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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2018

Las venas del futuro

Mauro Paradiso
Rebelin


El capitalismo, a travs de la globalizacin, se ha extendido a escala planetaria, hasta llegar a fundirse con La Realidad. Nos han expropiado los sentidos. No tenemos ojos, ni odos, ni olfato, ni tacto, para reconocer lo que hay ms all o ms ac del capitalismo. De manera que ningn discurso, ningn proyecto, ningn sueo, ningn amor y sobre todo ningn deseo, puede producirse por fuerza de l. Y no se trata slo de lo que pueda pasar dentro de sus lmites, sino tambin lo que ocurre por fuera de l. Porque el problema, el gran problema de este animal que todo lo fagocita, es que ya no tiene afuera, lo cual lo torna casi indestructible. Hay pensadores que a esta situacin le dan el nombre de desbocamiento del capital. La condicin del capital es su indeterminacin, su inacabamiento.

Una de las operaciones que a lo largo del tiempo se produjeron sobre nuestros cuerpos es la separacin -en parte a travs del anlisis- de nuestros sentidos. Por un lado la vista, por otro el odo, por otro el tacto, por otro el olfato, por otro el sabor. Lo cual ha generado una atrofia sensorial. Habra que pensar si los sentidos no podran funcionar de manera sinrgica, transformndose uno al otro, e incluso confundindose entre s. Es lo que puede ocurrir cuando tenemos una relacin de interioridad con el mundo que percibimos. Ocurre con los sentidos pero tambin con el intelecto, la memoria, o la creatividad. Todos parecen funcionar con una autonoma que les quita su riqueza o potencia. Y, para colmo, nos encontramos con una civilizacin que tiene que constatar todo a travs de esos sentidos para considerarlo real.

All donde el rgimen pone su luz, visibilizando un pedazo de vida que antes estaba oculta, ese territorio termina desertificndose. Hay que buscar territorios inexplorados. Espacios oscuros y annimos que el rgimen an no haya iluminado. Espacios en los que la industria publicitaria no haya llegado todava. Y puede ocurrir que cuando llegue, nosotros ya no estemos all. Hay que huir del mercado -en la medida que el mercado marchita las flores que descubrimos- a fundar vida en un nuevo jardn.

Ya no se trata de una lucha emancipatoria. Se trata de algo mucho menos pretencioso. Tenemos que salir del limbo, afirmar la vida en medio de la muerte. Necesitamos un mnimo de oxgeno para poder respirar, un grito que sacuda a la realidad. Dnde estn los enemigos? Dnde estamos nosotros? Cul es el campo de batalla? Ya no tenemos referentes. Hay quienes ya no buscan un futuro, atormentados por un pasado que sacude su presente. Nos han arrancado como una flor del jardn de nuestra vida y nos han plantado demasiado lejos. Necesitamos agua, al menos un poco de agua. Sabemos que no vamos a hacer la revolucin, aunque tal vez de tanto cavar podamos encontrarla soterrada bajo los escombros. Pero por ahora estamos demasiado ocupados en poder sobrevivir. Fuimos cuerpos que ardan al desear. Incendios que los camiones hidrantes del enemigo no podan apagar. Y qu somos ahora? Zombis deambulando como hormigas por un supermercado.

Slo nos hacemos una pregunta: hay salida? No lo sabemos. Los finales son tan abiertos como los principios. Por lo dems, cualquier apuesta poltica debe partir del propio cuerpo (del sntoma) que es el que siente la opresin. Tal vez si hay algo que puede llegar a devolvernos la vida que perdimos, y a la vez ser disruptivo para un rgimen poltico, es el deseo. Ha sido en la historia el terror de todo rgimen social: el deseo que fluye por todas partes (el fantasma del diluvio) que no se puede detener ni fijar a travs de la identificacin, porque va ms all que cualquier identificacin. El deseo que desborda y no sedimenta, que como el agua rodea a la piedra horadndola -los elementos slidos del rgimen- el deseo que constituye lo innombrable, ese deseo que no tiene objeto fijo, con lo cual es imposible de satisfacer (consumar-consumir). Aunque aqu tenemos un problema. El capitalismo ha podido con l, porque est constituido tambin por flujos y sabe conjugarlos (flujos de campesinos que llegaban a las ciudades, flujo de dinero, etc, etc). Por lo tanto, tal vez el desafo sea fundar otras fbricas de produccin deseante. Y si el capitalismo se ha hecho uno con la realidad, hundirse en ella como una flecha venenosa para agujerearla.

Hemos perdido muchas cosas. Hay formidables mquinas de semiotizacin que codifican el orden social, en contra de los procesos de singularizacin de ciertos grupos que quieren sustraerse a esa lgica de estandarizacin. Ya no contamos con un lenguaje comn (lo cual es necesario para cualquier insurreccin semitico-poltica), un territorio compartido, un horizonte colectivo. La maquinaria de produccin de sentido del rgimen nos ha convencido de que somos individuos, responsables de la vida que escogemos (incluso de nuestros fracasos, de nuestro vaco, de nuestros miedos).

El actor bsico que motoriza este rgimen es el individuo precarizado, destruido. Los bombardeos de la industria publicitaria y la sociedad de consumo han creado una crisis de sentido sin precedentes. Las enfermedades de la poca son enfermedades del vaco: depresin, pnico, bulimia y anorexia. Enfermedades de un sujeto estallado, sin referentes.

Necesitamos crear una nueva sociabilidad, ver al otro , salir de nosotros mismos. Pero al intentarlo ingresamos en grupos que se cierran sobre s mimos. Comunidades que se juntan porque todos son iguales, conjurando la diferencia. Grupos de narcticos o alcohlicos annimos, de auto-ayuda, de depresivos o bulmicos. Comunidades de vecindad (los countries), comunidades virtuales.

Tenemos que reconocer y soportar nuestra condicin: nunca nada volver a ser seguro. Ni la victoria ni los fracasos, ni el futuro ni el presente. Nunca nada volver a tener motivos. La Razn y las razones han estallado. El capitalismo ha impuesto su ley: la esquizofrenia. Pero es ese a la vez uno de los territorios para emprender la contraofensiva. Slo hay que radicalizarla hasta tornarla insoportable, indomable, inasimilable para el rgimen. El arte es uno de esos territorios. La escritura. Lneas de fuga que no puedan canalizarse. Perversiones polticas que no puedan sublimarse. Necesitamos concebir el escritor, el pintor, el escultor del futuro. Atacar desde todos los sitios y rincones de la vida social. Cada cual desde su herida, dispuesto a hacrsela pagar al rgimen. Tal vez algn da esa sangre desemboque en una gran herida colectiva. Y el capital carezca de venas para canalizarla.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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