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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2018

Masculinidades & Cambio
Masculinidades errantes. Sobre espejos rotos, automentiras y cambio

Lionel S. Delgado
https://ctxt.es


Hablar sobre el hombre es coger la patata caliente que siempre rula de mano en mano. Y no rula por casualidad: la poca tradicin de la masculinidad como tema hace que haya con pasmosa diferencia muchas ms incgnitas que respuestas. Por ello, al hablar son inevitables los titubeos, los tumbos y las contradicciones. Si la masculinidad es contradictoria por definicin, cmo hablar de ella con certezas? Las lneas que siguen, en consecuencia, no son sino una crnica de la incertidumbre. Un caminar errante por un sendero que no me abandona, y que se incrusta en mi piel a cada paso, hasta tal punto que no entenderme como hombre es no entenderme en absoluto.

La tarea de hablar sobre masculinidades revela su importancia cuando, a pesar de que los xitos del feminismo se noten cada da ms, los hombres siguen (seguimos) utilizando sistemticamente privilegios afectando o poniendo en riesgo a multitud de personas en situacin de vulnerabilidad. Cmo esos privilegios se encarnan en los cuerpos y cmo son vividos por los hombres son temas que necesitan pensarse con calma pero sin pausa.

Evidentemente, los cambios en la vida personal de los hombres no van a conseguir destruir el patriarcado. Independientemente a los hombres, existen unas estructuras objetivas que siguen dinamitando las posibilidades de igualdad real. Pero el hombre puede decidir si intentar poner palos en la rueda del patriarcado y colaborar en la creacin de espacios de igualdad, o aceptar el patriarcado y no hacer nada. Lgicamente, es mucho ms interesante escribir sobre la primera opcin.

Pensar sobre los privilegios masculinos desde un cuerpo masculino es complicado y, al hacerlo, me descubro bailando entre la facilidad para invisibilizar las relaciones de opresin que ejerzo, la certeza de que no soy mala persona y, sin embargo, la seguridad de que tengo privilegios y los uso constantemente, aunque a veces no sepa del todo qu privilegios son esos, cuntos tengo y cmo los ejerzo. Y aun con todo, tengo la suerte de haberme topado con un feminismo con el que inici un proceso individual (y con algunos compaeros) para romper el trono de un sujeto autosuficiente que con conciencia y voluntad puede solucionarlo todo. Si yo, privilegiado hombre en deconstruccin, universitario concienciado y pretendido aliado del feminismo, tiene problemas incontables, imaginaos al que el feminismo le pilla lejos

La tradicin patriarcal por la cual el hombre renuncia al mundo de los sentimientos no sale gratis: nos pesa el analfabetismo emocional que nos vuelve incapaces para identificar, entender y gestionar emociones. Y eso supone una importante barrera para la conciencia de los privilegios. Contamos con un arsenal enorme de excusas que nos repetimos, a nosotros y a los dems, sobre nuestra situacin. Por ello, la mitad de los privilegios no pueden considerarse plenamente conscientes: pululan en algo parecido a lo que Orwell llamaba doble-pensar por el que nos mentimos y seguidamente nos olvidamos de que nos hemos mentido.

por qu va a querer cambiar un hombre? Est claro que los hombres no van a querer simplemente renunciar a sus privilegios, o s? Cul es la clave para querer quitarle peso a esa mochila de privilegios?

Si bien cada uno es responsable de sus decisiones (y esto es una verdad como un templo), pasar por alto la dimensin estratgica del asunto (tenemos que conseguir llegar a la gente) y plantear el problema en trminos de culpas es a veces complicado: aunque a un puado de hombres de la izquierda moral nos gusta eso de lamentarnos por la incoherencia para buscar niveles cada vez ms altos de congruencia, la mayora no se sienten ni opresores ni mucho menos malas personas y antes morirn matando que caer en la desvalorizacin personal.

Mujeres, coches y ftbol?

Nuestro contexto es el de un modelo de masculinidad monoltica que estalla en identidades y relatos muy diversos: las instituciones de la masculinidad agresividad, mujeres, coches y ftbol se han debilitado junto con la seguridad del macho aunque quien crea que no pueden hacerse fuertes otra vez se equivoca estrepitosamente. Ante esta situacin, la fragmentacin de identidades genera un malestar que, de no articularse en un discurso que d salida prctica a la frustracin, puede repolitizarse (como de hecho est pasando) en un neomachismo nihilista, cido y rencoroso. El concepto de culpa, usado en algunos contextos, puede terminar de decantar la balanza: quin quiere sentirse culpable? Qu sentido tendra acercarse a un movimiento que espera de m que me autoculpabilice? Adems, en un contexto postcatlico, el sentimiento de culpabilidad es fcilmente eludible. Como deca, ser por argumentos para escapar de la culpa y arrojrsela a otro (o ms bien otra)

Sin embargo, resulta igual de inapropiado caer en el victimismo masculino: es muy sencillo terminar hablando del hombre en trminos de vctima del patriarcado. Y, aunque siendo estrictos, el hombre debera ser considerado igual de producto del patriarcado a nivel de gustos, intereses, formas de comportarse, maneras de relacionarse que la mujer, plantearlo como vctima diluye la materialidad del asunto equiparando hombre y mujer, como si uno no dominase sobre la otra, como si uno no pudiese invisibilizar/anular/agredir/violar/matar a la otra.

Aun as, presentar al hombre como un verdugo por naturaleza tampoco es solucin: si integramos el enfoque interseccional, vemos que las relaciones de desigualdad son diversas y no pueden reducirse slo al sexo/gnero. Etnia, clase, raza o sexualidad tambin intervienen. Puede hablarse de hombres que sufren igualmente desigualdades segn se articule el eje de masculinidad con el de clase baja y/o el de etnia y sexualidad discriminadas.

Entender esto es importante para no caer en la victimizacin del hombre: no todos los privilegios, pero tampoco todos los costes de la masculinidad se reparten equitativamente. No todos los hombres son vctimas del patriarcado. La vivencia de la masculinidad de un hombre blanco heterosexual econmicamente solvente sufre costes mnimos mientras ostenta los mximos privilegios, pero no as los jvenes migrantes que viven en sus carnes la precariedad laboral y vital y slo encuentran refugio identitario en una hipermasculinidad exacerbada. De nuevo, todos somos responsables de nuestras decisiones, pero en algunos casos hay que afinar la mirada para ver qu lgicas operan y cmo podemos incidir mejor para su transformacin.

Para los que intentamos avanzar en esto de los modelos alternativos de masculinidad una pregunta nos taladra la cabeza: por qu va a querer cambiar un hombre? Est claro que los hombres no van a querer simplemente renunciar a sus privilegios, o s? Cul es la clave para querer quitarle peso a esa mochila de privilegios? La obligacin tica no es una causa muy probable y de serlo, un movimiento basado en el requisito de tener altura moral parece un poco arriesgado. Quizs en los entornos ms politizados se podra dar este tipo de causas, pero desde luego, en los menos concienciados, no.

Sin embargo, esa obligacin tica puede venir tambin de experiencias de sensibilizacin como la de conocer los casos de violencias de las mujeres que nos rodean. Al estar ligados a las personas que nos cuentan casos de acoso, desprecio, miedo o intentos de violacin, hay una motivacin directa para un replanteamiento de nuestra vida masculina.

Entender esto es importante para no caer en la victimizacin del hombre: no todos los privilegios, pero tampoco todos loscostesde la masculinidad se reparten equitativamente. No todos los hombres son vctimas del patriarcado

La deseabilidad de la deconstruccin puede ser otra motivacin probable. Esta se dar cuando los modelos de lo deseable muten incluyendo otros perfiles de masculinidad. Cambia la moda y se altera la estructura de valores integrando perfiles otrora excluidos: belleza andrgina, sensibilidad domstica, gustos textiles, inteligencia emocional, etc. Estalla en pedazos la nocin de lo aceptable y se revalorizan determinados rasgos. Sea para encajar, para ser ms aceptado, para ligar o para estar a la moda, cambiar se vuelve deseable. En estos casos, el motivo suele estar alejado de un planteamiento poltico feminista: no se cambia por justicia social, se cambia por deseo (aunque algunos dirn que eso da igual y que lo importante es el cambio). Tambin puede darse deseabilidad en los entornos feministas: cuando para encajar en un grupo se transforman mis prioridades para acomodarse al grupo, a veces eso implicar cuestionar mi masculinidad.

La contracara de la deseabilidad es el cambio por obligacin social que implica una variacin independientemente de lo que se quiera por ser censurados algunos comportamientos. Esto hace que no se tenga otra opcin distinta al cambio: por imperativo social el machismo y los privilegios no quedan impunes impulsando como respuesta modelos de masculinidad distintos. Esto, lgicamente, se dar en entornos con un feminismo muy asentado y con la capacidad de imposicin suficiente como para legitimar el discurso que penaliza comportamientos machistas. Tiene que ver, pues, con la hegemona local del feminismo. Pero cabra discutir si es suficiente una estrategia que no venga con el convencimiento del hombre. Basta con que no se tengan comportamientos machistas de cara hacia los dems o el convencimiento es condicin necesaria?

Las motivaciones que pueden encontrarse para comenzar el cambio pueden ser muy diversas. Sin embargo, ninguna es suficiente para realizar un proceso de revisin efectivo y es que querer cambiar no significa saber cmo hacerlo. Y lo digo por experiencia. Los quebraderos de cabeza son legin y es fcil que, ante la incapacidad de responder con certeza al qu hacer?, surja la frustracin.

Cmo ser hombre?

Precisamente la parte menos clara y ms dbil del pensamiento sobre las masculinidades es la que propone modelos alternativos de ser hombre. Algunas propuestas se atreven a definir rasgos de la masculinidad que vendr (poco claros o poco crebles la mayora) pero los dems lo plantean como una cuestin de procesos ms que de resultados: se trata de generar espacios de pensamiento, dilogo y ensayo conjunto. Laboratorios de masculinidad donde poder darle palabras a un mundo emocional informe que nos ronda en la cabeza. Huid de quien diga que expresarse es sencillo: la masculinidad opera en lo velado y difcilmente encontraris hombres con un discurso perfilado sobre lo que significa ser hombre. Ese discurso hay que construirlo a base de trabajo colectivo y los iluminados sobran.

La mala noticia es que estos grupos de masculinidades tampoco terminan de escapar del riesgo de convertirse en polos ultracoherentes de concienciacin (y de reparto de carnets, lgica que nos suena). Si bien el ir despejando el camino de las nuevas articulaciones que puede tener lo masculino es importante, el reto sigue siendo el mismo: extender la concienciacin y dar con un discurso que pueda articular el malestar masculino que produce la desaparicin de las certezas.

He conocido a hombres que han desarrollado cierta inquina hacia el feminismo por la incapacidad de dar salida prctica al malestar. El reflejo quebrado del espejo no es placentero y es muy sencillo que la autocompasin se convierta en autojustificacin. Cuando aparecen discursos (simplones y estpidos pero sencillos) que te lamen las heridas y te permiten soldar la fractura del espejo, quin puede decir que no ceder nunca a ellos? De ah la importancia de que ante el peso que cobran los discursos neomachunos se haga un contrapeso con discursos de masculinidades profeministas.

La lucha feminista, tan potente en los ltimos aos, aparece aqu como una plataforma de oportunidad. La lgica del contagio que permite que el feminismo se difunda como una pandemia (bendita pandemia!) y que abre una puerta de empoderamiento femenino, puede servir al hombre para arrojar luz sobre sus privilegios y, ms importante an, sobre en qu lucha puede volcar su esfuerzo. Aunque esto pone sobre la mesa el ltimo reto del que quera hablar: volcarse en el feminismo sin robar protagonismo y sin exigir que el feminismo se haga cargo de la cuestin masculina.

Y en esas estamos. Sin muchas respuestas, con cada da ms incgnitas, dando tumbos y ensayando a pequea y mediana escala espacios de aprendizaje individual y colectivo. A fin de cuentas, el feminismo no va sobre el hombre y, si queremos algo, tendremos que ser los propios hombres los que nos saquemos las castaas del fuego.


Fuente: https://ctxt.es/es/20180606/Firmas/20037/Lionel-S-Delgado-masculinidad-feminismo-privilegios.htm



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