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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2018

Elementos para una formacin poltica anticapitalista. Una perspectiva ecosocialista

Renn Vega Cantor
Herramienta


Me parece que es necesario actualizar un programa de formacin poltica anticapitalista, acorde con las necesidades de hoy. Al respecto propongo cuatro grandes asuntos, en su orden: una formacin poltica clsica; aspectos fundamentales de una crtica ecosocialista; una visin crtica de la tecnologa (o mejor an, de la tecnociencia); y, una formacin crtica en medios de comunicacin e informacin.Estos cuatro grandes temas se constituyen en ejes medulares de una renovada crtica al capitalismo, que supone que los sujetos interesados en enfrentarlo deberan tener en cuenta, porque all estn involucradas las grandes cuestiones y retos a que nos enfrentamos por la expansin mundial del capital hasta el ltimo rincn del planeta.

Se trata de abrir una ventana de reflexin, que nos permita pensar en un amplio espectro de formacin poltica, que incorpore los problemas acuciantes de nuestro tiempo, y vaya ms all de lo que tradicionalmente se entiende por formacin poltica, la cual se suele reducir, en el mejor de los casos, a lo que aqu se considera en el primer punto.Pensamos que ahora, como en tiempos de los grandes revolucionarios anticapitalistas desde mediados del siglo XIX, la reflexin crtica es un soporte de una accin transformadora y eso requiere una necesaria actualizacin del anlisis, que vaya ms all de los elementos que tradicionalmente han formado parte del acervo formativo de las izquierdas. Un pensamiento emancipador en nuestro tiempo exige entender, para enfrentar y proponer soluciones que reafirmen la justeza del anticapitalismo - para mencionar un hecho apremiante -, las implicaciones del calentamiento global en marcha, y cmo ello se constituye en un teln de fondo de cualquier proyecto de sociedad que supere al capitalismo.

Lo mismo puede decirse de la tecnologa, sobre la cual las diversas izquierdas tienen una visin apologtica, que no se distingue de ninguna forma de la racionalidad capitalista dominante en ese terreno. Eso explica que los militantes polticos crean, en sentido general, en la pretendida neutralidad de las fuerzas productivas, y no hayan entendido la misma nocin de fuerzas productivas-destructivas, acuada por Carlos Marx a mediados de la dcada de 1840.

Primero: La formacin poltica clsica

En este caso me refiero a la formacin encaminada a estudiar y desentraar las races de la explotacin, la injusticia, la desigualdad y la explotacin que caracterizan a la sociedad capitalista. Para ello debera hacerse una aproximacin mltiple que incorpore al anlisis marxista, junto con elementos del pensamiento anarquista y otras corrientes crticas anticapitalistas, forjadas en diversos lugares del mundo y en distintas pocas. Al respecto, debera incorporarse entre otros, estos aspectos: elementos de la crtica de la economa poltica (que apunten a delinear las caractersticas del capitalismo e imperialismo), aspectos centrales de la concepcin materialista de la historia, historia de las luchas sociales y polticas de Colombia y Amrica latina (con especial nfasis en la trayectoria de los trabajadores urbanos y rurales). Incluir asimismo una perspectiva crtica sobre los proyectos de construccin socialista y las razones que explican su fracaso (empezando por el caso de la Unin Sovitica, pero incluyendo tambin a China y otras experiencias). Debe enfatizarse la importancia del anlisis feminista para incorporar las complejas relaciones entre sexo-gnero y clase, y la crtica al patriarcado, como complemento necesario a la crtica a la dominacin de clase.

Es imprescindible comprender las caractersticas que hacen que el capitalismo sea un sistema explotador, pero, adems, que deshumaniza, aliena y destruye a una gran porcin de los seres humanos. En este sentido, una formacin poltica debe recobrar un vigoroso y sustentado anticapitalismo, enraizado, por supuesto, en las luchas prcticas que llevan a cabo las clases subalternas en diversos lugares del mundo, de Amrica Latina y de Colombia. En este mbito debera tenerse en cuenta, pese a que se afirme lo contrario, que el capitalismo est llegando a un momento de agotamiento, como producto de un sinnmero de contradicciones internas, que finalmente son resultado de su espritu autodestructivo, con lo cual conduce a la humanidad a un colapso catastrfico. Si eso es as, nos debemos contentar con ser observadores mudos y pasivos de la huida hacia el abismo, o, como lo sugera con lucidez, el marxista Walter Benjamin, deberamos accionar los frenos de emergencia para evitar que el capitalismo nos lleve ms rpidamente hacia el hundimiento.

Sobre este tpico, un autor alemn, Wolfagang Streeck, recientemente public un libro con el llamativo ttulo: Cmo terminar el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia. Este autor afirma en forma tajante:

El hecho de que el capitalismo haya logrado sobrevivir hasta ahora a todas las predicciones de su muerte inminente no tiene por qu significar, que siempre ser capaz de hacerlo; no hay ninguna prueba inductiva al respecto y no podemos descartar la posibilidad de que la prxima vez la caballera que el capitalismo pueda requerir para su rescate no aparezca a tiempo. [1]

Aunque el autor citado considere que el capitalismo est en vas de desaparicin, cree que esto es resultado de fuerzas internas y endgenas, que no necesitan de ningn sepulturero (como lo sealaba Karl Marx en el Manifiesto comunista , hablando de los trabajadores), sino que ser un fenmeno sin sujeto y sin reemplazo a la vista. Para nosotros, esta afirmacin es fatalista, porque nos quita la posibilidad de pensar en otra realidad postcapitalista, en la que mltiples sujetos impidan con su accionar concreto que el capitalismo nos destruya a todos. Justamente, en esa direccin debera apuntar una nueva formacin poltica: a romper con ese prejuicio que se ha convertido en una pretendida verdad indiscutible de que, como lo ha dicho Frederick Jameson, ahora se supone que es ms factible el fin del mundo que el fin del capitalismo.

En este terreno resulta necesaria una mirada global y sinttica al mismo tiempo que rompa con dogmatismos y sectarismos e incluya un acercamiento entre la tradicin marxista y otros pensamientos emancipatorios, superando el eurocentrismo y el colonialismo, pero eso s evitando caer en el culto a modas tericas de ocasin, que en muchos casos son de corta duracin y no contribuyen al esclarecimiento de la lgica destructiva del capital.

Segundo: Fundamentacin de una crtica ecolgica del capitalismo

Es imprescindible una formacin poltica que incluya la consideracin de los problemas ambientales del mundo de hoy, y las razones que explican por qu el capitalismo destruye los ecosistemas y las condiciones naturales de produccin. En esta perspectiva, una educacin poltica hoy debera encaminarse a romper con la ilusin de que es posible un crecimiento econmico ilimitado en un planeta finito. Debe enfatizarse que un proyecto anticapitalista no puede repetir las equivocaciones de copiar la lgica del funcionamiento capitalista, como si eso fuera posible y sostenible a largo plazo, como hicieron las experiencias revolucionarias en el siglo XX. Es necesario romper con la falsa interpretacin, entre muchas izquierdas progresistas, de que la ecologa es un lujo de los ricos y no tiene que ver con la explotacin y la desigualdad. Por ello, se requiere de una alfabetizacin ambiental para afrontar el ecocidio planetario en marcha y sus manifestaciones particulares en Colombia y Amrica Latina.

Grandes problemas que afectan en la actualidad a una gran parte de los seres humanos y a otras formas de vida son producidos por la lgica intrnseca del capitalismo, que se basa en la idea de que es posible producir en forma ilimitada, con el fin de obtener ganancias, que se transforman en dinero y que dicho proceso puede renovarse en forma indefinida. El problema con este tipo de apreciacin es que choca con los hechos ms elementales, aunque eso no se suela ver por parte de la mayor parte de las izquierdas: s, cada da se produce una gran cantidad de mercancas, gran parte de ellas innecesarias y nocivas, pero eso viene acompaado al mismo tiempo de la destruccin de los ecosistemas, la aniquilacin de la biodiversidad, la extincin de especies animales y vegetales, la contaminacin de mares, tierras y el aire, el calentamiento global., problemas de dimensin mundial que cada da se tornan ms apremiantes y crticos.

Para sopesar la verdadera dimensin de ese carcter destructivo del capitalismo, el pensamiento ecologista nos proporciona un concepto de indudable importancia, el de lmites. Dicho concepto tiene mltiples implicaciones y alrededor del mismo debera emprenderse un proyecto de educacin ecosocialista terica y prctica, como lo indica el australiano Ted Trainer:

El ncleo de la cuestin en el asunto de los lmites es que estamos entrando en una era de intensa e irremediable escasez, que invalidan las nociones de emancipacin basadas en sistemas mundializados o centralizados, industrializados y tcnicamente sofisticados, economas del crecimiento o estilos de vida opulentos. [2]

Una nueva formacin poltica anticapitalista debera educar en la idea de los lmites, porque justamente el capitalismo se sustenta en el terrible equivoco, que se ha convertido en un lugar comn como si fuera cierto, de que nada puede impedir el crecimiento perpetuo de la acumulacin de capital, y que si existiesen problemas coyunturales estos pueden ser superados por los desarrollos cientficos y tecnolgicos. Un pensamiento de los lmites es modesto, consciente de nuestra finitud y fragilidad como especie, no aspira a viajar a Marte, ni a disparates por el estilo.

Ahora bien, una formacin poltica anticapitalista de tipo ecologista requiere superar dos impases o malentendidos: el que niega la importancia de los problemas ecolgicos dominante en unas izquierdas que le rinden culto al productivismo y al crecimiento, como hoy lo ejemplifican los cultores del modelo chino y el de los ecologistas convencionales que niegan la existencia del capitalismo, como realidad esencial que destruye a la naturaleza. Esta disociacin, aparentemente irreconciliable, debe ser superada en un nuevo proyecto anticapitalista, que exige un mutuo aprendizaje y reconocimiento, que lleve a entender que una lucha poltica tiene que estar acompaada de una sensibilidad ecolgica. Como lo ha dicho con claridad el pensador ecosocialista Jorge Riechtmann:

La mayor parte del (muy minoritario) movimiento ecologista/ambientalista no es anticapitalista. La mayor parte del (muy minoritario) movimiento anticapitalista no es ecologista. A unos les falta comprensin de lo que es la acumulacin de capital, y cmo condiciona casi todo. A otros les falta comprensin de lo que es el cenit del petrleo, el calentamiento climtico y la Sexta Gran Extincin, y cmo condicionan casi todo. En la interseccin de esas dos pequeas minoras tenemos un minsculo grupo de ecologistas anticapitalistas (que deberan ser tambin feministas y animalistas) con una comprensin ms o menos adecuada de dnde estamos en realidad, de en qu mundo vivimos de verdad. Los llamamos, para abreviar, ecosocialistas. Somos cuatro gatos. [3]

Un tema que debera estar en todas las agendas anticapitalistas de nuestro tiempo porque as no se proponga conscientemente va a determinar, gstenos o no, el presente y el futuro inmediato es el del trastorno climtico global, cuya principal manifestacin es el aumento de la temperatura promedio del planeta tierra. Este es un tema urgente y obligatorio, que debe ser estudiado y comprendido aunque sobre el mismo no exista el ms mnimo atisbo de conciencia que la situacin exige por el impacto que tiene y tendr en el futuro inmediato.

Desde este punto de vista, el clima es un asunto poltico, puesto que incide de forma directa e inmediata en la vida cotidiana de todos nosotros, como se ve a diario, con las inundaciones, las sequias, los huracanes cada vez ms destructivos, el fro extremo, el calor asfixiante No podemos pensar que esos sean fenmenos naturales, al margen de la realidad capitalista, con su lgica de produccin incesante de mercancas y bsqueda insaciable de ganancias. Es lgico hablar de capitaloceno , porque esa denominacin recalca que el capitalismo tiene un sello, casi de tipo geolgico, que deja una huella destructiva por doquier.

Tercero: Una visin crtica de la tecnologa

Es necesario incluir una formacin poltica que apunte a develar el papel que cumplen las nuevas tecnologas como soporte de nuevas formas de explotacin, dominacin y alienacin y base esencial del capitalismo. En una perspectiva dialctica debera mostrarse ese carcter destructivo, pero tambin lo que se pudiera rescatar en un horizonte emancipador. Se trata de no dejar este campo en manos de los tecncratas ni tampoco aceptar el culto acrtico de las tecnologas informticas por el solo hecho de que son usadas en forma permanente y cotidiana (como internet, Facebook, celular) por todos nosotros, sin ningn tipo de reserva crtica (ni terica ni mucho menos prctica) que nos permita romper con la subordinacin a la tecnologa, a partir del discutible supuesto que esta es neutral. Justamente, uno de los puntos fuertes de una apuesta de un tipo distinto de formacin es romper con el prejuicio, profundamente negativo y desmovilizador, de la pretendida neutralidad de la tecnologa.

Una alfabetizacin crtica y poltica en materia de tecnologa es necesaria, si tenemos en cuenta la tecnolatria dominante en nuestros das, que se expresa en el fetichismo hacia ciertos objetos, empezando por el infaltable telfono celular, como si fueran en s mismos y por s mismos instrumentos de emancipacin. Uno esperara que, al respecto, la gente que se denomina de izquierda tuviera un acercamiento de otra ndole con relacin a esas tecnologas, y que fuera ms all de la concepcin dominante de que estas son la expresin mxima de progreso humano y que son neutras. Habra que indagar, por ejemplo, sobre los efectos negativos de las tecnologas, en concordancia con la lgica capitalista, que busca maximizar ganancias, ahorrar costos y aumentar la explotacin humana. Asimismo, habra que considerar el gasto energtico y de materiales que genera la produccin y consumo de un determinado artefacto tecnolgico, en momentos en que hemos entrado en el pico del petrleo y de todas las fuentes materiales y energticas fundamentales para el funcionamiento de la sociedad capitalista, que anuncia una irreversible escasez de petrleo, carbn, minerales, agua. A partir de esa situacin, es bueno preguntarse sobre su costo ambiental, humano y social de las tecnologas y si ello justifica su existencia.

Esto, desde luego, no supone renunciar a la tcnica algo imposible, puesto que este es un componente distintivo de los seres humanos sino entender que la tecnologa funcional al capitalismo es energticamente despilfarradora, derrocha materiales a granel, genera nuevas formas de alienacin y sojuzgamiento, destruye los vnculos sociales, aumenta el desempleo y la explotacin Por ello,

Debera quedar claro que criticamos no el concepto de tecnologa en s mismo [] sino la suicida dependencia de determinadas tecnologas en las que nos hemos embarcado ciegamente en este apenas siglo y medio de auge industrial. As, defendemos otras tecnologas posibles, de hecho, ya existentes y contrastadas por su uso histrico: tecnologas democrticas, sencillas, eficientes, de bajo costo material y energtico, fciles de entender y hacer nuestras [] y cuyo uso no nos expone a riesgos relevantes en caso de colapso econmico. [4]

Una visin crtica de la tecnologa debe apuntar a mirar con circunspeccin y distancia cualquier invento e innovacin tecnolgica, y dudar de los cantos de cisnes que entonan alabanzas a cualquier artefacto, invento o rea del conocimiento dominada por los intereses de la tecnociencia. En concreto, preguntarse siempre, por ejemplo: para qu sirve un robot? Cunto desempleo genera la introduccin de robots en una determinada rama de la actividad econmica? Cunta energa y bienes materiales necesita un robot para funcionar? Qu tan til y necesaria es una aplicacin informtica que nos dice que est lloviendo o est haciendo sol, si eso lo podemos constatar en forma elemental? Quin o quines se benefician y perjudican con un nuevo artefacto tcnico?

Y esta es una cuestin esencialmente poltica y no tcnica, dado que en el capitalismo actual la tecnologa se ha convertido en una fuerza productiva-destructiva, fundamental para su funcionamiento, es decir, para generar ganancia, acumular capital, explotar trabajadores, alienar consumidores y destruir los ecosistemas.

Se hace necesaria una alfabetizacin poltica sobre el sentido, alcances y consecuencias de las innovaciones tecnolgicas, puesto que estas son un motor esencial del poder del capital, del establecimiento de sofisticados mecanismos de alienacin y explotacin y, adems, porque se convierten en poderosos instrumentos de desmovilizacin poltica, de conservadurismo social y de tecnofacismo.

Cuarto: Una formacin poltica crtica en medios de comunicacin e informacin

Se pretende proporcionar elementos de anlisis para acercarse a la comprensin de la forma como funciona el modelo de propaganda construido por el capitalismo y el imperialismo, tanto para conocer uno de los engranajes ideolgicos, econmicos y culturales centrales de la dominacin capitalista, como para buscar vas alternas por parte de los movimientos anti sistmicos. As como Lenin, por ejemplo, fue un terico del periodismo revolucionario, cuando la escritura era una forma privilegiada de comunicacin para concientizar obreros y campesinos, hoy sabemos que la escritura tiene un alcance reducido y limitado, por el peso apabullante de la imagen visual. En esa direccin, habra que proporcionar elementos que permitan combatir la desinformacin y encausar formas de comunicacin alternativas para los sectores populares, en las que estos mismos sean sujetos protagnicos.

En este tema es prioritario emprender anlisis que ayuden en diversos frentes: el de la informacin y la desinformacin propiamente dicha; el de la creacin de instrumentos alternativos de informacin y comunicacin; el de potenciar medios de toda ndole (impresos, virtuales, visuales, radiales) que apunten a formar otro tipo de opinin, que rompa con el dominio casi absoluto que hoy tienen los medios de comunicacin convencionales, de tipo comercial, y que ideolgica, cultural, social y econmicamente responden a los intereses del capitalismo.

Una alfabetizacin poltica en el frente de la informacin es crucial porque ah el triunfo cultural del capitalismo es indiscutible, y es por ese medio que se ha creado el prejuicio de que no existen alternativas, que el capitalismo es eterno, que forma parte de la naturaleza humana, y tonteras por el estilo que forman parte del sentido comn de buena parte de la humanidad. Como lo dice Pascual Serrano:

Si no desarrollamos un espritu crtico y un sentido de bsqueda de la informacin alternativa a las vas formalmente establecidas, estamos condenados a la desinformacin, a la incapacidad para comprender nuestro mundo y, por tanto, incapacitados, para actuar en libertad. [5]

Aunque no se trata de renunciar a la utilizacin de las nuevas formas de comunicacin de tipo virtual (internet, redes sociales), es recomendable combinar su uso con el empleo de los medios convencionales, como prensa escrita, libros, conversaciones en directo, porque la poltica virtual es la negacin de la poltica, como se demuestra a diario con la ruptura que ha significado para las diversas izquierdas el apostarle a formas de comunicacin virtuales como forma de sustituir el trabajo poltico cara a cara, que paradjicamente queda en manos de la derecha ms reaccionaria, como lo hacen, por ejemplo, los pastores evanglicos y cristianos.

Una alfabetizacin poltica en materia de informacin y comunicacin debe situar la explosin actual de informacin en su justa dimensin, como una forma paradjica de desinformacin generalizada e intoxicacin masiva y debe proporcionar herramientas e instrumentos que permitan discernir lo que es importante y lo que no lo es, lo que es verdico y lo que es mentira, lo que sirve para reforzar la dominacin y lo que podra utilizarse para combatirla.

Esa alfabetizacin est relacionada con un aspecto esencial de la lucha y el quehacer poltico: el manejo del tiempo, puesto que es bueno recordar que, como deca Oscar Wilde, la lucha por el socialismo necesita de muchas tardes libres. El tiempo es algo que se nos expropia y mercantiliza todos los das y a cada hora: no tenemos tiempo para nada importante en la vida, pero s para banalidades, como estar consultando el celular cada dos minutos o enviar estpidos mensajes por whatsap , en forma delirante; no tenemos tiempo para nuestros hijos y amigos, pero s para estar al tanto de los chismes de la farndula o del ftbol; no tenemos tiempo ni para leer ni escribir, pero s para estar al da en el ltimo grito de la moda en materia de una nueva aplicacin para el celular En fin, el tiempo es un asunto crucial en el frentico mundo actual y por tal razn debe ser tambin un aspecto central en un programa de formacin poltica, que apunte a la cuestin de cmo recuperar el tiempo para las cosas importantes de la vida, y una muy significativa es la accin poltica.

En conclusin, una formacin poltica anticapitalista en estos momentos requiere de una educacin temporal, que nos ayude a orientarnos en medio del despojo generalizado que sufrimos de nuestro propio yo, expropiacin en la que participamos activamente porque le hemos dejado al capital que nos administre hasta los elementos ms recnditos y privados de nuestra existencia y hasta el ltimo minuto de nuestro tiempo, como lo hace a travs del celular y sus diversas variantes. Y si eso no es poltico, entonces cmo se puede catalogar?


Notas

[1] Wolfgang Streeck, Cmo terminar el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia, Editorial Traficantes de Sueos, Madrid, 2017, p. 18.

[2] Citado en Manuel Casal Lodeiro, La izquierda ante el colapso de la civilizacin industrial. Apuntes para un debate urgente, Editorial La Oveja Roja, Madrid, 2016, p. 43.

[3] Jorge Rietchmann, Un poquito de fsica, un poquito de matemticas, un poquito de economa poltica, Rebelin, mayo 6 de 2015.

[4] M. Casal Lodeiro, op. cit. , pp. 64-65.

[5] Pascual Serrano, Desinformacin. Cmo los medios ocultan el mundo, Editorial Pennsula, Barcelona, 2009, p. 594.

Fuente: https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=2901

 

Publicado en papel en Revista CEPA, No. 26, Bogot, primer semestre de 2018.


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