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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2018

Delirios eslovenos

Antonio Santamara
TopoExpress


La respuesta a las movilizaciones de los trabajadores pblicos catalanes por parte del movimiento independentista no se ha hecho esperar. Pocos das despus de estas masivas protestas los lderes secesionistas se declararon en huelga de hambre a fin de desviar de la agenda poltica la cuestin social y alimentar el victimismo de sus bases sociales. Una huelga de hambre a la que histrinicamente se ha sumado durante 48 horas el presidente vicario de la Generalitat, Quim Torra, en el espacio cargado de simbolismo de la Abada de Montserrat, cuna del catalanismo catlico y donde se fund Convergncia en 1974.

De esta manera se repite el esquema de origen del movimiento independentista tras el 15M, las dos huelgas generales y las grandes movilizaciones de los trabajadores de la sanidad y enseanza pblica.

La tensin en la sociedad catalana, siempre a flor de piel, volvi a subir varios grados con las acciones de los Comits de Defensa de la Repblica (CDR), vinculados a la izquierda independentista y la CUP, que intentaron reventar las concentraciones del partido ultraderechista Vox en Terrassa y Girona, que fueron respondidas por las duras cargas de los Mossos dEsquadra. Quim Torra desautoriz la intervencin de la polica autonmica y dio un ultimtum al conseller de Interior, Miquel Buch, que apoy la postura del president vicario, para purgar a la cpula del cuerpo de seguridad. Esta toma de posicin reabri la crisis entre el ejecutivo cataln y los Mossos dEsquadra. En efecto, no es la primera vez que Torra apoya las acciones de los CDR (sus dos hijos militan en esta organizacin), como cuando les aconsej, en los actos conmemorativos del primer aniversario del 1 de octubre, que apretasen y horas despus intentaron asaltar el Parlament de Catalunya.

Los sindicatos del cuerpo policial denunciaron unnimemente la negativa de Buch y Torra a condenar la violencia de los CDR, el uso partidista de los Mossos, as como las rdenes recibidas para no actuar en las acciones del pasado fin de semana en las autopistas catalanas. La reacciones negativas de amplios sectores de la sociedad catalana, Artur Mas incluido, obligaron a Buch a desdecirse de sus palabras y desmarcarse de Torra. As se disculp ante los mandos policiales por su falta de apoyo, manifest que su actuacin en Girona y Terrassa haba sido la correcta para evitar un choque de imprevisibles consecuencias entre militantes de Vox y de la izquierda independentista y asegur que no habra purgas en el cuerpo policial.

La primera reaccin de Torra y Buch puede interpretarse como un permiso a los CDR para que ejecuten las anunciadas acciones con el objetivo de paralizar Catalunya coincidiendo con el Consejo de Ministros que est previsto celebrar en Barcelona el prximo 21 de diciembre, con la certeza que los Mossos dEsquadra no impediran sus acciones. Justamente, esa jornada constituir la prueba de fuego de la actitud del gobierno cataln frente a la violencia de baja intensidad de los CDR que, a su vez, es una expresin de su impotencia poltica ante el fracaso de la va unilateral.

Las acciones de los CDR contrastan vivamente con las de los chalecos amarillos en Francia. Mientras los primeros operan en connivencia con el gobierno cataln que ve con simpata sus acciones, los segundos actan en frontal oposicin al ejecutivo francs que apoya plenamente la actuacin de los cuerpos policiales. Mientras el objetivo de los CDR es nacionalista y pretenden proclamar inmediatamente la secesin, la meta de los segundos es modificar las polticas neoliberales del gobierno Macron.

Triple tablero

El sbado, an abierto el enfrentamiento entre el ejecutivo autnomo y la polica catalana, se celebr en Bruselas la presentacin del Consell per la Repblica como si fuera el verdadero gobierno de Catalunya y el embrin del ejecutivo de un hipottico Estado cataln, en una ensima muestra del mundo paralelo en que se ha instalado el movimiento secesionista.

Las intervenciones de Quim Torra y del exconseller Toni Comn, quien como otros dirigentes socialistas han abrazado la causa del independentismo identitario, marcaron un punto de inflexin en la estrategia al menos discursiva del movimiento independentista, frente a la imagen cvica y pacfica de la denominada revolucin de las sonrisas. El primero apel a la va eslovena y el segundo mostr que debe encararse el tramo dramtico del proceso del que no puede excluirse la sangre.

El anlisis de estas manifestaciones debe realizarse en el triple tablero de juego donde se dirime el proceso independentista. A nivel internacional, el sector liderado por Carles Puigdemont y su vicario Torra est dispuesto a perseverar en la va unilateral y provocar una situacin insoportable de disturbios e ingobernabilidad que obliguen a la Unin Europa a presionar al gobierno espaol, para lo cual se han poner muertos sobre la mesa. Ahora bien, Catalua no es Eslovenia. La secesin de esta repblica, que inici las sangrientas guerras de Yugoslavia, se produjo en el contexto del hundimiento del bloque comunista del Este de Europa, con una poblacin tnicamente homognea y con un poderoso padrino internacional como fue Alemania. Ninguna de estas circunstancias concurren en Catalunya; especialmente, cuando la mitad de la poblacin es contraria a la separacin. En este sentido, los dirigentes de la Unin Europea no se muestran partidarios de una balcanizacin de Espaa que podra sentar un precedente en Estados multitnicos como Francia o Blgica y alimentar a las fuerzas de extrema derecha antieuropesta. El conflicto cataln es tambin un problema europeo que podra dinamitar las bases de la Unin.

En el mbito espaol, las manifestaciones de Torra y Puigdemont bloquean la va de dilogo y pacificacin del conflicto propuesta por el gobierno de Pedro Snchez quien, adems, puede encontrarse con un duro recibimiento en Barcelona auspiciado por el president vicario de la Generalitat. El resultado de las elecciones andaluzas con el notable ascenso de Cs y Vox, que hicieron del conflicto cataln uno de los ejes de su campaa, constituyen un aviso en toda regla al ejecutivo socialista. De manera que amplios sectores del electorado espaol, pero tambin cataln, podran castigar la tibieza con que est encarando la crisis catalana, un malestar incrementado por la radicalizacin de los posicionamientos del president vicario. Ello podra conducir al PSOE a endurecer su postura frente al independentismo, lo cual conferira un gran protagonismo al ministro Josep Borrell, autntica bestia negra del movimiento secesionista.

Finalmente, en el escenario cataln las tesis fundamentalistas de Torra significan un envite contra la lnea pactista de ERC, en vsperas de un largo ciclo electoral que comenzar con las municipales y cuyo teln de fondo ser el juicio a los lderes independentistas. As, el president del Parlament, Roger Torrent, se ha desmarcado de la apelacin a la va eslovena, apostando por la va escocesa; es decir, la del acuerdo cvico y democrtico con el Estado espaol para celebrar un referndum pactado. Tambin ha marcado distancias con el apoyo de Torra a los CDR con la lapidaria afirmacin que la repblica se construye sin capuchas, a cara descubierta y ganando la mayora. Incluso Comn, ante el alud de reacciones contrarias a su maximalismo, ha rebajado el tono de sus afirmaciones y se desmarcado de la va eslovena mostrndose favorable a las movilizaciones cvicas y pacficas. Claro que podamos aadir que no resulta difcil apelar al mximo sacrificio desde los lujosos salones de Bruselas.

Etnonacionalismo

No parece que las apelaciones al sacrificio y la muerte para lograr la independencia hayan convencido a la mayora de la base mesocrtica del movimiento secesionista. Una cosa es manifestarse cada 11 de septiembre o votar a formaciones separatistas y otra poner en peligro sus vidas y sus propiedades para alcanzar el Estado soberano. En cualquier caso, las declaraciones de Torra han revelado que un sector del movimiento independentista el representado por el grupo de Puigdemont y la CUP est dispuesto a todo, muertos incluidos, para lograr sus objetivos.

Ello, adems, revela el carcter extremadamente peligroso de los nacionalismos tnicos que no solo provocan una profunda divisin de la sociedad catalana, con un discurso del odio hacia quienes no comparten su proyecto poltico, sino que estn prestos a pagar el precio de la confrontacin civil e identitaria para conseguir sus objetivos.

La evolucin de los acontecimientos no invita al optimismo. El movimiento independentista ha cristalizado en torno a dos millones de seguidores que, a pesar de los exabruptos de Torra y Comn, no parece que vaya a cambiar de opinin, a la vista que no han hecho mella en sus bases sociales ni los engaos ni las falsas promesas de sus lderes. El etnonacionalismo, como dira Hannah Arendt, se comporta como una religin laica inmune a los argumentos racionales.

El combate contra el etnonacionalismo cataln debera conllevar una enrgica reaccin de la sociedad catalana y del gobierno espaol, en el orden ideolgico y poltico. Sin embargo, el ascenso del nacionalismo espaol, encarnado en PP, Cs y Vox, dificulta extraordinariamente el carcter cvico de esta lucha y conduce fatalmente a un choque entre dos nacionalismos identitarios, dibujando el negro panorama de una confrontacin que destruye los puentes de distensin y donde se alimentan los peores instintos de la poblacin.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/delirios-eslovenos/



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