad de invocar la violacin de derechos civiles como consecuencia de la violacin de ciertos derechos econmicos y sociales.

V. Aunque se llamaron intervenciones humanitarias las guerras coloniales de las potencias europeas en el siglo XIX en frica, las intervenciones directas de las grandes potencias -por razones geopolticas o geoeconmicas- en terceros pases con diferentes sistemas polticos heredaron ese denominacin -o la de injerencia humanitaria- en los siglos XX y el actual. Y cuando el argumento de la intervencin humanitaria directa es difcilmente digerible por la opinin pblica o puede tener un costo poltico demasiado alto, las intervenciones se promueven y se llevan a cabo por intermediarios internos mediante golpes de Estado, asesinatos de lderes populares o revoluciones de distintos colores.

La lista es interminable y se pueden citar a ttulo de ejemplos:

En 1953, golpe de Estado en Irn contra el gobierno del Dr. Mossadegh, que haba nacionalizado el petrleo, contrariando as los intereses de la Anglo-Iranian Oil Company. Despus del golpe, un consorcio de ocho compaas (estadounidenses, inglesas y holandesas) retomaron el control del petrleo.

En 1954 una accin militar oblig a renunciar al presidente constitucional de Guatemala, Jacobo Arbenz, durante cuyo gobierno se haban realizado importantes reformas econmicas y sociales en beneficio de los sectores ms desfavorecidos de la poblacin, entre ellas la reforma agraria. La United Fruit Company (que despus pas a llamarse Chiquita Brands), con enormes intereses en Amrica Central, desempe un papel de primer plano en el derrocamiento de Arbenz.

A principios de 1963 fue elegido Juan Bosch presidente de la Repblica Dominicana en las primeras elecciones libres despus de la dictadura de Trujillo. El gobierno de Bosch inici inmediatamente reformas sociales y polticas a favor de los sectores de la poblacin ms desprotegidos: trabajadores, campesinos, mujeres, etc. En setiembre del mismo ao fue derrocado por una rebelin militar. En abril de 1965 otra rebelin cvico-militar encabezada por el coronel Caamao intent restablecer en su cargo a Bosch. Pero Estados Unidos puso fin a la insurreccin enviando a territorio dominicano 42 mil marines.

En 1973 fue derrocado el gobierno constitucional de Chile resultando muerto el Presidente, Salvador Allende. La intervencin de la empresa transnacional International Telephone and Telegraph (ITT) en la promocin y financiacin del golpe de Estado ha quedado ampliamente demostrada, como as tambin la intervencin directa del Gobierno de los Estados Unidos y de su Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Los aos de gobierno del Frente Sandinista de Liberacin Nacional en Nicaragua (1979-1990), fueron un intento de aplicar un modelo propio de desarrollo humano, con cierto nmero de realizaciones en su activo (reforma agraria, educacin, alimentacin, etc.), pero la guerra econmica, militar y paramilitar que libr Estados Unidos contra los sandinistas, que dio lugar incluso a una sentencia condenatoria de la Corte Internacional de Justicia (Asunto de las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y en contra de sta. Nicaragua c. Estados Unidos de Amrica) modific radicalmente el curso de los acontecimientos.

Cuando Aristide asumi el Gobierno en Hait en febrero de 1991, propuso aumentar el salario mnimo de 1,76 a 2,94 dlares por da. La Agencia para la Inversin y el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) critic esta iniciativa, diciendo que significara una grave distorsin del costo de la mano de obra. Las sociedades estadounidenses de ensamblado radicadas en Hait (es decir la casi totalidad de las sociedades extranjeras) concordaron con el anlisis de la USAID y, con la ayuda de la Agencia Central de Inteligencia, prepararon y financiaron el golpe de Estado de setiembre de 1991 contra Aristide. Como la reaccin internacional (el embargo) y el caos interno paralizaron las labores de las empresas estadounidenses en Hait, las tropas estadounidenses restablecieran a Aristide en el Gobierno en octubre de 1994 y aseguraron al mismo tiempo la impunidad y un confortable retiro a los jefes militares golpistas. En 2004 se repiti el libreto de 1991, con un Aristide polticamente desprestigiado, sitiado econmicamente por Estados Unidos y asfixiado por el Fondo Monetario Internacional. Esta vez la expulsin de Aristide fue orquestada por Estados Unidos con Francia como segundo violn y legitimada ex post facto por el Consejo de Seguridad. Que es una especie de dictadura mundial de las grandes potencias. Grandes potencias a la que los medios de comunicacin llaman la comunidad internacional.

En frica en el momento de la descolonizacin surgieron lderes como Patrice Lumumba en la Repblica Democrtica del Congo y Amlcar Cabral en Guinea Bissau y ms tarde Tomas Sankara en Burkina Faso, que bregaron por una va independiente para sus pueblos, contraria a los intereses de las ex metrpolis y de sus grandes empresas. Los tres fueron asesinados, y reemplazados por dirigentes dictatoriales, corruptos y fieles a las grandes potencias neocoloniales. Francia y algunos otros pases europeos aportaron su savoir faire en la materia para la eliminacin de esos dirigentes populares.

Otros ejemplos ms recientes son, entre otros, los de las intervenciones militares en Irak, Libia y Siria, las guerras intertnicas en frica sobre fondo de disputas por el control de recursos naturales estratgicos, lo que ha dado lugar a la dislocacin de Estados y a las consiguientes catstrofes humanitarias, entre ellas la de los miles de desplazados que - intentando ponerse a salvo- mueren ahogados en el Mediterrneo ante la indiferencia, cuando no la reaccin xenfoba de los pases europeos.

VI. El valor jurdico de la DUDH en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos es indiscutible. Por un lado como instrumento universal vinculante y por otro como ncleo central no slo de la llamada Carta Internacional de los Derechos Humanos , que incluyen el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos y el de Derechos Esconmicos, Sociales y Culturales, y todos los dems Pactos y Convenciones Internacionales de Derechos Humanos.

Pero es imprescindible establecer la diferencia entre su valor jurdico y su valor en la prctica que, como se ha visto, es virtualmente nulo, dado que sus enunciados son violados sistemticamente.

La explicacin de esta contradiccin abisal entre la DUDH y otras normas jurdicas internacionales y los hechos hay que buscarla en lo que se algunos llaman equivocadamente el neoliberalismo, que no es otra cosa que un sistema, el capitalista, con sus especificidades actuales, basado en la lgica del beneficio de una nfima minora duea de los instrumentos y medios de produccin y de comunicacin materiales e inmateriales en detrimento de todos los derechos de las grandes mayoras, incluidos el de informarse objetivamente, de ejercer las libertades democrticas y de tomar realmente parte en las decisiones polticas primodiales en todos los rdenes : institucionales, econmicos, sociales, culturales, ambientales, etc.

Pues cada vez aparece ms claro que en las condiciones del sistema vigente, no ha quedado espacio alguno para la participacin popular en las decisiones, pues las instituciones estatales e interestatales son ahora totalmente funcionales a la reproduccin y preservacin del sistema y han quitado toda substancia a la llamada democracia representativa o delegativa.

Dicho de otra manera, para cerrar la brecha entre la DUDH y la realidad de los hechos hay que hacer saltar el cerrojo que implica el sistema capitalista vigente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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