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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2018

Entrevista a Clara Ramas San Miguel sobre Fetiche y mistificacin capitalistas. La critica de la economa poltica de Marx (II)
El deseo de cosas produce individuos, el deseo de vnculo produce comunidad

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo


 

Doctora europea e investigadora de la Universidad Complutense, Clara Ramas San Miguel ha centrado principalmente su labor investigadora en la obra de Karl Marx, buscando conectarlo con la tradicin filosfica alemana. Ha trabajado con figuras de la talla de Michael Heinrich, prologuista del libro, dentro de la iluminadora nueva lectura de Marx alemana, o Gnter Figal, en la lnea hermenutica y heideggeriana. Autora de numerosos artculos, ha participado en congresos y publicaciones colectivas con contribuciones sobre la obra de autores como Marx, Heidegger, Jnger, Hegel, iek, Gramsci o Schmitt (a quien ha traducido al castellano, como tambin a Michael Heinrich). Habitualmente participa en coloquios y foros de debate y recientemente ha colaborado en medios de comunicacin. Sus principales lneas de investigacin actuales son filosofa poltica y del Derecho, teora crtica, metapoltica, formas polticas contemporneas y populismos.

Clara Ramas San Miguel se define, de manera muy sugerente, como marxista heterodoxa, anti-liberal ortodoxa.

La conversacin se centra en el libro publicado por Siglo XXI en abril de 2018.

Nota de edicin: una versin parcial de esta entrevista apareci en El Viejo Topo, n. 369, octubre de 2018, pp. 36-45.

***

Nos habamos quedado en este punto. El ttulo de su libro diferencia las categoras de fetiche y mistificacin. Nos aproxima a estas nociones y nos resume las diferencias esenciales si las hubiere?

Ambas nociones refieren a formas de ocultamiento o velamiento que recubren necesariamente la estructura de las relaciones sociales en el capitalismo, hacindolas opacas, tergiversadas, no transparentes. En ambos casos puede hablarse de formas de inversin, pero con una diferencia esencial.

El fetichismo sera una inversin que se produce cuando una relacin social se cosifica y aparece cristalizada en un objeto. La mistificacin se produce cuando una relacin social se oculta y aparece con una forma fenomnica distinta, pero que no implica cosificacin, es decir, aparicin de esa relacin como propiedad de una cosa. Por ejemplo, en la mercanca hay fetichismo porque la relacin social del trabajo se presenta como valor, propiedad de una cosa. En cambio, en el salario no hay cosificacin porque la categora precio de la fuerza de trabajo aparece invertida y camuflada como precio del trabajo, pero no encarnada en ningn objeto.

Como trato de exponer en el libro, se puede distinguir entre tres formas diferenciadas de fetichismo y otras tres de mistificacin en la crtica de la economa poltica: fetichismo de la mercanca, el dinero y el capital; mistificacin del salario, la renta del suelo y la ganancia o inters. Y, segundo punto que defiendo, es posible reconstruir toda la estructura interna de El capital sobre el despliegue de estas seis categoras.

Otra nocin que convendra tambin explicar: cosificacin. Qu debemos entender por cosificacin? La lectura, la interpretacin lukcsiana en Historia y consciencia de clase, vale para el caso?

No cabe duda de que el planteamiento de Lukcs es uno de los antecedentes que hizo posible una lectura como la nuestra. Lukcs rompe con el marxismo dogmtico sovitico, que con pocas excepciones se centr en elaborar un materialismo dialctico -trmino nunca utilizado por Marx- y una visin del mundo omnicomprensiva, economicista, mecanicista y positivista. l comprende el pensamiento de Marx, en cambio, como una teora crtica y revolucionaria de la praxis social: en lugar de buscar las leyes objetivas de la Historia y su progreso necesario, trata de elaborar una crtica de la ideologa y desentraar la constitucin de la subjetividad y las formas de conciencia a partir de las relaciones sociales solidificadas como una segunda naturaleza. Cuando Adorno quiere leer la crtica de la economa poltica de Marx -abriendo as el camino de la Nueva lectura de Marx en la que nos situamos no como una doctrina econmica entre otras, o como una investigacin ceida a las relaciones de clase y explotacin econmicas, sino como una crtica del proceso total de constitucin de la dimensin social en el ser humano, est recogiendo una intuicin de Lukcs. Lukcs es, pues, pionero en entender la contribucin de Marx como una teora que se ocupa de la constitucin de sociedad [Vergesellschaftung], de cmo el ser humano se relaciona con otros para construir sociedad, y que descubre que en el caso especfico de la sociedad capitalista esto tiene lugar mediante un modo particular de relacin: mediante las cosas intercambio de mercancas -. Y afirma correctamente que slo un estudio de la mercanca puede descubrir todas las formas de objetividad y subjetividad que se dan en la sociedad moderna, lo que se refleja especialmente en el concepto de fetichismo de la mercanca.

Lukcs tambin encuentra correctamente el concepto de cosificacin en el apartado sobre el fetichismo de la mercanca. Esto es, una relacin social, entre personas, cobra el carcter de cosa. La relacin entre personas parece reducirse a una relacin entre cosas, y un cierto tipo de cosas, las mercancas, parecen poseer el poder mgico de gobernar las relaciones entre personas. Cosificacin de las personas y personificacin de las cosas son los dos procesos paralelos que Marx analiza.

Ahora bien, el anlisis de Lukcs tiene algunas limitaciones. No llega a desplegar ni las distintas formas de fetichismo en Marx no limitado a la mercanca -, ni su complemento con otras formas de apariencia -mistificacin-. No delimita con claridad suficiente los conceptos de valor, dinero y capital. Vincula cosificacin al extraamiento o alienacin [Entfremdung], que es una temtica del joven Marx que prcticamente abandona en El capital. Por todo ello sostiene un cierto esencialismo de la conciencia proletaria como automticamente abierta a una transparencia que permitira superar el fetichismo, y que yo no comparto. Con todo, el valor de su contribucin es innegable.

Cita usted en el primer captulo con acuerdo un comentario de Engels sobre la intervencin de Marx en la ciencia econmica en el que lo compara con el papel de Lavoisier en la qumica. Es as? Marx representara, resumiendo mucho y usando un trmino ms que gastado, un autntico cambio de paradigma en la ciencia econmica?

Creo que puede decirse efectivamente as. Marx no aade datos, conceptos o nuevas leyes a una ciencia previamente existente, sino que la refunda por entero, y concretamente en forma de crtica. Cuestiona lo que en el paradigma anterior se daba por sentado, sus presupuestos conceptuales, sus puntos de partida. Por ejemplo, desde el paradigma de la fsica clsica, nadie cuestiona, pues es la decisin previa que precisamente permite fundar dicha ciencia, que todo lo que existente en nuestro universo es pensable como extensin, como materia descualificada sometida a fuerzas que actan sobre un estado de reposo o movimiento uniforme. Esto, que Heidegger llam lo matemtico (que no la ciencia ya formada de las matemticas), no se descubre en ningn laboratorio: es una decisin que funda un acontecimiento histrico del pensamiento, en este caso, de Descartes y Galileo.

En el caso de Marx, y aunque discrepo con algunos de sus puntos, no me disgusta la expresin de Althusser de que Marx descubri el continente Historia para el pensamiento cientfico. Esto significa que Marx conceptualiz el material, digamos una sociedad dada en un momento de la historia, que permite fundar una ciencia. Y digo en un momento de la historia porque, en contra de lo que se ha pretendido, no hay una teora general de la historia en Marx ni tal cosa como un materialismo histrico: la ciencia que alumbra Marx y a la que dedic toda su vida es la crtica de la economa poltica entendida como anatoma de la sociedad civil (por tanto, sociedad moderna).

Por ser crtica, esta ciencia es en primer lugar una revolucin del paradigma previo. Hay toda una serie de pasajes en los que Marx detalla cmo no se trata de aadir nuevas teoras a las de los economistas anteriores (Smith, Ricardo, los fisicratas), sino de convertir en problema lo que para ellos era una solucin. El problema de los economistas no eran las respuestas, sino las preguntas. El problema era que todo el rato deslizaban inconscientemente preguntas distintas a las que requerira su propio anlisis. Deca Althusser: el problema no es lo que la economa poltica previa no ve, sino que no ve lo que ella ve. No se trata de descubrir un objeto nuevo, sino de problematizar la mirada misma. Tenemos un ejemplo precioso de este protocolo de lectura de Marx de la economa clsica en el captulo 17 del libro I, sobre el salario.

Apunta usted tambin que la crtica marxiana de la economa poltica no es solo una ruptura con el sistema de categoras y problematizaciones de una ciencia sino tambin de la deconstruccin del modelo de realidad efectiva subyacente a esas problematizaciones y categoras. Pero, salvo error por mi parte, eso suele ocurrir en todas las revoluciones cientficas importantes, sean marxianas o sean einsteinianas por ejemplo. La teora de la relatividad general (por no hablar de la mecnica cuntica) no es slo una ruptura con las categoras centrales de la mecnica clsica (su nocin de masa o de espacio y tiempo absolutos) sino que la forma de concebir el mundo es radicalmente distinta en una y otra teora fsica. En sntesis: su afirmacin no es vlida para cualquier revolucin conceptual sustantiva?

Lo es, pero con una diferencia esencial. La ciencia de la que se ocupa Marx no es una ciencia cualquiera: es la ciencia que articula conceptualmente la comprensin que la sociedad civil moderna tiene acerca de s misma. La economa poltica es, puede decirse, la auto-conciencia inmediata de la sociedad moderna. Y esto supone una diferencia esencial: el objeto de la ciencia econmica no es el objeto inerte de la ciencia natural, sino un objeto vivo, histrico, social, es decir: un sujeto. Lo que est guiando aqu a Marx es el planeamiento que se hace Hegel al comienzo de su Fenomenologa del Espritu: no se puede exponer el Sistema sin realizar el camino de la conciencia natural y su aparicin inmediata. Ocurre exactamente igual en Marx. No podemos elaborar una economa poltica, un sistema o ciencia acabada, sin antes realizar la crtica de la forma de aparicin inmediata de su objeto, la sociedad civil. Hay que realizar una fenomenologa de la sociedad burguesa, o ciencia de la experiencia de la conciencia (social), que ser una exposicin crtica de la ciencia que recoge la conciencia inmediata que la sociedad moderna tiene de s misma. Esto es el proyecto de una crtica de la economa poltica.

Los lectores pueden respirar relativamente- tranquilos, porque de todo este fundamento filosfico de Marx en la tradicin filosfica alemana no me ocupo en el libro ms que muy colateralmente. Ser objeto de otro libro futuro.

Ya estamos ansiosos por leerlo.

Dir que leo con prisma excesivamente poltico, disclpeme si es el caso, pero, cul es la relevancia poltica para nuestro hoy, para nuestras luchas y preocupaciones, de los anlisis de Marx sobre el fetichismo y la mistificacin? Cul sera su lectura en trminos de crtica social y anlisis poltico?

No slo no te equivocas en aplicar ese prisma, sino que aciertas plenamente. El ethos de lectura siempre creo que debera ser el que sugera Foucault que por cierto es el que utiliz el con Marx-: no la cita reverencial o la lectura neutral, que sera en realidad una pattica traicin, sino hundirse en los interrogantes y problemas de una teora. No reverencia a la letra muerta, sino asuncin de la luz que pueda proyectar, como bien dices, hoy, para nuestras preocupaciones y batallas vivas.

Desde este punto de vista, me parece que la cuestin crucial que seala el anlisis de Marx del fetichismo y la mistificacin sera sta. J. Bruhn -fundador de la importante editorial a Ira, aunque se alinea con la aberrante corriente anti-deutsch- la ha formulado muy bien: cmo es posible el vnculo social en una sociedad que se basa sobre la negacin sistemtica de la socialidad como tal? La pregunta es la misma que la de Polanyi: Cmo puede existir sociedad en una sociedad de mercado? Marx nos muestra que el vnculo social se construye en el capitalismo mediante una mediacin universal, que es la del valor y su cristalizacin en dinero. Al capital como consumacin de esta mediacin lo llama Marx sujeto automtico: se mueve a s mismo y pone incesantemente las condiciones de su reproduccin. Esta construccin genera efectos polticos y sociales importantes.

Rita Segato, pensadora latinoamericana muy poco estudiada en Espaa supongo que precisamente por mujer y por latinoamericana-, pero esencial para comprender el capitalismo neoliberal actual y su relacin con la violencia, afirma que hay en el mundo dos tipos de proyectos histricos: el proyecto histrico de las cosas y el de los vnculos. Cmo puede ser que inmigrantes sin papeles atraviesen cada da la frontera con USA a bordo del tren La Bestia, donde son detenidos, agredidos, expulsados y, si son mujeres, violadas? Ella sostiene que es un efecto doble: efecto expulsin de un lugar de origen, donde los vnculos de confianza y reciprocidad se han destruido por los mercados globales, y efecto atraccin hacia el nuevo foco de sentido, el paraso prometido del consumo final. La abundancia produce la falta. Cuando fallan los lazos de arraigo, los placeres y obligaciones de la reciprocidad, se da una intemperie social, una carencia que no es material, sino existencial, y entonces la pulsin se dirige hacia el mundo de las cosas: el fetichismo del Norte lo llama ella, y su fantasa de abundancia. Son seres sin territorio, sin magnetismo relacional que los cemente. Los seres desgajados, solos, antao pertenecientes al mundo de vnculos, son ahora zombies que se alimentan de la vida imaginada de los habitantes del mundo de las cosas. Su deseo nace de un exceso, dice Segato, que es un fetiche: mistificado y potente. iek apunta algo parecido en su libro sobre los refugiados. En fin, el deseo de cosas produce individuos, el deseo de vnculo produce comunidad.

Muy bien visto, hermosamente formulado; gracias de nuevo. Admito que yo mismo desconoca la existencia de esa pensadora que ha citado, de Rita Segato. Mis disculpas.

Este es un punto que por lo general han detectado mejor los pensadores conservadores. Alain de Benoist, fundador de la Nueva Derecha francesa aunque hoy situado en posturas bastante heterodoxas, afirma que Marx fue el primero en dilucidar la esencia de la Forma-capital: su ilimitacin, el fetiche de la mercanca y el proceso de reificacin de las relaciones sociales. Qu pasa con el fetichismo? Benoist observa con agudeza que esto del tan cacareado desencantamiento del mundo no significa nada, precisamente porque ninguna sociedad puede vivir sin ideologa, sin sentido o sin pegamento simblico de algn tipo. Y este pegamento simblico, aade, est tanto en el hijo del militante comunista (sobre el que Gnter Grass tienen un relato precioso en Mi siglo) como en el joven francs tentado por el yihadismo. Pero la era de hoy es la de la ideologa de la mercanca: la colonizacin del imaginario simblico por valores mercantiles (rentabilidad, ganancia).

Esto tiene efectos de primer orden en la formacin de las sociedades, que Benoist estudia a partir de los trabajos de Louis Dumont (discpulo de Polanyi) y Mauss.

Qu efectos de primer orden?

El liberalismo que acompaa al capitalismo se sustenta sobre la eliminacin del elemento social del ser humano. Es por ello un antagonista directo de las identidades colectivas, entendiendo que cada individuo en relacin con las cosas que consume puede ser fundamento suficiente para s mismo. El capitalismo produce tomos; pero el ser humano es narracin que requiere ser contada y compartida con los otros. El capitalismo, afirma Benoist, no tiene nada de conservador: todo lo contrario. Y cita ese prodigioso prrafo de Marx en El Manifiesto comunista donde explica que el desmantelamiento y la erradicacin de las culturas tradicionales y los valores antiguos fue el resultado del capitalismo, que sumerge todo en el agua glida del clculo egosta. O: Todo lo slido se desvanece en el aire. El capitalismo destruye tambin las fronteras, de forma mucho ms eficaz que cualquier internacionalismo de izquierdas: situando la lgica del beneficio por encima de cualquier otra cosa, lo que implica abrir mercados y subsumir la produccin del planeta entera al modo de produccin capitalista (de subsuncin real frente a meramente formal del final del feudalismo y del mercado mundial habl ya Marx). Benoist recuerda la cita de Adam Smith de que el comerciante no tiene otra patria que aquel territorio en el que alcanza su mayor beneficio. La esencia del capitalismo y especficamente del neoliberalismo sera que aniquila a los pueblos. Frente al simplismo de la derecha, Benoist afirma que la principal amenaza para la identidad no son los otros, justo porque dicha amenaza ataca tambin a la identidad de otros pueblos. Ese peligro en realidad es el auge de lo indistinto, la eliminacin de las diferencias, la destruccin de las culturas populares y estilos de vida en un mundo globalizado. El proyecto neoliberal es la unificacin de la humanidad, la destruccin sistemtica de todos los vnculos y lazos de solidaridad tradicional, la transformacin del mundo en un inmenso mercado. Para ello necesita fragmentar y renunciar a todas las formas de imaginacin simblica.

Para Benoist, la cuestin esencial no es derecha o izquierda, sino si el mundo al que nos dirigimos ser un mundo unificado y unipolar donde desaparecern las diferencias, o un mundo multipolar que respetar las diferencias y riqueza de lo concreto.

Empezamos a asistir a este debate en Europa. 

S, s, parece que es as, como seala .

Como ha contado Guillermo Fernndez en excelentes artculos, por primera vez es ms que probable que en las siguientes elecciones europeas de 2019 las fuerzas euroescpticas o UE-escpticas- sean mayora en el Parlamento Europeo. Tenemos que atender a todo esto. Intelectuales como Chantal Delsol sostienen que las lites europeas impugnan la democracia y la soberana popular, rechazan las identidades particulares y borran dioses y cualidades, para tomar una expresin de Adorno y Horkheimer. Y, para ella, las reclamaciones soberanistas no cuestionan el Estado de derecho, la democracia ni su aparato jurdico: tan solo reclaman una libertad ubicada, no absoluta recordemos que absoluto viene de ab-solvere, des-atar, disolver, desvincular.-. Es el debate entre soberanismo y proteccionismo contra globalizacin y libre mercado. No se est reclamando una dictadura como en los aos 30, solo conjugar las libertades con lo concreto. Lejos de descartar estas posiciones como reaccionarias e ignorarlas, deberamos preguntarnos qu est en juego.

Desde luego, el problema es que bajo estas reclamaciones se oculten posiciones reaccionarias y puerilmente romnticas (pecado en poltica), o, peor, directamente xenfobas y discriminatorias. Est pasando.

S, s, es obvio que est pasando. Hace unas semanas Rafael Poch de Feliu hablaba de ello.

Pero aqu, seamos claros, la culpa es de quien deja ese espacio vaco. Si entregamos el discurso sobre los lmites y la identidad a fuerzas reaccionarias, ganarn stas. Si seguimos rechazando entrar en la discusin, ganarn los radicales que efectivamente las anulan. Perderemos lo que nos negbamos a definir y limitar: nuestros derechos y libertades. Hegel dice algo a los pueblos que temen la organizacin del Estado: su libertad ha muerto por temor a morir. Esto puede pasarnos

En fin, quizs cabe una salida de recuperacin de lo pblico, el bien comn, el vivir juntos, la identidad colectiva como conservacin de unas races, un relato, unos valores compartidos que se proyectan hacia el futuro. Rita Segato dice que una comunidad requiere dos condiciones: densidad simblica y que sus miembros perciban que vienen de una historia comn y se dirigen a un futuro comn. Haber hecho grandes cosas juntos y querer hacer ms. Compartir una historia, entonces, no es pertenecer de modo esencialista por el mero nacimiento o tener un patrimonio de costumbres anquilosadas, sino el proyecto de querer existir juntos en comn, como sujeto colectivo.

Decamos que ninguna sociedad puede vivir sin imaginario, sin pegamento simblico. La eleccin poltica es si ignoramos esto, dejando que las fuerzas reaccionarias se ocupen de la tarea, o si conscientemente ayudamos a construirlo.

Otro descanso. El ltimo. 

De acuerdo.

*

Primera parte de esta entrevista: Entrevista a Clara Ramas San Miguel sobre Fetiche y mistificacin capitalistas. La critica de la economa poltica de Marx (I). No se entiende el mundo sin Marx http://www.rebelion.org/noticia.php?id=250145

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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